AC/DC

AC/DC –
POWER UP

Contra todo pronóstico, la formación clásica de AC/DC está de vuelta con POWER UP, su nuevo álbum de estudio. Un trabajo disfrutable, sin más, que nos deja algunos buenos riffs y una estupenda interpretación por parte de Brian Johnson que a sus 73 años aún hace gala de unas cuerdas vocales envidiables. Por lo demás, buen material para fans.

¿Quién nos iba a decir unos años atrás que en 2020 estaríamos hablando de un nuevo disco de AC/DC? Es lo primero que me viene a la cabeza según se inicia POWER UP y escucho en sus primeros compases el grito rasgado de Brian Johnson. Una especie de llamada ritual que anuncia el comienzo inminente de la vieja ceremonia rockera. No han sido pocos los acontecimientos que han puesto en jaque la continuidad de la banda. Recordemos que el fallecido Malcolm Young, cofundador y alma máter del proyecto, abandonaba el conjunto en 2014 debido a la demencia que le diagnosticaron. Un puesto que fue suplido por su sobrino Stevie Young. En noviembre de aquel año también tuvo que abandonar el grupo el batería Phil Rudd por problemas con la justicia. De manera que para la gira Rock or Bust el grupo contó con Chris Slade, quien ya había formado parte de la banda en la primera mitad de los noventa.

Por si fuera poco, en marzo de 2016, a mitad del tour por Estados Unidos, Brian Johnson anunciaba su salida de AC/DC por problemas auditivos que amenazaban con volverlo completamente sordo. En un comunicado posterior especificaba que podía seguir grabando en el estudio, pero debía renunciar al elevado volumen de los directos. Sería Axl Rose quien se ofrecería como cantante para continuar con los shows previstos, causando discrepancias entre los fans del grupo y un torbellino mediático que ha dado lugar a numerosos titulares. Por su parte, el bajista Cliff Williams informaba en aquel mismo año de su retirada una vez finalizaran los conciertos para disfrutar de una vida tranquila junto a su familia. Se hablaba entonces de un futuro incierto, del posible final de la mitiquísima banda australiana de hard rock, que ya solo contaba con Angus Young de 61 años como miembro original. 

Un capítulo inesperado

Sin embargo, fue el funeral de Malcolm en 2017 donde cambió todo. De allí emergerían las ganas de volver de nuevo al estudio para grabar un disco a partir de algunas ideas que había dejado el malogrado guitarrista. Así es como la vieja formación (y Stevie Young) se volvía a reunir en el verano de 2018, sin comunicados de ningún tipo, para escribir un nuevo capítulo de su historia. 

Probablemente, a estas alturas, nadie necesite ya un nuevo disco de AC/DC. Sus clásicos ya están ahí y son reclamo suficiente para arrastrar a toda una legión de fans a los estadios de todo el mundo. Pero sirva este como homenaje a Malcolm Young y como escusa para salir de nuevo de gira. Aunque tampoco es imperativo para este segundo caso. Los australianos no necesitan pretextos para montar una serie de conciertos alrededor del globo y vender todas las entradas en minutos. Además, el público quiere desgañitarse cantando canciones como “Back In Black”, “Highway to Hell”, “Thunderstruck” y “You Shook Me All Night Long”, por lo que poco importa que traigan 12 canciones nuevas repletas de recursos manidos. Por solventes que puedan parecer.

Fotografía: Press

Canciones a partir de riffs que Malcolm Young dejó en maquetas

POWER UP es una muestra de que AC/DC siguen teniendo ganas de hacer cosas. Aunque tras dieciséis álbumes su mayor logro a destacar sea que han lanzado el trabajo más reseñable de los publicados en lo que va de siglo.

En ausencia de hits, encontramos canciones electrizantes como “Realize” y sus coros que derivan directamente de “Thunderstruck”; “Shot in the Dark” con un estribillo que, seguro, apelará a la multitud en las presentaciones en directo que la banda realice cuando llegue el momento oportuno tras la pandemia; y “Demon Fire”, quizá la canción más destacada de esta nueva hornada. Rápida, agresiva, divertida. Con Johnson cantando en un tono grave como pocas veces le hemos escuchado y una guitarra que continuamente nos señala un descenso hacia el infierno que está en línea con la intención lírica cuando el vocalista expresa “Gonna send you down”.

Bajan las revoluciones en “Through the Mists of Time”, más melódica, donde se asoman al power-pop. Mientras que en “Kick You When You’re Down” viran hacia el rock sureño con un gancho en la guitarra solista que nos atrapa y nos empuja hacia un final en el que confluyen los diferentes elementos que han dispuesto a lo largo del corte para hacernos disfrutar de verdad. Uno de los momentos más destacados del registro. En la misma línea encontramos la cadenciosa y bluesera “No Man’s Land”.

Por su parte, hay otras canciones que a pesar de que en un principio llaman la atención, terminan agotándose rápido. Es el caso de “Rejection” y su riff contagioso y despreocupado, donde la guitarra de Angus parece dialogar en algunos momentos con la línea vocal de Brian Johnson, dando lugar a los pasajes más dinámicos de una composición bastante plana. “Systems Down” y “Witch’s Spell” adolecen de una convencionalidad abrumadora. Y “Wild Reputation”, además de su riff tipiquísimo y su perezosa familiaridad, retorna a esos lugares comunes del rock de antaño, su espíritu indómito y mala reputación. “Got a wild reputation”, repite el cantante en el estribillo. Rock estándar que a estas alturas del siglo XXI ya roza lo sonrojante.

Un álbum entretenido, prescrito para fans

Todo lo aquí dispuesto ya lo hemos escuchado antes y mejor. Es un trabajo entretenido, pero da la sensación de que su buena recepción se debe, principalmente, a la emotividad que trae consigo el homenaje a Malcolm Young al trabajar desde los riffs que dejó bocetados.

Aunque musicalmente no despunta, “Money Shot” sí se revela como la más irónica desde el punto de vista textual, poniendo al dinero como el mejor remedio para alcanzar un “rock ‘n’ roll mood”. Probablemente se trate de una “crítica” hacia el negocio del rock en el que ellos también se encuentran inmersos y al que contribuyen. Por lo que desde esa perspectiva, no estarían sino volviendo, como en la canción anterior, a los viejos y manidos clichés del género.

Y cierra el disco “Code Red”, cuyo inicio se antoja una reescritura del que sustenta “Back In Black”, al igual que su declamación en las estrofas, cercanas al rap. Por su parte, los golpes de guitarra del estribillo casi invitan a cantar el “I love rock and roll / So put another dime in the jukebox, baby” de Joan Jett. Es más interesante la espiral guitarrera casi hipnótica que se extiende a lo largo de la canción, un recurso similar al que escuchamos en “Demon Fire”, pero que no es suficiente para darle un aire diferente capaz de hacerla destacable.

POWER UP es una muestra de que AC/DC siguen teniendo ganas de hacer cosas. Aunque tras dieciséis álbumes su mayor logro a destacar sea que han lanzado el trabajo más reseñable de los publicados en lo que va de siglo. Todo lo aquí dispuesto ya lo hemos escuchado antes y mejor. Es un trabajo entretenido, pero da la sensación de que su buena recepción se debe, principalmente, a la emotividad que trae consigo el homenaje a Malcolm Young al trabajar desde los riffs que dejó bocetados. Y en segundo término, a la sorpresa que han dado al sobreponerse (o retrasar) lo que parecía la posible disgregación definitiva de la banda. En cualquier caso, es preciso subrayar la estupenda interpretación de Brian Johnson y el esfuerzo por entregar varias canciones divertidas a sus seguidores más acérrimos.

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