Erik Urano / Flat Erik

Erik Urano / Flat Erik –
Neovalladolor

Flat Erik pone banda sonora a un año distópico reafirmándose más que nunca en lo que hace único a su estilo. Infinidad de beats, sabores electrónicos y referencias literarias y científicas componen las oscuras y magnéticas atmósferas de Neovalladolor, un álbum en el que el artista vallisoletano se muestra igualmente críptico y sintético. Sus símbolos habituales se presentan bajo nuevas capas de sentido que llaman la atención sobre esas partes de nuestra vida que siempre fueron distópicas, pero dejando espacio a la trascendencia y la esperanza.

Música urbana” es uno de tantos cajones de sastre que necesitamos en la crítica musical para estructurar la realidad cultural a costa de un cierto margen de error; un totum revolutum en el que lo mismo metemos reggaetón, techno, hip-hop o trap (además de todas sus intersecciones, influencias cruzadas y fusiones hiperespecíficas) porque, a pesar de sus muchas diferencias, creemos que hay algo común a todas ellas, que las enlaza y las hace pertenecer a un mismo microcosmos. Con frecuencia, estas categorías se ven controvertidas y disputadas (y así debe ser) por muchos motivos: sus connotaciones, los marcajes que generan, lo que dejan dentro y fuera, su relevancia a lo largo del tiempo… Las categorías y representaciones que usamos en la crítica han de ser mutables igual que lo son las propias prácticas culturales, y si no nos basta con el debate frecuente para darnos cuenta de ello eventualmente llegará alguien que llame la atención sobre la precariedad de estos términos y nos haga tirarnos de los pelos intentando encajar esos limitados marcos en torno a su figura.

Flat Erik, de Urano a la Tierra

Es innegable que su peculiar estilo creativo, tan futurista, trascendente y por momentos alienígena orbita siempre alrededor de la ciudad, pero el rapero parece decidido a desviar las categorías cerradas. Sirviéndose de los fundamentos del rap para crear una gramática propia, lleva años atravesando en línea recta toda pretensión de pureza estilística.

Enmarcar a Erik Urano en la música urbana parece, al mismo tiempo, un sinsentido y una obviedad. Es innegable que su peculiar estilo creativo, tan futurista, trascendente y por momentos alienígena orbita siempre alrededor de la ciudad, pero el rapero (de nuevo, por llamarlo de alguna manera a costa de un gran margen de error) parece decidido a desviar las categorías cerradas. Sus orígenes en Urano Players, junto a otros hermanos de armas como Miguel Grimaldo o el DJ Zar1, son más fáciles de clasificar en la “escena” del hip-hop español, pero con los años su música ha ido desarrollando unos rasgos concienzudamente personales. Sirviéndose de los fundamentos del rap para crear “una gramática propia”, Erik Urano lleva años atravesando en línea recta toda pretensión de pureza estilística y encontrando extraños compañeros por el camino (sin ir más lejos, el año pasado sorprendía colaborando con sus buenos amigos de Novedades Carminha en “Atlántico”, de su álbum Ultraligero). Precisamente por explorar esos intersticios y tierras de nadie, el músico trae hacia sí infinidad de influencias musicales, culturales, literarias y científicas para expandirse en todas direcciones y atraer a propios y extraños hacia su particular visión del espacio urbano que habita.

Como relataba en el programa de televisión Un país para escucharlo, Erik Urano siempre ha intentado representar en su música “la cara B de la ciudad”, las grietas en la imagen amable de una Valladolid que también está formada por calles sin asfaltar y barrios empobrecidos, tratando de comprender la multiplicidad de sus contextos a través de su óptica de ciencia-ficción. Trabajos como su ya clásico elepé Cosmonáutica o Balaclava EP empezaban a trazar el plano de esa ciudad contradictoria, fracturada y a veces hostil que se resumía en el sucinto lema “Valladolor el drama”, pero desde que Erik se volvió Flat, comenzó un viaje en el tiempo hacia un futuro distópico. Neovalladolor es, al mismo tiempo, el mapa y el diario de ese oscuro periplo.

Fotografía: Promo

El gueto futurista de Neovalladolor

El músico trae hacia sí infinidad de influencias musicales, culturales, literarias y científicas para expandirse en todas direcciones y atraer a propios y extraños hacia su particular visión del espacio urbano que habita.

Neovalladolor, como la música de Flat Erik, es la intersección de muchas líneas: un punto de encuentro entre la Los Ángeles de Blade Runner y la Neo-Tokyo de Akira, ciudad global escrita por Philip K. Dick y Carl Sagan, donde resuenan ecos de sonidos británicos, jamaicanos o estadounidenses; contaminada, inhumana e hipervigilante. Esta era “post-industrial, post-literaria, post-individualista, post-civilizada” que se nos introduce en “Neo VdO” se compone de ambientes inhóspitos que Flat Erik conoce como la palma de su mano. “Tranquilo y frío” como un fantasma digital, nuestro cronista habita esta Matrix tan inhabitable como magnética y nos guía por sus rincones más oscuros, sin esperar a nadie: si no eres capaz de seguirle el ritmo, te quedarás atrás, y te conviene saber que “lo que verás no será lo que quieres ver”.

La acuciante “DE47H” nos hace vibrar por los guetos de esta ciudad a ritmo de jungle y frecuencias grime, escapando a la carrera del acoso de voces distorsionadas e imágenes irreales (“Microchips y big data, amor y plata / bajo bloques de hormigón, droides de hojalata”), mientras “Penfield” hace convivir samples entrecortados, bajos disonantes, sintes brillantes y versos que intentan mostrarse reflexivos pero, al final, se ven obligados a continuar la huida hacia adelante. Parece que en esta terrible era no hay escapatoria de los demonios del progreso.

Oscuridad impenetrable en el antiguo barrio

Neovalladolor, como la música de Flat Erik, es la intersección de muchas líneas: un punto de encuentro entre la Los Ángeles de Blade Runner y la Neo-Tokyo de Akira, ciudad global escrita por Philip K. Dick y Carl Sagan, donde resuenan ecos de sonidos británicos, jamaicanos o estadounidenses.

Desde estos primeros temas se aprecia que Neovalladolor es capaz de sintetizar múltiples emociones, símbolos, referencias y sonidos bajo una atmósfera unitaria, lo cual es aún más meritorio teniendo en cuenta su producción compartida. Mientras que en sus anteriores elepés Erik había colaborado casi en exclusiva con su hermano de armas Zar1, en este álbum se dan cita ocho productores más como Lost Twin, $kyhook o Merca Bae. De esta articulación de perspectivas surgen temas tan dispares como la críptica y distante “Vantablack”, de tempo pausado pero llena de intrigantes cambios dinámicos. Flat Erik es uno con estas tinieblas sintéticas, entra y sale de las ondas a voluntad, y por mucho que traten de acallarlo cuando dice cosas que no debería sobre guerras e invasiones, su voz siempre regresa del vacío.

Estas atmósferas inquietantes se tornan bailables y subversivas con el footwork de “2984”, como si nos adentrásemos en una rave clandestina en la que se disparan barras de las que no se olvidan (“El Gran Hermano nunca baila, el Gran Hermano observa”). “47 GHOST”, una suerte de retorno del ex-humano Erik por las calles de su antiguo barrio, y “Drones” son los únicos temas de Neovalladolor producidos por Zar1 y en ellos perviven algunos de los rasgos más icónicos de Energía Libre o Cosmonáutica, como sus temáticas más terrenales o el símbolo eterno del gorrión. Cada vez nos vamos sumergiendo más en la extraña vida de la Valladolor futurista, mientras algunas voces foráneas (concretamente, la de Niño de Elche, que colabora en “Drones”) logran traspasar sus herméticas fronteras y nos hacen soñar con algo más allá.

Humanidad y escapatoria

Neovalladolor es capaz de sintetizar múltiples emociones, símbolos, referencias y sonidos bajo una atmósfera unitaria, lo cual es aún más meritorio teniendo en cuenta su producción compartida.

Erik solo vuelve a humanizarse bajo el nombre de Urano en “Molecular”, el sensual y humeante reggaetón futurista que no sacrifica un ápice de la atmósfera del álbum para producir su “perreo subatómico”, porque hasta en los universos más cyberpunk la gente busca subterfugios para disfrutar, tratando de evadirse de la polución que ennegrece los cielos de ese punto azul pálido llamado Tierra.

Llega el invierno y Flat Erik trata de fugarse de la prisión de “Labyrinth” con la ayuda de Suzzee. Se acaba el tiempo para escaparse del gueto futurista y a nuestro protagonista le asalta la ansiedad, el vacío y el miedo a la soledad; nadie dijo que la trascendencia fuera fácil. Cuesta saber si “Logout” es la prueba de que Erik ha logrado escapar o si solo ha terminado por fundirse con el sistema: la comprensión de la estructura deja heridas, huellas de una contaminación incurable, porque quizás vivir en una “ciudad póstuma” lleva a confundirse con sus materiales muertos. Sea como sea, todo queda en silencio, roto tan solo por la vibración de un teléfono; quizás estos treinta minutos de nítido augurio sonoro no hayan sido más que un mal sueño.

Valladolor siempre fue distópica

El artista vallisoletano ha encontrado un espacio creativo enteramente propio que habitar en medio de este caos, pero si nos atrevemos a entrar en su ciudad, quizá comparta algo de su trascendencia con quien quiera escuchar sus palabras.

Neovalladolor es un disco del que se sale con sudor en la frente, porque sus canciones están hechas de calles por las que correr huyendo de los tásers y de naves abarrotadas de gente con las que bailar por nuestro derecho a luchar; sin embargo, también salimos de él con la sensación de haber comprendido algo importante. Flat Erik creó este elepé antes de la pandemia, pero las múltiples capas de significados comprimidos con las que compone sus temas no han hecho más que ganar relevancia conforme ha ido avanzando el tiempo, haciéndonos pensar en esas partes de nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestros espacios que siempre fueron distópicas.

El artista vallisoletano ha encontrado un espacio creativo enteramente propio que habitar en medio de este caos, pero si nos atrevemos a entrar en su Neovalladolor, quizá comparta algo de su trascendencia con quien quiera escuchar sus palabras.

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