Bad Bunny

Bad Bunny –
EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO

Bad Bunny es el caballo ganador de 2020: su tercera apuesta en un año convulso vuelve a triunfar por su variedad, menos apegada al reggaetón de su antecesor, su espíritu experimental y su profunda sinceridad. EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO pasa por el trap estadounidense, el rock alternativo y el synthwave, pero no pierde de vista los sonidos de su tierra ni olvida de dónde viene para haber llegado tan lejos.

Uno, dos y, no contento con ello, ahora tres. Entre lamento y lamento por no haber podido perrear “Safaera” como se merecía, hemos tuiteado miles de veces que Bad Bunny, disco a disco, se está echando este agotador 2020 a la espalda como Sam hizo con Frodo, haciéndonos la vida un poquito más fácil durante el confinamiento, la desescalada y lo que quiera que estemos viviendo ahora. Ya parece como si YHLQMDLG llevase entre nosotras y nosotros toda la vida, pero apenas hace nueve meses desde que aquel terremoto de color, épica, nostalgia y buena vibra sacudiera simultáneamente los universos del reggaetón, del trap latino y de todo lo que pueda caber bajo la infinita bóveda del pop. Menos de tres meses después veía la luz Las Que No Iban a Salir, un elepé con la suficiente poca vergüenza como para decirse “recopilatorio de temas descartados” a pesar de contar con temazos que pegarían ahora igual de fuerte que hace diez años o dentro de veinte, en colaboración con nombres que despertarían la memoria hasta de los más ignorantes del género (como un servidor).

El año triunfal de Bad Bunny

El puertorriqueño ha terminado de ganarse la atención y el afecto de una heterogénea inmensidad de oyentes. Sus cifras no necesitan mentir cuando son tan exorbitantes, pero es evidente que hay algo más. Su estilo ha sido disruptivo en el mercado del pop latino no solo por sus formas y su interés por lo experimental, sino también por una cuestión de actitud.

Porque esa es otra: 2020 ha sido el año en que el bueno de Benito Antonio Martínez Ocasio ha terminado de ganarse la atención, y también el afecto, de una heterogénea inmensidad de oyentes de toda clase, edad, género, procedencia y (lo que quizá sea más importante) gusto. Sus cifras no necesitan mentir cuando son tan exorbitantes, pero es evidente que en la música del Conejo hay algo más de lo que marcan las estadísticas en Spotify y los estudios de mercado. El estilo de Bad Bunny ha sido disruptivo en el mercado del pop latino (por vago e inabarcable que sea ese término) no solo por sus formas y su interés por lo experimental, sino también por una cuestión de actitud. Probablemente a nadie se le haya olvidado que, en su actuación en el late-night de Jimmy Fallon, Bad Bunny denunció el silencio de los medios puertorriqueños ante el asesinato de Alexa, una mujer trans; y quien diga que no se le removió algo con el videoclip de “Yo Perreo Sola”, en el que el músico volvía a mostrarse cómodo alternando las posiciones de poder y deseo en la imaginería del reggaetón, sencillamente está mintiendo.

Quizá sin pretenderlo, Bad Bunny ha terminado por ser una suerte de artista total del pop, ignorando una y otra vez todo lo que cabría esperar de una superestrella de su tipo y sorprendiendo a propios y extraños hasta unos extremos difíciles de asimilar. Cabe pensar que, si hiciera esto por la pasta y nada más, podría haberse dedicado a petarlo de forma estacional con alguna colaboración bien medida y vivir de las rentas; y, sin embargo, no sucede, porque él hace lo que le da la gana, y lo mismo da un concierto sorpresa por Nueva York subido en el techo de un camión (costaba verlo ahí, abrigado con colores oscuros, y no recordar a los Beatles dando su último concierto en el tejado de su estudio) que decide cumplir con puntualidad británica la promesa que hacía en el último tema de YHLQMDLG. Con sus últimas luces, este 2020 interminable contempla la llegada de EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO y, con él, el presagio de una despedida anunciada: el “final” de la carrera de Bad Bunny.

La gira post-apocalíptica de un artista inquieto

EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO muestra a Bad Bunny como un coloso que ha alcanzado todas las cimas y, al mismo tiempo, como una persona introspectiva y vulnerable.

“Todo tiene su final, me lo dijo Héctor Lavoe / pero yo seré por siempre, ya me lo dijo Dios”. Desde la primera canción, Bad Bunny se encarga de dejar patente que no mentía con aquellos versos de “<3”: estamos asistiendo al final de una era, pero una que aguantará el paso de las décadas aunque el mundo se termine. Imaginando este futuro apocalipsis (con toda seguridad inspirado por el confinamiento duro durante la pandemia, cuando este álbum comenzó a planearse), la figura del artista se perfila de forma dual en los temas de EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO, como un coloso de nombre inolvidable que ha alcanzado todas las cimas y, al mismo tiempo, que explora su propia vulnerabilidad y su soledad mientras recorre los parajes desolados a lomos de su fiel camión en un tour que quizás ni siquiera tenga más público que él mismo. Y es que, lejos del espíritu de celebración en compañía con el que YHLQMDLG reivindicaba la música con la que el joven Benito se había criado como persona y artista, EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO ve su censo de colaboraciones drásticamente reducido y permite a Bad Bunny desmarcarse del reggaetón y embarcarse en un viaje sonoro en solitario mucho más experimental. A costa de ciertos baches, quizás, pero es difícil conseguir todo lo que logra este trabajo sin dejarse algo por el camino.

Es cierto que ya en su sólido debut X 100pre o en el refrescante OASIS que firmó junto a su amigo y padrino J Balvin (y, por descontado, en el monumental predecesor del álbum que nos ocupa) ya se encontraban muchos de los rasgos que hacen fuerte a EL ÚLTIMO TOUR, desde su peculiar mezcla de melancolía, épica y desinhibición fiestera hasta su siempre inquieta revisión de los fundamentos del trap. ¿La diferencia? Que el Bad Bunny de finales de 2020 es sencillamente más veterano, más maduro, más sabio y, en definitiva, mejor que todos los anteriores. EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO maneja mejor que nunca las cadencias, las duraciones y la producción por el sencillo motivo de que no pierde de vista de dónde viene y todo lo aprendido por el camino. Y lo más importante: usa toda esa familiaridad como base para la sorpresa, para repensar todo aquello a lo que llevaba acostumbrándonos tantos años en el apartado lírico y musical.

Fotografía: Promo

Familiaridad, experiencia e innovación

Este Bad Bunny es sencillamente más veterano, maduro y sabio que todos los anteriores. EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO maneja mejor que nunca las cadencias, las duraciones y la producción por el sencillo motivo de que no pierde de vista todo lo aprendido por el camino.

Todas estas líneas maestras aparecen desde su primera canción, “El Mundo Es Mío”, como si de un manifiesto se tratase, lo que no deja de ser sorprendente: un tema de trap sin grandes variaciones, de menos de tres minutos, sobre cómo un cantante ha llegado a lo más alto… no debería suponer una gran novedad, ¿no? Y sin embargo, hay algo distinto en él. Su melodía y su estructura son sencillas hasta rozar el minimalismo, pues en este disco los temas funcionan mejor jugando con sus dinámicas que introduciendo variaciones llamativas, pero eso los hace aún más magnéticos. Hasta la propia letra, aunque potente, es escueta y deja que la base se vaya construyendo durante casi un minuto antes de entrar, porque no tiene ninguna prisa.

Bad Bunny sigue haciendo lo que le da la gana, pero no es tan indestructible como quiere aparentar, y aún recala en recuerdos de un pasado que no volverá jamás. “Te Mudaste” es el enésimo reggaetón nostálgico que firma el puertorriqueño, pero es capaz de hacerlo mejor que nunca y en apenas 130 segundos. De hecho, se permite el lujo de reservar el final del tema para una efectiva línea instrumental, casi como si dijera: “Yo ya he terminado aquí, pero podéis quedaros un poco más.”

El Bad Bunny más… ¿experimental?

Este disco utiliza toda su familiaridad como base para la sorpresa, para repensar todo aquello a lo que llevaba acostumbrándonos el puertorriqueño tantos años en el apartado lírico y musical.

No es que Bad Bunny esté comedido, nada más lejos; es que nunca ha necesitado tan poco para hacer tantísimo. “Hoy Cobré” es otro temazo incontestable que aprovecha hasta el último segundo para ser ácido y pegar bien duro. Como en una “Caro” lowkey y pasada de rosca, tanto que su ostentación casi parece forzada, su flow es imparable, pero no verborreico. Bad Bunny canta casi todo el tiempo en tonos graves (algo poco usual en este tipo de temas suyos, más bien enérgicos y casi chillones), con una desgana impostada que termina por convertirse en un golpe en la mesa.

Dicha mesa salta por los aires cuando “Maldita Pobreza” entra con todo el arsenal, como si el Conejo hubiera estado guardando fuerzas para este momento. En un fuerte contraste temático con el tema anterior, Bad Bunny elabora una historia sencilla pero efectiva, que empieza por una aparente banalidad (“Yo quiero comprarle un Ferrari a mi novia / pero no puedo, no tengo dinero”) y desemboca en un comentario socioeconómico de lo más reconocible (“Siete años estudiando hasta que me gradué / pero no encuentro trabajo en eso que estudié”), culminando en martirio con un plot-twist que probablemente nadie vio venir (“Y antes de despertar, exploté el Capitolio / y a todos esos cabrones con su monopolio”) con balacera incluida. En lo sonoro, podría haber encajado en el Song Machine de Gorillaz sin ningún problema: pop alternativo de arreglos electrónicos y guitarras ska alternado con beats de trap para conformar una de las mejores canciones del álbum y quizá, por qué no decirlo, de toda la carrera de Bad Bunny.

Simplicidad como herramienta expresiva

Bad Bunny parece no perder ocasión para replantear su propia figura tal y como la conocíamos en la mayoría de sus canciones hasta ahora. Hay alegría e incluso soberbia, pero también una introspección llena de entendimiento y madurez. El Conejo Malo puede hacer lo que le dé la gana es porque Benito no olvida de dónde viene.

Esta canción termina de aterrizar esa sensación volátil que planeaba sobre los primeros temas, pues “Maldita Pobreza” llama la atención sobre lo distintas que son la instrumentación y la producción de todo este álbum. Hay menos pistas y texturas por cada canción, menos elementos en juego, pero todos gozan de una entidad y un significado propios, además de que esa mayor sobriedad en la mezcla permite que las canciones respiren y todas las piezas tengan su propio espacio.

La Noche de Anoche”, primer featuring del elepé, demuestra esta fórmula con elegancia. Sobre una base de reggaetón seca y pausada, unos bajos pesados y sencillas líneas de sintetizador se entreveran el lamento de Bad Bunny con la sensualidad cristalina de la voz de Rosalía, que logra imprimir al tema su estilo más “espiritual” con más naturalidad que en otras colaboraciones. Cuesta perrear con un tema que da ganas de enviarle un mensaje a tu ex, pero que nadie espere tregua, porque este álbum tiene la capacidad de despertar esos sentimientos de muchas formas distintas.

De vuelta a las guitarras con “Te Deseo Lo Mejor”, el Conejo firma otra canción melancólica, a caballo entre las estructuras del trap y del rock alternativo, sobre relaciones que salieron mal; pero al contrario que “Vete” o “Bye, Me Fui”, en esta canción es Benito el que se sincera por haber traicionado la confianza de su pareja. Bad Bunny parece no perder ocasión para replantear su propia figura tal y como la conocíamos en la mayoría de sus canciones hasta ahora (el tipo exitoso con la música, los negocios y las mujeres que canta, gasta y folla con total libertad, a quien nada ni nadie puede atar) y haga algo que quizás hasta ahora nunca había hecho de un modo tan abierto: disculparse.

Las guitarras y Bad Bunny: extraños compañeros de viaje

Lejos del espíritu de celebración en compañía que fue YHLQMDLG, este álbum ve su censo de colaboraciones drásticamente reducido, lo que permite a Bad Bunny desmarcarse del reggaetón y embarcarse en un viaje sonoro en solitario mucho más experimental.

Incluso cuando EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO nos muestra al Bad Bunny más crecido, las formas no son las mismas. “Yo Visto Así” podría ser poco más que product-placement o un lucimiento vacío de marcas exclusivas, pero es más bien una enérgica reivindicación de su llamativo y personal estilo a la hora de vestir, con unos build-ups de batería y guitarra que bien podrían salir de una canción de pop-punk dosmilero, como si aquella coda revientaestadios de “Hablamos Mañana” se hubiese quedado con ganas de más.

De un modo un tanto brusco (sin duda el álbum podría haberse beneficiado de un orden de canciones más organizado), el ritmo desciende pero las guitarras se mantienen, cambiando la distorsión por el reverb, en “Haciendo Que Me Amas”, quizás uno de los temas más emotivos y desnudos de su discografía. Nuevamente, no estamos ante otra de las canciones melancólicas del músico: hay dolor, pero no rabia, sino una introspección llena de entendimiento y madurez. Solo usa las palabras justas, tanto que hay espacio para un breve y distante solo de guitarra que redunda en la atmósfera extrañamente dream-pop de esta canción.

Magnetismo

En este disco los temas funcionan mejor jugando con sus dinámicas que introduciendo variaciones llamativas, lo que los hace aún más magnéticos. Hay menos menos elementos en juego, pero todos gozan de una entidad y un significado propios.

Ni siquiera estos momentos le bajan los ánimos al Conejo, que se marca otro fanfarroneo irredento de los que dejan huella en su enésimo temazo inclasificable “Booker T”. Como aquel antiguo rey del wrestling, Bad Bunny se acomoda en su trono para recordar a quienes lo injurian y desprecian, con un flow corrosivo e ingenioso que por momentos recuerda a su querido Residente, por qué ha llegado tan lejos y sigue manteniéndose allí arriba. Alrededor de un groove guitarrero con mucho gancho y dinamismo (una vez más, resulta sorprendente todo lo que llega a ocurrir en apenas dos minutos y medio), lo mismo tira referencias a Street Fighter que intercala una cancioncilla infantil para demostrar, hablando en plata, que es el puto amo; de hecho, el tipo ni se molesta en terminar la canción y te dice que le des al repeat si no te ha quedado claro quién manda aquí.

Compensando este despliegue de insolencia, “La Droga” baja el ritmo hacia un valle más sensual y sugerente, con un estribillo de los que sería imposible no corear en cualquier fiesta veraniega, pero que en el último momento se encamina a un puente de puro punk-rock con solo incluido. Esa sensualidad se desplaza hacia ese single redondo de números de escándalo que fue, y sigue siendo, “Dákiti”. Cuesta explicar qué hace al dueto entre Bad Bunny y Jhay Cortez tan especial y atrayente, porque podría limitarse a ser la colabo de reggaetón de la temporada, otra canción sobre sexo y lujo (no se puede negar que el videoclip de la fiesta en el yate y las mujeres espectaculares es todo un estereotipo del género), pero de nuevo hay algo más de lo que parece a simple vista. Quizá sean sus bajos densos, sus sintes aterciopelados y submarinos, el impacto profundo de su beat… Si Tainy produce tu single ya sabes que va a ser una bomba, pero flota por su atmósfera una sensación ensoñada, irreal, que quizás sea lo que la hace más atractiva si cabe.

Romper las expectativas…

EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO hace gala de una gran variedad estilística pero no a costa de lentitud (ni de lejos parece que este disco dure 47 minutos) ni incoherencia, aunque en ocasiones aqueja un cierto desorden.

Entrando en la recta final del disco, Benito parece decidido a salirse por la tangente en todas y cada una de las canciones que quedan, empezando por “Trellas”. Quizás una letra sobre citas en la luna y líos con marcianas no sea la más inspirada que el artista ha compuesto jamás, pero puede afirmarse con seguridad que absolutamente nadie esperaría encontrarse una balada de rock alternativo espacial que podrían haber firmado Blur o Radiohead en 1997 en un álbum de reggaetón y trap latino. Y lo más curioso es que esas mismas guitarras cargadas de reverb lo han acompañado en gran parte de las canciones anteriores, pero nuevamente lo rupturista es el contexto: Bad Bunny cambia de escenario a voluntad, sin darnos tiempo a reaccionar, pero nunca resulta forzado.

Por eso es capaz de lanzarse de cabeza a aquel synthwave que exploraba en la época de X 100pre en “Otra Noche en Miami” con “Sorry Papi”, en la que cantante Abra no necesita más que un par de estribillos bien colocados para enseñarle al buen Conejito una valiosa lección: él no es el único que hace lo que le da la gana, y ni toda su zalamería ni todo su dinero van a conseguir que una tía que ya tiene su vida hecha vaya detrás de él. Sus aires retro, con sección de viento-metal incluida, le dan un toque muy cálido al tema, haciéndonos vibrar y mover el cuerpo en otra frecuencia y un mood muy diferentes a los que acostumbra. EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO es una exhibición de maestría en ese sentido, como demuestra la breve pero intensa “120”. Se mantiene en esa atmósfera vagamente ochentera, pero sus texturas tienen un sabor bien distinto: casi como en una versión trapera de la “Nightcall” de Kavinski, Bad Bunny pisa el acelerador a fondo sin apenas detenerse durante una única e imparable estrofa que termina perdiéndose en la distancia con esos sintetizadores ambientales.

… y volver a donde siempre

EL ÚLTIMO TOUR es, desde luego, su disco menos inmediato, pero a veces no necesitamos un disco monovarietal de reggaetón sino una enciclopedia de emociones y moods que nos haga volver a pasear por diferentes rincones de nuestra memoria mientras acompañamos a Bad Bunny en su propio viaje.

La última canción que Benito Antonio Martínez Ocasio firma para este álbum comparte algo del espíritu de “Estamos Bien” o “<3”, que cerraban X 100pre y YHLQMDLG respectivamente: son temas alegres y luminosos, a veces muy personales, pero este tiene algo distinto. “Antes Que Se Acabe” es más que otra “oda a la felicidad” y los sentimientos positivos: es una reivindicación de los placeres más minúsculos y un recordatorio insistente de que abracemos esos momentos mientras duren y compartamos tanto cariño, alegría y esperanza como podamos mientras sea posible; a punto de terminar este convulso 2020, en el que tantas cosas se han perdido por el camino, somos más conscientes que nunca de lo imperativo que es apreciar lo poco positivo que podamos encontrar a cada momento.

En una coctelera caen todos los elementos que han aparecido en este álbum, todos los beats, las guitarras y los teclados, y lo que resulta de esa mezcla (además de una instrumental que bien daría para un excelente tema de chillhop) son todos los Bad Bunnies habidos y por haber mandándonos a un tiempo todo el amor y la calidez que tienen para que celebremos junto a él que todavía seguimos aquí a pesar de todo.

A modo de epílogo y broma final, el Conejo se retira y nos deja a solas con “Cantares de Navidad”, un villancico del grupo de música popular Trío Vegabajeño, haciendo un cariñoso guiño a su localidad natal y a la música de su infancia, dejando bien claro un mensaje: si Bad Bunny puede hacer lo que le dé la gana es porque Benito no olvida de dónde viene. Una vez pasada la sorpresa (y quizás la indignación) por la ausencia del artista en el último tema, cuesta reprimir una sonrisa cómplice.

El Siguiente Tour

De un tipo que lanza tres álbumes en un año cuesta pensar que quiera jubilarse, pero si algo hace EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO es apuntar a lugares distintos, innovar con sus riesgos y sus recompensas; quién sabe si el Benito que viene seguirá siendo el Conejo Malo que conocemos o algo totalmente distinto.

Quitémonos de encima la pregunta incómoda: ¿significa esto que nos encontramos ante el mejor disco de Bad Bunny? Creo que hay muchos motivos para pensar que sí: EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO hace gala de una gran variedad estilística pero no a costa de lentitud (ni de lejos parece que este disco dure 47 minutos) ni incoherencia, aunque en ocasiones aqueja un cierto desorden. Es, desde luego, su disco menos inmediato, o al menos puede que no lo amemos a primera escucha como YHLQMDLG, pero a veces no necesitamos un disco monovarietal de reggaetón (por cojonudo que sea, que lo es) sino una enciclopedia de emociones y moods que nos haga volver a pasear por diferentes rincones de nuestra memoria mientras acompañamos a Bad Bunny en su propio viaje. No necesitamos forzarnos a elegir entre papá y mamá: el viaje a lomos de este camión por los parajes del fin del mundo es uno con su propio valor y que quedará en nuestro recuerdo igual que hizo su antecesor.

¿Y lo de la retirada? ¿Era una mala interpretación, una maniobra publicitaria o la enésima broma de Bad Bunny? De un tipo que lanza tres álbumes en un año cuesta pensar que quiera jubilarse, pero si algo hace EL ÚLTIMO TOUR es apuntar a lugares distintos, innovar con sus riesgos y sus recompensas; quién sabe si el Benito que viene seguirá siendo el Conejo Malo que conocemos o algo totalmente distinto. Sea como sea, tampoco importa demasiado. Antes de que se acabe todo esto, disfrutemos de lo que tenemos y nos hace sentir bien, y tratemos de acomodarnos, que aún queda carretera y gasolina para rato hasta que lleguemos a alguna parte.

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