Jónsi

Jónsi –
Shiver

Jónsi une fuerzas con el productor del momento, A. G. Cook, para dar forma a su segundo álbum de estudio en solitario. Shiver se configura como una declaración de intenciones y la enésima prueba de que los tentáculos del pop pueden llegar a cotas tan dispares como el desarrollo épico y bello de formaciones como Sigur Rós.

Cuando he hablado de artistas como SOPHIE o Arca, siempre he destacado que ellas están definiendo el futuro del pop al encontrar equilibrio entre el ruidismo y las sonoridades más accesibles, marcando, de este modo la tendencia a seguir por los grandes nombres. Pero, ¿cuándo está previsto que se sigan realmente estas tendencias? Quizá, y gracias a Jónsi con este Shiver, podamos decir que el momento ya ha llegado.

Bien es cierto que las grandes divas del pop están más encaminadas hacia la resurrección de la música disco que en explorar estas nuevas sonoridades, pero el sonido más popular de cada década se ha basado en la innovación, no en el throwback. Las grandes del pop (Lady Gaga, Dua Lipa o Kylie Minogue) se encuentran con la mirada fija en tiempos pretéritos y seguros, pero será suficiente con que una de ellas se adentre en los dominios de A. G. Cook y compañía para que el grueso del público caiga rendido a la verdad que nos dominará en los próximos años: la belleza del ruido.

Jónsi y la belleza del ruido

Resulta curioso que este trabajo se encuentre más cerca de los últimos estrenos de Sigur Rós que de Go, aquel debut en solitario de Jónsi publicado hace una década y caracterizado por un pop naturalista.

Seamos claros: en este ruido no estamos descubriendo nada que no hayamos visto ya en artistas como Hannah Diamond o Charli XCX, pero casi con total seguridad es la primera vez que un artista ajeno a la escena decide apostar por este sonido tan característico. De hecho, que lo haga un artista como Jónsi, respetado por la escena alternativa y más “pureta” gracias a su trabajo liderando Sigur Rós, podría suponer una declaración de intenciones. Además de exponer los intereses del vocalista en solitario, también aclara que el mal llamado género “PC Music” (recordemos que es un sello, no un sonido en sí mismo) no sólo está ligado a la grandilocuencia pop y al discurso reivindicativo; puede mantener su carácter mientras se dirige hacia terrenos más intimistas y oníricos.

El interés de Jónsi por explorar la belleza del ruido no es algo que haya surgido ahora, ya que Shiver es simple y llanamente la evolución natural de los últimos pasos del músico. Resulta curioso que este trabajo, sin embargo, se encuentre más cerca de los últimos estrenos de Sigur Rós que de Go, aquel debut en solitario publicado hace una década y caracterizado por un pop naturalista.

La semilla de Shiver la podríamos encontrar en Kveikur y aquel single posterior que estrenó Sigur Rós en 2016: “Óve∂ur”. En ambos trabajos pudimos disfrutar de unos Sigur Rós más alejados de la ensoñación de Valtari (2012), mostrando un carácter más industrial, pesado y oscuro donde, no obstante, sí encontrábamos algún retazo de luz. Los pasajes ruidistas de “Brenninstein», el estribillo brillante de “Ísjaki”, la dolencia de “Kveikur” o la belleza de “Stormur” podrían ser las bases sobre las cuales se configura Shiver. Pero, claro, el nuevo trabajo de Jónsi seguiría siendo un álbum de Sigur Rós de no ser por un agente nuevo implicado: A. G. Cook.

Fotografía: Barnaby Roper

A. G. Cook, siempre presente en nuestras plegarias

En Shiver encontramos los virajes dolorosos de la SOPHIE más volcánica, los mares de voces distorsionadas que cantan al romanticismo y a la identidad en la línea de Arca y el sonido más rave friendly que ha desarrollado Charli XCX en sus últimos discos. El nuevo ABC del pop.

El productor británico, nombre clave para el sello PC Music y para el sonido de Hannah Diamond, Charli XCX o GFOTY, era todo lo que necesitaba Jónsi para abrazar a la perfección el nuevo pop que mencionábamos antes. Shiver se ha ido gestando durante tres años, algo que nos permite entender, en cierta manera, cómo ha ido evolucionando la escena y el sonido pop desde finales de la década pasada hasta ahora.

Este tándem formado por Cook y Jónsi nos ofrece una exploración de los últimos días del pop tal y cómo lo conocíamos, pues encontramos los virajes dolorosos de la SOPHIE más volcánica (los casi siete minutos oscuros de Sumarið sem aldrei kom” y la cara más liviana e IDM que es esa invitación a la vida titulada “Kórall”), los mares de voces distorsionadas que cantan al romanticismo y a la identidad en la línea de Arca (el final solemne de “Beautiful Boy”) y el sonido más rave friendly que ha desarrollado Charli XCX en sus últimos discos (la cacerolada tecno-sintética de “Wildeye” o las percusiones de pop épico de una “Swill” que cierra con una ventisca a medio camino entre “Pink Diamond” y el Kveikur). Todo ello son caras de la actualidad musical, el nuevo ABC del pop.

Lo que nos gusta: bailar llorando

A lo largo de Shiver, Jónsi se abre en canal y nos muestra su fragilidad con la belleza lírica de la que ya hacía gala en Sigur Rós. Cada bombo distorsionado es un latido del islandés y cada pasaje oscuro es una muestra más de su debilidad; una debilidad que, cantada en inglés y con una música más accesible, ahora sí somos capaces de entender.

Tal y como lo he expresado, cabría pensar que Jónsi es una mera marioneta de un A. G. Cook con ganas de llevar su sonido a nuevos oyentes. Sin embargo, el cerebro detrás de Shiver es Jónsi y bien patente queda a lo largo de su metraje. Es cierto que tenemos estos momentos más cercanos al pop bombástico del británico, pero de igual modo es incuestionable la impronta de Jónsi en todas estas composiciones. Basta con escuchar el hit que firma junto a Robyn, una “Salt Liquorice” cuya letra muestra la fragilidad nórdica de ambos y cuya frialdad musical nos hace imaginarnos dentro de un iglú bailando mientras rompemos todos sus paramentos.

Volviendo a los motivos que me llevan a pensar que este disco es tanto de Cook como de Jónsi, podemos fijarnos también en la parcela lírica. A lo largo de Shiver, el músico islandés se abre en canal y nos muestra su fragilidad con la belleza lírica de la que ya hacía gala en Sigur Rós (referencias oníricas, algún punto de vista animal, el interior del cuerpo humano…). Cada bombo distorsionado es un latido del islandés y cada pasaje oscuro es una muestra de su debilidad; una debilidad que, cantada en inglés y con una música más accesible, ahora sí somos capaces de entender.

No todo es rave

Jónsi combina en este Shiver la elegancia de Sigur Rós con el pop bombástico característico de A. G. Cook, dejando al mismo tiempo espacio para la reflexión, la introspección y su carácter más sentimental.

Quizá uno de los problemas de esos álbumes de pop bombástico firmados por las artistas anteriormente mencionadas es no saber manejar las bajas revoluciones, no saber llenar el vacío de las grandes canciones. Dichas artistas suelen apostar por el “más es más”, pero dejan el camino demasiado definido como para permitir al oyente divagar y explorar por su cuenta. 

Jónsi, al contrario, nos trae en este disco algo que ha aprendido con Sigur Rós: las dinámicas. El poder del silencio y el vacío. Y son estos momentos los que demuestran de quién es verdaderamente este trabajo. El primer tramo del álbum (“Exhale”, “Shiver” y esa “Cannibal” en colaboración con Elizabeth Fraser, vocalista de Cocteau Twins) sirven para sentar las bases de todo Shiver: estaremos de acuerdo en que está producido por Cook, pero aquí manda la ensoñación, el desarrollo post-rock y el frío islandés. Luego se harán concesiones en nombre del pop, pero al final prevalece la introspección en piezas como la asfixiante “Grenade” o esa “Hold” cuyos sintetizadores nos retrotraen al Oneohtrix Point Never de R Plus Seven (2013) o Replica (2011).

Shiver es, como decía al principio, una declaración de intenciones. Es la enésima muestra de que el pop no tiene que estar atrapado dentro de las radiofórmulas y, asimismo, uno de los primeros manifiestos que certifican que el “sonido PC Music” no está reñido con un ámbito más discreto y underground. Si un artista como Jónsi ha podido aunar en su obra la elegancia de una formación como Sigur Rós con el pop de altas revoluciones, dejando al mismo tiempo espacio para la reflexión, la introspección y su carácter más sentimental, no puedo ni imaginarme lo que está por venir en los próximos años en cuanto una de las grandes artistas mundiales apueste por este sonido.

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