Fuzz

Fuzz –
III

Cinco años después de su última referencia, Fuzz vuelven con un tercer álbum que parece cerrar una etapa y que, de igual modo, nos devuelve a los solos infinitos e imposibles, a los riffs despeina-melenas y al garage virtuoso de un trío que con cada lanzamiento demuestra una mayor maestría dentro de su terreno. Quien los echase de menos, se sentirá otra vez como en casa.

Me siento como la secuela que querías ver pero que tenías la esperanza de que nunca hicieran”, cantaba Alex Turner en “The Bourne Identity” (el bonus track que acompañó a su último larga duración con The Last Shadow Puppets junto a Miles Kane). Es una frase en la que pienso a menudo porque creo que representa bastante bien esa sensación de tener muchas ganas de que algo que nos gustaba mucho vuelva pero, a la vez, que cuando se cumpla nos decepcione, no sea igual o nos demos cuenta de que somos nosotros los que hemos cambiado.

El regreso de un viejo confiable

III es un trabajo continuista y en el que todo suena en su sitio. No obstante, incluso así, Fuzz vuelven a encontrar maneras de divertirse y de divertirnos.

En este caso se aplicaba bastante bien. Siempre me ha encantado Fuzz, el proyecto paralelo más serio de Ty Segall junto a sus compañeros de fechorias Charles Moothart y Chad Ubovich, pero cinco años después desde su última referencia, II (2015), sabiendo que no es un grupo de los que se junten a hacer algo totalmente loco y distinto en cada trabajo, tenía cierto temor a que su fórmula ya no me entrase igual de bien que antes. Todas esas dudas se disipan tras escuchar III (2020), su nuevo trabajo de estudio producido por el gran Steve Albini. Y es que a pesar de haberse cascado una de las peores portadas del año, estos tres acólitos del garage siempre encuentran una manera más de retorcer esas canciones dominadas por los riffs y el guitarreo tan guarro como virtuoso.

Resulta bastante curioso lo explícitamente consciente que la banda ha hecho su vuelta, titulando “Returning” al primer adelanto (también la primera canción del disco) y tomando la decisión de colocar una foto de sus tres miembros en la portada, cuando no deja de ser un proyecto paralelo de un tipo ya de por sí relativamente underground y que probablemente ya haya visto pasar su momento álgido de popularidad (a pesar de tener una fanbase consistente y que adora a la banda incluso por encima de al propio Ty Segall).

Fotografía: Denée Segall

Retorciendo sobre lo retorcido

II apostaba un poco más fuerte por medios tempos cercanos al heavy-psych, más oscuros y pesados, mientras que este nuevo álbum vuelve a acercarse al sonido bluesero de su debut, a ese hipotético Jimi Hendrix que llegó a conocer a Black Sabbath.

El caso es que, tal y como se esperaba, III es un trabajo continuista y en el que todo suena en su sitio. No obstante, incluso así, la banda sigue encontrando maneras de divertirse y de divertirnos, de llevar las canciones un puntito más allá, de llenar cada rincón con otro riff, otro redoble, otro cambio de ritmo que nos mantiene despeinados desde el principio hasta el final.

No sólo en la estructura de las canciones encuentran pequeños elementos todavía inexplorados, sino también en la producción. II apostaba un poco más fuerte por medios tempos cercanos al heavy-psych, más oscuros y pesados, mientras que este nuevo álbum vuelve a acercarse algo más al sonido bluesero de su debut, a ese hipotético Jimi Hendrix que llegó a conocer a Black Sabbath.

Pero también suena más grande en muchos aspectos. Desde un uso mayor de los overdubs en “Nothing People” o en “Close Your Eyes” hasta unas guitarras aún más agresivas y una mayor presencia de la batería para expandir temas como “Returning”, también encontramos pequeños juegos de voces y de producción en piezas como “Mirror”, con una banda más cómoda y capaz que nunca para moverse como pez en el agua entre el blues-rock de “Time Collapse” y “Blind to Vines”, el hard-rock de “Nothing People”, la garajera e intrincada “Spit” (con ese compás a 7/4) o esa semi jam de “End Returning” (con un Moothart especialmente inspirado en la guitarra).

Lo que siempre fueron y seguirán siendo

Fuzz son una banda sin trampa ni cartón. No tuvieron la intención de revolucionar nada en 2013 y tampoco la tienen ahora a pesar de haberse ganado el beneplácito de los amantes del garage más elaborado y virtuoso.

Quizá si algo se echa en falta es una verdadera jam instrumental como las que cerraban sus anteriores álbumes, aunque esta vez han optado por cerrar el círculo acabando igual que el comienzo, dando una mayor sensación de conclusión y de cierre de trilogía apoyándose de igual modo en la inclusión de esa “Time Collapse” frente a la “Time Collapse II” con la que habría su álbum anterior.

Fuzz son una banda sin trampa ni cartón. De hecho, pocas bandas dejan tan claras sus intenciones ya desde el propio nombre. No tuvieron la intención de revolucionar nada en 2013 y tampoco la tienen ahora a pesar de haberse ganado el beneplácito de los amantes del garage más elaborado y virtuoso. Para todos esos, enhorabuena: esta sigue siendo vuestra casa.

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