Sidonie

Sidonie –
El Regreso de Abba

Por mucho que digan por ahí, no estamos únicamente ante un disco. Tampoco es exactamente una ópera-rock o un álbum conceptual. Lo que ha hecho Marc Ros, sin precedente conocido, es escribir una novela y componer después junto a sus hermanos un álbum donde aparecen las canciones que los personajes componen, estos mantienen diálogos, o de repente se para la música para trasladarnos a escenas concretas del libro. Te podrá gustar más o menos, pero no experimentarás nada parecido.

Es la primera vez que me enfrento a un disco que viene con novela incorporada (aunque su autor diga que funcionan como entidades independientes), así que vamos a ver cómo sale esto. Después de adentrarme y procesar ambos productos, coincido en que pueden experimentarse por separado, pero que es conveniente abordar el binomio para 1- contextualizar las canciones del álbum, y 2- poner banda sonora a una novela que, entre otras cosas, cuenta con una fuerte presencia de música.

Mucho más que un disco

Tal vez las etiquetas de ópera-rock o álbum conceptual no se ajustan perfectamente a El Regreso de Abba (2020), pues el hilo argumental queda algo difuso con la disposición de los temas, pero desde luego tenemos personajes y diferentes escenas como si de un audiolibro se tratara.

Uno podría suponer al ver que disco y libro comparten título y portada, que vamos a encontrarnos con un trabajo en formato ópera-rock, atendiendo también a las 23 canciones que lo conforman. No sé si la etiqueta se ajusta perfectamente a El Regreso de Abba (2020), pues el hilo argumental queda algo difuso con la disposición de los temas, pero desde luego tenemos personajes y diferentes escenas como si de un audiolibro se tratara. También contamos con el innegable e inefable espíritu de los Sidonie más puros. Nueva colección de hits con su sello de denominación de origen, manufacturados con el pop de siempre y la novedad de ciertos matices procedentes de América Latina.

Es importante subrayar que el libro es esencialmente una novela de personajes; la trama queda relegada como escenario donde destacan emociones, diálogos internos, desarrollo personal y relaciones de muy diverso tipo entre seres humanos y éstos con el entorno que les rodea. Los protagonistas, conviene saber también, son tres amigos: Abba, Hugo y Domènech, músicos de renombre los dos primeros, y realizador audiovisual el tercero, encargado de rodar el proceso de composición del disco conjunto al que se enfrentan sus colegas, y motivo por el que se reúnen en el verano de 2019 en Cadaqués. Los tres le sirven a Marc Ros para dibujar diferentes espectros de su propia personalidad (y de muchos de nosotros indirectamente), y ver cómo desarrollan sinergias al separarlos en varios cerebros y hacer que se relacionen entre sí. Girando en torno a ellos y sus circunstancias, nacen las canciones que nos ocupan.

Fotografía: Mònica Figueras

Una historia contada desde dos prismas

El Regreso de Abba está lleno del innegable e inefable espíritu de los Sidonie más puros. Nueva colección de hits con su sello de denominación de origen, manufacturados con el pop de siempre y la novedad de ciertos matices procedentes de América Latina.

El latigazo inicial se nos aparece entre el sonido de las olas del mar deslizándose sobre la arena. “Me Llamo Abba” presenta a la protagonista principal de la historia, una mujer sensible pero fuerte e inmarcesible. La canción tiene todos los elementos necesarios para pegar fuerte, con esa estructura de acordes apenas inalterable, pero que funciona mediante un leve juego con la primera nota de las estrofas para imprimir fuerza a puente (maravillosa Kimberley Tell cantando en francés) y estribillo.

Mi Guerra” sostiene todo su cuerpo en una marcada sección rítmica donde podemos empezar a apreciar los primeros ecos latinos con arreglos de vientos andinos. En palabras textuales del propio grupo, “Mi Vida Es la Música” es una de las canciones más importantes de su carrera, por motivos obvios para los que les seguimos desde hace años. Pese a ser la única canción que “rompe” discursivamente con la historia (aunque la novela contiene un guiño hacia ella), mantiene un sentido espiritual con todo el conjunto. No es la primera canción dedicada a sí mismos, pero sí la primera en la que Marc habla tan explícitamente de sus experiencias pasadas y emociones derivadas, con un resultado honesto y sorprendente. La mejor canción de amor que han compuesto (con la colaboración de Delaporte), y también uno de los momentos álgidos con los que la gente explotará en los conciertos a partir de ahora.

Un fenómeno sin precedentes

Los tres personajes de la novela le sirven a Marc Ros para dibujar diferentes espectros de su propia personalidad (y de muchos de nosotros indirectamente), y ver cómo desarrollan sinergias al separarlos en varios cerebros y hacer que se relacionen entre sí.

El típico tema que a priori puede pasar desapercibido, pero que gana con las escuchas posteriores, es “Abba y Mathieu”. Utilizando un tono casi susurrado (que remite a “Los Coches Aún No Vuelan”, de su anterior disco de 2016), la canción cuenta una historia de ruptura sentimental con comprensión y buenas vibraciones, pese al evidente drama de la cuestión. “Portlligat” es el primer tema en catalán de su carrera, con un riff adictivo que se adhiere a la cabeza como una rémora. Escudado entre dos paisajísticos interludios, “Cadaqués” y “Cap de Creus”, que introducen y sirven de fade out respectivamente, presentan así el tríptico lienzo sobre el que se dibuja esta historia.

En “Verano del Amor” volvemos a escuchar ciertos toques procedentes del otro lado del charco, y un evidente tono de reivindicación política bajo el buen rollo que desprenden título y melodía. Realmente, la canción versa sobre la gentrificación y el impacto que el turismo imprime en su tierra (en este caso, Cadaqués). No es un grupo que acostumbre a introducir el discurso político en sus trabajos, pero hay que reconocerles que siempre han sido embajadores y adalides de sus ciudades (ya trataron este tema, pero centrado en Barcelona, con “Maravilloso”).

En este punto llegamos a la entrada en escena de otro de los personajes de la novela. “Hugo del Desierto” toma su título adaptando la película de Luis Buñuel, director al que éste adora y aprovechando también su obsesión por los desiertos. No hace falta más que escuchar el tema para entender la personalidad de Hugo, materializada perfectamente combinando tinta y acordes. Hitazo.

La versión de Violeta Parra, “Gracias a la Vida”, cobra vida mediante las voces de Marc y su hermana Miri, y gracias a una conversación entre Axel Pi y el artista que firma la portada, Matías Krahn, recordando un episodio pasado en común (y de la que se puede escuchar un fragmento al inicio de la pista). La sensación retrospectiva es constante escuchando el disco, pero “Ritmo de Huesos” remite de forma realmente vívida a los tiempos de Costa Azul (2007) y El Incendio (2009), al igual que el estribillo a base de coros de “Televisores Rotos”. Este último tema hace referencia a la banda que lidera Hugo, rockeros arquetípicos, cuya letra refleja el exceso, el hedonismo y el espíritu salvaje sobre el escenario.

La enésima (¿y mejor?) rotura de moldes de Sidonie

Si cogiésemos sólo las canciones propiamente dichas, tendríamos otro buen disco de Sidonie; pero no se puede pasar por alto el complejo y rico contexto del que vienen acompañadas en esta ocasión. Merece mucho la pena, de verdad.

La idea de introducir a estas alturas un corte como “Interior Con Chica al Piano” me parece una genialidad. No se trata más que de una ventana al momento en el que Abba compone la canción que abre este álbum, y es realmente precioso experimentar su nacimiento en nuestros oídos. Otro acierto maravilloso es “Ragaton”, un experimento que mezcla, agita y sirve un raga indio con el reguetón más marronero, logrando un resultado más que atractivo; aprovechando también para criticar la música carente de alma que suena en la mayoría de garitos en la actualidad, e introduciendo el famoso sitar de Jess Senra por primera vez.

Entramos, por fin, en el mundo de Domènech con “Nirvana Internacional”, fluyendo con la inercia oriental del sitar para construir un tema algo más psicodélico, que supone un viaje dentro de la propia odisea que ya estamos viviendo. Y esto no es más que el principio que va a ofrecernos nuestro amigo hippie. Con “Teoría de la relatividad Para Hormigas” nos engulle un agujero de gusano con desembocadura en la conversación onírica entre Abba y la bailarina Anna Pavlova, tras fumarse la primera un porro de Dom. “La Bailarina Rusa con los Ojos de Telescopio” es un pasaje de casi cuatro minutos donde la música nunca desaparece del todo bajo las voces de las dos mujeres, y ésta acentúa los virajes y cambios de escenario hasta la desembocadura, donde confluyen en unos segundos todos los temas escuchados hasta ahora.

A partir de aquí, el disco se precipita al final con una sucesión de canciones breves de menos de dos minutos que recogen en pinceladas distintos pasajes y momentos de intensidad del libro. “Gracias”, “Buenas Vibraciones”, “Códecs” y “Ataque de Ansiedad” rodean a “L.S.Domènech”, otro escueto corte que permite figurar a nuestro entrañable tercer héroe entre los títulos.

Llegados a la conclusión, el sonido del mar regresa de nuevo, retrotrayéndonos otra vez al inicio de todo esto. “Melodía para el Regreso de Abba” despide de manera prácticamente instrumental el disco, acompañada por los coros del grupo y de Miri Ros al son de unas palmas que terminan fusionándose con los nombres de estos inolvidables personajes a los que hemos acompañado durante la última hora.

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