Gorillaz

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Song Machine, Season One: Strange Timez

Strange Timez es el mejor y más ambicioso trabajo de Gorillaz en muchos años. Damon Albarn y Jamie Hewlett vuelven a demostrar no solo que su obra sigue más viva que nunca, sino que veinte años después aún encuentran formas sorprendentes de reinterpretar y subvertir las leyes fundamentales de la gran industria musical sin perder frescura y vigencia como artistas pop. Mezclas insólitas de sonidos, arreglos, idiomas y colaboradores hacen de la primera temporada de Song Machine un ¿álbum? a la altura de cualquiera de sus clásicos.

Con el lanzamiento de Humanz (2017), que puso fin a una sequía de siete años sin álbumes de estudio, Gorillaz daban por inaugurada una nueva era en su proyecto. Lejos quedaban ya los videoclips con historias interconectadas, las páginas web con minijuegos flash, el lore complejo y difícil de seguir de los personajes, la extraña separación entre la banda animada y los “impostores” que la suplantaban en directo… La criatura de Damon Albarn y Jamie Hewlett inauguró esta segunda etapa de su trayectoria poniendo de relieve un cierto conflicto de identidad: ¿debía responder únicamente ante los impulsos artísticos de sus padres o ser un proyecto colectivo y totalizador?

Un momento de pausa tras la fiesta del fin del mundo…

Sin duda, Humanz abogó por esta segunda vía, aunque los resultados quizás no fuesen perfectos: marcado por una sobreabundancia de temas (veinte solo en la edición estándar) y colaboraciones, una producción que, de puro homogénea, rozaba lo excesivo y una atmósfera que trataba de compatibilizar lo apocalíptico y lo fiestero, el quinto elepé de Gorillaz quedaba en tierra de nadie en más de un aspecto.

El propio Albarn reconoció que, en su entusiasmo por colaborar con artistas (lo que por otra parte siempre ha sido una seña de identidad de la banda), se “olvidó” de incluirse a sí mismo en las líneas maestras de Humanz, y su tema central, si bien obvio (Trump como heraldo de un apocalipsis adelantado), quedaba un tanto disuelto entre tantos elementos que armonizar. Quizá por este motivo, Albarn y Hewlett trabajaron casi a solas en The Now Now (2018), grabado en un descanso de la gira del anterior elepé en colaboración con James Ford (productor habitual de Arctic Monkeys), un álbum de dimensiones más modestas y líneas mucho más definidas que su predecesor. Con un censo de featurings reducido a apenas dos de once temas, Albarn tuvo espacio para volcarse en una introspección colorida y fresca que evocaba sonidos de toda la discografía de la banda para dotarlos de nuevos significados.

… y un regreso distinto a los estudios

The Now Now no fue un álbum hecho con prisa, pero sí movido por una filosofía de pensar lo justo y actuar con decisión, sin sobrecargar las canciones, y por este motivo es fácil interpretarlo como la contraparte de Humanz. Lo que perdió de ambición lo ganó en coherencia, variedad y emotividad, algo que tanto crítica como público aplaudieron de forma más unánime que en el anterior trabajo y sin duda habría de conducir a la banda a la metodología que han decidido seguir con su nuevo trabajo.

Se decía que Albarn y Hewlett tenían la intención de dejar reposar el proyecto animado durante un tiempo prudencial, pero el músico parecía estar en una racha creativa (quizás movido por ese espíritu de inmediatez que concibió The Now Now) y, como el adicto al trabajo que sabemos que es, no tardó en reclutar de nuevo a su compañero de fatigas para iniciar un nuevo proyecto, uno que se pretendía más anárquico y espontáneo pero que terminó por adoptar formas distintas a raíz de la pandemia de la COVID-19. De este modo, el mundo tiene ahora ante sí Song Machine, Season One: Strange Timez (2020), sea lo que sea eso, y bien merece la pena detenerse un momento a estudiar qué es exactamente este trabajo tan peculiarmente ambicioso.

Fotografía: Press

Song Machine: ¿el proyecto más ambicioso de Gorillaz?

Song Machine bebe de un antiguo trabajo cancelado, en el que Albarn y Hewlett querían dejar de tratar a Murdoc, Russel, Noodle y 2-D como una banda y plantearlos como los anfitriones de nuevos proyectos en los que ellos no fuesen necesariamente los protagonistas.

En buena medida, Song Machine es un proyecto que bebe de lo que Damon Albarn intentó hacer en su día con un proyecto cancelado llamado Carousel, el germen de lo que ahora conocemos como Plastic Beach (2010). Para aquel ambicioso e inclasificable (quizá demasiado) trabajo, Albarn y Hewlett querían dejar de tratar a Murdoc, Russel, Noodle y 2-D como una banda y plantearlos como los anfitriones de nuevos proyectos en los que ellos no fuesen necesariamente los protagonistas.

Este séptimo ¿álbum? podría ser un segundo y más fructífero intento por seguir esa misma trayectoria, en tanto que se anunció como una serie musical presentada por Gorillaz y dividida en episodios colaborativos que se publicarían sin una periodicidad marcada. A ese apartado musical se acabó incorporando una novela gráfica, un programa de radio, la preparación de una película (parece que esta vez es de verdad)… La cosa ya empieza a ponerse confusa, así que centraremos nuestros esfuerzos en el disco propiamente dicho, incluyendo los temas de la edición especial, no solo porque es la que figura en las plataformas de streaming sino porque Song Machine trae consigo algunas de las mejores canciones de la historia de Gorillaz y no pensamos dejarnos ni una.

Cómo hacer un álbum de singles sin pretenderlo

Que la primera temporada de Song Machine terminase por convertirse en un elepé es algo que no estaba en los planes de sus creadores, quienes afirman que entenderlo como disco es una experiencia diferente a todo lo que supone este proyecto, pero aun así se muestran orgullosos de haber logrado, accidentalmente, crear un disco de singles.

Si al torrente creativo de un Albarn felizmente confinado en su casa de campo en los primeros meses de la pandemia le sumamos su voluntad incombustible por proponer colaboraciones a colegas o artistas a quienes admira (estamos ante el primer trabajo de la banda animada en el que todas las canciones incluyen la palabra “featuring”) y esa mentalidad compositiva de no darle demasiadas vueltas a canciones con valor propio, este Strange Timez combina la energía de Humanz y The Now Now en un cóctel único y muy cargado.

Que la primera temporada de Song Machine terminase por convertirse en un elepé es algo que no estaba en los planes de sus creadores, quienes afirman que entenderlo como disco es una experiencia diferente a todo lo que supone este proyecto, pero aun así se muestran orgullosos del resultado: “Es [un álbum] muy fuerte porque cada canción tiene una intención propia. Hacer un álbum de singles es una empresa ardua porque normalmente no es lo que haces — pero nosotros, accidentalmente, lo hemos hecho”.

Fotografía: Press

Sumergiéndonos en tiempos extraños

Strange Timez, el primer trabajo de Gorillaz en el que todas las canciones incluyen la palabra “featuring”, combina la energía de Humanz y The Now Now en un cóctel único y muy cargado.

Strange Timez” no solo es el tema titular del álbum, sino una forma de contextualizar el ethos lírico y musical de estos revigorizados Gorillaz: teclados disonantes, que evocan los sonidos más terroríficos de sus primeros álbumes, desembocan en esa electrónica de club bailable que Albarn ha ido haciendo suya en los últimos años, mientras su verborrea de imágenes apocalípticas se turna con el estribillo repetitivo, pero magnético, de Robert Smith para resumir a su manera este 2020 en el que la palabra “convulso” se nos ha quedado corta.

Estos tiempos, aun así, no le han aguado la fiesta a ciertas personas que viven en su realidad paralela, y de eso va “The Valley of the Pagans”, donde Albarn y un Beck especialmente locuaz disparan una ácida y animada crítica al narcisismo y la disociación de la alta sociedad. Este tema divertido y juguetón inaugura una costumbre recurrente en Strange Timez, donde muchas canciones cuentan con una estructura pegadiza repetida casi en bucle pero con alteraciones dinámicas que nunca la hacen cansina.

The Lost Chord” baja el ritmo pero no la intensidad: con su introspección colorista de arreglos cambiantes, Albarn (por momentos poseído por Alex Turner) y Leee John, estrella de la infancia de Albarn al frente de la banda Imagination, configuran con sus voces una atmósfera seductora a lo Plastic Beach, en la que predomina la instrumentación analógica y el piano anuncia el papel protagonista del que goza en este trabajo.

Guiños al pasado, innovación y grandes colaboraciones

La excelente “PAC-MAN” marca todas las casillas de los temazos de aquel lejano Gorillaz: guitarras, bajos y sintes bien trenzados en una base simple pero groovy a más no poder, contraste entre la temática oscura de las letras y la luminosidad del canto y un excepcional despliegue de flow (esta vez a cargo de ScHoolboy Q). La producción demuestra que calidad no es cantidad, y mantiene la simplicidad y la frescura sin perder el gusto por los breaks, los puentes, los arreglos espontáneos para hacer que los temas de Song Machine sean clásicos instantáneos capaces de poner nuestro cuerpo en movimiento sin pretenderlo.

Chalk Tablet Towers” mira también al tercer álbum de la banda, pues el dueto con St. Vincent (que bien merecería más espacio en el tema) en una canción sobre el consumo de drogas hace pensar en la icónica “To Binge” con Yukimi Nagano, pero también a The Now Now, con su predominio de la electrónica dulce, pero melancólica.

Es un tema dulce y con mucha personalidad, pero queda un tanto a la sombra cuando a la vuelta de la esquina se encuentra un monumento como “The Pink Phantom”. Damon Albarn se sienta al piano en una espectacular balada que no se limita a eclipsar a aquella “Busted and Blue” de Humanz en el terreno musical, sino que ofrece una de las mejores colaboraciones del álbum y de la historia de Gorillaz. Albarn, 6LACK y el mismísimo Elton John cruzan tres perspectivas diferentes acerca de la nostalgia y el amor, pero también entreveran tres melodías propias: en los últimos instantes del tema, la potencia vocal de Sir Elton se encuentra con el AutoTune del rapero y esta, a su vez, con los coros somnolientos de 2-D, produciendo un insólito cóctel generacional de texturas difícil de imaginar, pero que Gorillaz sigue haciendo posible veinte años después.

Diferentes formas de introspección

Strange Timez es el álbum más ambicioso de Gorillaz desde Plastic Beach y sin duda su mejor trabajo desde aquella obra mastodóntica.

Aproximándonos ya al tercio final del álbum base (las primeras 11 canciones), se inicia una deriva introspectiva inaugurada por “Aries”, donde 2-D, acompañado de Georgia a las percusiones y Peter Hook (New Order) al bajo, pasa de estrofas somnolientas sobre la dependencia y el aislamiento a un estribillo coreable y enérgico que, sin embargo, no deja de redundar en la melancolía sintética del corte.

Friday 13th” combina aires herederos del dancehall (principalmente gracias a la colaboración del joven trapero Octavian) o el dub, al uso del debut de los primates, con los sintes nostálgicos de The Now Now y el piano luminoso y minimalista de Everyday Robots, instrumento que cobra un papel clave en la preciosa “Dead Butterflies”. En temas como estos da la impresión de que Albarn cuenta por fin con el espacio para recontextualizar técnicas y texturas muy personales (esta canción bien podría figurar en el tracklist de su debut en solitario) con artistas que aporten nuevos significados, como su viejo amigo Kano o una Roxani Arias de la que no parecen existir referencias musicales previas; quizá Albarn, en sus inescrutables designios, esté descubriendo una futura estrella.

Un final de altura

Damon Albarn y Jamie Hewlett vuelven a demostrar no solo que su obra sigue más viva que nunca, sino que veinte años después aún encuentran formas sorprendentes de reinterpretar y subvertir las leyes fundamentales de la gran industria musical.

Otro de los momentos destacados de Strange Timez es “Désolé”, escrita en inglés, francés y Bambara, idioma de la maliense Fatoumata Diawara. Su estilo inclasificable (emotivas cuerdas orquestales, un poco de algo que no sabes decir si es bossa nova o qué pero suena vintage, guitarras simples pero memorables, una portentosa sección de viento-metal…) no llegaría a maravillar tanto como lo hace de no ser por su cuidadísima producción, que logra dar protagonismo a cada línea melódica sin quitárselo a las voces de 2-D y, en especial, de la espectacular Diawara.

Cuando aún nos estábamos recuperando de esto, “Momentary Bliss”, el primer episodio de esta singular aventura, cierra esta etapa bajonera (y el propio Strange Timez) con un golpe en la mesa contestatario y electrizante como una bebida energética. En compañía del dúo de punk británico Slaves y su colega el rapero slowthai, Albarn combina la electrónica barata e irónica del debut con guitarrazos brutalmente efectivos, una estructura impredecible y desenvuelta y un estribillo que habría que carecer por completo de sangre en las venas para no vocear en un pogo. Todo un himno que estalla sacudiéndonos de los hombros porque, como dice su letra, le enferma pensar que no somos felices en nuestra propia piel, recordándonos que (como individuos, como sociedad, como sea) nos merecemos mucho más que esto. En 2020, esta frase no debería necesitar más explicación.

The Song Machine is (still) rumbling…

Para Albarn, con los bonus tracks de este trabajo ocurre algo parecido a lo que hacían sus discos recopilatorios de caras-B y temas descartados: no son material de segunda, sino una manera de compartir cómo ha sido el proceso de creación del álbum.

Merced a la peculiar estructura de Song Machine, Season One: Strange Timez y su naturaleza de no-disco, sus bonus tracks no dejan de ser temas hechos para el proyecto y sería todo un error pasarlos por alto. Como declaraba Albarn, con estos temas ocurre algo parecido a lo que hacían G-Sides y D-Sides, sus discos recopilatorios de caras-B y temas descartados: no son material de segunda, sino una manera de compartir cómo ha sido el proceso de creación del álbum, lo que en este que nos ocupa es especialmente importante.

Opium”, el tema más largo del elepé con cerca de siete minutos (aunque nadie lo diría), se desenvuelve con lentitud pero con decisión, intercambiando texturas de modo sutil en torno a una luminosa corriente melódica central, que nace de una base electrónica para desembocar en un cierre con aires de jazz latino, mientras Albarn se turna al micro con el dúo EARTHGANG sin perder comba ni por un instante. Joan As Police Woman acompaña a 2-D en una “Simplicity” que por la simplicidad (je) de su estructura y la vaguedad de su letra evoca las viejas demos recogidas en G-Sides; algo parecido podría decirse de “Severed Head”, una especie de “Faust” resucitada al estilo Humanz y más animada gracias a la ayuda del flow de Goldlink, si bien la sección de Unknown Mortal Orchestra puede pecar de monótona.

Mucha mejor suerte corre “With Love To An Ex”, en la que 2-D cede el micrófono por completo a una soberbia Moonlight Sanelly, que carga de oscuro magnetismo sus versos incorporando partes en Xhosa, su lengua materna. Los arreglos sencillos pero sumamente agudos evocan la sombría potencia de Demon Days y casan a la perfección con las letras de Sanelly, produciendo así una de las mejores canciones de todo el elepé que sin duda merecería un lugar preeminente en el tracklist.

Con menos pretensiones, pero no por ello menos calidad, llega “MLS”, que convoca a la banda de J-rock CHAI y a JPEGMAFIA para lanzar un guiño incuestionable a clásicos tontorrones de Gorillaz como “19-2000” o “Slow Country” (el cierre de guitarra aporreada y melódica no deja lugar a dudas). Finalmente, de vuelta a ese terreno oscuro y magnético heredero del segundo álbum de la banda, “How Far?” nos deja con otro de los momentos estelares del álbum. Skepta dispara imágenes de forma imparable sobre la percusión magistral del recientemente fallecido Tony Allen, figura clave del afrobeat y amigo íntimo de Damon Albarn, con quien trabajó en The Good, The Bad & The Queen. De un tema capaz de condensar tantos sentimientos sobre la fama, la vida y la muerte, tantos estilos y arreglos cargados de significado, tantas dinámicas musicales y emocionales en menos de tres minutos solo puede decirse que es una obra maestra y, sin ninguna duda, una de las mejores canciones de Gorillaz, que tras veinte años parecen más capaces que nunca de crear música inmortal.

Strange Timez: personal, global… ¿y obra total?

La primera temporada de Song Machine, fiel a las inquietudes de un Albarn más esmerado que nunca en dar a conocer los sonidos que más admiración le merecen, ha vuelto a poner firmemente en el radar a la banda animada con un ¿álbum? que ya ocupa un lugar a la altura de todos sus grandes clásicos.

Por muchos motivos, Strange Timez es el álbum más ambicioso de Gorillaz desde Plastic Beach y sin duda su mejor trabajo desde aquella obra mastodóntica. Damon Albarn y Jamie Hewlett vuelven a demostrar no solo que su obra sigue más viva que nunca, sino que veinte años después aún encuentran formas sorprendentes de reinterpretar y subvertir las leyes fundamentales de la gran industria musical sin por ello perder frescura y vigencia como artistas pop.

La primera temporada de Song Machine, fiel a las inquietudes de un Albarn más esmerado que nunca en dar a conocer los sonidos que más admiración le merecen, genera grandes expectativas sobre su continuación (que sabemos que ya está en marcha), pero ante todo ha vuelto a poner firmemente en el radar a la banda animada con un ¿álbum? que ya ocupa un lugar a la altura de todos sus grandes clásicos. No hacen falta escuchas reincidentes para darse cuenta de eso, pero desde aquí advertimos que seguramente tendrán lugar.

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