La Trinidad: «Lo peor es dártelas de guay y de “anti-establishment”, cuando estás haciendo lo que dice el CEO de Spotify»

Cuando una banda con tan solo un par de EPs empieza a sonar en el underground con la fuerza con la que empezaron a sonar, es que el río agua lleva. Desde Málaga, con amor y ruido, La Trinidad.

En Sonido Muchacho no son tontos y por eso tras El Peligro estuvieron rápidos para añadirlos a su siempre interesante roster. Nuevas Dignidades confirmó en sus menos de nueve minutos de duración que Sixto, Jorge y Carlos, esto es, La Trinidad, darían que hablar. Tres joyas de pop guitarrero con envoltura garajera y alma punki, o viceversa, y letras nítidas y desgañitadas que cimentaron uno de los secretos peor guardados del verdadero indie nacional (si es que tal cosa existe).

Poco más de un año después, La Trinidad se estrenan en largo con un disco, Los Edificios que se Derrumban, grabado en los estudios de Paco Loco y que reivindica referencias más clásicas y más ambiciosas que el garage-rock de la pasada década. Nuevos aires sonoros en este disco, pero misma mirada honesta, veladamente política y muy urbana, como la del hormigón visto del edificio de su portada. Por todo eso consideramos que merecía la pena entrevistar a La Trinidad en la antesala de su gran estreno.

Empezando por el principio, vosotros empezasteis como The Loud Residents, fichando por el sello Family Spree. Con La Trinidad enseguida os echó el lazo Sonido Muchacho. ¿Cómo es pasar de un sello al otro? ¿En qué notáis la diferencia?

Sixto: En primer lugar, me gustaría puntualizar que hay mucha gente que piensa que The Loud Residents murió, pero no. De hecho, el mes que viene grabamos el segundo disco. Con The Loud Residents llevo nueve años, empecé con catorce y ahora tengo veintitrés, así que es el grupo de toda mi vida. Como lanzamientos serios considero el disco (The Last Teenage Party) y un EP que está a medio camino entre lo serio y lo no tan serio.

Me gusta considerar a The Loud Residents por etapas, y es verdad que la última etapa ha sido la seria, en la que entraron Jorge y Carlos, de La Trinidad, junto a Juan que es el batería original, y Javi. Respondiendo a tu pregunta: el cambio es grande, porque al fin y al cabo Family Spree es un sello pequeño, que estaba casi recién nacido cuando trabajamos con ellos. La verdad es que estuvo genial, pero fue más que nada la labor de edición del disco. A Family les agradecemos lo más grande lo de aquel momento con los Loud Residents. De repente al entrar en Sonido Muchacho ya pasamos a tener managing, booking y edición, evidentemente. Family Spree no eran nuevos en el negocio ni mucho menos, y llevaban años colaborando con otros sellos, pero es pasar de una discográfica pequeñita a una grande. Y en el momento en que estás con Sonido Muchacho ya estás con la niña bonita de todos los sellos ahora mismo.

Me hace gracia que en otra entrevista reciente a Binaural hayáis dicho que Johnny Marr había sido una referencia clara para el LP, mientras que hace un par de años hubiera sido Ty Segall. ¿Cuál es la razón de mirar más para atrás en lugar de hacia algo más moderno?

Jorge: Yo creo que pasa de forma un poco natural. Cuando empezamos La Trinidad, que nos llamábamos Redrum, estábamos influenciados por toda aquella movida del garage, y durante dos o tres años estuvimos escuchando únicamente King Gizzard, Ty Segall y grupos similares. Pero de forma natural y por madurez musical, grupos como los Smiths, o los Jam, los Clash… son grupos que, a pesar de que hayamos tenido etapas de haber escuchado más garage o más psicodelia, siempre han estado ahí y les hemos escuchado desde que éramos pequeños. Los últimos años es verdad que hemos estado escuchando muchísima música de la que escuchábamos antes y ahondando más en, por ejemplo, David Bowie y discos menos conocidos.

S: Después de Redrum llevábamos mucho tiempo escuchando garage. Ojo, que es una música que nos sigue gustando a todos los miembros del grupo, no es renegar de ello. Pero veíamos que tanto a nivel de sonido como de público, como nosotros mismos, estaba agotado. Veníamos de que había habido un revival del garage durante los últimos diez años y estábamos viendo que habíamos sido parte de eso, en el sentido de público también, y nos cansaba un poco. Y por otro lado, en un nuevo género habíamos encontrado una forma de expresión más completa, las letras encajaban mejor en ese estilo, estábamos todos escuchando más ese tipo de música… Al fin y al cabo, vivimos en el siglo XXI y nos podemos permitir ser selectivos con nuestra música. Tras el primer año y medio de carrera nos vimos un poco aburridos, con eso ya vino el cambio de nombre y ya hicimos otra cosa distinta, con otras miras y que nos permitiese tener otros cauces de expresión.

«Veíamos que el garage, tanto a nivel de sonido como de público, como nosotros mismos, estaba agotado»

Sí que es verdad que la burbuja del garage en España parece que se ha deshinchado muy rápido, para la cantidad de grupos que llegó a haber en ella hace unos pocos años.

S: Al final es un género muy de nicho. Antes mencionabas a Family Spree: ellos editan un montón de garage, pero de bandas que pertenecen a ese “circuito”. Lo que pasa es que el garage ha vivido una era “pop”, por así decirlo: entre el underground y la gente joven ha salido una nueva ola, con la que nosotros nos hemos sentido identificados. Lo que pasa es que yo creo que ese lado más pop ya acabó. Siempre seguirán los fans del rock’n’roll, del garage y tal… Los que llevaban haciéndolo toda la vida seguirán haciéndolo, y los que se sumaron a eso en un momento, pues no.

Vamos a hablar del disco. En cuanto a la elección de los singles, alguien que escuche “La Mundial” puede esperar un pop de guitarras luminoso que “La Clase Media” desmonta a hostias. Por su parte, “España Invertebrada” es un punto medio y quizá mi favorita del disco, junto a “Miel y Sangre”. ¿Cuál es el criterio?

J: Eso fue a propósito. Primero sacamos “España Invertebrada”, que es un tema más punki y que se puede asemejar más a lo que hicimos en el último EP. “La Mundial” fue porque es nuestro tema más lento, y nos gustó mucho como quedó. Tanto por la letra como por la melodía, que es muy pegadiza, nos pareció una buena elección de single, y a Luis también. Y luego “La Clase Media” fue casi de última hora, porque íbamos a sacar “Te Espero en el Moldava”, pero es el tipo de canción que se esperaría como tercer single, la más aceleradita. Y “La Clase Media” que es la canción que cierra el disco, es la más distinta y nos flipa. La elegimos por eso, porque se salía un poco del molde y así una persona que la escuchase podía esperarse cualquier cosa del disco.

S: Posiblemente sea un tema que o te gusta, o no te gusta. Es un tema bastante radical en todas las aristas posibles de la palabra. Es una canción que nos flipaba y, no lo hemos hablado entre nosotros, pero creo que se está convirtiendo en nuestra preferida para tocar en directo, prácticamente.

Tus letras, Sixto, me gustan porque no son demasiado metafóricas ni demasiado literales, y tratáis temas relativamente cotidianos como la gentrificación o la rebeldía como postureo sin caer en ser explícitos o dar sermones. ¿De dónde sacas la inspiración?

S: Desde el primer momento hay una pulsión real para que sea exactamente como lo has dicho: algo ni especialmente metafórico ni totalmente crudo. Considero que no se me da bien escribir de una forma cruda, como a otra gente sí, y tampoco sabría hacerlo de otra manera. Aparte, y esto está consensuado entre todos, nos gusta hablar de política en las letras, pero que no sea de una forma panfletaria ni “partidista”. En cuanto a inspiración: el día a día, las cosas que me preocupan de verdad, las que siento, las que veo cerca, que leo, de política, de prensa… Viene por todos lados, no hay una fuente clara. Evidentemente hay autores que son esenciales para mí. Ya que estábamos hablando de los Smiths, todo el componente de lo que llamaron realismo norteño, con Morrissey y tal, ese tipo de literatura me interesa un montón, con ese carácter agresivo y más cáustico. La Trinidad somos muy referenciales, en el sentido de que somos muy frikis de lo que nos gusta y tenemos influencia de muchas cosas distintas, no te voy a decir que vienen del aire [risas].

A nivel lírico, a la banda a la que más me recordáis de España es a Biznaga, especialmente en algunos temas del disco, aunque no sé hasta qué punto estaréis aburridos de la comparación o viene motivada por ser también de Málaga.

S: De hecho yo me lancé a escribir en español hace relativamente poco y Biznaga son un referente claro desde siempre, desde el primer disco soy súper fan. Con los años hemos podido ser colegas y tenemos muy buena relación con los miembros del grupo. Estamos en la misma onda, por supuesto, a nivel político y a nivel musical en su momento, y manejamos muchas referencias similares y muchos códigos. Es verdad que por nuestra parte hay en las letras una pulsión más poética, más personal, un poco más literaria y Biznaga quizá sean más agresivos, más fríos en el último disco, que casi parece de manifiesto de lo que ellos piensan sobre el tema de las redes y las pantallas y tal. Me parece muy interesante hacer un disco así desde un punto de vista tan frío y tan calculado, yo creo que sería incapaz, porque me sale una vena más pasional, soy más poético en ese sentido.

Fotografía: Marta Porto

Aunque se hable de “escena” en España, es una cosa que no tiene mucho sentido. En sonido siempre os he visto más cercanos a cosas como Futuro Terror, Biznaga o Camellos que a grupos a los que se os asocia más, probablemente por estar en SM.

J: Yo creo que es una cuestión más generacional que otra cosa, porque por ejemplo con las Hinds no tenemos tanto que ver, tendríamos más que ver con Biznaga, Futuro Terror…

S: Pienso que para el público de nicho de Biznaga, Futuro Terror y tal somos demasiado poperos, y para el público de nicho de Carolina Durante, Hinds y tal, demasiado punkis. Honestamente, donde nos clasifiquen nos da exactamente igual. Como si nos quieren meter al mismo saco del bedroom-pop. No queremos formar parte de nada. Si nos asocian a Carolina Durante, por ejemplo, pues genial, porque nos parece un grupo honesto, que hacen buena música, que han demostrado que haciendo pop de guitarras se puede llegar a muchísima gente, una banda redonda, con gente de puta madre. Si nos quieren relacionar con Hinds, pues también estupendo, que han ido a Japón y son la primera banda que se come el mundo entero desde el underground. Yo no voy a tener problema con compartir cartel con absolutamente nadie, eso sí me parecería elitista. Aunque luego está el tema del buenismo, que Jorge suele decir mucho que es una arma de doble filo.

J: Lo digo siempre: está guay lo de apoyarse, y a tope con las bandas nuevas, pero vamos a ponernos un poco de filtro, ¿no? No voy a apoyar a un grupo que no me mola simplemente porque es gente que ha hecho un grupo. No podemos ponernos así porque al final en el caso de la escena de Madrid (aunque tampoco sea una escena) salen muchísimas bandas nuevas del mismo rollo, el público se acostumbra a escuchar a este tipo de bandas y tiene una bajada de calidad de lo que escucha, y parece que todo vale. Cualquier cosa que hayas hecho en tu casa que tenga un sonido afín a lo que suena. No, vamos a separar lo que está guay de lo que no y de lo que te parece una mierda. A mí hay grupos que veo que están en todas las listas y los comparte todo el mundo y me parecen una mierda.

«¿Por qué no podemos ser músicos sin ser capaces de escapar de Madrid o Barcelona? Lo de ver la ciudad como una meta me parece terrorífico»

¿Os habéis llegado a plantear mudaros a Madrid, como hacen muchas bandas?

J: Por el tema del grupo, nos tendría que ir muy guay para que nos mereciera la pena ir a Madrid. En Málaga estamos cómodos y lo agradecemos mucho porque nos hace estar con los pies en la tierra, y nos hace estar un poco alejados de esa  burbuja y esos círculos un poco sectarios.

S: A mí no me llama nada la idea de mudarnos a Madrid. Porque incluso el día que nos vaya de puta madre, ¿para qué me voy a ir a Madrid? ¿Para pagar un alquiler y un local de ensayo el triple de caro que aquí? Que yo cuando voy a Madrid me lo paso de puta madre, pero sé lo que hay. Si la banda va de puta madre prefiero seguir en Málaga y pagar las furgonetas y los aviones que hagan falta. Evidentemente, lo bueno que tiene Madrid es la logística: España es un país muy grande y si quieres ir a Galicia desde aquí te tienes que pegar un buen viaje y tienes que organizar una gira para que te sea rentable, o algún bolo en medio, de camino, a la vuelta, etc… O si te quieres ir a Cataluña, o a País Vasco, o incluso a Valencia. Pero bueno, si ese es el problema pues que todo sea eso. Ahora mismo con veintitrés años ese es el menor de mis problemas, a lo mejor con más edad te cansa. Pero mira a los Airbag, que son íntimos amigos nuestros, ya con cuarenta tacos y siguen haciendo eso alegremente. Y han conseguido crecer lo suficiente para que, el dinero que ganan, invertirlo en ir cómodos de viaje, a buenos hoteles, etc, y a lo mejor no sacarle una gran rentabilidad al grupo, pero ya tienen sus trabajos y su vida.

Y luego hay otra cosa, que no es culpa de Madrid, pero me jode eso de ver la ciudad como una meta. Que al final lo entiendo, porque este país está tremendamente centralizado y que en una ciudad como Málaga haya tres periodistas musicales que colaboran en medios locales es una mierda. Pero, ¿por qué no podemos ser músicos sin ser capaces de escapar de Madrid o Barcelona? Lo de ver la ciudad como una meta me parece terrorífico.

«Que en 2020 nos estén hablando otra vez de “transversalidad”, “democratización” y todo el rollo todos sabemos que no es cierto, porque los que siguen estando detrás de la pantalla son los mismos de antes»

Por acabar, el otro día hubo cierta polémica en Twitter en base a un tuit de un sello independiente sobre el bedroom-pop, que decía que el término estaba hecho para menospreciar el talento de una generación, y según vi, no os gustó demasiado.

J: El tuit no había por donde cogerlo, porque decir que los artistas se han empoderado de los medios de producción, de difusión y de autopromoción y tal me parece vivir en los mundos de yupi. Los artistas han podido comprar un ordenador, una tarjeta de sonido, un teclado y una guitarra y se han puesto a hacer música desde su casa, pero eso es muy, muy distinto de empoderarse de las herramientas y los medios de producción. Lo decía otra banda en una respuesta: la gente simplemente puede hacer música en su casa, pero los medios de producción siguen estando donde estaban. La promoción: por mucho que tú te puedas autopromocionar, sale en los medios el que sale, los festivales son los que son y la forma de llegar al público sigue siendo la misma. 

S: Y encima hablando de hiperproductividad, que joder, tío, ¡es lo último que quiero para este mundo! Son conceptos casi de coaching.

J: Encima de que se está alentando a los grupos a que hagan ellos absolutamente todo, desde la grabación hasta la difusión, los tildas de “hiperproductivos” como si fuese guay.

S: A lo mejor me equivoco, pero la gran mayoría de los del bedroom-pop son niños pijos de colegio privado. Hablar en términos emancipatorios porque tengas una puta tarjeta de sonido y hagas puta mierda… Y que me perdonen si a alguien le ofende esto, pero es que es grabar cuatro canciones y darse autobombo. Digo puta mierda no a un nivel estético, sino que ese discurso me parece puta mierda. Si alguien quiere grabarse y darse autobombo me parece estupendo, pero si tienen que encajar una crítica que la encajen, y que no se pongan medallas como hace este tipo, que habla en estos términos sin hacer una sola crítica a que posiblemente ninguno de esos músicos estén comiendo de su música. Para él, como jefe del sello, es lo más rentable, porque esa música está beneficiada actualmente por el algoritmo de Spotify porque es la nueva radiofórmula, y él no pagará un duro de grabaciones.

Y lo de la hiperproductividad es lo peor, como músicos: estoy harto del single-single-single. Es el mismo discurso que tiene el CEO de Spotify, cuando dice “grabaciones de menos calidad pero que saques más”, pero al final eso es Burger King o KFC. ¿Eso es lo que queremos para escuchar música? Bueno, yo no. Sobre todo lo que me fastidia no es que se escuche esa música, sino que ese discurso cada vez esté calando más, porque tiene un doble filo muy chungo. Que en 2020 nos estén hablando otra vez de “transversalidad”, “democratización” y todo el rollo todos sabemos que no es cierto, porque los que siguen estando detrás de la pantalla son los mismos de antes. Y lo peor es dártelas de guay y de “anti-establishment”, cuando estás haciendo lo que te dice el CEO de Spotify.

A mí me recuerda un poco, así a bote pronto, a cuando salen artículos en El País del estilo: “Buscar comida en la basura: la nueva moda millennial”.

S: Me parece de muy poca vergüenza hablar en esos términos políticos y parecer el 15-M de la música sin denunciar la inmensa precariedad que hay en el sector. Nosotros gracias al cielo que estamos con Sonido Muchacho y nos podemos cubrir las espaldas económicamente, ¡para el grupo! Pero nosotros no vemos un duro, no nos da ni para un sobresueldo. Y eso que el sello nos sufraga casi a fondo perdido un montón de cosas: edición del disco, videoclips, un equipo de prensa, el booking… Y podemos darnos con un canto en los dientes, pero somos partícipes de esa misma precariedad. De la misma forma que lo es el propio sello, porque la industria no da para más. Pero si hemos tenido que organizarnos de la noche a la mañana con lo de Alerta Roja y ha sido gracias al gremio más manual de todo esto que es el de montadores, eléctricos, luces, técnicos de sonido…

J: Otra cosa que me resultó curiosa del tuit era que decía que no nos durmiésemos en los laureles porque nos iba a pasar como con el trap. Entonces, ¿tu pulsión real cuál es: hacer algo que te mola o hacer algo por no quedarte atrás como con el trap? Que sí, que no lo entendíamos y luego lo petó, pero a día de hoy, ¿qué representa? Que lo haya petado no significa que sea la hostia.

S: Es un análisis súper pobre, porque encima el trap ha pegado un bajón de los últimos años a esta parte… En 2015 todo el mundo hacía trap y ahora, ¿quién coño hace trap, o escucha trap, más allá de a los grandes? “Os va a pasar como al trap”, pues ya ves lo que significa, que en cinco años se os va a acabar el rollo a todos. Parece incluso premonitorio.

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