El Meister

El Meister –
Fuego en Castilla

Fuego en Castilla es más que la consolidación estilística de El Meister: es un álbum incuestionablemente castellano, que revigoriza la tradición cultural de su tierra entendiéndola no como una pieza de museo, sino como un legado vivo. Lejos de proponer un revival folclorista o una fusión de estilos vacía, Javier Vielba sabe que la tradición solo se mantiene viva si se reinventa. Formatos tradicionales y modernos, temas personales y universales, referencias literarias y otros tantos ases en la manga se dan cita en el disco más sólido de un Vielba (solitario) en estado de gracia.

Javier Vielba es uno de esos músicos nacionales a los que cuesta ubicar en un ámbito fijo. Vocalista y frontman de unos Arizona Baby que ya son patrimonio vallisoletano y el supergrupo Corizonas, paladín de la música de base como maestro de ceremonias del pionero Open Mic Pucela, padrino de apreciadas figuras del indie patrio como Ángel Stanich o The Levitants, productor y músico de gira del rockero estadounidense Abstract Artimus… La barba más famosa de Valladolid (si me excusan sus compadres arizónicos) nunca para quieta ni dentro ni fuera del panorama nacional, pero a pesar de este eclecticismo quizá resulte difícil desligar a Vielba de estos grandes proyectos y pensar en él haciendo su música en solitario; no porque nos falten referencias, sino por su persistencia (consciente o no) a la hora de pergeñar sonidos casi imposibles de encontrar en el resto de sus trabajos grupales.

Los variados esfuerzos de un Vielba solitario

El Meister siempre ha sido, pese a su hermetismo, un proyecto profundamente personal, imposible de separar de las amplias raíces culturales del inquieto Vielba.

Aún próximo a sus referencias anglófonas pero íntegramente en castellano está Bestiario (2014), su debut en solitario bajo el nombre de esa one-man-band que dio en llamarse El Meister: un álbum sincrético de estética medieval y letras alegóricas que componen fábulas sobre la vida humana a ritmo de blues, ranchera, folk, electrónica experimental o juglaría sin solución de continuidad.

Cuatro años más tarde, Vielba rescataría su proyecto con el lanzamiento de Fantasmagoría EP (2018), donde se volcaría en esa electrónica oscura con la que ya jugaba en Bestiario para producir temas tan cañeros como inquietantes, herederos en letra y música de tradiciones tan dispersas como el expresionismo alemán y las vertientes más siniestras de la Movida. El Meister siempre ha sido, pese a su hermetismo, un proyecto profundamente personal, imposible de separar de las amplias raíces culturales del inquieto Vielba. Por eso era de esperar que, más pronto que tarde, terminase por estrechar el cerco en torno a su tierra.

Inspiraciones mesetarias

La máxima de Fuego en Castilla es clara: respetar la tradición significa renovarla, pues la única forma de mantenerla viva es no dejar de interpretarla en nuevas claves.

Fuego en Castilla (2020) recibe su título del cortometraje homónimo de 1960 dirigido por José Val del Omar, un filme de vanguardia que combinaba la imaginería religiosa de Juan de Juni y Alonso Berruguete con la danza de Vicente Escudero, efectos de sonido sintéticos, stop-motion y una iluminación tan fascinante como aterradora para componer un peculiar retrato del espíritu castellano a través de técnicas experimentales.

Ese mismo espíritu es el que retoma y amplifica el segundo álbum de larga duración de El Meister, cuya máxima se hace clara a lo largo de sus catorce variados temas: respetar la tradición significa renovarla, pues la única forma de mantenerla viva es no dejar de interpretarla en nuevas claves. Jotas, coplas, marchas procesionales y ritmos de panaderas se dan cita con diversos sabores de folk, baladas pop, spoken-word y trallazos post-punk; añádanse concisas texturas electrónicas, instrumentos folclóricos de aquí y allá y la siempre fiel guitarra acústica de Vielba (quien, manteniendo la costumbre del proyecto, se echa a las espaldas toda la composición e interpretación de instrumentos) y tenemos ante nuestros oídos, con seguridad, el álbum en solitario más sólido del vallisoletano.

Fotografía: Promo

El regreso del juglar barbudo

Jotas, coplas, marchas procesionales y ritmos de panaderas se dan cita con diversos sabores de folk, baladas pop, spoken-word y trallazos post-punk; añádanse concisas texturas electrónicas, instrumentos folclóricos de aquí y allá y la siempre fiel guitarra acústica de Vielba y nos encontraremos ante su disco en solitario más sólido hasta la fecha.

Con la salvedad de la misteriosa y desértica “Castilla Medieval (Núcleo Espacio-Temporal)” y  la emotiva “Viernes Santo”, dos breves temas instrumentales que sirven de apertura y cierre del (¿quizá demasiado?) abundante tracklist, las letras de Fuego en Castilla toman a menudo retazos de la obra de gigantes como Miguel de Cervantes, Ramón del Valle-Inclán, José Zorrilla o Manuel Machado, siempre dirigidos por la experta pluma de un Vielba más desenvuelto que nunca en un apartado lírico firmemente anclado a su tierra natal, siempre a caballo entre lo universal y lo personal.

Como un sabio cuentacuentos, lo mismo advierte con sintetizadores burlones acerca de las “Estafas Tradicionales” que acechan a los incautos que ensarta juegos de opuestos y teje una suerte de refranero a ritmo de jota en “Loco Mundo” sobre un presente tan confuso y surrealista que casi se torna atemporal o entona una canción de trabajo como distracción de la monotonía, con la sola compañía de sus puños y una mesa, en “Canto sin Contar”.

Esa acidez también se traslada a temas con sonidos (y temáticas) más cercanos, como “Doce de cada Diez”, una pieza pausada de guitarras luminosas con regusto a pop vintage en la que pone de manifiesto cuán surrealista llega a volverse la cuantificación de los seres humanos en la sociedad de consumo, o la saltarina y electrónica “Discurso Histérico”, en la que Vielba pasa el micrófono al locutor Vicente Castro para que declame sus versos meditabundos teñidos de referencias religiosas.

Ansiedades y melancolías pasadas y presentes

Las letras toman a menudo retazos de la obra de gigantes como Miguel de Cervantes, Ramón del Valle-Inclán, José Zorrilla o Manuel Machado, siempre dirigidos por la experta pluma de un Vielba más desenvuelto que nunca en un apartado lírico firmemente anclado a su tierra natal, siempre a caballo entre lo universal y lo personal.

Otro tipo de cavilación, más introspectiva, la encontramos en temas conducidos por la guitarra acústica, algunos de los cuales ya cuentan un buen número de años y serán familiares al oído de cualquiera que se haya dejado caer en algún momento por las actuaciones en directo de El Meister. Con “El Curioso Impertinente”, Vielba regresa al personaje de la historia inserta en Don Quijote para trazar una semblanza de crisis existencial que resuena con la misma firmeza en el Siglo de Oro que en este convulso 2020; la bellísima y desnuda “Max Estrella” (en el que voz y guitarra solo se acompañan del violonchelo de Rocío Navarro), otro clásico del Meister acústico a quien parece pesarle el paso del tiempo y teme acabar en la misma decadencia que el protagonista de Luces de Bohemia, sumido en su esperpento particular.

En ocasiones estas inquietudes se tornan oscuras y es entonces cuando Vielba retoma el sombrío testigo de sus queridos Parálisis Permanente a través de acordes cargados de distorsión y estructuras insistentes en “Convidado de Piedra”, su particular y siniestra versión del Don Juan Tenorio, y en la muy efectiva “En La Chopera Negra”, donde guitarrazos punk y sintes se juntan con cuentos de viejas y terrores de lo más español en una mezcla del todo coherente, seña de la experticia que El Meister ha adquirido en su peculiar técnica y estilo de composición.

Del polvo venimos…

El Meister entiende que lo que ahora es sedimento de nuestra cultura en su día fue innovación y, a un tiempo, nada es realmente nuevo, sino que bebe de todo aquello que vino anteriormente: su música no hace sino explorar ese proceso en constante mutación.

No obstante, es la guitarra acústica la que termina por predominar sobre esta oscuridad, y por eso Vielba se sirve de ella con total comodidad para comandar temas más juglarescos, con una estructura tradicional de pregunta-respuesta, para servir como núcleo estético de Fuego en Castilla.La Copla” pone música al poema homónimo de Manuel Machado para traer unas perlas de sabiduría sobre el arte que se mantiene, anónimo pero atemporal, en el acervo cultural, mientras que “El Fuego de San Antonio” suena a la clase de canción con moraleja que bien podría bailarse alrededor de una hoguera con o para animar una larga caminata.

Por último, la muy pucelana “Polvo y Cenizas”, que cierra el álbum antes del epílogo que es “Viernes Santo”, vuelve a invocar referencias litúrgicas para demostrar que, al final del día, solo significan lo que el pueblo hace con ellas: festejar la vida mientras se pueda, con plena consciencia de la propia finitud.

… y al polvo volvemos

Muchas de las canciones de Fuego en Castilla evocan sonidos que resultan familiares sin haberlos siquiera escuchado antes, que anclan nuestra realidad presente desde muchos siglos atrás para, de un modo insólito, hacerla más comprensible.

Fuego en Castilla es más que la consolidación sonora y lírica de El Meister: es un álbum incuestionablemente castellano, que revigoriza la tradición cultural de su tierra entendiéndola no como una pieza de museo, sino como un legado vivo. Javier Vielba respeta esa herencia, y por eso no tiene ningún miedo a la hora de insertar sus propios significados (espaciales, temporales, históricos y vitales) en esas antiguas estructuras y sonidos.

De un modo similar al que lo hacen Rodrigo Cuevas o Maria Arnal i Marcel Bagés desde sus respectivos contextos e intenciones, El Meister entiende que lo que ahora es sedimento de nuestra cultura en su día fue innovación y, a un tiempo, nada es realmente nuevo, sino que bebe de todo aquello que vino anteriormente: su música no hace sino explorar ese proceso en constante mutación. Muchas de las canciones de Fuego en Castilla evocan sonidos que resultan familiares sin haberlos siquiera escuchado antes, que anclan nuestra realidad presente desde muchos siglos atrás para, de un modo insólito, hacerla más comprensible. Pies firmes en la tierra para mirar al cosmos.

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