Deftones

Deftones –
Ohms

Deftones se revitalizan con un disco desafiante, tenso y acechador. Increíblemente consistente y feroz en su presentación, la banda vuelve a pintarse de colores grises como en sus picos pasados, pero con una rigidez y firmeza atemorizantes.

La reputación que tienen los Deftones de ser una de las mejores bandas de metal no es sorprendente. Al menos, no del todo. Es algo sorprendente que una banda al principio aferrada al tan derrogado y burlado “nu-metal” haya podido trascender su sonido original para poder convertirse en un híbrido de metal posmoderno con toques de dream-pop, shoegaze y rock alternativo. Pero no es sorprendente cuando uno escucha como encantan sus guitarras abrasivas y pesadas, composiciones que nunca caen en el lado demasiado progresivo del metal, y todo liderado por un cantante como Chino Moreno, nunca demasiado teatral y nunca demasiado serio, lo cual les ha dado siempre una gravedad impactante y poderosa. En sus mejores momentos, cuando estaban bien producidos y bien mezclados, se convertían en una banda de ruido y masa penetrante, que tocaba altos y bajos hermosamente grises.

Viajes nuevos con sonidos viejos

Con la vuelta de su antiguo productor en sus días de gloria, Terry Date, la banda busca caminos más pesados y dolorosos, con una excentricidad y voluntad admirables.

La atención a los tonos es algo que Deftones siempre han tenido en cuenta — discos como Diamond Eyes (2010) y Koi No Yokan (2012) tenían una riqueza de sonido impactante, y es algo que siempre los ha caracterizado. Ohms, en ese caso, debe ser uno de sus trabajos más ambiciosos y florecientes. Ya desde como comienza, con los sintetizadores gruesos de “Genesis” que introducen un groove demoledor, que se da paso a paso, como si se arrastrase en el cielo. Las texturas de las guitarras, fulminantes en cómo brillan tanto que oscurecen todo lo que está alrededor de ellas, recuerdan a los tonos de Billy Corgan de los Smashing Pumpkins, aunque, esta vez, con un sonido incluso más enfocado y menos errante.

Si hay un cierto carácter que hace a este álbum es uno de ir a paso lento, firme y constante. No hay ningún tema que explote y se salga del ritmo a midtempo que establecen los Deftones desde la primera tonada; incluso los más rápidos están repletos de cortes que los detienen y los ponen en su lugar. Eso hace que las primeras escuchas sean algo monótonas y algunas canciones no deberían ser escuchadas fuera de su contexto en el disco, pero sí hace que esta sea una escucha fácil e incluso casi placentera.

Aunque, obviamente, “placentera” con el dado de la pesadez del metal alternativo y de Deftones en general. Temas como “Urantia” y “The Spell of Mathematics” crean un espacio en el que respirar es una tarea ardua, por como sofocan la mezcla con sintetizadores densos, como constelaciones mirando por encima del infierno abstracto que está siendo sometido por debajo, y bajos que hacen su trabajo al purgar lo cerebral y arrebatar lo que las guitarras en llamas y las baterías crujientes no pueden tocar. Este es un metal pesado, pero no es heavy metal.

Fotografía: Frank Maddocks

Una espiral hacia lo ambiguo

En Ohms, lo surreal y lo terrenal se combinan para conformar una confusión de exaltación que, en sus mejores momentos, maravilla.

Algo muy peculiar y rescatable de este disco es que no tiene ninguna canción que sea considerada el centro del álbum, ya que todo comparte una misma ambición e intensidad. No tendrán las mejores melodías, pero sí tienen una furia que los hace sucumbir ante sus mejores y peores intenciones. Chino Moreno puede cantar y maravillarse sobre su propia performance, y luego gritar a través de un filtro feo y gaseoso que lo distorsiona y lo convierte en una frecuencia más. Todo en la misma canción, como por ejemplo ocurre en “Pompeji”.

Nunca han sido grandes liricistas, pero tampoco han necesitado serlo cuando tienen un sonido tan definido y atemorizante. Un tema como “Ceremony” prepara al oyente para su explosión que viene y va; incluso con un estribillo medianamente pegajoso se va preparando para hacer una expiación total, que es en parte lo que busca todo el álbum.

Ese momento llega, en su propio tiempo, pero llega, en forma de “The Link Is Dead”. Ya desde el principio, prepara al oyente con teclados suaves, para luego acorralarlo con un ritmo de batería incesante, unas guitarras que apuntan para arriba y no para los costados, y un Chino Moreno bien cerca de la mezcla, gritando y torciéndose sobre sí mismo, como si con cada palabra algo de él se descompusiera. “Lentamente me estoy cayendo / Chisqueas tus manos y crees que responderé”, canta mientras el groove se disecciona a sí mismo, el escaso aire que tiene la producción se va poco a poco y todo se desvanece. “Estas por tu cuenta”.

Caminos vagos llevan a finales vagos

El disco no se va sin pena ni gloria; decide atacar todos los frentes que tenga en sus últimos hurras.

Los últimos tres temas de Ohms no son exactamente de los mejores, pero no es que dañen el disco de ninguna manera. Incluye varios de los momentos más caóticos y también más calmados del disco, aunque sin romper ese estado de apasionamiento de todo el proyecto. “Radiant City” tiene que recoger los desechos de “The Link Is Dead”, al tener que lidiar con esa bola de calor y tener que tocarla con manos no preparadas para eso. Calma el disco lo suficiente para “Headless”, que deambula con duda y vacilación sobre una base más sutilmente paranoica — sienten que tienen que dejar las explosiones por un momento para enfocarse en sobrevivir.

Lo que nos lleva a la canción homónima del disco, la cual cierra este tan sólido proyecto. No es coincidencia que este tema de cierre haya sido el primer corte que sacó la banda como adelanto, ya que sirve para anunciar no sólo el sonido de este disco en general, sino qué esperar de Deftones de ahora en adelante, si es que alguien pensaba que se iban a dejar llevar por la nostalgia. Comienza con “Estamos rodeados por escombros del pasado”, y desde ahí arma un desorden tan bien armado para declarar ante sus fans, sus detractores y Dios que nada va a poder cambiar sus ideales y sus creencias principales.

Seguirán hurgando en lo profundo y la pesadez tal vez nunca se vaya, pero si se mantienen juntos no va a ser tan malo como podría. Dentro de toda la oscuridad, es un mensaje de unidad y de mantenerse cerca, incluso (o sobre todo) durante las adversidades y los fastidios de la vida; todo dicho encima del instrumental más popero y accesible del disco. Como debería ser. Ójala esta magia oscura, pero nunca ominosa, no se termine pronto.

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