Canciones de nuestra vida (XLI): La magia de hacer nuestras las canciones

“Champagne Supernova” es una de las composiciones capitales del catálogo de Oasis. Sin ser tan comercial y directa como “Wonderwall” o “Don't Look Back In Anger”, conquistó al público desde un primer momento, hasta el punto de ser reivindicada por muchos como su mejor canción.

Hay canciones que son especiales. No sabemos muy bien por qué, pero en numerosas ocasiones ocurre. Una melodía, una progresión de acordes, un solo de guitarra o un pequeño arreglo, a priori insignificante, que sin embargo termina conectando con la gente. Esa es la magia de la música. Oasis es uno de mis grupos referenciales y disfruto escuchando su discografía. Particularmente sus tres primeros trabajos, aunque no considero que ninguno sea perfecto. Estuvieron muy cerca de conseguirlo con (What’s the Story) Morning Glory? (1995), aunque sigo sin entender por qué acabaron dejando fuera composiciones como “Talk Tonight”, “Acquiesce” y “The Masterplan” mientras se decantaron por otras como “Hello”, los interludios “The Swamp Song” y “Champagne Supernova”. No ha terminado de gustarme esta canción. Prefiero regodearme en el slide de la guitarra solista en “Hey Now!”, por ejemplo. Como decía, a veces son los pequeños matices los que nos atrapan. Las ideas más sencillas.

Me llega muchísimo más “Wonderwall” que la pista que cierra el álbum, a pesar de que en los últimos tiempos se haya puesto de moda el menospreciar el famoso himno que los catapultó a la fama. No obstante, me resulta interesante ver cómo “Champagne Supernova” se ha convertido en el tema insigne del grupo para muchos. Aunque no fue lanzada como single en el Reino Unido, sí fue utilizada como promoción en Estados Unidos, donde tuvo una excelente acogida en una época en la que las bandas de la hornada britpopera no conseguían el favor del público estadounidense por el marcado carácter nacionalista que esgrimían las diferentes propuestas asociadas a este movimiento cultural. Asimismo, la pieza era una de las inamovibles en los conciertos de la banda. Y tanto Noel como Liam, con Beady Eye y en solitario, la han usado de forma recurrente en sus respectivas presentaciones en vivo. Siendo, de hecho, la pista que cierra el MTV Unplugged que el pequeño de los Gallagher lanzaba al mercado este 2020.

En “Champagne Supernova”, Oasis retorcieron la estructura pop-rock que se extiende a lo largo de (What’s the Story) Morning Glory? y terminaron grabando una pieza que se toma su tiempo para crecer y desarrollarse. Que no busca el gancho inmediato que tan bien trabaja Noel y defiende el grupo al completo, sino que crea, sin que nos demos cuenta, un camino que nos lleva desde el remanso de paz de los primeros compases a la euforia guitarrera de la segunda mitad de la canción.

“Champagne Supernova” es la composición más ambiciosa del segundo álbum de los mancunianos. Aúna la calidez acústica de las baladas con el muro de sonido que trabajan con las guitarras eléctricas. Ponen énfasis en los solos de guitarra, lo que sin duda es un buen reclamo para la facción más rockera de sus fans, y la llevan hasta los siete minutos y medio, aventurando lo que estaba por venir en Be Here Now, donde el tiempo medio por canción ronda los seis minutos. “All Around the Clock”, la décima pista de este tercer álbum, llegaría a superar los nueve. Un disco excesivo en todos los sentidos. Lo cual no es necesariamente malo. Pero es cierto que las canciones se extienden más allá de lo conveniente cuando no tienen más que aportar, que se obcecaron con la producción para que sonase denso y a un volumen muy alto. Un capricho, este del volumen, que ya se habían tomado muy en serio desde (What’s the Story) Morning Glory? para hacer que sus temas se escucharan por encima del resto en radios y discotecas.

El último corte de este álbum comienza tranquilo. El sonido de una corriente de agua y una guitarra acústica nos evoca un paisaje bucólico. Pronto la batería nos da un ritmo más marcado, previo a la entrada de una guitarra eléctrica distorsionada. A continuación se suceden riffs y grandes solos de guitarra (formidable el segundo de ellos, es justo reconocerlo) para terminar volviendo a la calma inicial. Para este tema de tintes psicodélicos contaron con la participación de Paul Weller, quien puso al servicio de la canción la guitarra solista y los coros. Retorcieron la estructura pop-rock que se extiende a lo largo del álbum y terminaron grabando una pieza que se toma su tiempo para crecer y desarrollarse. Que no busca el gancho inmediato que tan bien trabaja Noel y defiende el grupo al completo, sino que crea, sin que nos demos cuenta, un camino que nos lleva desde el remanso de paz de los primeros compases a la euforia guitarrera de la segunda mitad de la canción. Siendo esas mismas guitarras las que, de forma natural y coherente, nos sacan de la vorágine eléctrica. Un ejercicio estructural encomiable.

Quizá, la principal crítica a la que se ha enfrentado este clásico desde su misma concepción es su significado. No hay una idea detrás del texto que Liam canta con plena convicción. El propio Noel confesaba recientemente que tampoco él sabe muy bien qué pretendía expresar. No estaba claro ni a mediados de los noventa, cuando en NME defendía la idea tras la canción de forma confusa. No obstante, si hay algo indiscutible, es que en su conjunto funciona. El compositor cuenta que la primera vez que la interpretó para mostrársela al resto del grupo, el guitarrista  Paul “Bonehead” Arthurs lloró de emoción. Pero fue en otra entrevista concedida en 2009 al periódico The Sunday Times donde despejó cualquier tipo de duda. Reflexionando sobre una conversación que había tenido anteriormente con un escritor a propósito de la temática que sustenta la letra, Noel expresaba: “¿Me estás diciendo que cuando tienes 60.000 personas cantando, no saben lo que significa? Significa algo diferente para cada uno de ellos”. Y es así, de forma tan sencilla y compleja al mismo tiempo, como se explica la grandeza de “Champagne Supernova” y la magia de la música.

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