Laura Marling

Laura Marling –
Song for Our Daughter

Tras una estancia en Los Ángeles y una prolongada etapa experimental, la reina millennial del brit-folk vuelve a casa, física y espiritualmente. En Song for Our Daughter, Laura Marling retoma el sonido bucólico de sus comienzos desde la experiencia y la fuerza emocional de sus últimos años de rodaje. El resultado es un canto sereno y honesto al desamor insalvable y a la integridad de las mujeres que todas las futuras madres deberían escuchar.

En los últimos años, decir que Laura Marling marcó una época ha sido una forma de decir que tuvo su época. Aunque en cierto modo creo que ambas afirmaciones son ciertas. Desde 2015, Laura parecía atascada en una idea del folk como un experimento ambiental que no llegó a demostrar nada, con su voz rizando el rizo en su timbre más áspero y cavernoso, refugiada en la estética claroscura que conquistó con Once I Was an Eagle (2013). Este es probablemente su mejor álbum hasta la fecha, la cumbre de una carrera que Laura comenzó con apenas 18 años y una sensibilidad lírica fuera de lo normal, capaz de ocupar el folk con las ansiedades de su generación, y de encontrar su lugar a medio camino entre el desenfado y la angustia, mezclando humor y misticismo en la misma estrofa. Estaba claro que Once I Was an Eagle era un álbum de transición, pero lo cierto es que desde entonces se echaba de menos en Laura esa facilidad para cambiar de registro, para dejar de llorar de pronto y reírse de sí misma, a veces en el transcurso de la misma canción.

Ir y volver y volverte a ir

Song for Our Daughter no pretende romper con el registro habitual de la artista, Laura ha cambiado bastante. Recién retornada a su país natal desde Los Ángeles, la británica abraza más fuerte que nunca el feminismo y se pregunta lo que le contará a su hija algún día.

Confieso que no estaba especialmente emocionada ante el lanzamiento de su último trabajo, Song for Our Daughter, y menos en las primeras semanas del confinamiento. A mitad de la primera escucha, seguía pensando lo mismo: nada nuevo ni emocionante. Y en verdad, el álbum no pretende romper con nada ni suena demasiado lejano al registro habitual de la artista. Sin embargo, puedo decir que esta vez Laura me ha sorprendido, y no lo ha hecho, como temía, devolviéndome a esa sensación de zozobra postadolescente y a ese estado por defecto de frustración y desengaño.

Al igual que mi yo de 18 años que escuchaba en bucle “New Romantic” y me hacía llorar a mí misma con “The Water”, Laura ha cambiado bastante. Recién retornada a su país natal tras una productiva estancia en Los Ángeles, la británica abraza más fuerte que nunca el feminismo –más aún que en su anterior Semper Femina (2017)– y se pregunta lo que le contará a su hija algún día, o quizás lo que le contaría ahora mismo a cualquier mujer que ama y cuida.

Fotografía: Press

Su nueva esencia

Tras un enérgico arranque rockero, Laura vuelve a la pureza del folk con una actitud más serena e intuitiva, ya nunca más tan inocente pero sí entregada de igual forma al amor y a la pérdida, desde experiencias que van desde el abuso de poder en la música hasta la relación entre madres e hijas, pasando casi siempre por el (des)amor.

El mayor logro del álbum es el equilibrio, un peso emocional mejor repartido que en cualquiera de sus trabajos anteriores. Desde el primer tema, “Alexandra”, Laura entra por la vertiente más rockera del folk, moviéndose con soltura por una pista acústica con ecos a Joni Mitchell, mientras se pregunta qué fue de una de las musas de Leonard Cohen, y qué precio acabó pagando por ocupar ese lugar (“Why should I die so you can live?”).

En la ácida y luminosa “Held Down”, continúa la historia de una mujer destinada a la marginación social después del abandono de un hombre, explorando su sentimiento de culpa y las asimetrías en la autonomía creativa entre sexos:

“But you’re writing again and I’m glad, old friend
I’ll make sure you write me out of where you get to”

Con “Strange Girl”, Laura reinventa las estructuras de la americana con un ritmo ligero e inestable, en lo que es una especie de autobiografía coral dedicada a todas las mujeres extrañas (tanto si esto significa solitarias, furiosas, o valientes, o a menudo todo al mismo tiempo) que ha conocido.

Canciones para el nuevo otoño

Pensaba que un nuevo disco de Laura Marling no era lo más apropiado en plena primavera pandémica. Meses después, sin duda creo que es una buena elección para un otoño lleno de predicciones y nuevos acercamientos.

Después de esta acelerada tirada, “Only the Strong” nos devuelve a la introspección bucólica de sus primeros años, aunque lo haga desde una reflexión determinista sobre la naturaleza de las relaciones y una ansiedad constante por evitar el dolor (“And I won’t write a woman with a man on my mind”). Prácticamente el resto de el álbum transcurre en esta tónica, con algunos momentos más flojos como la descafeinada balada “Blow by Blow” o la letárgica y novelesca “The End of the Affair”, pero devolviéndonos poco a poco a la Laura más serena e intuitiva, quizá ya nunca más tan inocente pero sí entregada de igual forma al amor y a la pérdida.

En “Song for Our Daughter”, imagina ese diálogo con su hija ficticia desde múltiples referencias literarias y vivencias personales sobre el abuso sexual, empezando por una advertencia sobre ciertos tipos calvos y aburridos en la industria de la música. En “Fortune”, Laura se habla a sí misma en la voz de su madre, imaginando que roba el dinero que esta había ahorrado por si alguna vez tenía que huir, solo para descubrir que las dos llevaban tiempo queriendo fugarse, de alguna manera, y que quizá sea ahora el momento de hacerlo, juntas.

El cierre es otro de los puntos fuertes del álbum, con dos temas donde Laura define su nueva esencia, o más bien redefine la que siempre estuvo allí. En “Hope We Meet Again”, cuya progresión recuerda al misticismo cotidiano de su gran amigo Johnny Flynn, Laura hace balance de sus casi treinta años a través de los lugares y personas que han pasado por su vida, desde un desapego que es cada vez menos un mecanismo de defensa y más una habilidad adquirida para poder avanzar: “I should write to him tomorrow, I wrote that yesterday”.

For You”, dedicada a esa persona que llega para quedarse, es también un regalo para cualquiera que escuche lo que según ella es un homenaje a Paul McCartney, aunque solo sea por la conjunción entre unos sencillos acordes y un coro góspel, por ese solo de blues improvisado, y también por esa entrega al amor contra todo pronóstico y contra la improbabilidad de su carácter divino, contemplando la realidad de algo que es día tras día, impredecible (“I thank a God I’ve never met / Never loved, never wanted”). Antes de escuchar este disco, creía que Laura Marling se había equivocado al publicarlo en plena primavera pandémica. Meses después, creo que es sin duda una buena elección para un otoño lleno de predicciones y nuevos acercamientos.

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