Elder

Elder –
Omens

Elder llevan coqueteando con el rock progresivo casi desde sus inicios, pero esta vez pasan de guiñarle un ojo a susurrarle el teléfono al oído. Una apuesta que ha sido acogida con cierto recelo, pero que evita que la banda se estanque en su psicodelia de altos vuelos.

De segundas oportunidades nunca dadas está lleno el cementerio de la música. Discos que, merecidamente o no, nunca recibieron la segunda (o tercera, o cuarta) escucha que necesitaban para convencer a su oyente. Es lógico, teniendo en cuenta dos cosas: que en el pozo infinito de las plataformas de streaming siempre hay otros álbumes a la espera que compiten por nuestro preciado tiempo, y que ya nadie en su sano juicio se compra los discos sin escucharlos de antemano.

A veces, sin embargo, conviene hacer un esfuerzo adicional y rescatar ese disco que no nos ha convencido a priori. Sea porque la trayectoria del autor o autores lo avalan, o porque intuyamos que quizá hay más profundidad en él de la que a primera vista vislumbramos, el caso es que puede haber razones de sobra para esa segunda oportunidad. Y a menudo no cambiaremos de opinión, pues digan lo que digan, las primeras impresiones son las más importantes (por eso, jamás escucharé el Endarkenment de Anaal Nathrakh). Pero puede ser que sí, que escuchas posteriores cambien para bien nuestra percepción del álbum y nos concedan el doble placer de disfrutar un buen trabajo que además, por un momento, casi condenamos al olvido.

Reforma o revolución

Omens no revoluciona el sonido de Elder, pero sí incorpora ciertas reformas que hacen que no sea un álbum inmediatamente reconocible como propio.

Eso es exactamente lo que me pasó con el quinto LP de Elder. La banda norteamericana de psicodelia pesada, con su sonido a medio camino entre doom florido y stoner progresivo, partía con un expediente casi impecable hasta la fecha, encadenando tres joyas de la corona del género, a las que añadir un notable EP largo, The Gold And Silver Sessions. Ese EP del pasado año precisamente asentaba en cierta manera los cimientos del sonido de este Omens que aquí nos ocupa, con una banda apostando más claramente por las jams que por los riffs concretos con los que habían ido formando su personalidad. 

Y es que Omens no es un trabajo que revolucione el sonido de Elder, pero sí incorpora ciertas reformas que hacen que no sea un álbum inmediatamente reconocible como propio. En cierta manera eso ha sucedido en todos los discos de la banda, con una progresión lenta pero segura hacia terrenos cada vez más progresivos y etéreos desde los tiempos del ya lejano Dead Roots Stirring hasta el último y genial Reflections of a Floating World (pasando por el monumental Lore). Omens en cualquier caso incluye cambios más profundos, que cuestan más de asimilar pero terminan revelándose como valientes. Aunque, como es lógico, no hayan gustado a todo el mundo.

Fotografía: Press

Metal no metálico

Elder se acercan aún más al prog a base de jams barrocas en detrimento de sus característicos riffs macizos de stoner. Una aproximación más líquida a la psicodelia heavy que llevan manufacturando desde sus orígenes.

Ciertos pasajes del disco (i.e. el tramo medio deIn Procession”, que por lo demás brilla con luz propia, o el lento arranque de “Halcyon”) caen en los mismos pecados del último y relativamente olvidable disco de Baroness. A saber: cierta displicencia y sensación de no llegar a ningún lado. Ello, sumado a un tratamiento peculiar en la mezcla de la voz de Nick DiSalvo, que gana presencia y pulcritud, han sido dos de las razones para que la acogida de este Omens haya sido entre tibia y fría. Sin embargo, al comparar canción contra canción, riff contra riff y potencia frente a potencia, entre este disco y los precedentes, la pura verdad es que no hay demasiada diferencia objetiva.

Pero evidentemente un disco es más que la suma de sus partes, y sí que es cierto que Omens carece de algo que en los esfuerzos previos sí estaba. Quizá sea falta de contundencia y concreción, una producción excesivamente limpia, el mencionado protagonismo de la voz y del mellotron, o el mayor peso de las jams que ya desarrollaron en las sesiones de oro y plata y en algunos temas de su predecesor. O, probablemente, la combinación de todos esos elementos, la que haya alejado a muchos de este disco.

Nuevos aires y viejas virtudes

Guste más o menos este Omens, Elder demuestran que siguen siendo una banda que asume riesgos y no ceja en su empeño de volverse uno de los grandes nombres del metal de nuestra época.

Y es cierto que estamos ante un disco que baja el excelso nivel al que nos habían acostumbrado los estadounidenses, pero rompo una lanza en favor de esos aires a lo Motorpsycho (probable influencia directa al compartir sello) de Embers”, o esa manera de hilvanar canciones desde la pura improvisación sin miedo a alejarse de los terrenos ya embarrados del stoner metal. Es cierto que todas las canciones andan por encima de los nueve minutos, y en varios casos habrían agradecido algo de tijera, pero la “Omens” que da nombre al disco, la larga escalada de “Halcyon” y el final épico de “One Light Retreating” demuestran una vez más que Elder se sienten muy a gusto cuando no tienen limitaciones temporales.

Elder se acercan aún más al prog a base de jams barrocas en detrimento de sus característicos riffs macizos de stoner. Una aproximación más líquida a la psicodelia heavy que llevan manufacturando desde sus orígenes, que a muchos les deja con morriña de su más atronador pasado, y a otros alegrará al comprobar que, desde luego, siguen siendo una banda que asume riesgos y no ceja en su empeño de volverse uno de los grandes nombres del metal de nuestra época.

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