Belako

Belako –
Plastic Drama

Plastic Drama es más que el enésimo giro sonoro de Belako o un retorno a las raíces: es una declaración de contundencia política, social y personal. El cuarto álbum de la banda de Mungia hace de sus contradicciones una virtud, rechazando por igual la sorpresa fácil y la crudeza irreflexiva con excelentes resultados. Diez variadas atmósferas con letras directas que denuncian la LGTBfobia, el feminicidio o los mitos del amor romántico mientras reflexiona sobre el privilegio y sus incomodidades. Un álbum recomendado e imprescindible en esta época crucial.

Casi con total seguridad, Render Me Numb, Trivial Violence (2018) es el álbum más complejo en lo sonoro de cuantos Belako habían firmado hasta la fecha. El cuarteto de Mungia ya había dado un peculiar giro a los dejes punk y los teclados crudos de su debut Eurie (2013) con Hamen (2016), en el que abrazaron una vertiente más melódica, conjugando su sonido potente y agresivo con trallazos a lo dance-punk y peculiares baladas, pero para su tercer elepé llevaron su mezcolanza a un nuevo nivel. Catorce temas donde se daban cita desde el punk melódico hasta elementos de reggae, pasando por guitarras abrasivas, decenas de texturas sintéticas, sonidos ambientales y voces cargadas de rabia y lamento con letras sobre la impotencia ante la corrupción, la violencia y la injusticia; todo ello grabado casi por completo en formato analógico con pistas limitadas, combinando con igual frecuencia sesiones en estudio y grabaciones caseras. Esta inclasificable mezcla de ingredientes dio como resultado un trabajo denso, pero sólido, de ritmo impredecible y dotado de una atmósfera como jamás habían producido en el grupo vizcaíno.

Lejos de un álbum predecible

Su cuarto disco regresa al punto de partida con tres álbumes de aprendizaje a sus espaldas, recuperando la crudeza de Eurie para hacerla cien veces más implacable, pero no por ello irreflexiva.

Cabría pensar que, después de firmar un trabajo semejante y avalar su éxito a lo largo y ancho del mundo (sin contar con Europa, llevaron sus potentísimos directos hasta México, EEUU, Japón, Corea del Sur o Filipinas), poco le queda por hacer a una banda más que mantenerse en su éxito; no obstante, en Belako poseen un espíritu pionero del que apenas parecen ser conscientes (y, sea como sea, desde luego que no hacen alarde de él), y si no pueden presentar su próximo trabajo en la fecha prevista por culpa de la pandemia, te preparan una gira en autocines para sortear sus peligros y restricciones, porque la cultura no puede pararse ahora.

En buena medida, Plastic Drama (2020) recoge ese sentimiento ligado al aquí y el ahora, la necesidad imperiosa de expresar ideas que no pueden esperar. Seguramente por ese motivo, su cuarto disco regresa al punto de partida con tres álbumes de aprendizaje a sus espaldas, recuperando la crudeza de Eurie para hacerla cien veces más implacable, pero no por ello irreflexiva. Plastic Drama está muy lejos de ser un álbum predecible.

Fotografía: Helena Goñi

Menos de cinco contradicciones es dogmatismo

Plastic Drama trata sobre reconocer nuestro propio posicionamiento en el mundo y la sociedad, la unión precaria y contradictoria de elementos dispersos que nos hace ser lo que somos, para adquirir un sentido más amplio y claro de aquello por (y a veces, contra) lo que merece la pena luchar.

Hay un indudable mérito, y también un signo de experiencia, en publicar diez temas tan variados y hacerlos coherentes por medio de una producción (que ha corrido de la cuenta de la propia banda, de nuevo grabando en cinta) tan descarnada, que hace de sus huecos y grietas una auténtica virtud. Plastic Drama, con sus muchos matices, va justo de eso, de reconocer nuestro propio posicionamiento en el mundo y la sociedad, la unión precaria y contradictoria de elementos dispersos que nos hace ser lo que somos, para adquirir un sentido más amplio y claro de aquello por (y a veces, contra) lo que merece la pena luchar.

Como demuestra “Tie Me Up”, la explosiva inauguración del tracklist, la fuerza de este álbum está en los plurales, en remarcar que nos necesitamos los unos a los otros, aunque muchos ya no estén. Las letras de Cris Lizarraga son más directas y memorables que nunca: “My goodwill lies with my friends buried where it all began. Our names won’t be remembered, but others will arise”. Un afilado y perfecto himno de alma punk, perfecto para que nos encontremos en su calor y podamos persistir frente a la injusticia.

Rabia del primer mundo

Belako se rebelan contra las máscaras, contra todo lo que maquilla y embellece la injusticia o lo que oculta lo incómodo para evitar pensar en ello, todo por mantener un bienestar adormecedor e inquietante. Y frente al entumecimiento, disrupción.

Pero, ¿contra qué se rebelan Belako en Plastic Drama? Ante todo, contra las máscaras, contra todo lo que maquilla y embellece la injusticia o lo que oculta lo incómodo para evitar pensar en ello, todo por mantener un bienestar adormecedor e inquietante. Y frente al entumecimiento, disrupción: “All Nerve” es posiblemente el corte más explícito del álbum en este sentido: lentamente se construye una agresiva cascada de guitarras chirriantes sostenidas por una base rítmica constante, mientras Lizarraga grita sobre el terror, que toma la forma del feminicidio o el odio cultural, convertido en herramienta de control.

Aún más combativa es “AKLR”, en la que la guitarra de Josu Billelabeitia se muestra más comedida mientras su hermana Lore despliega una línea de bajo que haría palidecer a la “Hysteria” de Muse y voces distorsionadas hasta la incomprensión piden sangre.

Musicalmente más rica y llena de cambios, pero igualmente clara con sus temas, es “Profile Anxiety”, que denuncia la sobreexposición a la que obligan las redes sociales y la constante amenaza de los datos que producimos pero escapan de nuestras manos. La banda se compenetra a la perfección saltando entre texturas misteriosas, juguetonas y energéticas, gracias sobre todo a la dinámica batería de un soberbio Lander Zalakain que recuerda al Matt Helders más inspirado.

Por un confort sin culpa

El compromiso y la evasión, la disidencia y el confort, la lucha contra la desigualdad y el rechazo interiorizado… todos esos elementos en tensión se dan cita en el cuarto álbum de Belako.

Pero nada en este disco es tan obvio como parece, porque Plastic Drama es consciente de sus contradicciones, de sus propias máscaras, así que decide convertir el engaño en un valor. Así, la guitarrera, animadísima y bailable “Truth” es un alegato contra los mitos del amor romántico directo a nuestros oídos y también a nuestra cara.

Por su parte, “The Craft” convierte un esperanzador y coreable estribillo pop (en el que que escuchamos las voces de las cuatro integrantes de la banda) en un verdadero akelarre de distorsión y cánticos casi rituales, solo para regresar a ese estribillo y bajarle las revoluciones al tocadiscos con siniestra brusquedad.

Y la excepcional “Truce”, broche final del álbum, salta del piano melancólico a los guitarrazos grunge y los coros embriagados para quitarse la máscara, mirarla a los ojos y firmar una tregua con ella, rechazándola pero reconociéndola. El tema, y también el álbum, cierra con una conclusión en forma de himno en miniatura, cantado nuevamente a cuatro voces, que seguramente se repetirá horas y horas en concierto: “We fell for a lie, we chose to get high, on empty dark nights we drink our goodbye.”

Miradas al interior de la máscara

Plastic Drama es, posiblemente, el disco más completo (que no complejo) de Belako. Es conciso, pero no escaso, rotundo sin ser aplastante, ácido pero nunca cínico. Su veterano y certero sonido lo-fi no se queda en el eslogan del “menos es más”, sino que es su herramienta más eficaz para lanzar manifiesto tras manifiesto.

E incluso existiendo estas canciones, quizás los temas más sorprendentes de Plastic Drama sean los más abiertamente pausados, reflexivos o incluso reconfortantes. En “Plastic Drama”, la guitarra se hace a un lado para dejar espacio a un piano luminoso y una sección rítmica grácil y animada que sería más fácil encontrar en La Noche Eterna de Love of Lesbian; no así sus letras, que en tono íntimo reflexionan sobre el carácter prefabricado de nuestros sueños y deseos bajo el peso de esta sociedad y su sistema productivo.

Más personal, también protagonizada por el piano en compañía de guitarras pesadas, es “marinela2017”, en la que Cris Lizarraga se convierte en una especie de Mayor Tom de voz que susurra a la inmensidad de su interior tratando de encontrarse a sí misma sin alienarse y, lo más difícil, de explicarse frente a los demás. En esa misma sensación se adentra “Sirène”, primer tema íntegramente escrito en francés (llama la atención que este sea el primer disco de Belako sin letras en euskera), que explora la subjetividad LGTB+ con un sonido que refresca elementos de la new wave y otros coetáneos para configurar una atmósfera a caballo entre lo agresivo, lo onírico y lo sugerente. En temas como estos se demuestra la destreza que Belako han adquirido a la hora de distribuir las tensiones internas a su música.

Plastic Drama es, posiblemente, el disco más completo (que no complejo) de Belako. Es conciso, pero no escaso, rotundo sin ser aplastante, ácido pero nunca cínico. Su veterano y certero sonido lo-fi no se queda en el eslogan del “menos es más”, sino que es su herramienta más eficaz para lanzar manifiesto tras manifiesto, mostrando sin ambages el carácter político y social de su música (y de toda la cultura, lo niegue quien lo niegue) en un momento histórico crucial donde no caben las medias tintas o el no tomar partido. El compromiso y la evasión, la disidencia y el confort, la lucha contra la desigualdad y el rechazo interiorizado… todos esos elementos en tensión se dan cita en el cuarto álbum de las vizcaínas, que encarnan esa extraña suma de contradicciones que nos hace ser lo que somos y la convierten en un discurso incontestablemente sólido. Un álbum para el recuerdo, pero también para el presente.

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