Childish Gambino

Childish Gambino –
3.15.20

Childish Gambino tenía bastante a su favor para conquistarnos con su nuevo trabajo, pero, por desgracia, 3.15.20 se queda a medio gas entre la experimentación y los temazos ligeros, lanzando muchos dardos que no terminan de acertar en la diana y poniendo lo referencial casi por encima de lo personal. El resultado es un trabajo con buenos momentos, pero irregular.

La verdad es que, aunque hayan pasado sólo unos pocos meses, creo que podemos decir que a Childish Gambino no le ha salido muy bien la jugada con 3.15.20. En su momento no tuvo una acogida demasiado acalorada, ni por parte de la crítica ni del público, pero actualmente es un trabajo del que la mayoría de la gente parece haberse olvidado. Claro que, quizás, el hecho de llevar por título una fecha y que sus canciones tampoco tengan títulos reconocibles (utiliza el minuto exacto en el que comienza cada una) tampoco ayuda demasiado a crear un recuerdo en la memoria colectiva.

¿Tiempos de cambio?

Hay dos problemas evidentes que impiden a este disco brillar todo lo que podría: demasiadas ideas inconclusas y demasiadas influencias que se lo ponen muy difícil a la hora de conseguir un sonido realmente propio y característico.

Que si ya no voy a usar el pseudónimo de Childish Gambino, que si ahora otra vez sí, que si ahora subo el disco a mi web y lo dejo sonando en loop una y otra vez, que si ahora lo borro… Donald Glover consiguió crear mucha expectación a través de noticias y eventos confusos, impulsado por una “This Is America” que fue todo un cañonazo. Con Awaken, My Love! (2016) se ganó el beneplácito de gran parte de la crítica y este nuevo disco despertaba bastante curiosidad. La jugada de lanzarlo el 22 de marzo (una semana después de lo previsto), de hecho, casi le vino que ni pintado al estar ya medio mundo en pleno confinamiento.

El caso es que, publicándose casi al mismo tiempo que discos como el de The Weeknd o el de Dua Lipa, no tardó demasiado en desvanecerse. Y aunque creo que es injusto y que tiene bastantes momentos rescatables, hay dos problemas evidentes que impiden a 3.15.20 brillar todo lo que podría: demasiadas ideas inconclusas y demasiadas influencias que se lo ponen muy difícil a la hora de conseguir un sonido realmente propio y característico.

Fotografía: Press

Demasiadas referencias

Las influencias están ahí, pero apenas se siente que Glover las lleve a otro punto o las haga confluir, y eso hace que 3.15.20 acabe resultando agotador y que no consiga mantener el interés de principio a fin.

En cualquier crítica o texto que leáis acerca de este álbum encontraréis miles de comparativas y nombres. Que si Prince, que si Travis Scott, que si Kanye West, que si Frank Ocean, que si los Beatles… y realmente ninguna de ellas es errónea. 3.15.20 recuerda a todo eso. El problema, de hecho, es justo ese: que recuerda demasiado a demasiadas cosas. Las influencias están ahí, pero apenas se siente que Glover las lleve a otro punto o las haga confluir, y eso hace que acabe resultando agotador y que no consiga mantener el interés de principio a fin.

En general, el caso de este álbum recuerda a lo que le pasaba al Humanz (2017) de Gorillaz, en el que había tantas colaboraciones y tantos temas que se perdía en una vorágine de sonidos y canciones que ponían la cantidad por encima de ofrecer piezas realmente cerradas y exprimidas. Grupo, por cierto, del que también hay ciertas reminiscencias por aquí en temas como “Algorhythm”, una canción que de hecho funciona muy bien y consigue lo que se propone, con un final muy a lo Algiers que le sienta bien al tono oscuro y con tanto peso en los beats. Y así volvemos a lo que decía antes: demasiadas influencias, demasiados “esto suena como x”. 

Porque si seguimos por ahí, es fácil sacarle la comparativa a “Time” y a “19.10” con el último trabajo de Tyler, the Creator, o a “32.22” con los BROCKHAMPTON de “Sister/Nation”. Y entre todos estos, que a pesar de necesitar un punto más de personalidad propia son buenos temas, también tenemos canciones bastante insulsas como “12.38”, donde las colaboraciones no consiguen brillar, o una “24.19” que se alarga en exceso (otro de los problemas más grandes del disco en gran parte de los cortes).

Muchos dardos que no dan en la diana

La sensación es que Childish Gambino no ha terminado de conseguir lo que quería, entregándonos un disco que no termina de encajar ni cuando intenta ser más ligero, ni cuando se adentra en terrenos más experimentales y complejos.

La reconvertida “Feels Like Summer” en “42.26” gana bastante aquí, siendo uno de los momentos más destacables del álbum al conseguir fluir de manera natural y mantener el interés en todo momento, algo en lo que “47.48” vuelve a fallar aun teniendo una melodía y momentos interesantes con claros guiños a Stevie Wonder. Por suerte, “53.49” remonta el vuelo y cierra el álbum dejando buen sabor de boca, configurándose como una de las composiciones más enérgicas y poderosas del largo.

A pesar de haber sido compuesto durante varios años, es muy difícil evitar la sensación de estar ante un trabajo un poco a medio gas, de que a muchas de las canciones les falta alguna que otra vuelta y de que esta vez Childish no ha terminado de conseguir lo que quería, entregándonos un disco que no termina de encajar ni cuando intenta ser más ligero, ni cuando se adentra en terrenos más experimentales y complejos.

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