Futuro Terror: «Cuando nos han llamado de grandes festivales ofrecen menos dinero del que sacamos en una sala»

Su cuarto disco no ha dejado indiferente a nadie. El mensaje tan directo y contundente como el que los alicantinos hacen en Sangre ha chirriado a algunos y enamorado aún más a otros.

Entrevistar a Futuro Terror es entrevistar a una banda que comienza por alegrarse de que aún existan reseñas “que den caña”, aunque sea a su propio y flamante nuevo disco. A pesar de que, lógicamente, no comparta las premisas de aquella crítica, José Pazos, guitarra y vocalista de la banda aguanta el envite, y se lamenta de que la prensa musical actual solo sepa hacer reseñas positivas.

Como Zoya Kosmodemiánsakaya con una antorcha encendida, José no deja títere con cabeza. Si alguien pensaba que había gastado toda la munición en las letras de ese Sangre, excepcional para el que suscribe estas líneas, se equivocaba. Hablando con él, aún dispara contra los macro-festivales, su propio gremio o VOX, entre otros.

Es inevitable preguntar por el tema COVID-19, en el sentido de cómo os ha afectado de cara a defender el disco, recién publicado, en directo.

A nosotros nos ha afectado bastante. Teníamos fechas cerradas, la presentación del disco en Madrid, la presentación aquí en Valencia, etc…. y todo eso se cayó, evidentemente. Vamos viendo cómo se desarrollan los acontecimientos y estamos un poco acojonados de si se podrán hacer los conciertos, y de que, incluso si los organizadores siguen adelante, hasta qué punto es una irresponsabilidad ir a tocar si la cosa se pone peor.

Estos días está habiendo cierta polémica con el ocio nocturno, con qué es cultura y qué no. Se da la paradoja de que los sitios más grandes y los festivales sí que parecen tener más margen de maniobra, y la mayoría de conciertos que van surgiendo vienen organizados por ellos.

Pienso lo mismo. El ocio nocturno está tocado de muerte, sean salas de conciertos o no. Ahora mismo hay más rebrotes y seguramente si vuelven a cerrar sitios, serán estas salas. Cuanto más pequeñas, menos margen tienen para poder sobrevivir y resistir a todo esto. Aunque arrojen menos pérdidas, suelen ser garitos que los llevan una o dos personas que viven al día. Entonces muchos meses cerrados no pueden aguantar.

Tú has dicho en el pasado que “los festivales son una experiencia incompleta, si tenemos en cuenta que el público es parte del espectáculo”. Lo cierto es que no habéis tocado en muchos festivales en vuestra carrera. ¿Decisión propia o es que no os llaman?

Nosotros para tocar siempre valoramos tres cosas. Una es la pasta, otra es la difusión que te va a dar tocar donde vas a tocar, y la última y más importante de todas es el placer que sacas de tocar en ese sitio. Generalmente, aparte de la última, que si sabes que te lo vas a pasar bien o la experiencia va a ser guay te puede dar igual todo lo demás, tienen que cumplirse mínimo dos. Si sabes que solamente vas a sacar pasta, a mí no me resulta interesante. O solo por difusión. Si hay mucha pasta o mucha difusión… pero es que si no te lo pasas bien, es difícil que te merezca la pena tocar en un sitio.

No es una decisión propia la de no tocar en festivales. Lo que sí que nos ha pasado muchas veces es que nos intenten contratar de algún festival, nos den una cifra (normalmente muy baja), hagamos una contraoferta y no salga. No quiero hablar de cifras porque es un poco feo, pero cuando nos han llamado de grandes festivales sacamos menos dinero del que sacamos en una sala de una ciudad más o menos grande, o nos han ofrecido el mismo dinero o menos que el que nos ofrece un festival súper pequeñito. Y además sabes que tocan bandas que tienen un caché de muchísima pasta, entonces dices: si queréis que toquemos aquí, qué menos que soltéis un poco de parné.

Entrando ya en el disco. En una entrevista de 2016 también decías que no eras explícito al hablar de política porque creías que funcionaba mejor ser sutil. Me ha llamado la atención porque creo que hay versos en Sangre que sí son bastante explícitos.

Yo creo que hay que ser explícito. No recuerdo haber dicho eso. [Risas]. Ahora estoy en contra de mi yo del pasado. Creo que hay momentos en los que es necesario serlo. Sí que es cierto, y eso sí que lo he dicho varias veces, que me resulta muy difícil hacer canciones explícitas y que estéticamente me funciones y no me suenen a algo muy manido o muy fácil. Creo que es un problema de que nos queda mucho por aprender en ese sentido, y a veces no sabemos hacerlo, sencillamente.

«No hago una defensa de la “Unión Soviética” en el disco, sino de referentes y cosas que están absolutamente ocultadas por la propaganda capitalista»

En Sangre haces una reivindicación de la URSS, o al menos de algunos de sus valores, en una época en la que no está de moda la Unión Soviética ni siquiera desde buena parte de la izquierda. ¿Lo haces precisamente por eso?

Yo no hago una defensa de la “Unión Soviética” en el disco, que la podría hacer. Lo que hago es recuperar referentes y cosas de la Unión Soviética que están absolutamente ocultadas por la propaganda capitalista. Estamos acostumbrados a ver montones de películas hollywoodienses que ponen a los norteamericanos como héroes de la Segunda Guerra Mundial cuando realmente los que se midieron el lomo y fueron unos auténticos héroes de la lucha antifascista fueron los rusos. Hay muchas cosas de la URSS que directamente se desconocen; creo que hay un relato absolutamente injusto respecto a la Unión Soviética en la cultura en la que vivimos. Que hay cuestiones discutibles, que se pueden hablar, etc., pero es que hablar hoy en día de la URSS es automáticamente “dictadura de Stalin sangrienta”. Es una propaganda tan burda y tan loca que directamente todo lo demás queda eclipsado. Parece que no pasó absolutamente nada positivo en la Unión Soviética. A mí sí que me gusta rescatar esos héroes o ese tipo de cuestiones.

En cuanto al sello, para este disco habéis dejado BCore y habéis retornado a Humo.

Pablo es muy amigo nuestro, y además de eso Humo tiene un catálogo que nos flipa. Mi grupo favorito de los últimos años de este país, de lejos, es Fasenuova, y hay muchos grupos que nos flipan: La URSS, Pablo Und Destruktion, que por letras es una persona a la que admiro mogollón… Es un catálogo en el que me hacía ilusión estar, además de que casi todos ellos son amigos ya, por cercanía, por admiración mutua o por coincidir en sitios. Así que cuando Pablo nos dio la posibilidad nos hizo mucha ilusión y decidimos sacar este disco con él.

De Humo precisamente Pablo Und Destruktion me dijo cuando le entrevisté que, aunque no hay un sonido común, sí que existe “una especie de filosofía oscura y kamikaze” que comparten casi todas las bandas del sello.

Sí, desde luego. [Risas] Me ha gustado mucho, porque nunca lo había pensado, lo de la filosofía kamikaze. Sí que es cierto que parece que hay algo en común y es que nos preocupa algo más allá del camino fácil… No sé cómo decirlo sin parecer arrogante. Pero no somos bandas que nos hayamos puesto el camino fácil a nosotras mismas. Antes he dicho Fasenuova, pero también Cuchillo de Fuego me encantan y somos muy amigos, y fíjate que son letras muy distintas las de ellos, las de Pablo Und Destruktion o las de Futuro Terror, pero sí que encuentro una especie de conexión.

Por acabar con Pablo Und Destruktion, hace unos años estuvo apostando por la creación de un sindicato de músicos, que es una idea con la que vosotros comulgáis. Cuéntanos un poco en qué situación está el tema.

La cuestión es que no estoy muy metido en ese tema, pero sí se han hecho avances. Hay un sindicato de músicos que está bastante bien planteado hoy por hoy. En Alicante no había nada, pero en Valencia sí hay gente moviendo cosas y organizada, pero el problema que yo veo es que está absolutamente todo por hacer, y que es muy difícil encontrar un discurso de clase entre gente que no vive de esto pero que vive muy bien. Parece que hay una brecha muy grande con los grupos que triunfan y de repente ganan bastante dinero en muy poco tiempo (lo cual puede ser pan para hoy y hambre para mañana). Funciona un poco así la música en este país. Encajar eso dentro de un sindicato que sea capaz de representar a los músicos de este país es muy complicado. Al final tiene que ser un sindicato que se posicione, con un discurso de clase muy claro, y que, sobre todo, sepa escudar a gente que está absolutamente precaria. Lo que yo veo que falta es un sindicato que parta de la precariedad absoluta, de representar a los que no pueden vivir de esto.

Al final la gente que conozco que vive de esto es gente que tiene tres grupos, se dedica a la producción y además hace de tour manager. Es una precariedad enorme. Conoces a grupos que les va bien y viven una temporada de esto, pero, ¿cuánto tiempo? Es complicado, porque nunca se ha intentado generar una estabilidad laboral en torno a esto, en este país. Hay otros países europeos donde sí, en los que el dinero del Estado que va destinado a la música está repartido de una forma distinta. Porque lo que está claro es que en este país hay muchísimas iniciativas culturales absolutamente deficitarias que están subvencionadas. Pero el mundo del rock y de la música independiente está muy desamparado. Tampoco digo que tenga que ser deficitario y estar subvencionado, pero se podría conseguir una cierta estabilidad laboral y que no fuera deficitario, con un poco de apoyo del Estado, desde luego.

A nivel de autocrítica de los artistas, ¿crees que falta coordinación o solidaridad?

Falta todo. El tema de la solidaridad brilla por su ausencia, en general. En determinados círculos, es decir, cuando las bandas pequeñas se convierten en medianas y tienen una pretensión de llegar a algo más, la solidaridad desaparece a velocidad de vértigo. Eso también es otra cosa que he dicho alguna vez: si frente a los abusos de los grandes festivales, la gente no estuviera peleando por estar arriba y estuviera organizada… Por ejemplo, el gremio de los ilustradores aquí en Valencia está muy organizado. Veo que tienen ciertos acuerdos entre ellos de “no se cobra menos que esto por hacer esto”, o “si este concurso nos parece abusivo, lo denunciamos”. Aquí un festival hace un concurso para que el premio sea tocar gratis en su festival y nadie lo denuncia. O lo denuncio yo, pero eso no va a ningún lado. No hay una organización de un montón de bandas que tenga un peso y lo denuncie, o que diga: “en festivales no se toca por menos de X, o de tanto porcentaje de la banda que más cobre”. No se trata de cobrar más, sino de llegar a algún tipo de equidad, equiparar un poco la movida. 

A mí me ha pasado tener un concierto con una banda más pequeña que nosotros y preguntar cuánto van a cobrar ellos, y que te digan: “a ti eso te tiene que dar igual”. Pues no me da igual. Ese es el tipo de cosas que faltan, el decir: si voy a tocar con esta banda, me voy a preocupar, no de que cobren lo mismo que yo, porque vale, llevan menos tiempo, generan menos o lo que sea, pero de que toquen en unas condiciones dignas. Y si no, plantarte y decir: “pues no voy a tocar aquí”. Echo en falta ese tipo de respuesta en general, pero digo esto yo y parece que soy aquí el aleccionador del underground patrio. (Risas). Para no parecerlo, todo esto que te he dicho lo adopto como autocrítica, porque estoy seguro de que nosotros en más de una ocasión hemos tocado en sitios en los que tocaban otras bandas en unas condiciones que eran una puta mierda.

Cambiando de tercio: Héctor (batería) ha dejado la banda y se os ha unido Óscar Mezquita. Héctor es, en mi opinión, uno de los mejores baterías de España, o sea que tiene que ser difícil no notar esa baja.

Sí, estoy de acuerdo. Héctor tenía otros proyectos a los que quería dedicar tiempo, y a eso se une que yo me vine a vivir a Valencia. Al final las cuestiones logísticas y de a qué quiere dedicar uno su tiempo pues pesan. Porque somos personas con varios proyectos al mismo tiempo (él por ejemplo está metido en movidas de teatro) y eso le llevó a la decisión de dejar la banda. Tiene otra banda, que se llama Ugatz, y es que verle tocar es impresionante. Porque Futuro Terror al final es una banda de pop, o de punk-rock, y aun así hacía que fuera impresionante verle tocar, pero por ejemplo con la banda que tiene ahora puede desarrollarse mucho más a nivel florituras. 

¿Y qué os aporta Óscar Mezquita a cambio?

Óscar lo que mola mucho es que le gusta la misma música que a nosotros; le gusta mucho el pop, y quizá a la hora de tocar nos ha hecho ver las canciones de otro modo. El hecho de que las canciones ahora puedan ser un poco más pop es porque vaciar las canciones a nivel batería te hace tener que trabajarlas un poco más en ese sentido. Digamos que con Héctor es que con una batería suya ya había canción, no hacía falta mucho más, mucha melodía. [Risas]. Que no es que no estuviera, pero creo que Óscar ha aportado mucho a la banda en ese sentido, de tener una filosofía más pop.

¿A qué temíais cuando decidisteis poneros el nombre de Futuro Terror?

El nombre surgió haciendo asociaciones de ideas con una amiga, Irene, que es la cantante de Jineta y los Apocalípticos, que es un grupo de aquí que está bastante guay. Luego el nombre está en un poema de Rubén Darío también. Yo creo que a lo que temíamos era sobre todo a la incertidumbre. Y creo que ahora lo estamos comprobando todavía más, como la incertidumbre causa un cierto terror, en el sistema en el que vivimos.

Nosotros tiramos mucho de un recurso un poco fácil que es el de imaginar paisajes distópicos o apocalípticos, pero porque los vemos ya en el presente y porque creemos que son consecuencia del sistema en que vivimos. A partir de ahí la conclusión que se debe extraer es ver qué se puede hacer para cambiar este sistema, no quedarse en el apocalipsis y ya está. A mí me gusta pensar que la gente que escucha la banda no se deprime y se corta las venas sino que se vuelve más activista y busca cambiar algo desde algún frente.

«Tiramos mucho de un recurso un poco fácil que es el de imaginar paisajes distópicos o apocalípticos, pero porque los vemos ya en el presente y porque creemos que son consecuencia del sistema en que vivimos»

El disco me parece que tiene más melodías pop y pegadizas que nunca, no sé si eres consciente de una evolución en ese sentido.

No sé, yo cuando estoy haciendo el disco siempre me parece que ese que estamos haciendo es el peor de todos. [Risas]. Luego cuando lo termino y lo escucho pasadas unas semanas digo “ah, no, pues está guay”. Pero me resulta difícil poner cada uno en su sitio. Creo que sí que puede tener melodías más pop, sobre todo al principio del disco, pero no es intencionado, es lo que me va saliendo. También es verdad que yo siempre he escuchado pop, pero cada vez escucho más bandas de pop. Algo tendrá que ver también

¿Alguna que hayas estado escuchando últimamente?

Escucho mucho de bandas de pop australianas. Mucho a Dick Diver, otro grupo que tiene ella que se llama The Stroppies, Boomgates, cosas así. Y pop australiano así más antiguo también escucho mogollón: The Clean, Los Bats, los Post-Bats y todo el rollo neozelandés y australiano. 

Ahora que lo pienso, lo mismo os dais un aire a Royal Headache.

Bueno Royal Headache también, aunque los escucho menos. Tengo una relación de amor-odio con ellos.

Hay varias canciones en el disco con referencias poco conocidas. ¿De dónde sacas la inspiración para canciones sobre historias así de desconocidas como la de “Rukeli”?

Realmente no las saco de ningún sitio en concreto, es más una cuestión de intereses y las historias van llegando a ti. Algunas porque alguien te habla de alguna. La de “Rukeli” la conocí por una campaña que estaba haciendo la Asociación de Secretariado Gitano, que se dedica a intentar luchar contra la xenofobia que existe en este país contra los gitanos. Una de las cosas que hacían era dar a conocer a héroes gitanos que no conoce nadie, y uno de ellos era Rukeli. Y me fascinó, dije: es una historia increíble, súper bonita. Me compré un libro que hay traducido al castellano sobre su vida, que es un rollo, por cierto, no se lo recomiendo a nadie. Otras como las de Matrósov, Zoya y tal me vienen más de mi militancia y de investigar sobre esos temas.

Lo que he echado en falta en este disco es una canción de corte sobrenatural como siempre habéis metido en los anteriores.

Esa historia por ejemplo viene de un colega, Pablo Vergel, al que le gusta mucho la banda y controla mogollón de estos temas. De hecho tiene una editorial que se dedica a sacar libros sobre estas cuestiones, y ha sido colaborador en Cuarto Milenio. Y esta vez le pregunté directamente el tema para hacérselo a la carta, y me dijo “El Caso de la Mano Cortada”. Yo no lo conocía de nada, pero me puse a investigar y es alucinante. Una noble española que se llama Margarita Ruiz de Liory?, trabajó como espía durante el franquismo, como una especie de Mata-Hari, y aparte de eso tenía conexiones con nazis que estaban aquí refugiados. Murió su hija y se ve que la desenterró, le cortó una mano. El caso es que su hijo dio aviso a la policía y encontraron en unos frascos la mano de la hija, la lengua, los ojos, dos cabezas de perro… Una movida muy macabra. La tía dijo en el juicio que quería conservar la mano y demás como una especie de reliquia para venerar a su hija como si fuese Santa Teresa, pero lo que parece es que quería hacer algún tipo de ritual de magia negra que llevase a la hija a la vida eterna o algo así. Y ya rizando el rizo, parece que la hija había vivido en una casa con unos nazis ocultos que habían hecho experimentos durante la Segunda Guerra Mundial. Se supone que murió de una enfermedad pero nadie sabe por qué estaban allí esos hombres viviendo con ella… En fin, una historia súper rocambolesca.

La canción está grabada para este disco, pero se descartó porque no nos terminaba de molar el resultado. Siempre nos mola, si queremos sacar un disco de diez canciones, grabar doce, para descartar las que han quedado un poco peor. Y ésta se ha quedado ahí. Que está guay que haya canciones inéditas, para que en algún momento aparezcan. O se queden ahí en un cajón, nunca se sabe.

Por terminar, tú como profesor estás cerca de los chavales, ¿crees que el hecho de que la música que está de moda entre los jóvenes hoy en día, sea reggaetón o trap, no tenga apenas carga política, como sí lo tenían el rock radical vasco primero o el rap después, ayuda a que los chavales vean que ser antisistema ahora es ser de VOX?

Yo creo que hay varios ingredientes que hacen que esa moda esté ahí, y seguramente ese que tú dices es uno de ellos. Es la música que está de moda, y además como música provocativa. Sin embargo los valores que vende son cantos al capitalismo más salvaje. Cuando todo se concibe como un bien de consumo, y además de consumo a lo loco, incluyendo el deseo, el sexo, el amor… en las letras y demás, pues tampoco encuentran ninguna referencia que les pueda hacer pensar que eso no mola. 

Entre que ellos ven que cuando cantan el “Cara al Sol” en clase o pintan una esvástica, molesta a los profes, que para ellos es la autoridad que conocen… Para ellos la forma que conocen de enfrentarse a la autoridad es ser pequeños fascistas, sin saberlo. Yo lo que veo en mis clases es que ellos no son conscientes de lo que están defendiendo. No es que de repente los niños se hayan vuelto fascistas: los niños son niños y ya está. 

O sea que puede ser un problema de pura reacción contra lo que ellos entienden que es la autoridad o el mundo adulto.

Es una forma de definirse. Pero claro, ellos no saben lo que están defendiendo, pero eso se les va quedando ahí y va haciendo mella. Hasta hace muy poco el rap estaba ahí para enfrentar eso, pero ahora como el trap se ha comido al rap totalmente, es un problema. También viene de que lo alimentan sus propias familias, de que la ultraderecha está muy crecida con significarse, y con sus símbolos, y no debemos olvidar que hay un montón de gente de VOX en este país, que son padres y madres y les compran a sus hijos todas las banderitas de España del mundo para que las lleven en las carpetas, en los cuadernos, en las pulseras y en todo. Y de paso también la de la Guardia Civil y como te descuides una cruz gamada. Como ellos están así de crecidos y a eso le sumas que los profesores de la pública, en general, son gente progresista (hay de todo: profes fachas hay un montón), y al menos es antifascista, que es lo mínimo que puede ser un demócrata… Ellos ven que eso provoca, que mola. El problema es que va acompañado de muchas cosas, como de una vuelta a un machismo súper heavy. Porque las letras de todo esto ya sabemos cómo son. Les escuchas ahí en clase repitiendo estribillos de reggaetón y claro, luego ven en la tele a Abascal o a Ortega Smith hablando y se sienten identificados.

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