Hum

Hum –
Inlet

Tras veintidós años desaparecidos del mapa, Hum renacen de entre sus cenizas para continuar desde donde lo dejaron en 1998. Inlet es un trabajo continuista pero novedoso que, manteniendo la esencia del rock alternativo que les caracterizó durante los noventa, añade nuevas influencias de shoegaze, metal alternativo y space-rock, entregando su álbum más lisérgico y pesado hasta la fecha.

No es ningún secreto que me encanta el rock de los noventa. Esa época en la que bandas que habían puesto en auge el movimiento indie en la década anterior, tales como Pixies y Sonic Youth, influyeron y dieron paso a las bandas más masivas en los años venideros, como Nirvana o Pearl Jam, compartiendo una escena cada vez más rica y extendida. Ese sonido tan potente y distorsionado, heredero también del hard-rock clásico de los setenta y ochenta pero con un lavado de cara más oscuro y triste, siempre me ha conquistado y, a día de hoy, sigo maravillándome con bandas que hasta ahora desconocía totalmente.

De aquellos años salieron cientos de grupos: Alice In Chains,Dinosaur Jr., Soundgarden… la lista es interminable. Una de esas muchas bandas, que no gozó de tanta popularidad y acabó perdiéndose en el olvido, fue Hum. En su corta andadura, que comenzó hace ya más de treinta años, la banda de Illinois, compuesta por Matt Talbott, Jeff Dimpsey, Bryan St. Pere y Tim Lash, publicó cuatro álbumes de estudio, dos de ellos con RCA, alcanzando cierta popularidad gracias a su hit “Stars”, del álbum You’d Prefer An Astronaut (1995), pero sin llegar nunca a explotar del todo.

Tras disolverse en 2001 y no volver a tener noticia de ellos durante muchos años, en 2017 uno de los miembros anunciaba por Instagram que la banda se había reunido y que se encontraba grabando un nuevo álbum de estudio. Lejos de ser uno de esos chivatazos que luego se quedan en nada, en junio de 2020 lanzan por sorpresa Inlet, su primer álbum de estudio en veintidós años.

Como si no hubiera pasado el tiempo

Inlet nos muestra a unos Hum totalmente en forma, retomando el testigo desde donde lo dejaron con Downward Is Heavenward (1998) y dando verdadera rienda suelta a nuevas influencias para despegarse casi por completo de la etiqueta de rock alternativo.

Y lejos de ser uno de esos regresos totalmente descafeinados que dejan a una banda en la evidencia de no haber resistido al paso del tiempo, Inlet nos muestra a unos Hum totalmente en forma que retoman el testigo desde donde lo dejaron con Downward Is Heavenward (1998). Si aquel trabajo ya daba muestras de una banda que no quería quedarse anclada en el rock alternativo y buscaba explorar otros caminos e incorporaba sonidos cercanos al post-hardcore y al stoner, es aquí donde dan verdadera rienda suelta a esas nuevas influencias y se despegan casi por completo de la etiqueta de rock alternativo.

En Inlet, el cuarteto norteamericano rebaja notablemente las revoluciones e incrementa la distorsión y la modulación en guitarras y voces para ofrecer sonidos que, sin salirse de las décadas en las que antes encasillábamos a la banda, amplían su abanico y nos demuestran que después de veintidós años todavía pueden tener mucho que ofrecer.

Fotografía: Promo

Más lisérgicos, pero manteniendo la esencia

El cuarteto rebaja notablemente las revoluciones e incrementa la distorsión y la modulación en guitarras y voces para ofrecer sonidos que, sin salirse de las décadas en las que antes encasillábamos a la banda, amplían su abanico.

Es suficiente con escuchar “Waves” para ver que no estamos (o no únicamente) ante un puñado de colegas rememorando viejos tiempos. Aquí hay mucho de shoegaze y de coqueteo con el metal, mientras que “In The Den” se acerca más al space-rock. En su cara más pesada encontramos temas como “Desert Rambler”, con toques de heavy-psych, o “The Summoning”, su tema más cercano al stoner de grupos como Elder o Sleep junto a la pieza que cierra el disco, “Shapeshifter”, que quizá sea también la que menos aporta al conjunto.

Si alguien echa de menos su cara más viejuna, “Step Into You” y “Cloud City” son los temas que quizás miran más al pasado, si bien mantienen la crudeza en el sonido y esas guitarras tan corpulentas. Por su parte, “Folding” se divide en una primera mitad abrasadora y una segunda mucho más limpia y atmosférica, dejando respirar al disco por un momento.

¿El comienzo de una segunda vida?

A pesar del lavado de cara, el grupo mantiene completamente la esencia de sus trabajos originales, gracias en gran parte a un Matt Talbott que sigue cantando con esa apatía tan típica de grupos como Pavement.

Es cierto que los fans del sonido más clásico de la banda quizás echen de menos esa cara más amable y clásica, pero lo cierto es que, a pesar del lavado de cara, el grupo mantiene completamente la esencia de sus trabajos originales, gracias en gran parte a un Matt Talbott que sigue cantando con esa apatía tan típica de grupos como Pavement.

Por otro lado, puede que el álbum peque de excesivo, con algún tema un poco menos inspirado y otros que quizás se alargan un poco más de la cuenta. A pesar de ello, Inlet es un esfuerzo muy digno y un trabajo que los fans agradecerán. Ojalá esto no sea una despedida sino una segunda vida, pero en el caso de que así fuera, sería un adiós por todo lo alto.

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