Moses Sumney

Moses Sumney –
græ

La obra de un joven lleno de ideas y temáticas para presentar al mundo, que cae bajo el peso de su propia ambición. Logra conformar su propia identidad, pero en el camino se olvida de que hay más que el ego en la música.

Si se tiene en cuenta la carrera de Moses Sumney hasta el momento, parecería que está listo para comerse el mundo. Ambos discos que ha sacado, Aromanticism en 2017, y ahora, græ, son el sonido de un hombre que ha pasado por tanto sufrimiento y estigmatización, que quiere dominar todo lo que tiene a su alcance — recrear el mundo a partir de un R&B bien enfocado en los tiempos pasados, con elementos electrónicos y psicodélicos que lo pondrían un paso por delante de mucha gente. No solo tiene el potencial para hacerlo en su capacidad como instrumentista, sino como vocalista, con una voz que parece trascender en su agilidad y destreza, como un ave en vuelo. Además, con este disco parecía imposible que no se apoderara de la conversación crítica, gracias a diversas colaboraciones que van desde Thundercat a James Blake, pasando por Daniel Lopatin a.k.a. Oneohtrix Point Never. Con todos estos rasgos, Moses Sumney no debería tener problemas arrasando a su competencia. Y, sin embargo, aquí estamos.

Reconciliar lo que es con lo que puede ser

Moses Sumney  busca hacer una interpretación libre del “soul psicodélico” del pasado, llevarlo a un entorno más fragmentado y de ambiente, para poder así romper con las expectativas de masculinidad bien tóxicas en su esencia.

No es que græ sea un mal disco, para nada. Es un disco ciertamente ecléctico, con una gran cantidad de ideas que están bien desarrolladas, y más que nada sabe muy bien lo que quiere hacer. Moses busca aquí hacer una interpretación libre del “soul psicodélico” del pasado, llevarlo a un entorno más fragmentado y de ambiente, para poder así romper con las expectativas de masculinidad bien tóxicas en su esencia.

Durante todo el disco, se mueve con una sensualidad acechada por la autoconciencia de su poder en la sociedad. Puede sacar un tema magnífico como la apertura que es “Cut Me”, en el que se deja llevar por unas trompetas que le cosquillean y raspan en el medio de un groove suelto. Mejor aún, puede sacar un tema discretamente furioso como “Virile”, en el que cuestiona el poder de su masculinidad inherente para contraponer unas guitarras de rock furiosas con su voz, que lleva una feminidad con gracia y decoro. No solo eso, si no que puede llevar una mezcla ocupada de “Neither/Nor”, donde la multiplicidad de su carácter — como es explicitada en “also also also and and and” — se presenta con mayor fuerza que nunca. “Dirán, ‘¿quién es él?’ Nadie”. Más contundente imposible.

Fotografía: Eric Gyamfi

Cuidado al jugar con fuego

Aunque trate de no hacerlo, Moses Sumney termina cayendo en las trampas de obsesión conceptuales que plagan a tantos artistas.

Pero, si hay algo que se nota durante la hora y cinco minutos de la duración del disco, son las limitaciones de Moses como músico. Tiene una ambición incansable y admirable, pero que parece cegarlo en varios momentos donde debería estar más atento a la historia que quiere contar. En pocas palabras, el problema es simple: no tiene suficiente comprensión sobre la creación de una atmósfera interesante.

Durante varios momentos, cree que algunas guitarras eléctricas o sintetizadores à la Peter Gabriel en su versión más melosa son suficiente para llevar baladas que merecen mayor atención, como o “Two Dogs” o “Keeps Me Alive”. Algo que no sería un problema fulminante si no fuese por el hecho de que no le salen demasiadas melodías o momentos cantables. Tiene una gran voz (y lo sabe), pero no parece darle el uso que merece.

græ es un disco que no se mueve demasiado, lo que hace que varios momentos, sobre todo en la segunda mitad, se queden cortos del espacio que merecen. Canciones como “Bystanders” o “Lucky Me” son temas que duran y duran, en los que la instrumentación parece ser una formalidad, ya que creen que la composición (ya estática) será suficiente para compensar esos sintetizadores que no parecen arrancar, y con percusión inexistente. Solo un tema como “Me In 20 Years” puede llegar a un núcleo emocional del que se puede agarrar, cuando la producción se acerca a tonos cercanos al ambient-pop de los ochenta, y Moses puede crear texturas amables y dañadas, como dormir al lado de alguien vacío. Puede plasmar una crisis existencial que se restringe a sí misma de una manera poderosa, lo que hace que sea una pena incluso más grande que el resto del disco no esté a la altura.

Siempre vuelve a lo mismo

græ encuentra sus momentos más elegantes en los más duros, donde las respuestas no son tan fáciles ni obvias.

Es muy fácil (demasiado fácil, incluso) tomar a alguien como Moses Sumney, con su voz extravagante, su musicalidad impecable y su manera de acceder a su lado femenino, y pensar en Prince. Pero eso sería una comparación incorrecta, ya que Moses se acerca a artistas más contemporáneos, su sexualidad está más disipada y todavía no ha afinado su carisma de una manera concreta.

Alguien que sí hace acordarse de Moses Sumney es Terence Trent D’Arby, un músico de finales de los ochenta que encontró gran éxito con sus primeros discos altamente conceptuales y con intenciones similares a las de Moses — hasta que el peso de su ambición fue demasiado para él y tuvo que reformar su identidad musical y personal hacia alguien que hace música para sí mismo y nadie más, ya que no podía remediar su perfeccionismo con su bajada de popularidad.

Moses Sumney tiene ideas (muchas, muy ricas y muy bien planteadas), pero le falta alguien que lo pueda sostener y guiar en la dirección correcta. Hay mucho futuro aquí, pero también mucha grasa — y necesita ser cortada para que lo bueno pueda florecer.

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