Jessie Ware

Jessie Ware –
What’s Your Pleasure?

Jessie Ware se deshace de todos sus miedos e inseguridades para entregarnos en What's Your Pleasure? un trabajo que homenajea la música disco de los ochenta sin dejar de sonar actual, consiguiendo un puñado de canciones capaces de sacar a la pista de baile a cualquiera.

El síndrome del impostor es, por desgracia, una faceta muy presente en muchos músicos y de la que tardan mucho tiempo en desprenderse, si es que alguna vez llegan a conseguir hacerlo del todo. A la británica Jessie Ware le golpeó de lleno cuando en 2012 probó las mieles del éxito con su álbum debut Devotion. Incluso siendo consciente de la calidad del disco, la presión que ella misma se imponía hizo que tuviese una relación algo complicada con la música. Hasta que, por fin, llega 2020 y con What’s Your Pleasure? Jessie Ware se libera de cualquier lastre para ofrece su cara más honesta, oculta y, sobre todo, bailable.

La cara más sensual de la autoconquista

Jessie Ware se muestra sin tapujos y nos entrega un disco totalmente discotequero que, sin suponer tampoco una completa ruptura con el pasado, nos deja ver una cara de la artista desconocida hasta ahora.

Desde que comenzó su carrera hasta ahora, la vida de Jessie Ware ha dado muchos giros. Desde ser madre dos veces hasta montar un podcast en el que invita a celebridades a cenar en su casa. Quizá sea esa estabilidad la que por fin le ha permitido encontrar cierta paz para mostrarse sin tapujos y entregar un disco totalmente discotequero que, sin suponer tampoco una completa ruptura con el pasado, nos muestra una cara de la artista que no habíamos visto hasta ahora.

Para ello, Jessie se ha aliado con James Ford, productor conocido especialmente por ser el brazo derecho habitual de Arctic Monkeys y que, una vez más, demuestra ser un todoterreno capaz no sólo de adaptarse a multitud de estilos sino de conseguir que reluzcan como el oro.

Fotografía: Press

Si la disco no viene a nosotros…

Los ochenta predominan en todas sus facetas, aunque sin sobrepasar nunca la línea del exceso. Hay momentos cercanos al chamber-pop y otros más próximos al dance y al synth.

Al contrario que con sus trabajos previos, en esta ocasión las canciones encuentran su lugar en la noche, en esos momentos de soledad en los que más reluce la necesidad que a veces sentimos hacia alguien, como esa apertura titulada “Spotlight” tan elegante y sugerente. Los ochenta predominan aquí en todas sus facetas, aunque sin sobrepasar nunca la línea del exceso. Hay momentos cercanos al chamber-pop y otros más próximos al dance y al synth, marcados por la sensualidad y bajo el lema de “las noches están para decir todo aquello que no puedes decir durante el día” que cantaba Alex Turner en “Do I Wanna Know?”. 

Es en esta zona donde se mueven temas como la homónima “What’s Your Pleasure?”, donde Jessie invita a su pareja a dejarse conquistar, o el dueto de “Ooh La La” y “Soul Control”, de carácter totalmente funky, donde los sintes son los encargados de añadir texturas muy diversas y un tono a medio camino entre la nostalgia y el deseo, similar también al Future Nostalgia de Dua Lipa, aunque con ciertos resquicios todavía de Kate Bush que a veces la acercan más a esta que a Madonna.

… nosotros montaremos nuestra propia disco

Al contrario que con sus trabajos previos, en esta ocasión las canciones encuentran su lugar en la noche, en esos momentos de soledad en los que más reluce la necesidad que a veces sentimos hacia alguien.

Tampoco se mueve nada mal en los terrenos más cercanos al techno y al house, con canciones como “Save A Kiss” o “Adore You” en las que deja que la melodía se desarrolle lentamente hasta llegar al clímax, o una “In Your Eyes” con ese aire a peli de James Bond. No son las canciones más destacables del álbum, pero le dan un respiro frente a temas como “Step Into My Life” o “Read My Lips” que, si bien funcionan mejor, dentro del disco suenan un poco a más de lo mismo.

Es en el tramo final donde consigue remontar del todo, especialmente con esa apoteósica “Remember Where You Are” elevada totalmente por unos coros y una sección de cuerdas que la convierten en un tema épico sin llegar nunca a sobrepasarse.

Comedido en cada una de sus partes, excesivo en su conjunto

A pesar de ser un trabajo comedido, bien orquestado y equilibrado, acaba excediéndose en su duración y en su número de temas, no por ser tampoco demasiado largo, sino por esa repetición de estilos y de canciones con tempos muy similares.

Es una lástima que siendo un trabajo tan comedido, tan bien orquestado y tan equilibrado acabe excediéndose en su duración y en su número de temas, no por ser tampoco demasiado largo, sino por esa repetición de estilos y de canciones con tempos muy similares que acaban dándole cierta sensación de monotonía. A pesar de ello, es un pecado muy menor en un trabajo lleno de grandes canciones que muestran a una artista más confiada que nunca.

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