Descafeinado para los muy cafeteros

Triángulo de Amor Bizarro tenían todo un reto entre manos: presentar su disco en la nueva normalidad. Como Cenicienta a punto de dar las doce, los gallegos pusieron todo de su parte en una noche inolvidable, para bien y para mal

Con su destacado álbum homónimo bajo el brazo, Triángulo de Amor Bizarro daban dos conciertos en Madrid y Barcelona a modo de presentación tardía, casi cuatro meses más tarde de su publicación. Apenas unas horas después de haber finalizado su concierto en el Parc del Fòrum, el Primavera Sound anunciaba que el ciclo Nits del Fòrum, del que el concierto que nos ocupa formaba parte, se aplazaba hasta el 1 de agosto por la situación en Barcelona. Esa situación que todos conocemos y por tanto no hace falta nombrar. La infame nueva normalidad tardó poco en irse a pique, pero al menos pudimos disfrutar de la (ligeralmente agridulce) velada.

Mientras subo la rampa del Fòrum siento mariposas en el estómago, como siempre, pero cuando al final no diviso el control de pulseras he de admitir que se me rompe un poco el corazón. Este año nos han quitado (entre muchísimas otras cosas) la vidilla del verano: los festivales. Como una tirita en una herida que necesita puntos de sutura, se han anunciado conciertos sentados, distanciados y, en definitiva, insípidos. El público va tomando sus asientos y veo pasar múltiples camisetas de TAB, se nota que muchos fans esperaban este concierto desde hace meses. Tras encontrar mi sitio y regodearme con todo el espacio a mi alrededor, pienso que más que un concierto parece un autocine, cada uno con su respectiva parcela, y los pocos afortunados que han venido en pareja o en grupos pequeños arrimados unos a otros.

El concierto de los gallegos hizo honor a su nombre al ser una experiencia verdaderamente bizarra. Bizarra como la palabra inglesa de la que proviene: no valiente (que un poco también), sino rara y anormal. Poco tuvo que ver, eso sí, con la propia actuación del grupo, que se entregó al público en la escasa hora y cuarto que duró el set.

Sin teloneros, Triángulo de Amor Bizarro se suben puntuales al escenario, agradeciendo al público por venir dadas las circunstancias y asegurando que nunca olvidarán este concierto. Cuando empiezan a tocar “No Eres Tú”, la gente se agarra literalmente a las sillas para no levantarse (no se debe, excepto para ir a las barras) y se miran unos a otros intensamente. Las voces suenan desangeladas sin los coros del público, pero es que es bastante incómodo desgañitarse con mascarilla. Parece que hubiese que hacer un esfuerzo para estar presente, a diferencia de un concierto normal en el que los codazos de los vecinos y los gritos en la oreja se encargan de hacerlo. En definitiva, se echa en falta la comunión forzada con esa masa de gente que te rodea ante el escenario, porque si te despistas mirando el móvil puede hasta parecer que estás escuchando un disco.

Poco a poco, TAB van recorriendo las canciones de su último disco y alguna destacada de los anteriores (aunque se dejan muchas atrás por falta de tiempo). Cuando empieza “Ruptura” y a  falta de pogos, la gente se resigna a levantar los brazos en el aire y agitarlos, tratando de dar salida de alguna forma a toda esa energía que se sublima bajo la piel. Ocasionalmente, alguien se levanta y se marca un bailecito en su correspondiente metro cuadrado, para volver a sentarse rápidamente, estilo Marge. No pensaba que fuera posible, pero una casi llega a echar de menos el sudor ajeno en tu espalda, sonreír a alguna desconocida que también está siendo escachada o que te tiren una cerveza por encima de vez en cuando.

Isa introduce “ASMR para ti”, claramente una de las favoritas del público, con un “para todas las cosas perdidas que queremos” (a.k.a. que vuelvan los conciertos normales). “Cura Mi Corazón” sigue su estela etérea. La voz brillante de la cantante y bajista destaca durante todo el concierto. Mientras aún flotas en una nube tras la delicada canción, toca recordar al público que hay que ponerse la mascarilla después de beber el cubata, volviendo a romper la magia. El público jalea ese “cuando te follen las fuerzas” de “Barca Quemada” en uno de los momentos álgidos del concierto. O eso parece, porque con la mascarilla es bastante fácil dar el pego sin saberte bien la letra.

Tras terminar “De la Monarquía a la Criptocracia”, se encienden las luces de inmediato y se pide al público que desaloje ordenadamente. No se concede siquiera la falsa ilusión de un bis. Te quedas un poco rezagada en el puesto del Aperol mientras pincha Sama Yax e intentas reconocer a tus amigos entre la multitud enmascarada. Se ha acabado la noche y tú ni te habías llegado a meter en el papel del todo. Media vuelta y a volver por donde has venido. Al día siguiente te levantas dudando si de verdad anoche estuviste en un concierto.

Estoy profundamente agradecida de haber vuelto a vivir la música en directo, pero la experiencia es tan extraña y tan poco parecida a the real deal que una parte de mí piensa que sería preferible hibernar hasta que todo esto haya pasado y podamos ir a un concierto en condiciones normales. Pero la otra parte, la más razonable, piensa que si esto es lo que hay pues bienvenido sea. Nos toca a los asiduos a conciertos y clientes de las tiendas de discos ser responsables y apoyar (en la medida de lo posible) a los grupos y a la industria, profundamente afectados por la situación. No me queda duda de que volveremos a emborracharnos, enamorarnos, a llorar, a reír, a bailar y a sentir en los conciertos. Mientras tanto, nos conformamos con la versión descafeinada.

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