Arca

Arca –
KiCk i

Arca está de vuelta y eso siempre es motivo de alegría y alboroto. Sin embargo y tal vez porque teníamos unas expectativas demasiado altas, parece que en este KiCk i se queda a medio camino entre lo que quería transmitir y lo que nosotros mismos queríamos escuchar. Hay discurso y producciones brillantes, pero en ocasiones se pierde el mensaje en pos de una rabia que parece no saber gestionar del todo.

¿Qué demostrar cuando ya lo has demostrado todo? Los últimos años (centrándonos en el apartado artístico) han debido ser duros para Arca. Esta década ha sido prolífica y llena de logros para la venezolana, pero convendría señalar la presión a la cual debe estar sometida la productora. Desde que la conocimos con sus primeros EPs y producciones a otros artistas, se ha presentado como la encargada de reinventar el pop, una mesías, una figura cuyo arte se encontraba millas por delante del resto. Su figura ha suscitado siempre interés y cada lanzamiento se escudriñaba con lupa. Pero, tanto tiempo después de haber roto todos los esquemas, me pregunto: ¿qué hacer cuando ya has dado todos los giros posibles a tu música? La respuesta no es sencilla: dejar de reinventar tu obra para reinventarte a ti misma y dotar de un discurso e intención a tus composiciones.

¿Qué hacer cuando está todo hecho?

Arca es esa mujer dura cuya ambición no es solo demostrar sus grandes habilidades como productora, sino que busca aprovechar su posición para lanzar un discurso en contra de ese mundo que la rodea y no la ha aceptado.

Arca ha sido nombrada artista de la década en algunos medios y con motivo: definió el sonido vanguardista de FKA twigs, trabajó con Kanye West, produjo Vulnicura y Utopia de Björk y, a lo largo de su carrera en solitario, ha ofrecido un nuevo enfoque para la música: la canción como ente sin forma, maleable. Mutante. Con cambios de paradigma a mitad de discurso. Música inexplicable e imprevisible que te hipnotiza. Pero vuelvo a cuestionarme las intenciones de Arca para esta nueva década en la que entramos: ¿hasta cuándo puedes estar sorprendiendo con este discurso? ¿Cuál es el siguiente paso? La respuesta se empieza a entrever: el siguiente paso reside en descubrir al mago detrás de la cortina.

Allá en 2017, con aquel homónimo Arca que iniciaba su relación con XL Recordings, la productora dio un vuelco a su música para empezar a mostrar al personaje que se hallaba detrás de Xen y Mutant. Siguiendo los consejos de Björk, cogió el micrófono y entonó una serie de versos con una voz frágil, exhibiendo el carácter quebradizo de ese personaje mutante y extraño. Resultó que no había un robot ni un ser impasible liderando aquellas producciones tan apabullantes; detrás de todo artificio y performance encontramos a una venezolana con ganas de hablar sobre sus últimos años llenos de cambios.

Fotografía: Hart Lëshkina

Lo que no te mata te hace más fuerte

Arca ha sido reconocida como artista de la década y su legado musical es incalculable, pero cuando los altavoces se apagan y el show se acaba, se enfrenta al mundo real. Ese que no aprecia a artistas fuera de la norma, ese que a estas alturas aún es homófobo y machista.

Si Arca nos mostró las debilidades de la artista, este nuevo álbum nace con la intención de dar un golpe sobre la mesa y mostrar sus fortalezas. He dejado bien claro hasta aquí que Arca ha sido reconocida como artista de la década y su legado musical es incalculable, pero cuando los altavoces se apagan y el show se acaba, se enfrenta al mundo real. Ese que no aprecia a artistas fuera de la norma, ese que a estas alturas aún es homófobo y machista. Ese que insulta a Arca mientras anda por la calle en Valencia. En este caldo de cultivo se mueve Arca y parece desarrollar su nueva placa: KiCk i.

Aquel Arca y estos últimos años de debilidad han sido necesarios para que su auténtico ser haya podido salir a la palestra. Arca es esa mujer dura cuya ambición no es solo demostrar sus grandes habilidades como productora, sino que busca aprovechar su posición para lanzar un discurso en contra de ese mundo que la rodea y no la ha aceptado.

Al menos sobre el papel, por desgracia. Mientras SOPHIE (por citar un ejemplo) encontraba un delicioso equilibrio entre forma y discurso sobre identidad sexual con su OIL OF EVERY PEARL’S UN-INSIDES, Arca se deja llevar demasiado por la agresividad y la venganza sin hacernos llegar un mensaje claro a lo largo de los casi cuarenta minutos que dura su nuevo álbum. ¿Qué quieres decir, Arca, mientras arrasas con tus canciones mutantes?

Fotografía: Hart Lëshkina

Forma vs. Contenido

Si bien el grueso del trabajo está conformado por un acercamiento más pop en la música de Arca, en muchas ocasiones las canciones sufren tal deconstrucción que, lejos de mostrarnos un núcleo o una nueva realidad como en el caso de la propia persona de Arca, nos dejan con más preguntas que respuestas.

A lo largo de KiCk i encontramos algunas constantes que terminan de dar sentido global a este collage sonoro que, de otra manera, se caería por su propio peso. Si bien el grueso del trabajo está conformado por un acercamiento más pop en la música de Arca, en muchas ocasiones las canciones sufren tal deconstrucción que, lejos de mostrarnos un núcleo o una nueva realidad como en el caso de la propia persona de Arca, nos dejan con más preguntas que respuestas. ¿Acaso es un todo por el arte? ¿Será que no estoy preparado para apreciar y entender todo este discurso?

Al final, aunque encontramos momentos de debilidad, KiCk i es un trabajo reivindicativo. Rabioso. Vengativo. Sin embargo, en ocasiones Arca se deja llevar demasiado por esta actitud y termina errando el tiro. La producción es impecable, sin duda, y en canciones como “KLK” reivindica de forma admirable ritmos y sonoridades de su Venezuela natal; sin embargo, nos topamos con una dicotomía aquí y allá: o bien el discurso se ve completamente ahogado por las formas en las que se presenta, o bien cuando nos adentramos en él vemos que hay más actitud que reivindicación. Discurso vacío basado meramente en su forma, en definitiva.

Cuando mejor funciona este KiCk i, tanto a nivel musical como a nivel discursivo, es cuando Arca abraza sonoridades más tranquilas y hace lo que mejor se le da: abrir un nuevo sendero en la música pop. Hablaré de sus acercamientos al deconstructed club y a la incomodidad melódica, pero los highlights del álbum no los encontramos ahí. 

Arca funciona mejor en el intimismo, en “Calor” (más cercana, gracias a la producción vaporosa y la voz en falsete, a las coordenadas del Arca) y en esa “No Queda Nada”, una carta de amor a su pareja cuya musicalidad nos retrotrae fácilmente al Homogenic de Björk y con la que cierra el esfuerzo. También sobresale en esos singles de pop sensual y elegantísimo que nos muestran a una Arca más “comercial”: “Machote” y su carácter algo más R&B y el synth-pop de “Time”, segundo adelanto del trabajo y una de las mejores producciones de la artista gracias a esa melodía accesible que detrás esconde un mar de texturas, elementos que te sorprenden y un juego vocal delicioso.

El discurso se apodera de la canción

O bien el discurso se ve completamente ahogado por las formas en las que se presenta, o bien cuando nos adentramos en él vemos que hay más actitud que reivindicación. Discurso vacío basado meramente en su forma, en definitiva.

No puedo evitar pensar que hay algo que se me escapa, y entonces acudo a la portada para buscar pistas. En el arte de KiCk i encontramos a Arca sobre una estructura que pudimos ver en los vídeos y presentaciones de su trabajo anterior: una suerte de androide amenazador que contrasta con la mirada melancólica que muestra en la imagen. Las canciones que he mencionado hasta ahora desprenden esa tristeza, mientras que el resto del álbum, por contra, son ataques de este ser biónico. Una hostia detrás de otra con una producción envidiable pero cuyo problema reside en que no conoce tregua. Lejos de atacar únicamente a las personas que la hirieron, Arca destroza por igual a todo el mundo porque ya es tarde: no hay paz ni la habrá, y ese parece ser el mensaje que más predomina en el álbum.

Tal vez fuera necesario que Arca se presentase con esta vena más ácida. Tal vez en unos años eche la vista atrás, vea la luz y reconozca este esfuerzo, pero de momento, la sensación que da es que la producción se come al discurso. “Nonbinary”, su carta de presentación, ya nos lo dejaba entrever. Con esta composición se presenta al mundo, pero lo único que quedaba claro es que viene más guerrera que nunca al clavarnos sus garras. Las proclamas que canta/rapea/susurra nos indican el cambio, pero los ruidos de disparos y la producción brutalista son los encargados de ratificar un hecho que se repetirá a lo largo de KiCk i.

Es la batalla entre actitud y contenido lo que tira por tierra, a veces, las canciones de este trabajo. Cuando nos tira bombos distorsionados y sintetizadores metálicos sólo sentimos dolor y perdemos de vista el mensaje y cualquier intención oculta detrás de estas decisiones artísticas. Es con la producción vocal cuando vemos el verdadero ser de la artista. Cada vez que canta Arca nos muestra una faceta distinta de su ser. No es solo la mujer que canta en “Time” ni el hombre dolorido de “No Queda Nada”. Ni tampoco ese robot de los estribillos de “Machote”. Es un compendio de este todo intangible y maleable. No es el mutante que conocimos anteriormente, es esa persona que vemos en portada, dolorida, que solo busca comprensión.

Pero por desgracia parece que es una conclusión a la que llego por necesidad. Siento que debo de llegar a esta reflexión para justificar todo el álbum que escucho. Hay ocasiones en las que la idea se palpa fácilmente, como en “Mequetrefe” (otra de las grandes canciones del álbum donde encuentra el punto medio ideal entre experimentación y mensaje al reivindicar que hay que ignorar las críticas y ser una misma). Pero “Riquiquí”, al igual que “KLK” con Rosalía, ignoran en cierta manera todo discurso reivindicativo para mostrarnos que Arca es capaz de hacer un reggaetón futurista. ¿Acaso había duda de esto?¿Necesitamos un ejercicio de estilo vacío pudiendo haber sido aprovechado para algo más?

Colaboraciones desaprovechadas

De no ser un álbum que reivindique esta libertad artística que siente, no hay forma posible de explicar el tramo medio-final de KiCk i.

A lo mejor le estoy dando demasiadas vueltas. A lo mejor este álbum no tiene tanto discurso y en ocasiones busca reivindicar la diversión de la cual se ha podido haber visto arrebatada Arca. Tal vez la venezolana quiera aliviar tensiones y no convertirse en el altavoz que parece obligada a ser por su situación. Me gustaría pensar que no es así porque perdería el sentido cualquier comentario vertido por mí hasta ahora. Sin embargo, de no ser un álbum que reivindique esta libertad artística que siente, no hay forma posible de explicar el tramo medio-final del álbum.

¿Qué es esa colaboración con Björk? “Afterwards” es un poema de Machado recitado por la islandesa (monitorizada por Rosalía, para cuidar la pronunciación) que bien podría haber salido del Utopia, pero aquí no aporta demasiado ni musical ni líricamente. Desde aquí hasta “Machote” encontramos a Arca dando una lección de deconstructed-club industrial pero cuyo contenido resulta escaso. “KLK” resalta por su ritmo latino entre una producción ácida, pero “Watch” con Shygirl, “Rip the Slit” y “La Chiqui” con SOPHIE (la colaboración más desaprovechada de todo el álbum) parecen la misma canción con distinto acercamiento. A nivel de producción encontramos elementos sublimes, pero si bien antes Arca iba siempre un par de pasos por delante del resto de productores, aquí demuestra que el resto de artistas de la PC Music van a su par; no encontramos nada que no haya podido hacer el A. G. Cook más salvaje o la GFOTY menos pop. ¿Acaso su llama se está apagando?

¿Esperábamos demasiado?

Tal vez Arca no buscase criticar la sociedad cis-heterosexual que tan mal se lo ha hecho pasar. Quizá haya querido pasar página y reivindicar la cultura club, sus raíces latinas y la diversión, pero escuchando KiCk i y sin ser capaz de extraer una conclusión clara, no puedo evitar pensar que, tal vez, ella tampoco tuviera claro que quería decir.

Tal vez la culpa sea mía por esperar demasiado, pero comprendedme. Viendo la evolución de Arca en estos últimos años y a tenor de los adelantos, en los que mostraba una producción brillante y un discurso potente, cabía esperar uno de los álbumes más revolucionarios de los últimos años. Ojo, musicalmente es brillante y ya le gustaría a más de uno ser capaz de firmar producciones así, pero al final no nos ha demostrado nada nuevo. Ya sabíamos de la capacidad de Arca para asombrarnos con sus collages sonoros; ahora, por desgracia, nos sorprende demostrando que no es capaz de gestionar del todo bien el equilibrio entre colaboraciones, discurso y forma.

KiCk i se disfruta y resulta entretenido desentramar las capas por las cuales está formado, pero en el Olimpo de este tipo de trabajos seguirá reinando SOPHIE con su catártico OIL OF EVERY PEARL’S UNINSIDES. Sin duda, tengo curiosidad en ver los siguientes pasos de Arca, pero no me enfrentaré a ellos con tanta expectación o en busca de tanta reivindicación. Al final, Arca tal vez no buscase criticar la sociedad cis-heterosexual que tan mal se lo ha hecho pasar. Quizá haya querido pasar página y reivindicar la cultura club, sus raíces latinas y la diversión, pero escuchando KiCk i y sin ser capaz de extraer una conclusión clara, no puedo evitar pensar que, tal vez, ella tampoco tuviera claro que quería decir.

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