Futuro Terror

Futuro Terror –
Sangre

Sangre es un disco en el que Futuro Terror sin duda han puesto mucho corazón, pero poca cabeza. Buscaba ser directo y radical, pero el resultado es un elepé cuyo discurso político saca su fuerza del instinto más que del análisis. Su mitología revolucionaria y su crudeza sonora pueden ser muy eficientes, pero al quemar tan deprisa sus cartuchos la brusquedad pierde significado, mientras sus temas más reflexivos atesoran las letras más sugerentes.

La última referencia hasta la fecha del power trio levantino Futuro Terror, Precipicio (2017), supuso un gran salto estético y cualitativo respecto a su anterior trabajo Su nombre real es otro (2016). Una forma más sugerente y compleja de entender lo inquietante despejó esos aires de horror pulp del segundo trabajo, describiendo atmósferas contundentes hasta la asfixia por medio de un imaginario vanguardista de inspiración soviética. A nivel sonoro, el paso de la banda por la discográfica BCore (Cala Vento, Nueva Vulcano, The New Raemon) marcó un salto cualitativo en la producción, al poner a punto su sonido inmediato y privado de artificio (ya optaron en su día por grabar en directo y en una sola toma los trece temas de Su nombre real es otro) para dar cuerpo y presencia a las líneas melódicas.

Salir del Precipicio para tomar el fusil

Sangre es el relato de ese asalto a su propio Palacio de Invierno y de cómo esta vez el crucero Aurora no apuntó sus cañones tan bien como esperaban.

El guitarrista y cantante de Futuro Terror, José Pazos, ya declaró en su día que su intención para con Precipicio era romper de forma notable con el sonido de sus trabajos anteriores, pero el resultado final “no fue algo diferente, sino solo algo mejor hecho” que sus predecesores. Considerar Precipicio como un álbum continuista o no es una discusión aparte, pero parece obvio que la espinita de lo que casi consiguieron se les quedó clavada a los chicos de Futuro Terror y no han dejado de pensar en ella desde entonces. El paso lógico, tras un parón creativo en el que se dedicaron a sus proyectos paralelos, era volver al estudio y provocar por fin esa ruptura, aunque hiciera falta dinamita para abrir la grieta. Sangre (2020) es el relato de ese asalto a su propio Palacio de Invierno y de cómo esta vez el crucero Aurora no apuntó sus cañones tan bien como esperaban.

Fotografía: Carla Ferreria

Héroes del pueblo, caídos pero no olvidados

A pesar de las intenciones de Futuro Terror, son sus temas más reflexivos y pausados, y no sus fogonazos de rabia política que a veces resultan insinceros, los que más hacen por sostener y cohesionar el tracklist de Sangre.

Futuro Terror siempre han sido claros con el componente político de sus letras, pero con Precipicio el comentario social dio un paso al frente con especial maestría, de un modo quizás comparable al excelente Sentido del Espectáculo que Biznaga (otro de los nombres clave en esta estética de joven punk intelectual) publicó aquel mismo 2017. Lejos de esa sugerencia, Sangre no se anda con rodeos a la hora de plantear sus temas, inspiraciones y contenidos políticos, aunque no siempre con buena fortuna.

Komsomol” es uno de los mejores ejemplos de cuándo este nuevo enfoque creativo, decidido y sin ambages, sale bien, gracias a su imaginería bélica asentada en el imaginario soviético (se llamaba komsomol a un militante de las juventudes del Partido Comunista de la Unión Soviética, como los soldados caídos frente al ejército nazi a los que el tema rememora), su ritmo acelerado y constante y su sonido a caballo entre la melancolía y la arenga.

Algo parecido podría decirse de la más cruda y sincopada “Armen” (nuevo recuerdo a otro joven soldado muerto en batalla, esta vez de la República de Artsaj), de la breve “Mañana” que suena como la despedida de quien parte a la batalla sabiendo que no volverá o de “Rukeli”, que recuerda al así apodado boxeador alemán Johann Trollmann, desposeído por las autoridades nazis de sus títulos y enviado a un campo de concentración por su origen gitano, cambiando el frenesí punk por un sonido vagamente western construido con paciencia.

No, no sabemos qué hacer

La constante referencia al enfrentamiento y al sacrificio (la sangre derramada por una causa mayor es, quizás, el símbolo más preeminente de este álbum), así como el incesante recurso a la simbología soviética, termina por hacerse tan evidente que parece poco más que folclore y lastra a temas enteros incluso en el plano sonoro.

No obstante, esta constante referencia al enfrentamiento y al sacrificio (la sangre derramada por una causa mayor es, quizás, el símbolo más preeminente de este álbum), así como el incesante recurso a la simbología soviética, termina por hacerse tan evidente que parece poco más que folclore y lastra a temas enteros incluso en el plano sonoro. “Consejo Obrero” se apoya en una progresión de acordes que más que disonante parece irreflexiva, una excusa musical para un discurso sociopolítico agresivo, pero poco profundo.

Lo mismo puede decirse de “Qué Hacer”, un eco menos inspirado de aquella feroz “Aburrimiento sin ti” de Precipicio (de la que sin ninguna vergüenza rescata la rima de posmoderno con enfermo) que invierte más esfuerzo en criticar “lo transversal” y “el sentimentalismo” mediado por la prensa que en responder a esa pregunta que ya se hacía Vladimir Lenin en su obra homónima; quizá es que ellos ya saben qué hacer, aunque decidan no compartirlo con el resto. Mejor suerte corre “Matar / Dejar Morir”, una declaración del abandono del individualismo en su ideología (y también en sus letras, seguramente).

Fugaces instantes de pausa

Combatir desde el instinto funciona en las distancias cortas, pero esos excesos, sea en la música o en la acción política (que nadie piense que están tan separadas), queman rápido el combustible y sus discursos acaban, como le ocurre a Sangre, varados antes de llegar a ninguna parte.

A pesar de las intenciones de Futuro Terror, son sus temas más reflexivos y pausados, y no sus fogonazos de rabia política que a veces resultan insinceros, los que más hacen por sostener y cohesionar el tracklist de Sangre; uno, cabe decir, cuya producción adolece una falta absoluta de cuerpo y presencia tras su regreso a Humo Internacional (Pablo Und Destruktion) desde BCore. No obstante, son precisamente estas canciones las que más partido sacan a ese sonido crudo y distante.

Territorio Devastado” es un apesadumbrado paseo por espacios yermos, lleno de imágenes certeras (“Un paisaje sin significado, lo nuevo parece usado, donde no hay identidad”), mientras que “Frío” y “La Guerra y el Universo”, primer y último tema de este escueto álbum, parecen rimar entre sí con su impresión de encontrarse en mitad de un desolado campo de batalla, reflexionando sobre cuán mísera es la guerra. Y aunque son temas lúgubres, que no buscan la instigación o la llamada a una praxis poco concreta, motivan la introspección sobre el presente y nuestro papel en un futuro que se presenta sórdido pero merece ser mejor.

Porque en una coyuntura como esta que nos toca vivir, que ha frenado el planeta y expuesto los precarios ardides de un capitalismo insostenible, es imposible que tengamos claro qué hacer; quien diga lo contrario, creo yo, o miente o yerra. Combatir desde el instinto funciona en las distancias cortas, pero esos excesos, sea en la música o en la acción política (que nadie piense que están tan separadas), queman rápido el combustible y sus discursos acaban, como le ocurre a Sangre, varados antes de llegar a ninguna parte, solos con su rabia y símbolos desvaídos de tanto usarlos.

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