Rolling Blackouts Coastal Fever

Rolling Blackouts Coastal Fever –
Sideways to New Italy

Si buscas innovación y experimentación será mejor que salgas corriendo, porque el nuevo trabajo de los Rolling Blackouts Coastal Fever es continuista como él solo. Lo cual no es nada malo, ya que los australianos demuestran una vez más que son los mejores orfebres del pop guitarrero con aroma veraniego.

Una idea preconcebida que aún perdura es que si una canción es triste se debe a que se ha compuesto en un momento triste. Y al contrario. Tendemos a pensar que es en los momentos de bajona máxima cuando salen las melodías más dolorosas y bellas, pero, en muchas ocasiones, nada más lejos de la realidad. Es cuando eres capaz de ver esos momentos con perspectiva cuando eres capaz de escribir sobre ellos. A los Rolling Blackouts Coastal Fever parece ocurrirles lo mismo. Sus canciones suelen venir de lugares y momentos fríos, pero al igual que ocurría con su debut, Sideways to New Italy (2020) es otro disco muy refrescante y con un sabor completamente veraniego.

Nuevos profetas del jangle-pop

Sideways to New Italy es un disco continuista, y esa es la mayor pega que se le puede poner después de escuchar sus diez canciones.

No creo que sea tanto cosa del propio grupo en sí como de los géneros entre los que se mueven, ese jangle-pop y esas canciones que tanto beben del Dunedin Sound y de los siempre imprescindibles The Clean o The Go-Betweens (algunos estarán cansadísimos de verlos citados cuando se habla de este tipo de grupos, pero seguirán siendo desconocidos para muchos otros). Los Rolling Blackouts Coastal Fever siempre se han movido en esa senda de guitarras luminosas, fraseos y melodías amables e increíblemente pegadizas y canciones directas que no nos hacen rogar demasiado por el estribillo memorable de turno.

Y es que si en Hope Downs (2018) la fórmula funcionaba tan bien, ¿por qué no repetirla aquí? Sideways to New Italy es un disco continuista, y esa es la mayor pega que se le puede poner. Es la que, a la vez, nos hace preguntarnos cuánto podrá estirar la banda el chicle hasta que pierdan esa frescura. Porque aunque “Sunglasses at the Wedding” muestra que tampoco se mueven mal en una cara más calmada y apacible, está claro que su punto fuerte son las guitarras más aceleradas. Pero el jangle-pop nunca estuvo hecho para perdurar (salvo en contadas excepciones) y, al final, lo importante es que aquí el grupo sigue funcionando y entregando un puñado de temas que, a pesar de no sorprender, se quedan para el recuerdo.

Fotografía: Peter Ryle

Guitarras más cristalinas que las aguas australianas

El jangle-pop nunca estuvo hecho para perdurar (salvo en contadas excepciones) y, al final, lo importante es que aquí el grupo sigue funcionando y entregando un puñado de temas que, a pesar de no sorprender, se quedan para el recuerdo.

Hay muchos momentos memorables aquí, como el de ese pop tan soleado de “Falling Thunder” que recuerda vagamente a R.E.M. y que consigue alargarse hasta los cuatro minutos sin aburrir en ningún momento. Y recalco esto porque es quizás el cambio más notorio respecto al debut, donde los temas se aferraban más a los tres minutos e incluso menos. Aquí la banda se permite mayores homenajes y se recrea con mucho gusto y unos arreglos ejemplares para cualquier banda de pop guitarrero.

Ahí quedan la eléctrica “She’s There”, ese amago de pop surfero que es “Not Tonight”, la intención de balada en “Cameo” o el cierre con cierto aroma alt-country de “The Cool Change”, todas con unas guitarras tan cristalinas y unas subidas en los estribillos que hacen que los temas cabalguen solos. Tampoco queremos olvidarnos del bajo, que aunque puede pasar más desapercibido de primeras, hace un trabajo excelente (“The Only One” es la mayor muestra de ello).

Haciendo más verano el verano

En este nuevo disco, Rolling Blackouts Coastal Fever se permiten mayores homenajes y se recrean con mucho gusto y unos arreglos ejemplares para cualquier banda de pop guitarrero.

Pero si hay una canción que destaca por encima de todas las demás y que saca a relucir todo el potencial de esta banda esa es, sin duda “Cars In Space”. La más urgente y quizá menos cálida (junto a ese arranque de “The Second of the First” con su deje post-punk), en parte debido a su letra, que habla de la ruptura de una pareja que discute sus últimas palabras en un coche. Las guitarras no dejan de ir a más, con una letra que va y viene sobre sí misma para frenar un momento antes de meternos en un break instrumental que te hace querer volver a ella una y otra vez. Es seguramente uno de los momentos más álgidos que hemos visto y que veremos ya no en este disco, sino en toda la carrera de los Rolling Blackouts C.F.

No creo que nadie que acuda a un disco de jangle-pop lo haga buscando innovación ni originalidad, pero si aun así hay alguien, seguramente un trabajo como este sea capaz de hacerle ver que no siempre es necesario eso, que a veces es suficiente con que haya buenas canciones (y de eso este disco está repleto). Quizá no llegue a las cotas del primero en general y se sienta un poco menos fresco, pero ahí donde otras bandas ya llevan tiempo dando sus últimos coletazos y perdiendo lo que un día les hizo divertidas, como es el caso de Real Estate, Rolling Blackouts Coastal Fever consiguen que mantengamos la fe. Puede que este año muchos no podamos ir a la playa o que vivamos un verano más raro, pero con discos así es imposible que el sentimiento veraniego desaparezca.

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