Oranssi Pazuzu

Oranssi Pazuzu –
Mestarin Kynsi

La versión corta de esta reseña sería: si había dudas sobre cuál es la mejor banda contemporánea de heavy metal, Oranssi Pazuzu las despejan todas con su quinto LP. Mestarin Kynsi es, más que un puñetazo en la mesa, una demostración obscena de saber hacer, de mezclar géneros y de conseguir atemorizar mediante la música.

Al margen de las eternas e intrascendentes polémicas que habrá a final de año para elegir el mejor disco, más nos valdría ser conscientes de que, en un año tan raro y oscuro en casi todos los demás aspectos de la vida, están saliendo una cantidad inusitada de trabajos sobresalientes en todos los géneros musicales. No es que los amantes de la música podamos considerarnos especialmente afortunados, teniendo en cuenta la sequía de conciertos en la que estamos inmersos, pero es de agradecer que haya este nivel de nuevos discos para sobrellevarlo.

Género: horror cósmico

Si en Waste of Space Orchestra abrían las ventanas del llamado post-metal con una instrumentación expansiva y espacial, esta vez se ponen obsesivos y (muy) electrónicos. Con todo, Mestarin Kynsi podría entenderse como el anverso siniestro de Syntheosis.

El heavy metal no es una excepción, y discos como Old Man Gloom (por partida doble), Paradise Lost o Fluisteraars, por citar unos pocos, han demostrado que ni la COVID-19 ha evitado que el género siga creciendo y expandiéndose. Pese a ello, hay que reconocer una verdad independiente del virus y anterior a él: el metal ha perdido su capacidad de dar miedo. Fundamentalmente, porque no cuenta con el factor sorpresa de sus orígenes. Uno ve a unos melenudos vestidos de negro encima de un escenario y, en líneas generales, ya sabe lo que le espera, incluso aunque no haya escuchado en su vida a esa banda o el estilo que practique. Ruido alto, invocaciones a Satán, distorsión altísima, muros de amplificadores, una batería empeñada en tirar abajo la sala, riffs imposibles de seguir (por rápidos o por lentos), voces guturales, o chillidos infernales. Todo muy imponente, sí, pero ya casi más familiar que amenazante por la fuerza de la costumbre.

Por eso personalmente le doy un valor añadido a los grupos que innovan dentro del heavy metal y consiguen inocularte en las venas esa adrenalina derivada del miedo a lo desconocido, a no saber qué viene a continuación. Porque en el heavy metal se parte de unos principios, usos y formas muy teatrales y fácilmente parodiables, que suponen un obstáculo adicional para aquellos artistas no quieren caer en el cliché inmediato.

Fotografía: Promo

Dos caras de la misma moneda

Ese abismo desde el que retumbaban gritos y tambores casi desnudos de repente se ha llenado de sintetizadores y loops salidos de Minas Morgul, y en él se cimenta este Mestarin Kynsi.

El caso es que Oranssi Pazuzu es uno de esos grupos. En mitad de la cuarentena han vuelto a la carga tras aquel brutal Syntheosis del pasado año, obra del proyecto paralelo que montaron junto a sus compatriotas Dark Buddha Rising, bajo el alias de Waste of Space Orchestra. Y pese a que el disco que nos traen en esta ocasión es un retorno a la formación tradicional del demonio naranja (eso es lo que significa, grosso modo, el nombre de la banda), sí se puede entender como el anverso siniestro de aquel.

Y es que donde Waste of Space Orchestra abrían las ventanas del llamado post-metal con una instrumentación expansiva y espacial, Oranssi Pazuzu se ponen esta vez obsesivos y (muy) electrónicos. Mantienen una vez más esa alucinante capacidad para crear atmósferas lovecraftianas y sumergirte en ellas, pero pasando esta vez del vértigo y los espacios abiertos a una claustrofobia extraña, en tanto que disfrutable.

Porque evidentemente hay que aclarar que, pese al ambiente tétrico en el que juega el disco y las palabras oscuras que uso para describirlo, Mestarin Kynsi es ante todo un álbum hecho para ser gozado, especialmente con unos buenos auriculares o unos altavoces bien altos (y una cierta predisposición a sonidos fuera de lo común). Desde el imponente arranque de “Ilmestys” (que se traduciría como revelación) y su continuación en “Tyhjyyden Sakramentti” (el sacramento del vacío), el álbum se agarra a tus tímpanos y no te suelta ni por un segundo. Incluso el adelanto que conocimos meses antes de la publicación del disco, “Uusi Teknokratia”, que ya parecía bueno en solitario, integrado en el contexto del disco resulta sencillamente formidable.

Hay que decir que, si bien ese viraje casi techno con respecto al sobresaliente Värähtelijä resulta sorprendente, cuando uno revisita aquel disco descubre que en su último track ya estaban todos los elementos con los que ahora han construido este monolito de disco. Ese abismo desde el que retumbaban gritos y tambores casi desnudos de repente se ha llenado de sintetizadores y loops salidos de Minas Morgul, y en él se cimenta este Mestarin Kynsi. Aprovecho para recomendar encarecidamente ver, y escuchar, la versión en directo del disco grabada en plena cuarentena, cuidada tanto a nivel sonoro como visual hasta unos extremos francamente imposibles de ver en nuestro país, y solo al alcance de muy pocas bandas con más recursos.

Nacidos en el black metal

 Oranssi Pazuzu mantienen una vez más esa alucinante capacidad para crear atmósferas lovecraftianas y sumergirte en ellas, pero pasando esta vez del vértigo y los espacios abiertos a una claustrofobia extraña, en tanto que disfrutable.

Por su propia naturaleza bastarda, no es nada fácil encontrar referencias evidentes a otras bandas en la música de Oranssi. Según su frontman, Jun-His, su sonido se ve fuertemente influenciado por los primeros discos de sus compatriotas Circle, con esos riffs tan repetitivos y mecánicos de kraut corrupto, mientras que en el apartado vocal se fija en los guturales de cánones de black metal como Nocturno Culto (Darkthrone) o Attila Csihar (Mayhem, Tormentor). En cuanto a temática, según sus componentes hay una importante influencia del filme Midsommar. Lógicamente esto es difícil de comprobar en las letras para un oyente que no entienda finés (o sea, cualquier oyente), pero ciertamente hay un sentimiento de insalubridad compartido en obras artísticas tan distintas a priori.

Volviendo a las canciones, “Oikeamielisten Sali” (el salón de los justos) da un falso respiro en primera mitad, para acabar retornando a los guitarrazos desbocados y a la voz de Jun-His, escoltada esta vez de un coro de violines retorcidos. Esa opresión claustrofóbica que comentaba se hace prácticamente palpable en “Kuulen Ääniä Maan Alta” (escucho voces bajo tierra), con unos ciclos inagotables de glitches y teclados sintéticos que demuestran que Oranssi acercándose al drone hace, en solo un tema, cosas más interesantes que los álbumes enteros de mitos como Sunn O))). Quizá, la mejor canción del disco.

La puerta del cielo al infierno

Oranssi Pazuzu son, simple y llanamente, la mejor banda de metal contemporánea. Por ser la más innovadora, la más intimidante, la más misteriosa y, en resumidas cuentas, la que mejores discos lleva sacando en la última década.

El final llega cuando alcanzamos la puerta del cielo, “Taivaan Portti”. Llegados a este punto uno empieza a sentir agotamiento como en el final de una etapa ciclista de montaña. La solución que aportan los fineses es la más sencilla y efectiva: aumentar el ritmo en la percusión para evitar una pájara, y sostener la atención a base de trémolos mientras terminan de hundirnos en el agujero negro sónico que han creado capa a capa. Así, exhaustos y engullidos en un pozo gravitatorio sin billete de vuelta, es como acabamos el disco.

Oranssi Pazuzu son, con un consenso pocas veces alcanzado en los últimos tiempos, simple y llanamente la mejor banda de metal contemporánea. Por ser la más innovadora, la más intimidante, la más misteriosa y, en resumidas cuentas, la que mejores discos lleva sacando en la última década. Esta afirmación contundente se puede debatir, evidentemente, pero para ello habría que encontrar otra banda que, sin aferrarse a los cánones de ningún subgénero, cogiendo cosas de uno y de otro, haya rayado al nivel de los finlandeses en los últimos años. Y eso no es nada fácil.

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