Pablo Sánchez – Ciudad Jara: «Me da igual estar montado en el éxito o no porque lo que necesito como compositor es ponerme retos y transmitir emociones a la gente»

Hablamos con el exlíder de La Raíz sobre su nuevo proyecto en solitario, las dificultades y goces que ha implicado ese cambio, las perspectivas presentes y futuras, y sobre el concierto solidario con el que pondrá su grano de arena en la lucha contra la actual crisis.

Las canciones de Donde Nace El Infarto tendrán por fin su puesta de largo mañana jueves, reinventándose gracias al streaming, y con un fin solidario. La crisis sanitaria y su respectiva onda expansiva ha golpeado especialmente a los colectivos más desprotegidos, y el mundo del arte estos días puede ser uno de los mejores altavoces para destacar esa emergencia social, pese a que el sector es también uno de los más afectados. La música, de momento, se ha quedado sin los grandes eventos que en los últimos años servían de soporte vital para sus hacedores pero, no obstante, gente como Pablo siguen en la brecha, dando ejemplo y aceptando una responsabilidad que va mucho más allá del entretenimiento. Esto es lo que nos cuenta en vísperas del concierto.

Para empezar quería preguntarte por el concierto de presentación, que aparte de ser una iniciativa solidaria también va a suponer la puesta de largo del disco y la banda en directo, aunque en circunstancias algo diferentes a lo esperado en un principio.

Sí, es la primera vez que presentamos con la banda. Obviamente es un formato diferente al que utilizaremos cuando vengan los conciertos de verdad con público y tal, pero lo hemos preparado también con mucho cariño. No sólo por, de alguna manera entregar algo a la gente que nos ha ayudado tanto, sino también por presentar a la banda, que la gente no los conoce y para que vean un poco de qué va el rollo de Ciudad Jara al completo.

El nombre que habéis elegido para el concierto, “Salvando la distancia”, lo entiendo como romper un poco esa barrera entre vosotros y el público por culpa del streaming, pero también se desprende algo de contenido social, por el tema de la recaudación solidaria.

Sí, están ambos conceptos ahí. Por un lado está el salvar la distancia obligatoria que hay ahora entre público y artista, y también un poco circunscrito a Ciudad Jara y su público, porque es un proyecto recién nacido y que está teniendo mucho apoyo y cercanía, pero es una cercanía virtual, ¿no? Y entonces, como no sabemos cuándo se va a acabar la distancia física de verdad, pues hemos intentado salvarla de este modo, haciendo un concierto y que la gente lo vea en su casa de alguna manera.

Y luego, por otro lado, como dices, también estamos intentando ayudar un poco a reducir esa brecha social que se ha acentuado un poco más con la emergencia sanitaria, y que muchas familias están sufriendo. Yo, particularmente, tengo aquí al lado en mi barrio esta asociación vecinal, Ca Saforaui, que los conocí este año porque les llevo ropa y demás y bueno, me parece que hacen una labor increíble y no me cuesta nada apoyarles de alguna manera y darles visibilidad con mi proyecto, que a veces el entretenimiento tiene más visibilidad que estos proyectos que hacen una labor mucho más importante.

«A veces el entretenimiento tiene más visibilidad que otros proyectos que hacen una labor mucho más importante»

También al hilo de este concierto, que es otra cosa derivada del confinamiento, quería saber tu opinión sobre el tema del streaming y los directos a través de las redes. Al quedar todo paralizado, con esta incertidumbre sobre qué va a pasar con los festivales, las salas, que es al final de lo que vivís vosotros… ¿Crees que es indispensable para la música el contacto directo entre público y grupo?

Pues bueno, no sé si es indispensable [reflexiona un rato]… yo creo que para el artista lo es, pero sobre todo para el público. Acudir y ver a la persona que sigues, admiras, ejecutar algo en directo te transmite muchísimo a nivel emocional. Es una cosa de nuestra propia naturaleza humana el necesitar verlo. Pero, cuando eso no se puede al final va a tocar hacer algo para que la cultura no muera, porque sin público ahora mismo estamos vendidos, y ahí aparece el streaming. No podemos sobrevivir de otra manera porque hace tiempo que la industria musical cambió y todo se basa en la afluencia masiva a conciertos para poder ganar algo nosotros, entonces si no se va a volver a la normalidad de antes en los conciertos, algo se debería hacer para normalizar esto y que los artistas podamos seguir generando contenidos, que es importantísimo, y podamos tener alguna manera de ingresar y no hacerlo solo por amor al arte.

Eso es. Siempre ha habido ese debate con la cultura. Ahora está más al alcance de la mano que nunca y podemos disponer de un catálogo ilimitado y gratuito… pero parece que a la hora de pagar por ello cuesta más, precisamente por esa costumbre a lo gratuito.

Exacto. Yo espero que con estas nuevas iniciativas que están surgiendo ahora se facilite un poco más esto. Yo creo que la gente está siendo solidaria, tengo esperanza.

¿En qué has notado eso?

La gente está apostando cada vez más por esto. Por ejemplo, nosotros teníamos dos conciertos de presentación en Madrid llenos, con todo vendido; se aplazó y no ha habido apenas devolución de entradas. Dimos la posibilidad de que la gente recuperase su dinero, y muchísima gente ha preferido esperarse al aplazamiento. Creo que el público también es inteligente y sabe que el sector cultual está sufriendo y de alguna manera están tratando de darle un empujoncito.

Al final es algo necesario. La gente que adora la música es consciente de lo importante que es su contribución.

Eso es. También estaría bien que nos apoyaran desde la parte gubernamental para poder tener una regulación y un colchón para cuando pasan estas cosas.

A ese respecto, ¿cómo estáis? ¿Habéis recibido algún tipo de ayuda?

Bueno, están aprobando algunas ayudas. No está todo el sector protegido, pero algo están haciendo, aunque falta todavía mucho por hacer.

Fotografía: Ana Mañez

Pasando al tema del disco, se ha hablado mucho sobre el nombre del proyecto, Ciudad Jara, y sobre que podría ser un homenaje a tu hija, aunque ya has dejado claro que no es así y que no está dedicado a ella. No obstante, ahí está su nombre.

Sí. Ella formó parte de un cambio importantísimo en mi vida. Fue protagonista en un momento en el que yo decidí tomar otro camino artístico y personal, dejar algo que estaba súper asentado y con mucho éxito y embarcarme en un proyecto nuevo, sin ninguna seguridad de nada. Fue un riesgo, un momento muy difícil en el que ella estuvo presente y me apetecía hacerla partícipe de alguna manera en el proyecto, y ahí está, en el nombre y en alguna canción también.

También hubo muchas voces que se alzaron debido a la separación de La Raíz por todo esto que acabas de contar. Creo que se puede deber a que la gente romantiza o mitifica mucho el tema de los grupos, que son algo sagrado y si se rompen es una catástrofe… pero también es una oportunidad para ver florecer algo igual de bueno. Con la separación del grupo han salido, por un lado Ciudad Jara, y por otro Nativa, formado por Sen-K, Julio, Edu, Adri y más componentes de La Raíz. No sé si tú lo ves así también, creo que en general no se suele ver esto como algo positivo.

Ya… yo creo que sí que es verdad que la gente se aferra a un producto o concepto y a veces te cuesta desprenderte de él. También te pasa con las series o las películas. Al que le gusta Breaking Bad, por ejemplo, no le gusta que eso se acabe o tome una deriva distinta. Y, pues bueno, el guionista puede acabar esa historia y empezar otra cosa nueva, y eso forma parte del arte. 

Hay pocas excepciones, ¿no? No todos los grupos van a ser los Rolling Stones, que llevan 60 años encima del escenario. Luego también hay características especiales de cada grupo que creo que ayudan a que esa continuidad se haga más difícil. Nosotros éramos una banda de once personas, y claro, once personas no vamos a estar toda la vida viviendo en el mismo pueblo y juntándonos todos los fines de semana igual que si fuésemos un grupo de cuatro. Cada uno ha hecho su vida, hemos ido creciendo… al principio, cuando teníamos entre 20 y 25 años no era igual que ahora, que tenemos 40, y claro, a cada uno nos va cambiando la perspectiva. No tienes la misma energía, igual no te apetece hacer el mismo show… y yo como artista y compositor creo que es súper natural y súper sano atreverte a explorarte y ofrecer otras cosas. Me da igual estar montado en el éxito o no porque lo que necesito como compositor es ponerme retos y transmitir emociones a la gente. Es lo que me hace seguir. 

Yo no era feliz en la última época de La Raíz porque había conseguido lo que siempre había soñado con ese grupo y notaba que me entorpecía a la hora de crear de una manera más libre y personal. Necesitaba hacerlo por separado, sin que esto signifique que no nos queramos ni nada de eso; es un tema puramente artístico, a pesar de que una ruptura siempre genera duelos y no todo el mundo está de acuerdo. Eso pasa en todas las familias del mundo, en todas las parejas y en todos los grupos. Fue una época complicada y creo que eso también se ve reflejado en las letras de las nuevas canciones.

Quería que me hablaras sobre la influencia musical, porque has dicho que este proyecto nace de la canción de autor, pero también hay mucho rock y tocas otros géneros. Háblame de lo que tomas de la época de La Raíz, y de lo nuevo, ¿Viene dado un poco por inercia, o hay referentes?

Está una rama de influencias que viene de la música latina, un género que me encanta y he escuchado toda mi vida, pero también he escuchado un montón de estilos diferentes, entonces es como un pintor cuando tiene una paleta de colores. Cuando estaba en La Raíz pues igual gasté todos los colores porque me gustaba meter hip-hop, música latina, mestizaje, canción de autor, reggae, folk…y ahora me he centrado más en unos colores concretos para darle consistencia, o sintetizar el proyecto a nivel de estilos, y me he centrado más en la canción de autor y el rock. Entonces eso lo acompaño con una carga lírica importante, y creo que de alguna manera me alejo de la parte más alegre o más áspera que tenía La Raíz para entrar en un terreno un poco más serio.

Habiendo escuchando La Raíz durante muchos años, sí que se aprecia sobre todo que tomaste el poso más intimista. Ciudad Jara se aproxima más a canciones como “El Mercurio” o “El Circo De La Pena”, a esa vertiente dentro de los trabajos anteriores.

Exacto. En el último disco de La Raíz me atreví a dar cabida a algunos sentimientos o temáticas que antes creía que no tenían cabida. En “El Circo de la Pena” o “De Piedra Tu Cuerpo” a lo mejor hay algo más de sentimentalismo o amor, más personal y visceral, no sé cómo decirlo… más reflexivo. En “El Mercurio” trato temas que tienen que ver con la infancia y los recuerdos. Todo eso era algo a lo que en La Raíz no estábamos acostumbrados y allí quizá encontró cabida un interior mío que antes no parecía encajar. Esto lo estoy diciendo en una tesitura con otros cuatro cantantes… al final no es algo solo mío. Hacer la música que hace La Raíz, que a priori puede parecer fácil, en realidad es muy difícil porque tienes que dar protagonismo a once personalidades diferentes en la canción, y que todas conjuguen. Entonces, ahora, paradójicamente compongo música que parece más difícil pero me resulta más fácil componerla, porque soy yo y no tengo que representar a nadie más que a mí, y eso me genera una libertad a la hora de componer que se nota mucho.

En las canciones de ahora, aunque tienen un tono más poético y metafórico, se sigue viendo un montón de efervescencia social, ceñida al contexto español, igual que el trasfondo de memoria histórica. Esa problemática que siempre hemos tenido en este país y que se ha acentuado incluso con esta crisis sanitaria. Sigo viendo algo de rabia derivada de todo esto.

Puede ser. Sí que es verdad que ese problema se ha acentuado con la emergencia sanitaria, está saliendo a la luz mucho sentimiento visceral que tiene la gente dentro y esa confrontación, esos dos colores, el rojo y el azul que toda la vida ha habido en España, y en momentos como este se hace muy evidente que hay una pelea latente ahí. Yo creo que en Ciudad Jara no está tanto esa temática. Quizá en “Siglos de Golpes” sí que hay un poquito de todo ese tema que tanto traté en la época de La Raíz. En las demás hay mucho aspecto social, pero tratado más a nivel individual, y no englobando tanto al colectivo, canto un poco desde la desesperanza personal. Pero sí, hay un punto de transgresión claro.

«Ahora compongo música que parece más difícil que lo que hacíamos en La Raíz pero me resulta más fácil componerla, porque soy yo y no tengo que representar a nadie más que a mí»

Hay una cosa que me pareció muy curiosa y no acabo de comprender. Al final del videoclip de “Bailé”, cuando os miráis la niña que lo protagoniza y tú, y hacéis un gesto subiendo con ambas manos por los laterales de la cara, como si fuesen arañas… ¿Qué significado tiene?

Eso es una coreografía donde, de alguna manera, es un momento en el que ella y yo nos unimos. Ella tiene la parte de la invisibilidad social de los niños de hoy en día para sus padres, para el Gobierno… y yo tengo la invisibilidad de la parte más adulta. En el vídeo, a ella nadie la mira, a mí tampoco, pero de repente ella y yo nos vemos, nos miramos, y en la distancia estamos comunicados de alguna manera porque sentimos lo mismo. Y para reflejar eso buscamos alguna coreografía en la que los dos, estando en posiciones separadas geográficamente, hiciéramos lo mismo. También me gustaba un poco el atreverme a meter algo de coreografía en algún vídeo, porque nunca lo había hecho, aunque sea el detalle ese de los dedos. Hay un momento en el que hace una coreografía ella sola que me encanta también.

En “Líderes” se intuye una crítica al poder. ¿Está relacionada también con esa invisibilidad de la sociedad por parte de los de arriba?

No, es una crítica a la industria musical.

He dado en el clavo. [Risas]

En realidad es una crítica al mundo del arte y la cultura, por eso todos los términos que se utilizan, sobre todo en la primera estrofa, están relacionados con el teatro clásico. El bastidor, el altavoz, la trampilla, la escena… todo viene de ahí. Y habla un poco de la industria, y de que ellos son los que pactan, los que más saben de cuál es el destino que tienes que tener tú, o cual es la carrera que has de seguir. Por eso, cuando salí de La Raíz, a pesar de que nos metíamos en muchos conflictos con la industria musical, pues lo que me sale es pedir perdón a esos líderes, por dibujar una puerta en los paisajes más hostiles.

¿Por qué pides perdón? Es irónico, imagino.

Es una manera irónica de decirlo, sí. Y los líderes pueden ser los representantes de esa industria, o puede ser tu vecino, ese que te dice “pero chico, ¿qué haces?”. Líderes es una forma de llamar a los “cuñados”. Son los que parecen que saben de todo ahora mismo.

Es cierto eso, en estos tiempos das un paso y te sale gente por todos los lados diciéndote lo que tienes que hacer.

Claro. Te sale decir “coño, ¿cómo no te he hecho caso yo a ti con todo lo que tú sabes?”

«Me he centrado más en la canción de autor y el rock. Lo acompaño con una carga lírica importante, y creo que de alguna manera me alejo de la parte más alegre o más áspera que tenía La Raíz para entrar en un terreno un poco más serio»

En “Bastardos de la Gravedad” hay otro aspecto que me llama mucho la atención y quería hablar contigo, que igual es cosa mía, pero me da la sensación de que en esa canción se reivindica al soñador. Invita a volar alto y un poco criticar a la gente que mantiene los pies en el suelo… [me pausa, al ver que estoy errando en el tiro de nuevo]

No, mira, esa canción trata de… a ver cómo te lo digo sin que quede muy feo [se ríe]… habla un poco de los excesos que a veces algunas personas necesitamos para evadirnos de la realidad. Entonces, los “bastardos de la realidad” son esa gente que tiene un miedo soberano a perder el control y nunca se atreven a dejarse llevar. No tiene nada que ver con aspectos sociales o lucha de clases, tiene que ver con personas con las que quieres o no quieres estar. Una vez un amigo mío me dijo: “no te fíes nunca de alguien que no ha probado en su vida una gota de alcohol, porque ese tiene un miedo de la hostia a perder el control y va a tratar de controlar todo cuanto le rodea”. Para mí ese tipo de persona es un bastardo de la gravedad y en la canción, si te fijas ahora que ya te he contado de qué va, le darás otro sentido a lo que es el volar.

Desde luego, me estaba yendo a otro terreno totalmente. Y hablando de sentidos, hay canciones que ahora con el confinamiento parece que adquieren un nuevo significado, o incluso que han sido escritas en este contexto. Por ejemplo, en “Bailé”, el argumento orwelliano y eso de “el gobierno está a los mandos de la puerta que te encierra”, da la sensación de que está contándonos lo que pasa ahora.

Pues la verdad es que sí, no había pensado en esa frase hasta ahora, pero sí, le viene al pelo. Esto creo que les ha pasado a muchos artistas ahora mismo, que se reinterpretan las canciones de alguna manera y se asocian a la realidad que te rodea en el momento. Mola mucho eso, que se vean otras cosas con esta situación que está pasando, que es curiosa. 

Tampoco deja de tener el significado que tenía antes, pero mola también que la gente haga su propia interpretación, da igual el contexto que estemos viviendo. Por ejemplo, La Raíz era un grupo muy del momento, pero en Ciudad Jara pues mola que tú le puedas dar más el significado que tú quieras o veas en las canciones, como has hecho tú con “Bastardos de la Gravedad”. Es una cosa que siempre me había apetecido poder gozar.

Entiendo así que, al margen de la pulsión creativa, el significado de las nuevas canciones no es tanto personal como un poco tendente hacia algo más universal.

Sí, me gusta que las frases dejen un hueco para la ambigüedad y la apertura de mentes.

Fotografía: Ana Mañez

Otro tema importante en Ciudad Jara es el de la colectividad. Ya viene implícito en el concepto de “ciudad”, en las numerosas colaboraciones dentro del disco, en rodearte de amigos y apoyarte en ellos para grabar, repasar las letras… ¿Cómo de importante es para ti ese aspecto?

Me gusta mucho componer solo, pero sentirme acompañado de alguna manera. Esto es una cosa que no sé cómo decirlo muy bien [se para a pensar]… egoísta o algo así… no sé cómo definirlo en verdad, pero soy muy cabezón e introvertido. Me encierro mucho, pero a la vez no me siento bien hasta que toda la gente que me rodea esté contenta. Entonces, al final obtengo un resultado rodeado de la gente que me importa para yo quedar contento, y voy cambiando cosas según me van diciendo. No solo con mi familia, que somos una familia de artistas y escritores, sino también mis amigos más importantes. Al final, opiniones más alejadas del arte me causan mella también, y si es de personas que a mí me importan más aún. Voy cambiando canciones según la impresión de la gente que a mí me importa. Entonces así se crea este concepto de colectividad, que también me lo llevo al estudio para grabarme.

Tú tomas las decisiones pero necesitas, digamos, esa opinión.

Eso es, y estar con ellos todo el rato.

«En La Raíz puse todo el tiempo de mi vida durante doce años, hasta que tuve tanto peso en la mochila que tuve que parar. Fue el camino que quise marcar y al final me traicionó a mí mismo»

Ahora que mencionas el estudio, quería que me hablases de la producción porque, viendo los documentales que tenéis publicados en el canal de YouTube de La Raíz, se nota mucho tu protagonismo durante la grabación, atento a todos los detalles y corrigiendo hasta los matices más pequeños. ¿Cómo habéis trabajado allí?

Para mover el disco a nivel de producción de distribución creamos un sello propio, Último Pasillo, pero a la hora de producirlo hemos echado mano de dos productores, Santos & Fluren, que han grabado a Izal, Love of Lesbian, Sidonie y a una serie de grupos así, un poco alejados del circuito que yo conocía, pero que supieron sacar un sonido que me gustó mucho. Pero ya te digo que a nivel editorial y todo eso, nos hemos hecho un sello propio mis hermanos y yo, y con ello hemos sacado el disco. Nos fue muy bien, fuimos el segundo disco más vendido en la primera semana.

Y sí, yo era el compositor de La Raíz, ellos también lo han dicho siempre y había unanimidad en eso. Aquello era un proyecto de unos amigos míos que estaba muerto, se había acabado. Entonces entré y un poco les animé a recuperarlo y darle la vuelta, probando otras fórmulas. Ahí me puse a los mandos, y con mucha esperanza, locura y todo el tiempo de mi vida me dediqué a eso durante 12 años. Pero hasta obsesionarnos. Hasta que tuve tanto peso en la mochila que tuve que parar. Entonces sí, fue el camino que yo quise marcar y que al final me traicionó a mí mismo.

Fue una salida necesaria y que te ha liberado.

Sí, desde luego.

¿Va a haber continuidad entonces con Ciudad Jara?

Sí, sí, eso espero. Ahora mismo estoy ilusionadísimo y esto es lo que más me llena.

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