Sonic Boom

Sonic Boom –
All Things Being Equal

Peter Kember sorprende con este lanzamiento, justo tres décadas después de su obra canónica Spectrum, en el que nos invita a sumergirnos en un mar de música transcendental a partir de sintetizadores analógicos para descubrirnos a nosotros mismos y algunas facultades que han podido quedar mermadas por la deriva de los tiempos: la imaginación, la intuición y la capacidad de atisbar un futuro en medio de todo el caos y la incertidumbre.

En algún momento del siglo pasado, la mente de Peter Kember debió de estallar. De ahí la personalísima grabación del concluyente Spectrum (1990), publicado bajo el alias Sonic Boom. Aquellos eran otros tiempos. Concretamente, 1990, un año de inflexión en su vida profesional tras el éxito de Spacemen 3, grupo de culto entre la caterva del rock psicodélico espacial que bien dejó a unos cuantos cerebros gravitando alrededor de mundos empapados de LSD y anfetaminas. La separación entre él y Jason Pierce, quien se quedó con el resto de la banda para formar Spiritualized, fue algo más que agitada. Al final, la década le dio la razón a Pierce, con aquella obra maestra de la música contemporánea Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space (1997), y Kember fue relegado a un segundo plano, mucho más soterrado, sumergido entre amplias capas de sintetizador y experimentación.

Esta pareja compositiva bien podría constituir a grandes rasgos la eterna dualidad de la música popular y la música culta, de masas y alternativa, de grandes estadios o de pequeñas salas. Aunque tanto Spiritualized como Sonic Boom son dos proyectos de rotundas aspiraciones vanguardistas, el primero siempre tuvo la intención de convulsionar a grandes masas de oyentes, mientras que el segundo siempre prefirió estar relegado a un segundo plano, y de esta forma mantenerse siempre joven e inalterable, eternamente recordado por su figura delgada y espigada en el escenario, a los mandos del sintetizador. Sería muy difícil decantarse por uno o por otro, pero lo que sí que podemos intuir es que los proyectos de Pierce tienen un afán de totalidad musical, al contrario que Kember, quien ha rehuido de sacar más discos desde aquel año en el que todavía primaba lo analógico, refugiándose en las obras de otros y en colaboraciones con artistas como Kevin Shields (My Bloody Valentine), Delia Derbyshire, Beach House, Stereolab, MGMT o Panda Bear. Pero no por ello ha abandonado los escenarios, ya que hemos podido acudir a varios shows aquí en España en los últimos años para deleitarnos con Spectrum

Un relato íntimo de la unión entre naturaleza y tecnología

All Things Being Equal es un tratado de música electrónica analógica, con temas que rozan los siete minutos de media, sirviéndose de la tecnología más rudimentaria a los ojos de la electrónica digital actual.

Ahora, exactamente treinta años después de todo aquello, Kember lanza su segundo álbum solista, el primero en treinta años. All Things Being Equal es un tratado de música electrónica analógica, que ya solo por ello merece ser considerado como un ejercicio de nostalgia ruidista imperecedera de aquellos años en los que lo digital no había entrado en nuestras vidas y el mundo, tanto como la música, se tornaba misterioso y profundo a nuestros ojos, difícil de explorar, mucho más sensitivo y no tan aséptico como los tiempos que a día de hoy nos concurren.

Se trata de un álbum para meditar, ponérselo de fondo desde la primera hasta la última canción y dejarse llevar por este mar de notas sinestésicas que, trenzadas en enredaderas, provocan pequeñas revoluciones sinápticas en las neuronas de nuestra mente, hasta el punto de comprender el mundo y la experiencia individual y colectiva como un todo arquetípico en el que naturaleza y tecnología se unen para generar un relato íntimo. 

De algún modo, se une a la tradición de la vanguardia del siglo pasado que exploraron personalidades artísticas como la francesa Eliáne Radigue o ídolos del pop moderno tardío como Alan Vega. Temas largos, espesos, en los que se da ese ‘continuum’ en un mundo en el que la satisfacción del deseo se ha vuelto demasiado corta y efímera, como un cortocircuito. Kember anula esta concepción del anhelo humano consumista dejándonos embarcar en un viaje entrópico, largo y profundo, con temas que rozan los siete minutos de media, sirviéndose de la tecnología más rudimentaria a los ojos de la electrónica digital actual.

Fotografía: Press

Mantras para abrazar la iluminación

Un ejercicio de nostalgia ruidista imperecedera de aquellos años en los que lo digital no había entrado en nuestras vidas y el mundo, tanto como la música, se tornaba misterioso y profundo a nuestros ojos, difícil de explorar y mucho más sensitivo.

Nada más arrancar, ensalza el valor de la imaginación con Just Imagine”, tal vez a propósito del cada vez más acelerado proceso de automatización tecnológica que nos ha hecho estar más conectados con los otros, pero menos presentes en el aquí y el ahora. En Just a Little Piece of Me” se oyen los ecos de un letárgico Animal Collective; no es para menos, ya que una de las colaboraciones estrella es Noah Lennox (ahora en Panda Bear), quien pone la voz e introduce uno de los temas centrales del álbum: la naturaleza. 

“Things Like This (A Little Bit Deeper)” pide al oyente que participe en la obra, sumergiéndose “un poco más profundo” dentro del paisaje natural que se abre ante él, repitiendo un mantra, abriendo el camino hacia la iluminación. “Spinning Coins and Wishing on Clovers” adquiere un carácter hermético y mesiánico, con ese bello spoken word sobre un colchón de diferentes arpegios (muy en la onda Nico-Velvet Undeground, por cierto) que se mezclan con cortes de ruido que recuerdan a la electrónica lo-fi del dubstep londinense (Burial, Zomby).

Con My Echo, My Shadow and Me” el clima musical opresivo va ‘in crescendo’, poniendo la mirada ahora hacia el nu wave, como con retazos de los primeros Swans barnizados en estertores de sintetizador analógico. 

Canciones a un mismo ‘tempo’ en las que todo fluye

Temas largos, espesos, en los que se da ese ‘continuum’ en un mundo en el que la satisfacción del deseo se ha vuelto demasiado corta y efímera. Kember anula esta concepción del anhelo humano consumista dejándonos embarcar en un viaje entrópico, largo y profundo.

La segunda parte del álbum abre con “On a Summer’s Day”, tal vez la canción más pop de todo el repertorio, en la cual es inevitable acordarse de Beach House, pero también de Animal Collective. Lo más llamativo de las composiciones de Kember frente a sus adeptos es que de alguna forma aportan la sensación de estar siendo escuchadas desde un mismo punto, ya sea elevado en el aire o enterrado en las profundidades de la tierra. A diferencia de estos artistas, Sonic Boom traza las melodías y armonías desde un mismo enclave y ritmo del que van surgiendo los sonidos y melodías. No hay grandes estruendos ni cambios de intensidad, todo fluye de manera natural y placentera. “The Way That You Live” reflexiona sobre la cotidianidad del individuo contemporáneo en unos pocos versos, llamando de alguna forma a romper todos los moldes y categorías sociales, a través de unos teclados muy Stereolab. 

Tawkin Tekno” es un regreso manifiesto a los discos de Suicide. La percepción espacial y temporal se pierde en un sinfín de sombras y figuras fantasmagóricas convertidas en latidos de sintetizador. La sensación de ‘continuum’ persiste y el bajo nos sumerge en un refrán machacón que nos propulsa a la inmensidad del espacio, donde nuestro planeta, y por ende, nuestra existencia, apenas es nada. De nuevo, el tono mesiánico aparece en “I Can See Light Bend”, en un abismo de permutaciones electrónicas que viajan de un lado a otro del altavoz, creando una especie de feedback, sumergiéndonos aún más en el clímax que nos ofrece la obra. 

Un mar de arpegios y sensaciones primigenias

Un disco muy atractivo para los amantes de la electrónica que desdeña lo digital y persigue la búsqueda de lo natural para incrementar la capacidad de sentir el mundo de una manera diferente.

Así, llegamos al final con “I Feel a Change Coming On”, el colofón de este álbum construido en algún punto remoto del Sistema Solar. Tal vez esta sea la pieza de la colección más completa, aunando a la perfección el espíritu del álbum. Si al comienzo todo lo que necesitábamos para atravesar este mar líquido de arpegios y sensaciones primigenias era la imaginación, ahora para terminar lo que Kember pone en valor es la intuición, aventurando que el mundo está volviendo a cambiar demasiado rápido, para bien o para mal. “Lo que necesitamos es más simplicidad” es una de las ideas que repite, no solo en esta canción, sino a lo largo de todo el disco.

Una sencillez que, de algún modo, también se asocia a la perfección con aforismos ya expresados por otros tantos genios; en este punto emerge la eterna frase de Alan Vega, “minimal is maximal”. Un disco muy atractivo para los amantes de la electrónica que desdeña lo digital y persigue la búsqueda de lo natural para incrementar la capacidad de sentir el mundo de una manera diferente. La única premisa, como en la propia experiencia individual de cada uno, es dejarse llevar y entrar sin miedo ni complejos.

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