Phoebe Bridgers: «A veces prefiero escribir sobre mi vida amorosa porque no quiero seguir pensando en el mundo exterior»

La californiana siempre ha tenido claro que no le interesaba demasiado ser el reflejo de su generación o de un momento cultural concreto. En su último álbum, Punisher, demuestra que su truco sigue siendo tan dolorosamente simple como escribir desde el centro de una misma.

Me cuesta hablar por teléfono sabiendo que al otro lado escucho la que probablemente sea la voz de la generación. Aunque a juzgar por cómo se expresa, desde una cercanía y una lucidez deslumbrantes, no creo que Phoebe Bridgers se identifique con el título que Lena Dunham se dio a sí misma allá por 2012, y que acabó cristalizando en una mitología del al artista millennial como un genio egocéntrico e irreverente, amenazado de vez en cuando por el síndrome del impostor. Puede que Phoebe comparta alguna de estas características, y sin duda se ha convertido en objeto de estudios sobre política y género en la música millennial. Aun así, la de Pasadena siempre ha dejado claro que una no siempre escribe para ser el reflejo de su generación o de un momento cultural concreto. A veces, el truco sigue siendo tan dolorosamente simple como escribir desde el centro de una misma.

Pocos artistas han sabido integrarse tan bien dentro de este nuevo discurso íntimo tan dado a la sobreexposición y al interés en lo precario y lo liminal, y a la vez sintonizar con voces de otras épocas, buscando un sonido rock más descentralizado y una escena sin categorías. Desde que debutó en 2017 con Stranger in the Alps, Phoebe no ha parado de trabajar, alternando giras con The National con proyectos como Better Oblivion Community Center, junto a Conor Oberst, ampliando así su círculo más allá de la escena folk femenina a la que siempre se ha mantenido unida, y a la que sin duda sigue haciendo fuerte, tanto por sí sola como junto a Lucy Dacus y Julien Baker, desde su banda boygenius. El mes pasado, en pleno confinamiento y contando los días para el lanzamiento de Punisher, su segundo álbum, hablamos con esta cantautora imprescindible – para cualquier generación.

¿Cómo llevas el confinamiento? ¿Te está costando más escribir música nueva estos días?

Mi rutina no ha cambiado demasiado porque no suelo salir mucho, pero sin duda todo esto está empezando a desgastarme. Me cuesta escribir porque, bueno… sé que tengo esa reputación de cantautora triste, pero en realidad no escribo cuando estoy triste por algo, sino cuando consigo aislarme de ello lo suficiente, y eso ahora es muy difícil. Está siendo todo muy raro y espero volver a escribir pronto porque eso es algo que siempre me ayuda.

¿Cómo preparas la promoción del nuevo álbum ante tantos conciertos cancelados?

Bueno, por ahora solo intento imaginar cómo va a ser mi vida el año que viene [risas]. Creo que lo único que trato de hacer estos días es organizar livestreamings, seguir haciendo cosas creativas y contactar con organizaciones benéficas para sentir que estoy haciendo algo por el mundo. Pero sí, va a ser un año raro sin la gira.

Has hecho varios conciertos en livestreaming desde el principio del confinamiento. ¿Te cuesta conectar con tus fans cuando no puedes verlos en persona?

Todavía me resulta raro, es como la diferencia entre hacerte un café prensado y calentarte el café de ayer en el microondas. Cuando estás de gira tienes el apoyo de la banda y tus amigos están allí. Puede ser estresante pero al final siempre es genial, es todo un proceso y cuando sales al escenario te sientes mentalmente preparado. Ahora, en el confinamiento, durante los shows para Pitchfork, pienso: ¡joder, hay como diez mil personal viendo esto! Y me da miedo. Voy en pijama, con el pelo mojado y sin motivación para maquillarme y esas cosas. Sí, es bastante raro.

«Estos años he aprendido sobre todo a escribir sobre mi vida tal como es, en vez de intentar que suene más interesante o como si fuera la de otra persona»

¡Felicidades por tu nuevo álbum! Punisher me parece un título muy acertado, es directo y al mismo tiempo ambiguo en cuanto al origen del dolor. Al igual que en Stranger in the Alps, este sentimiento está muy presente, pero creo que ahora lo enfocas con más madurez y distancia crítica. ¿Cómo ha cambiado tu forma de componer y escribir sobre tu vida en estos últimos años?

Creo que sobre todo he sido yo quien ha cambiado. Para empezar, ya no escribo desde la perspectiva de alguien que está intentando vivir de la música, porque ahora este es mi trabajo. Pero sobre todo he aprendido a escribir sobre mi vida tal como es, en vez de intentar que suene más interesante o como si fuera la de otra persona. Tan solo en 25 años siento que tengo material de sobra.

Me ha parecido un trabajo muy complejo en cuanto a la cohesión entre el sonido y el mensaje. ¿Qué suele llegar primero a tu cabeza cuando empiezas a componer una canción, la música, la letra o un punto intermedio?

Suele ser desde un punto intermedio. Muchas veces me siento con la guitarra, empiezo a tocar y las palabras vienen solas, pero casi siempre empiezo con una melodía y un par de líneas y, a partir de ahí, grabo un montón de notas cuando estoy en casa o de gira hasta que puedo acabar una canción. En general, la música y la letra llegan para mí al mismo tiempo.

La instrumentación en Punisher es bastante particular, con los arreglos de cuerda que enriquecen el sonido folk más clásico que ya estaban presentes en el disco anterior. ¿De dónde vienen esas ideas?

Creo que cuando empecé a grabar el primer álbum me veía como una artista folk o algo así, pero después empecé a hacer otras cosas y acabé haciendo un álbum que no era tan folk como había pensado. Así que luego decidí probar con un montón de ideas diferentes a las que tenía al principio. Ha sido muy divertido y me he sentido más cerca de encontrar mi propio sonido, que estaría a medio camino entre el de un cantante-compositor y el de una banda indie rock.

«En este álbum he probado con un montón de ideas diferentes. Ha sido muy divertido y me he sentido más cerca de encontrar mi propio sonido, que estaría a medio camino entre el de un cantante-compositor y el de una banda indie rock»

También mencionan en la promo del disco que colaboran Jenny Lee Lindberg y Nick Zinner, dos músicos estupendos con sus propios proyectos. ¿Son colaboraciones puntuales o van a apoyarte en directo cuando se pueda volver a dar conciertos?

¡Ojalá! Pero siempre he ido de gira con la misma banda y esta nunca es exactamente la misma que figura en el álbum. Creo que a Nick Zinner le pasa lo mismo. Lleva años tocando con Bright Eyes, pero nunca han ido juntos de gira. Por eso me encanta poder hacer algo diferente en el álbum. Por otra parte, músicos como Nick casi nunca están en el mismo sitio mucho tiempo. Él por ejemplo viaja mucho entre Berlín y Nueva York. Y creo que eso también es genial.

Algo que me ha gustado mucho de Punisher es que no has pretendido hacer nada radicalmente distinto de tu debut. Creo que hay mucha expectación, sobre todo teniendo en cuenta que no has parado de hacer otras cosas en estos tres años. ¿Sientes presión ante esa idea de evolucionar frente al impulso de hacer algo que realmente sientas tuyo?

Bueno, creo que he conseguido mantener bien el equilibrio. Siempre intento superarme, tanto que a veces pienso que cuando algo me resulta muy fácil es porque no es bueno, y no es así necesariamente. A veces algo muy sencillo puede ser genial, y esa idea me relaja mucho. En cualquier caso, intento que sea un reto para mí todo el tiempo.

He leído que te has inspirado en la ficción de Carmen María Machado para algunas de las letras. Es un referente muy actual y radical sobre todo a la hora de abordar de alguna forma cuestiones de género, sexualidad, corporalidad, etc. ¿Cómo ha sido tu proceso a nivel lírico y espiritual en este disco?

En realidad no suelo pensar en lo que un álbum va a decir hasta que está terminado. Creo que en ese sentido Carmen sigue un proceso parecido, preguntándose cuándo lo que cuenta es demasiado íntimo, si puede vivir con ello… Al final ambas acabamos con material muy personal y luego llega el momento de compartirlo. No suelo partir de una idea concreta acerca de lo que quiero tratar. Simplemente sé más o menos de dónde quiero empezar y obviamente si algo empieza a ser incómodo, paro, aunque no suele pasarme.

Fotografía: Olof Grind

El carácter de tu música ha sido descrito como intimista y vulnerable, y sin embargo no das la misma imagen en redes sociales, donde te expresas desde el humor negro y la parodia. Algo que me gusta de Punisher es que muestras ese lado oscuro con mucha ironía. ¿Cómo describirías la conexión entre ambos discursos?

Sinceramente, para mí no hay diferencia: tanto en mi música como en mis redes me expongo abiertamente. Me alegra que más gente encuentre las referencias graciosas en Punisher. También estaban en el primer disco, pero hubo muchos que no las entendieron porque canto con esa voz triste. Por otra parte, en Twitter siempre parece que todo es irónico, nadie espera que seas muy serio. Hay más bastante más humor en mi música del que se me reconoce [risas].

En “I Know the End”, te mueves de una perspectiva muy personal hacia otra más social, una visión colectiva sobre el mundo al que nos enfrentamos los que estamos todavía buscando nuestro sitio. ¿Sueles buscar esta dimensión colectiva y política en tu música? ¿Qué supone para ti hacer música en un momento de crisis política?

Cuando escribí “I Know the End”, me imaginé lo que haría si el mundo se acabara. En ese momento pensé lo importante que es tener algo que te apasione y en lo que pensar todo el tiempo. Pero la verdad es que nunca intento transmitir un mensaje político en mi música ni siento que tengo que escribir una canción sobre el momento político. A veces cuando escribo sobre mi vida me pregunto: “¿cómo es que nunca se ha escrito una canción sobre este tema?”. Incluso por un momento pienso que estaría bien ampliar así mi repertorio, pero al final creo que si lo intentara no estaría haciendo buena música. Al final, es como si lo que me preocupa como ser humano y lo que proyecto en mis canciones siguieran caminos distintos. No me considero demasiado política como artista, aunque sí lo soy como persona. A veces prefiero escribir sobre mi vida amorosa porque ¡joder! no quiero seguir pensando en el mundo exterior… aunque no siempre puedes evitarlo.

«No me considero demasiado política como artista, aunque sí lo soy como persona»

Es increíble la conexión que se crea en tus colaboraciones, ya sea con Lucy y Julien en boygenius, con Conor en Better Oblivion, o con Matt Berninger. Parece que va más allá de una edad, época o género concreto. ¿Te sientes cómoda cuando hablan de ti como parte de una generación y escena o prefieres decidir tú con quién te identificas?

Creo que todo depende de la conexión personal que tengas con cada artista. Al final es un poco como la diferencia entre salir con alguien que viene de un mundo totalmente distinto al tuyo y sientes que le estás enseñando tu mundo, y salir con alguien que es prácticamente igual que tú y hay muchas cosas que ya compartís… Eso es lo que me pasa con mi grupo [boygenius]. Lucy y Julien son lo más cercano posible a lo que soy yo: las tres tenemos casi la misma edad, hacemos música muy personal, somos queer… Además hemos tenido experiencias muy parecidas y tocado en las mismas salas. 

Con Conor y con Matt, debido a esa distancia generacional, la música que hacemos juntos es diferente a la que hacemos en solitario, lo cual es genial y lo pasamos muy bien. Es algo increíble y súper inspirador dejar que alguien así te enseñe un poco su mundo. Me encanta escucharlos hablar de un montón de cosas. Fue genial cuando me contaron sobre Brainiac, una banda que les gusta a los dos y a la que nunca había escuchado antes. Me siento muy afortunada de haber colaborado estos años con artistas con los que es tan difícil trabajar, pero a la vez tan fácil.

Hablando de Conor, hace años leí un artículo en Buzzfeed donde lo bautizaban como “el santo patrón de los adolescentes deprimidos”, lo cual quizá no haga justicia a su música pero dice mucho de lo que supuso para su generación. Tú también has hablado mucho de la depresión en tus canciones, como por ejemplo en “Kyoto”. ¿Sientes que nuestra generación es más abierta a la hora de abordar los trastornos mentales?

Sí, desde luego, sigue habiendo opiniones opuestas. Por una parte, a veces pienso eso de que la terapia es algo para los privilegiados, pero luego todos tenemos amigos que diagnostican trastornos mentales a sus ex. Creo que la gente está hablando más de todo esto, y es genial porque parece que hemos dejado de romantizarlo tanto. Conor y otros artistas de su generación siempre ha estado muy encasillados, como si les exigieran estar todo el tiempo deprimidos, llevar el pelo sobre la cara, no alegrarse nunca, como si todo eso fuera una moda y nunca les diera por hacer nada divertido. En este sentido creo que ahora el mundo es capaz que aceptar esa parte dinámica en la personalidad de cada uno, en vez de tratar a la gente como si fueran personajes.

¿Cómo surgió la colaboración con Hayley Williams?

Nos conocimos a través de su exmarido, una vez que abrí un concierto de su banda en Los Ángeles. Fue muy raro, creo que ni siquiera estaban casados entonces. No recuerdo bien cómo fue, pero creo que parte de mi banda tocaba con otra banda que se llama Kitten y Hayley apareció por allí enseguida. Conectamos muy pronto y con el tiempo nos hemos unido cada vez más. También está muy unida a boygenius. 

Es la mejor. Y es una locura, tiene apenas 30 años y como cien discos. Solo es cinco años mayor que yo y he sido su fan desde que era adolescente. Por entonces no tenía ni idea de que teníamos básicamente la misma edad. Además no sé cómo alguien como ella, que lleva tantos años siendo famoso, puede ser tan maduro y con los pies en la tierra.

«El mensaje de boygenius es que ha habido siempre un montón de chicos blancos mediocres en bandas y discográficas y hemos tenido que tragarnos toda esa mierda. Al final, creo que las mujeres tienen derecho a ser igual de mediocres que los hombres»

En cuanto a boygenius, se trata de tanto un proyecto artístico entre tres amigas que son referentes en la escena folk-rock de su país como un programa político que denuncia los prejuicios y la marginación de las cantautoras jóvenes por parte del público y de la industria. ¿Has notado un cambio en estas actitudes desde que grabaste tu primer álbum?

Creo que es genial que los hombres estén algo asustados ahora. Lo hablaba con una periodista el otro día, me dijo que ahora prestan más atención cuando un hombre entrevista a una mujer joven, discuten más sobre lo que está bien y no está bien decir, intentan contratar a más mujeres… Creo que todo eso es genial. Es esa gente que no debería tener miedo a la que deberíamos tener miedo.

En este sentido, el mensaje de boygenius es que ha habido siempre un montón de chicos blancos mediocres con pinta de matones en las bandas y en las discográficas y hemos tenido que tragarnos toda esa mierda. Y ahora, por fin… bueno, al final creo que las mujeres tienen derecho a ser igual de mediocres que los hombres. Además, curiosamente, toda esta conversación sobre los planes de la industria y el dinero que tienen tus padres siempre ha atacado más duramente a las mujeres, cuando todavía hay tantas boy bands de mierda que pertenecen a sellos gigantes desde que eran críos solo porque sus padres son abogados o conocieron a un tipo de la discográfica en el club de golf… Al final, todo el mundo merece ser tratado de la misma forma cuando viene del mismo sitio. Pero sí, creo que ya se está hablando de todo esto. 

¿Podemos esperar un nuevo disco o alguna colaboración con boygenius a corto plazo?

¡Eso espero! Los astros van a tener que alinearse para las tres, porque ahora mismo estamos liadas de formas muy distintas y vivimos en sitios diferentes. Con suerte quizá nos reunamos esta cuarentena para hacer algo juntas. En cualquier caso, me encanta tocar con ellas siempre que salgo de gira, así que yo estoy dispuesta.

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