Phoebe Bridgers

Phoebe Bridgers –
Punisher

Hace tiempo que Phoebe Bridgers ya no es ninguna desconocida en los Alpes. Punisher es un (acertado) paso más que sirve para cimentar su carrera. Si te gustó su anterior disco, este te va a encantar. La esencia es la misma, pero ha logrado perfeccionar esos recursos que tan bien le funcionan y que la distinguen de otros que hacen cosas similares. Bridgers se encuentra, por derecho propio, entre los mejores cantautores de su generación. Y sí, hablo en masculino genérico.

Han pasado tres años desde el debut de Phoebe Bridgers, por aquel entonces conocida por haber publicado un single con la discográfica de Ryan Adams y ser su protegida. Sin embargo, para cuando se publicó Stranger in the Alps (Dead Oceans, 2017) ya se había distanciado de él. Fue en 2019 cuando supimos mediante un extenso comunicado firmado por varias mujeres (entre ellas Phoebe Bridgers) y publicado en el New York Times que Ryan Adams no era lo que se dice buena persona. Cuando Bridgers puso final a una turbulenta relación durante la cual que Adams abusó emocionalmente de ella, él canceló la oferta de ser telonera en varios de sus conciertos y puso excusas para retrasar la publicación del single que habían grabado.

Viento en popa

Las canciones de Phoebe Bridgers son en general delicadas, crudas y sinceras, pero también graciosas y cargadas de ironía.

Si Adams creía que ese era el final de la carrera de Phoebe Bridgers, no podía estar más equivocado. No solo cosechó excelentes críticas con su primer disco, sino que desde entonces ha colaborado con artistas de la talla de The National y ha formado parte de dos súper grupos. Hablamos por supuesto de boygenius, con Lucy Dacus y Julien Baker, otras dos de las figuras más prominentes del indie/folk/rock alternativo de los últimos años; y Better Oblivion Community Center, junto a Conor Oberst, el rey del emo conocido por múltiples proyectos (entre los que se incluye Bright Eyes).

Tras una temporada en la que ha demostrado ser una codiciada colaboradora, Phoebe Bridgers regresa con su segundo larga duración: Punisher. Pero tranquilos, no viene a castigarnos, más bien todo lo contrario. En este álbum cuenta de nuevo con la ayuda de viejos conocidos, entre ellos los dos tercios restantes de boygenius y Conor Oberst. También colaboran Nick Zinner, guitarrista de Yeah Yeah Yeahs, Jenny Lee Lindberg, bajista de Warpaint, y Tim Keltner, batería de estudio conocido por haber trabajado con tres de los Beatles en solitario. En buena compañía, Phoebe Bridgers se lanza a la tarea de hacer un segundo disco a la altura de su prometedor debut.

Las letras de Bridgers contrastan con el humor sardónico del que hace gala en las redes, pero solo superficialmente. Sus canciones son en general delicadas, crudas y sinceras, pero también graciosas y cargadas de ironía. Acompañándolas de melodías de inspiración folk con cuidados arreglos de cuerda, el resultado es extraordinario. Aunque habla a menudo de relaciones (varios de los cortes de su primer disco hablan de Ryan Adams), va más allá. Bridgers habla de una angustia vital característica de su generación, ahora a mitad de la veintena, de los traumas que arrastramos y de la soledad. En definitiva, de experiencias con las que uno puede fácilmente llorar en la cama abrazado a la almohada y sentirse identificado.

Fotografía: Frank Ockenfels

Lo personal es político

Bridgers nos habla de esa angustia vital característica de su generación, ahora a mitad de la veintena, de los traumas que arrastramos y de la soledad. En definitiva, de experiencias con las que uno puede fácilmente llorar en la cama abrazado a la almohada y sentirse identificado.

Pero no solo de experiencias personales y sentimientos hablan las canciones de la californiana, ya que también hace declaraciones políticas (a su manera). En “Garden Song”, ni corta ni perezosa, insinúa que su vecino skinhead servirá de abono para las rosas de su jardín; en “I Know the End”, pista que cierra el disco, habla en tono pesimista de la situación de América y el mundo en general, escudada en una instrumentación grandilocuente que casa a la perfección con los ominosos coros de “the end is here”.

Kyoto”, bastante más animada que a lo que nos tiene acostumbrados, habla de su padre (con el que tiene una relación complicada), pero también de sufrir síndrome del impostor. Se entremezclan los destinatarios al unir versos que se refieren a otras personas, siendo el resultado final poco concreto. Bridgers fuerza sus propios límites y se muestra capaz de hacer más que baladas lentas. En todas las canciones de Punisher se filtra su gusto por la americana (más patente en sus proyectos anteriores a su carrera en solitario), pero también deja entrever cierto atrevimiento a la hora de componer los arreglos.

En “Punisher”, que da título al disco, la voz de Phoebe llega como en un sueño. La canción es inusitadamente suave para lo que uno esperaría del título. En ella, Bridgers reconoce ser una fan obsesiva (para lo que en inglés se usa la expresión “punisher”) de Elliott Smith, a quien ha citado como la mayor inspiración de su música.

La siguiente canción es dedicada a su festividad favorita, “Halloween”, en la que Phoebe recupera la idea de vivir cerca de un hospital (sobre la que cantaba también en “Souvenir”, de boygenius EP) y hace gala de ese peculiar sentido del humor por el que se la conoce en Twitter:

“I hate living by the hospital
The sirens go all night
I used to joke that if they woke you up
Somebody better be dying”

Entre los sueños y la realidad

En todas las canciones de Punisher se filtra su gusto por la americana (más patente en sus proyectos anteriores a su carrera en solitario), pero también deja entrever cierto atrevimiento a la hora de componer los arreglos.

Chinese Satellites” muestra una vez más, hacia el final, esa nueva faceta más animada de la cantautora, recordando por momentos a The National. En “Moon Song” (que, un poco por suerte y un poco por desgracia, no es una versión de Karen O) se entremezclan una vez más los sueños y la realidad, intercalando anécdotas de relaciones pasadas con sueños/pesadillas e incluso aprovechando para dejar caer que Eric Clapton es un poco muermo. Recupera el cliché de regalarle la Luna a alguien a quien quieres pero a la vez se compara con una mascota que trae un animal muerto a su amo, compensando así lo predecible de la idea.

Savior Complex” es quizá el corte con una temática más clara: un affaire que no llega a buen puerto. Con un acompañamiento delicado de guitarra y unos arreglos de cuerda mínimos pero apropiados (recuerdan al EP de Alex Turner de 2011, Submarine), la cantautora recupera una vez más la temática de los sueños, hilo conductor durante todo el disco:

“I’m a bad liar
With a savior complex
All the skeletons you hide
Show me yours, I’ll show you mine
All the bad dreams that you hide
Show me yours”

Reposado, mucho mejor

Terminar de escuchar Punisher es como despertarse de un mal sueño en los brazos de alguien que te recuerda que nada de ello era real.

I See You” es otro de los singles de presentación y momento destacado del disco, dedicada a su batería y exnovio Marshall Vore. En ella se alternan las metáforas (“eres como una obra de arte y yo estoy demasiado cerca”) con las declaraciones más mundanas (“odio a tu madre, odio cuando abre la boca”). Por su parte, “Graceland Too” es una balada country que habla de estar colocado de MDMA y creer que puedes hacer cualquier cosa, uno más de esos contrastes inesperados tan característicos de la angelina. 

Bridgers comenzó a trabajar en este álbum al poco de finalizar su debut, tardando tres años en desarrollar y quedar satisfecha con el resultado. Esta calma se nota en el poso nostálgico de las canciones, propias de alguien que ha procesado sus traumas, que ha hablado extensamente con su psicólogo y que no está lleno de rabia y rencor. Como bálsamo en la herida, la voz de Phoebe acaricia al oyente y le guía por una senda catártica. Terminar el disco es como despertarse de un mal sueño en los brazos de alguien que te recuerda que nada de ello era real.

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