Sorry

Sorry –
925

La banda londinense Sorry debuta con una colección de trece canciones bañadas en el post-punk más puro donde, a pesar de algunos altibajos durante la segunda parte del largo, nos deleitan con un repertorio consistente, oscuro y con personalidad, que destaca por una producción muy cuidada, una buena síntesis instrumental y el carisma de Asha Lorenz.

Sorry son un joven quinteto londinense de post-punk liderado por Asha Lorenz y Louis O’Brien, dos veinteañeros que se conocieron en una escuela privada del centro de la ciudad y que, tras unas cuantas covers de Jimi Hendrix y alguna que otra maqueta de por medio, han decidido ir en busca de su propio sonido.

925 ha sido coproducido por James Dring, conocido por su versatilidad y búsqueda de sonidos poco convencionales, como demuestran sus trabajos con Damon Albarn tanto en Blur (Think Tank, 2003) como sobre todo en Gorillaz, contribuyendo a la confección de esa obra maestra absolutamente rica en detalles llamada Demon Days (2005).

Respirando el post-punk más clásico

El debut de Sorry suena, en su mayor parte, fresco y contundente a la vez que caótico y oscuro, con el sabor del mejor post-punk de finales de los setenta de grupos como Bauhaus y el aroma de la última etapa de David Bowie.

Quizás del debut de Sorry no se pueda considerar algo tan grande, pero es un disco que suena, en su mayor parte, fresco y contundente a la vez que caótico y oscuro, con el sabor del mejor post-punk de finales de los setenta de grupos como Bauhaus y el aroma de la última etapa de David Bowie. Ejemplo de ello es “Right Round the Clock”, el tema que abre el disco y uno de los mejores de todo el LP, que destaca por unos bajos prominentes y unas guitarras que, al igual que en casi todo el disco, buscan aportar texturas para acentuar esa atmósfera darky que se busca constantemente y en la que no hay espacio para solos y virtuosismo. Una canción que respira puro post-punk clásico y a la que la voz de Asha Lorenz le aporta un punto de sensualidad mientras que esos saxos jazzys dan un toque de luminosidad a una canción que de por sí es algo sombría y bajonera.

In Unison” es otra buena canción, más psicodélica, que juega con arpegios graves y sonidos sepulcrales sobre los que Asha recita letras oníricas, mientras que “Snakes” recuerda a unos Pixies mucho más oscuros y bajos de revoluciones. “Starstruck” es otra de las joyas de 925, con un sonido más industrial que juega muy bien con el contraste entre estrofas más introspectivas y un estribillo mucho más melódico y coreable.

Quizás sea “Perfect” la canción más “pop-rock” del disco, la más escuchable y la más comercial, con un ritmo más acelerado y unas guitarras que ahora sí buscan mayor protagonismo, aunque le acaba faltando algo de gancho y constituye uno de los momentos más bajos del álbum en cuanto a creatividad. “As the Sun Sets” recupera el pulso con un inicio basado en una progresión de arpegios similar a la de “In Unison”, acercándose a un dream-pop con matices mucho más tétricos en su sonido.

Sorry, un sonido más para la escena londinense…

La apuesta de Sorry se dirige hacia unas líneas vocales redundantes e introspectivas, climas subyugantes y una producción de baja fidelidad que acentúa esa crudeza y sensación de desaliento en el oyente.

Rock ‘n’ Roll Star” es de lo más destacable de la última parte del disco y donde más se nota la mano de James Dring, con una producción en la que sonidos de lo más variopinto se entremezclan y se desarrollan mientras Asha nos narra lo que parece una aventura sexual con una estrella del rock. Es una de esas canciones compuestas desde la filosofía de la producción, que gana enteros a cada escucha debido a la percepción de nuevos detalles sonoros.

Otras canciones que completan el final del largo son la balada acústica “Heather”, la experimental “Ode to Boy” y esa oda a las drogas “tame impalesca” llamada “More”, que reflejan un mayor eclecticismo en esta última parte del álbum y que quizás afecta a la esencia y a la personalidad del propio grupo, forjada sobre todo en la primera parte del elepé, donde realmente encontramos los puntos álgidos de inspiración y una mayor cohesión en cuanto a ideas.

… Y un sonido más a las estanterías de Domino

Asha Lorenz transmite con mucho carisma todas las emociones deseadas con una voz muy polifacética, que sabe cuando deleitarnos y cuando causarnos angustia.

Hay una cosa bastante clara: Sorry no son un grupo de estadio. Y viendo la cartera de artistas de Domino Records, son una banda bastante particular que en todo caso podrían parecerse más a unos Clinic que a unos Arctic Monkeys, Animall Collective o Wild Beasts. En 925 no hay melodías excesivamente pegadizas ni ritmos desenfrenados que te vayan a hacer saltar en el festival de turno. La apuesta de Sorry va más por unas líneas vocales redundantes e introspectivas, climas subyugantes y una producción de baja fidelidad que acentúa esa crudeza y sensación de desaliento en el oyente.

Hay altibajos, pero también canciones repletas de muy buenas ideas en las que cabe destacar la interpretación de una Asha Lorenz que transmite con mucho carisma todas las emociones deseadas con una voz muy polifacética, que sabe cuando deleitarnos y cuando causarnos angustia.

Es incluso difícil comparar a Sorry con otros grupos que esta nueva escena londinense en la que destacan unos más cercanos al punk como Shame y otras apuestas mucho más arriesgadas y experimentales como black midi. No obstante, Sorry han demostrado con este álbum que pueden competir en la misma liga y sin duda se postulan como una banda con mucho que decir en el futuro, tanto desde el estudio como desde los escenarios.

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