Nap Eyes

Nap Eyes –
Snapshot of a Beginner

¿Es Mark Zuckerberg un fantasma? ¿Puede alguien contarte sus pensamientos y secretos más profundos? ¿Se puede hacer indie-rock y jangle-pop en 2020 y seguir sonando fresco y relevante? A todas esas preguntas responden Nap Eyes en Snapshot of a Beginner, su disco definitivo con el que enamorar a todos esos adeptos del pop de guitarras que aún no les han dado una oportunidad.

No soy de los que defienden que el rock ha muerto ni cosas por el estilo porque básicamente sigue habiendo cientos de bandas cuyo epicentro está constituido por las guitarras, pero sí que pienso que ya no es un género tan predominante como lo era hace diez o quince años. Donde antes había espacio para un número muy amplio de bandas, actualmente ha quedado un poco más reducido y relegado a un segundo plano. Incluso aunque grupos más recientes como Big Thief o Wolf Alice parecen haber conseguido una base bastante estable, muchas otras bandas que un día parecía que podían llegar a ser el siguiente gran grupo se han quedado ahí, como es el caso de Titus Andronicus.

El rock de toda la vida en 2020

Nap Eyes han ido evolucionando de esas canciones de jangle-pop de juguete de sus dos primeros álbumes hacia guitarras más potentes y estribillos de los que trascienden, aparte de una mayor experimentación a lo Velvet Underground.

No pretendo quejarme ni sonar a rancio o a viejo con esto, simplemente pienso que de mediados de la década pasada en adelante ha sido menos habitual ver grupos nuevos de guitarras que destaquen y la mayoría de los que han conseguido algo estos últimos años comenzaron su andadura previamente a 2014 si no ya en la década anterior. Tal es el caso de Nap Eyes, banda canadiense liderada por Nigel Chapman y que con nada más y nada menos que cuatro discos siguen siendo una de esas formaciones que parecen destinadas a ser consideradas “de culto”. Y aunque adorar algo desconocido para el público general a veces tiene cierto encanto, tampoco me gusta rendir culto a nadie en soledad, vaya, si no no habría empezado a escribir sobre música. El caso es que Nap Eyes son un gran grupo, y creo que en una época distinta, Snapshot of a Beginner habría sido quizás el disco que los catapultase.

No es que haya una gran diferencia entre este y los anteriores trabajos de la banda, pero sí se puede percibir cierta evolución que ha progresado con cada lanzamiento y que aquí parece haber pulido el sonido de la banda al máximo. I’m Bad Now (2018) ya daba muestras de cierta búsqueda de un sonido con más músculo, un avance natural de esas canciones de jangle-pop de juguete de sus dos primeros álbumes hacia guitarras más potentes y estribillos de los que trascienden, aparte de una mayor experimentación a lo Velvet Underground.

En Snapshot of a Beginner el grupo se suelta la melena del todo y lo que antes eran canciones discretamente enormes ahora son sencillamente canciones enormes. Los elementos siguen siendo los mismos, pero Chapman y los demás aquí parecen más confiados que nunca para jugar con ellos y construir piezas con una mayor riqueza tanto en su sonido como en su estructura, como esa apertura desganada pero tan reconocible de “So Tired”, donde la apatía de Chapman acaba chocando con la rabia de la guitarra de Brad Loughead.

Fotografía: Matthew Parri Thomas

Continuando el legado de las últimas décadas

Los elementos siguen siendo los mismos, pero Chapman y los demás aquí parecen más confiados que nunca para jugar con ellos y construir piezas con una mayor riqueza tanto en su sonido como en su estructura.

Es esta, de hecho, una de las mayores virtudes del disco: conseguir sonar grandes a pesar de hacerlo más distendidos, dejando más espacio para los momentos de calma, para guitarras limpias que te mecen suavemente hasta que se apagan en lugar de hacerlas cabalgar a través de los clásicos ritmos de acordes del jangle-pop, como ocurre en “Primordial Soup”, que captura muy bien ese sentimiento de felicidad y a la vez de vacío que te inunda cuando contemplas el mundo a tu alrededor, la gran “Mystery Calling”, que bien podría ser una canción del Kurt Vile de Wakin on a Pretty Daze (2013), o “Fool Thinking Ways”, con ese fraseo tan a lo Ira Kaplan de Yo La Tengo.

Cuando se ponen más acústicos, en cambio, como en “When I Struck Out On My Own” o “Dark Link”, traen a la mente a los Wilco de Summerteeth (1999), pero sin perder tampoco la frescura de un grupo de rock de nuestro siglo.

Nuestra banda (también) podría ser tu vida

Nap Eyes lo tienen todo para convertirse en una de esas bandas imprescindibles dentro de la escena indie-rock, lo tenían ya con Whine of the Mystic (2014) y lo siguen teniendo tres discos después.

Tampoco es todo melancolía en este trabajo, sino que hay espacio para los guitarrazos y el pop más luminoso, como el de ese perfecto single que es “Mark Zuckerberg” (una de las mejores canciones que la banda ha hecho jamás), la breve “If You Were In Prison”, que vuelve a traer a la mente a los Yo La Tengo más noventeros y eléctricos, o ese cierre pop a lo The Go-Betweens de “Though I Wish I Could”. Y, sobre todo, hay un pequeño espacio para la épica en “Real Thoughts”, una de esas canciones que se dejan llevar, se desenvuelven de manera natural y te encandilan como hacía el Neil Young más clásico y enérgico de Rust Never Sleeps (1979).

Es probable que Snapshot of a Beginner se convierta en uno de esos trabajos olvidados de 2020 frente a otros grandes lanzamientos por su nula innovación y su aroma a clásico, pero por muchas veces que se haya hecho algo, es muy difícil resistirse cuando alguien vuelve a hacerlo tan bien. Nap Eyes lo tienen todo para convertirse en una de esas bandas imprescindibles dentro de la escena indie-rock, lo tenían ya con Whine of the Mystic (2014) y lo siguen teniendo tres discos después. Sólo falta que nos paremos un segundo a prestarles atención.

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