Bunbury: «No creo que a nadie le asuste que un disco mío apueste por un terreno distinto al que había pisado»

Hablamos con el cantautor zaragozano a propósito de su nuevo álbum de estudio.

Enrique Bunbury es uno de los músicos más polifacéticos de nuestro país. Así lo atestiguan sus registros discográficos. Lleva treinta años grabando álbumes y aún hoy tiene la capacidad de reinvención suficiente como para sorprendernos una vez más. En Posible, su curiosidad sonora vira hacia planteamientos sintéticos y minimalistas que lo llevan hacia nuevos territorios musicales. Sus textos tampoco pasan desapercibidos. La fuerza de su lírica introspectiva se ve incrementada por la atmósfera oscura que la envuelve, lo que llama poderosamente la atención. Preguntamos al compositor vía email sobre estas coordenadas, su proceso creativo y la forma en la que enfrenta cada nuevo lanzamiento.

Posible da continuidad al discurso socialmente crítico del álbum anterior, aunque en esta ocasión la electrónica cobra un mayor protagonismo y la atmósfera es bastante más oscura. ¿Está compuesto por canciones o bocetos de la etapa de Expectativas (2017) o son completamente nuevas?

Es material nuevo. Empecé prácticamente a la semana siguiente, después de terminar de mezclar Expectativas. Casi todos los álbumes nacen como respuesta al disco anterior. A veces quedan cosas en el tintero. Otras parten del descontento, con algún aspecto del proceso, o del sonido, o de los arreglos. O quieres profundizar en algo que te pareció que no quedó lo suficientemente explicado. Así empecé a maquetar algunas canciones entre tramos de gira, y cuando terminamos el Tour de Expectativas en marzo del año pasado, ya estaba preparado para entrar a grabar.

¿En qué momento surge la idea de explorar una sonoridad más electrónica? ¿Hay algún detonante?

No pensaba en electrónica. Pensaba en sintetizadores, trabajo de estudio, más minimalismo, tratamiento de los sonidos, apología del plug-in… Son conceptos de trabajo que hemos explorado. No quería hacer un disco de género. Sigo haciendo canción de autor, para ser cantada. Pero he querido que los textos fueran en una dirección más introspectiva, entre lo poético y lo reflexivo. Y, musicalmente, adentrarme en la investigación, ahondando más en algunos aspectos de metodología y sonoridad.

«Casi todos los álbumes nacen como respuesta al disco anterior. A veces quedan cosas en el tintero. Otras parten del descontento, con algún aspecto del proceso, o del sonido, o de los arreglos»

Visto en retrospectiva, ¿podríamos considerar Expectativas como un puente entre Palosanto y Posible?

Sí, claro. Creo que los tres forman una trilogía, con sus características individuales. Pero, claramente, están en otra órbita lejana a los discos fronterizos que grabé entre el 2006 y el 2011 o el cabaret latino y mediterráneo de los álbumes del 99 al 2004. Me gusta que digas que Expectativas hace de puente. En mi cabeza, me gusta pensar que todos los discos son de transición, vienen de un lugar y avisan de hacia donde pretendo moverme.

Este nuevo sonido se aleja del que tienes acostumbrados a tus seguidores. ¿Has pensado que esta apuesta podría comprometer la recepción por parte de muchos fans, menos apegados a la electrónica?

Creo que una parte de mis seguidores está acostumbrada y disfruta con los cambios. Otros esperan que repitan el momento espacio-temporal que ellos amaron. No creo que a nadie le asuste que un disco mío apueste por un terreno distinto al que había pisado. Aunque como hablábamos antes, nada es totalmente nuevo, y las señales ya aparecían por el camino.

Fotografía: Jose Girl

Tengo la sensación de que este disco nace como una especie de catarsis personal. Algunas de las frases que se escuchan a lo largo del disco son: “Las cosas por su nombre. Responsable solo soy de lo que escribo y digo. De lo que entiendas, no”; “Como me dijo Nick Cave, tú no eres tu pasado”; “Tengo la urgencia de librarme, de vivir al margen de todo como pueda”; “Ahora no recuerdo bien ni cómo he llegado aquí, ni quien solía ser, ni las decisiones que en algún momento tomé”; “Si sigo aquí, tumbado en el parque, me da la impresión de que no me pierdo ya nada”. La introspección es un elemento de peso a lo largo del álbum. ¿Es así?

Efectivamente. En eso es un cambio radical con respecto a los dos álbumes anteriores que tenía la mirada puesta en lo social y el compromiso. Este es un disco en el que se busca enfocar la mirada de la piel hacia dentro; aunque es inevitable que algunos versos tengan cierta conexión con el exterior. 

¿Cuál ha sido la mayor dificultad que has encontrado a la hora de dar forma al álbum?

El desconocimiento de algunas herramientas y tecnología que hemos usado en el álbum. Aprender por el camino es emocionante, pero también a veces asusta. También durante un momento del proceso pensé que podríamos haber cambiado algunos aspectos de la metodología. Aunque, en lugar de un local de ensayo al uso, montamos un mini-estudio en el local y la banda pudo orientar sus esfuerzos de forma colectiva o personal, me quedó la duda de si deberíamos haber trabajado de forma aún más individual y eliminar por completo el concepto banda.

«No quería hacer un disco de género. Sigo haciendo canción de autor, para ser cantada. Pero he querido que los textos fueran en una dirección más introspectiva, entre lo poético y lo reflexivo»

Hay artistas que para dar un enfoque diferente a su música deciden recurrir a un instrumento alternativo al que habitualmente usan para ir a otros territorios musicales. ¿Cómo enfrentas el proceso compositivo de estas canciones que presentan una estética renovada? ¿Compones como siempre? ¿Te vales de instrumentos recurrentes como la guitarra y el piano, o afrontas la composición de otra manera? No sé si quizá experimentando con sintetizadores o algún software.

Normalmente compongo con guitarra o piano. A veces surgen canciones directamente desde un ritmo, o con instrumentos de los que parto menos como un loop, el bajo o un sinte. En este disco hay de todo. Luego, una canción la puedes arreglar en una dirección u otra. Hay enfoques que no mejoran una canción para nada. O sonoridades que la vuelven mucho más interesante de lo que nunca hubieras pensado.

Si el disco anterior estaba desprovisto de rasgos latinos, en este lo recuperas en canciones como “Deseos de usar y tirar”. ¿Es un experimento consciente o un rasgo de estilo que ya brota de forma natural?

“Deseos de usar y tirar” era una canción que, en teoría, no cuadraba con el sonido del álbum. Pero tanto Ramón como yo la vimos en todo momento. Es una canción que me encanta. No me importa que tenga una estructura harmónica de bolero, el resultado final es muy interesante y cuadra con el espíritu de Posible.

Anunciabas hace unos días que ante la crisis del coronavirus te has visto obligado a posponer la gira prevista para este año al que viene. ¿Qué planes tienes hasta entonces?

Me iré de vacaciones. Grabaré canciones nuevas. Escribiré, meditaré, haré yoga, pintaré, tocaré el piano y me veré todas las películas de Woody Allen en orden cronológico. En realidad, no necesito girar. Hablo de necesidad vital. Puedo vivir sin subirme a un escenario. Soy muy feliz escribiendo y grabando. Planteo las giras como la promoción que necesitan los álbumes para que no caigan en saco roto. Hay que explicar las canciones, darlas a conocer, ponerlas en contexto. Y, además, son una fuente importante de ingresos para seguir dando de comer a los míos y que no falten frijoles en la olla. Así que esperaremos a febrero, tendremos más ganas que nunca y espero que el público también.

Después de tres décadas lanzando trabajos y con una carrera plenamente consolidada, ¿con qué actitud te enfrentas al lanzamiento de un nuevo disco? ¿Persiste la ilusión o ya se asume como natural, como el trabajo normal de un músico?

Las dos cosas. La ilusión permanece y es el trabajo normal de un músico. Es a lo que me dedico. Lo que siempre quise hacer. Escribir, expresarme a través de música y versos y grabar álbumes ambiciosos que me sorprendan a mí y, espero, al público. No aspiro a ser número uno de nada. Me interesa que alguien escuche mi nuevo álbum y sienta y se emocione. Eso me parece fundamental. Lo demás es lo de menos.

«No aspiro a ser número uno de nada. Me interesa que alguien escuche mi nuevo álbum y sienta y se emocione. Eso me parece fundamental. Lo demás es lo de menos»

Estás muy al tanto de la actualidad musical. No hace mucho lanzabas en un tuit los discos que más te gustaban de lo que va de año. ¿A qué talentos jóvenes tienes actualmente en el radar?

Me alegro de que me preguntes por el talento joven. Disfruto mucho escuchando a mis compañeros de profesión, a uno y otro lado del Atlántico, e intento atender a lo que hacen las nuevas bandas y artistas y aprender de ellos. Ahora estoy disfrutando mucho de los discos de una chica argentina que se llama Barbi Recanati, el disco de Melenas, el de Confeti de Odio, el de Chencho Fernández… Y de artistas más consolidados, me gusta mucho el de Triángulo de Amor Bizarro, el de Natalia Lafourcade, el de Diego Vasallo y el recién salido de Lichis y Rubén [Pozo].

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