Melenas

Melenas –
Días Raros

Lleno de aciertos, manejado con experticia, cargado de trucos impredecibles pero tan nebuloso que cuesta seguir su camino. Días Raros demuestra que Melenas no son una banda conformista y que con solo dos álbumes estas cuatro pamplonesas tienen mucho que aportar al panorama, pero los esfuerzos de una instrumentación interesante se ven mermados por un apartado lírico y vocal que parece no querer que conectemos con él.

Con menos de tres años sobre los escenarios, las pamplonesas Melenas han sabido abrir un hueco en la escena underground nacional donde se han afianzado con firmeza. En su debut homónimo de 2017 se daban cita un garage-rock suave, algo de bedroom-pop, sintes analógicos, guitarrazos jangle y kilos y kilos de reverb. Sin embargo, para su regreso a la larga duración, el cuarteto que inauguró el reverbcore-fuzz-pop se deja parte de estas etiquetas por el camino para sumergirse en atmósferas más introspectivas, lentas y brumosas, superponiendo capas de una electrónica cada vez más presente que por momentos hacen perder de vista sus líneas melódicas y líricas de un modo aparentemente intencional. Melancólico, onírico y difuso: así es Días Raros (2020).

Días Raros en nuestro universo interior (antes del confinamiento)

Melenas se dejan parte de sus viejas etiquetas por el camino para sumergirse en atmósferas más introspectivas, lentas y brumosas, superponiendo capas de una electrónica cada vez más presente.

Si bien este segundo álbum de estudio hace gala de una producción homogénea, no puede decirse con justicia que sus canciones sean excesivamente parecidas entre sí; solo esa constante sensación de nostalgia de lo no vivido, de una confusa resaca emocional o de un ensimismamiento obligado (difícil no pensar en la reciente etapa de confinamiento que hemos tenido que vivir) filtra los diversos sonidos que convergen en Días Raros.

Así coexisten la premura un tanto angustiosa de “No puedo pensar”, de una imparable “3 segundos” que viene puesta hasta los topes de flanger y de las guitarras jangly deYa no es verano” con una electrónica analógica que ya existía en sus anteriores temas, pero se presenta ahora en nuevas y variadas formas.

Fotografía: Promo

Electrónica de todo pelaje, atmósferas intimistas, nostalgias y sorpresas sonoras

Solo esa constante sensación de nostalgia de lo no vivido, de una confusa resaca emocional o de un ensimismamiento obligado filtra los diversos sonidos que convergen en Días Raros.

Con una base motorik, capas de teclados que se reparten la melodía, diversos drones de fondo y voces reverberantes y armonizadas a lo Stereolab descorcha “Primer tiempo” este álbum, que seguirá presentando electrónica en sus arreglos sutiles, como el etéreo colchón de fondo de la calurosa “Despertar” o la evocadora “En Madrid”, pero que dará lo mejor de sí en pasajes más preeminentes.

El tiempo ha pasado”, una dulcísima y nostálgica pieza en la que la base rítmica se ausenta por única vez en el álbum, la excelente, dinámica e impredecible “Los alemanes” o los arreglos expertamente colocados del genial cierre “Vals”, que por momentos hace pensar en las atmósferas de Our Girl, dan buena cuenta de la habilidad de Melenas para manejar no simplemente los teclados, sino secciones instrumentales mucho más complejas y elaboradas que las de su debut.

Cómo conectar con una voz perdida en la bruma

Cuesta muchísimo conectar con letras íntimas e introspectivas si apenas es posible distinguirlas en la niebla de un reverb exagerado, y si bien cuando funcionan lo hacen realmente bien, la calidad de las secciones instrumentales pone de manifiesto que muchas canciones funcionarían mejor si la voz no participase del modo en que lo hace.

Y es que Melenas podrían firmar un excelente álbum instrumental solo con proponérselo, pues a veces la rigidez de los esquemas líricos y sonoros de la canción pop parecen lastrar su calidad. Para cuando llegamos a “Ciencia ficción” da la impresión de que es un tema que ya hemos escuchado antes en el álbum: tanto “29 grados”, uno de los cortes menos destacables del tracklist con la salvedad de su breve coda, como la ya citada “3 segundos” recurren a técnicas y estructuras muy similares, aun cuando varíen sus arreglos.

Y esto hace pensar en el otro gran problema del disco: el apartado lírico y vocal, no por su calidad o sus contenidos, sino por su presencia en la mezcla. Cuesta muchísimo conectar con letras íntimas e introspectivas si apenas es posible distinguirlas en la niebla de un reverb exagerado, y si bien cuando funcionan lo hacen realmente bien (como ocurre con “El tiempo ha pasado”), la calidad de las secciones instrumentales pone de manifiesto que muchas canciones funcionarían mejor si la voz no participase del modo en que lo hace.

Grandes esfuerzos casi coordinados

Melenas experimentan con sus bases, se alejan de ellas en maniobras difíciles de anticipar y demuestran la maestría adquirida en este tiempo como intérpretes de sus respectivos instrumentos.

En líneas generales, Días Raros es un trabajo con triunfos notables y marca un gran avance en la composición y producción de Melenas: experimentan con sus bases, se alejan de ellas en maniobras difíciles de anticipar y demuestran la maestría adquirida en este tiempo como intérpretes de sus respectivos instrumentos. No obstante, al apartado lírico le cuesta decidir si quiere seguir siendo central a la hora de organizar las dinámicas de las canciones o si tan solo es una suerte de órgano vestigial al que deliberadamente han querido restar atención e importancia, lo cual contradice su intención de que las letras sean vehículo de los temas introspectivos del disco.

No resulta difícil dejarse sumergir en su mar de reverb y flotar en su universo intimista, pero es una lástima que haya en él tan pocos espejos en los que quedarse para contemplar nuestra propia imagen reflejada en su música.

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