The 1975

The 1975 –
Notes on a Conditional Form

Tras volvernos a todos locos con los preliminares, The 1975 cierran su binomio Music for Cars confirmando que su explícita aspiración a lo absoluto no es una mera fachada. Haciendo que nos olvidemos de adjudicarles definición alguna, el acervo de géneros tratados en este nuevo trabajo puede darnos acaso una imagen del arquetipo que han trabajado ser: aquel que, desde la honestidad, aborda la difícil cuestión de ser joven en este mundo, sin renunciar a conquistar todo cuanto pueda estar al alcance de la mano para un grupo de música.

Ojito con estos. No le están saliendo mal las cosas a Matt Healy y sus hermanos desde que empezaron a fabricar canciones en 2013. Siempre se ha acusado a The 1975 de tremendamente ambiciosos, una cualidad que no suele despertar simpatías en el prójimo, pero que muchas veces es imprescindible para aquel que quiere sacar algo adelante. Cero humildad y cero complejos como base de un proyecto que desde el principio tuvo el apoyo incondicional de crítica y público (el primer disco fue número uno en UK y con el segundo repitieron en la isla y en EE.UU), y que pronto hizo que se pusiese el foco en lo que a priori parecía un pastiche que emulaba a las boybands de los noventa. Mientras lo petaban dentro de su país, en festivales como el BBK de 2014 aparecían enterrados entre los últimos nombres, aunque en 2017 repitieran ya con cierto caché alcanzado a base de estar constantemente en boca de todos.

La complejidad de explicar lo inexplicable

Que un grupo se vuelva difícil de encasillar siempre es positivo. No podría decir si The 1975 son rock, electro-pop, funk o un homenaje a los Backstreet Boys, y eso es muy bueno, porque posiblemente sean todas esas cosas y alguna más.

Especialmente importante fue el lanzamiento de A Brief Inquiry Into Online Relationships en 2018, donde se comenzó a hablar de una verdadera madurez artística, saliéndose un poco del canon que hasta ahora habían presentado. Y, sin apreciar un cambio en las letras, con un discurso que podría firmar cualquier joven de nuestra generación lleno tanto de dudas como de indignación, sí que es verdad que los recursos sonoros empezaron a expandirse hasta perderse un poco a la hora de concretar una definición. Rasgo propio de la ambición… ¿o de la inquietud? Que un grupo se vuelva difícil de encasillar siempre es positivo. No podría decir si The 1975 son rock, electro-pop, funk o un homenaje a los Backstreet Boys, y eso es muy bueno, porque posiblemente sean todas esas cosas y alguna más.

Dejando a un lado la riqueza musical, la segunda parte identitaria la ha conformado siempre el espectáculo externo. Ya en 2017, Matt declaró que el nuevo material que se avecinaba sería un binomio de dos álbumes englobado bajo el nombre Music for Cars. El primer disco fue el mencionado anteriormente, de 2018, y el segundo es el que nos ocupa ahora mismo, el recién estrenado Notes on a Conditional Form (2020). El LP fue anunciado en un principio bajo el título Drive Like I Do, en homenaje al nombre primigenio de la banda, pero terminaron reculando, así como con la portada, la cual también fue corregida tras ser presentada, y posteriormente vuelta a restablecer la inicial. En medio de este caos, y mientras se iban dando detalles que no se sabía si terminarían siendo ciertos o no, fueron llegando una totalidad de ocho singles, entre ellos la rotura de esquemas que es “People” y la que sería la introducción al disco, “The 1975”, encabezada por un discurso de la activista Greta Thunberg.

Puro marketing mediante el espectáculo de poner todo patas arriba. En varias entrevistas, el grupo habló de que el nuevo disco hablaría de sus preocupaciones sobre el cambio climático, el capitalismo y la extinción humana; el amor, por supuesto; la ansiedad… y que estaría inspirado en la cultura nocturna británica, tomando como referentes a The Streets y Burial. Ah, y que el álbum contaría con un total de veintidós canciones, el más largo de una carrera en la que nunca han sido breves. Maravilloso todo. 

Fotografía: Press

La segunda parte de un binomio que pretende hacer historia

Notes on a Conditional Form contiene lo prometido, sigue expandiendo su universo sonoro y confirma que su amor propio y pretensiones de engullir el mundo también casan con la inquietud y ganas de hacer las cosas bien.

Efectivamente, el disco contiene lo prometido, sigue expandiendo su universo sonoro y confirma que su amor propio y pretensiones de engullir el mundo también casan con la inquietud y ganas de hacer las cosas bien. Veremos si no se cae la cita que tienen en Finsbury Park el 10 de julio, pero el gran recinto que ha convertido en legendarios conciertos de U2, Arctic Monkeys o Rage Against The Machine puede ser la puerta de entrada, junto con este disco, a encabezar lo que sea a partir de ahora.

El álbum abre con la clásica introducción titulada “The 1975”, solo que esta vez, como ya he dicho, en vez de la voz distorsionada y a trompicones de Matt lo que nos encontramos es una consigna ecologista a cargo de la ya archiconocida Greta. Un discurso que, cómo no, viene rodeado de cierta polémica, ya que Healy declaró que muchas grandes bandas descartaron incluir en su trabajo la causa defendida por la activista sueca. El argumento esgrimido en el corte abarca casi cinco minutos, rompiendo también con la brevedad de las aperturas anteriores, y dejando el espacio necesario a las proclamas en favor de la lucha por reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, un mensaje que no solo es una cuestión climática, sino de clase. 

Interesante es también cómo han estructurado el disco estos chicos, contrapesando la densa introducción con un misil y una posterior transición instrumental hacia el bloque central. El resultado funciona, y predispone tanto a piel como cerebro para afrontar la siguiente hora de escucha con el espíritu adecuado, como si en vez de escuchar música estuviésemos viendo un peliculón. El supositorio en cuestión es “People”, lanzado como primer single tras el discurso de Greta, y que dejó a todo el mundo con el culo roto. En otra maniobra distractora de la banda, que hizo pensar a más de uno en un posible viraje hacia el metal de Slipknot, el experimento se quedó ahí, en una anécdota dentro del disco que, sin embargo, funciona para insuflar la energía necesaria al comienzo (hasta el videoclip es millennial, hecho expresamente para ser reproducido en teléfono móvil). Y, como cuando mezclas un buen filete con ensalada y vino, “The End (Music For Cars)” añade una bella continuidad al asunto, a modo de cortinilla instrumental peliculera a lo James Newton Howard. Ahora sí, nos echamos a los brazos de lo que viene a continuación.

Lo importante no necesita matizarse mucho

El eje principal del disco se centra en la inseguridad personal a la hora de abordar las relaciones personales, especialmente sentimentales. Un viaje de Matt por su vida reciente, sufriendo por la dificultad de encajar, ser honesto, encontrar la palabra correcta: ser aceptado tal y como es.

A partir de aquí voy a intentar resumir, porque son muchas canciones. El eje principal se centra en la inseguridad personal a la hora de abordar las relaciones personales, especialmente sentimentales. Un viaje de Matt por su vida reciente, sufriendo por la dificultad de encajar, ser honesto, encontrar la palabra correcta: ser aceptado tal y como es. Finalmente todo desemboca en el amor hacia sus amigos y su pasión —la música; este grupo—, como consuelo y, sobre todo, como sostén y paracaídas para seguir lidiando con todo lo demás. ¿Cómo lo cuenta? Pues acudiendo a un porrón de géneros, entre los que destaca su pop noventero característico, las baladas acústicas y aventuras electrónicas nada mal solventadas.

Frail State of Mind” inaugura la sección de fragilidad mental con un sonido marca de la casa, donde el que canta busca acomodar su estado, mientras pide perdón por su inseguridad. La canción viene destacada como importante, ubicada entre dos interludios a modo de presentación del problema. Tras ese lapsus que es “Streaming”, una guitarra acústica nos introduce en “The Birthday Party«, una inquietante narración sobre relaciones que no fluyen, ¿prostitutas?, y una dependencia emocional que, como vemos al final, simplemente es resultado de la tristeza. 

Yeah, I know” es la primera muestra de electrónica chunga y críptica, que no aporta mucho más que un experimento en clave de elegía. Tampoco incorpora demasiado “Then Because She Goes”, otra especie de interludio; enérgico él, pero donde escuchamos que “cuando tú me dejas, lloro por dentro”, like todo el mundo en fase menguante. Sin embargo, al pasar a “Jesus Christ 2005 God Bless America”, nos damos cuenta también de la efectiva combinación entre estas dos canciones. Conocimos el tema con premura, balada acústica que cuenta con la deidad Phoebe Bridgers acompañando a Matt en la mejor canción del disco, combinando, como es habitual en Phoebe, belleza melódica y temas trascendentales con poca seriedad y fórmulas tangenciales.

The 1975, el experimento más complejo de todos

Todo desemboca en el amor de Matt hacia sus amigos y su pasión (la música, este grupo). ¿Cómo lo cuenta? Acudiendo a un porrón de géneros, entre los que destaca su pop noventero característico, las baladas acústicas y aventuras electrónicas nada mal solventadas.

Roadkill” y “Me & You Together Song” abordan la cuestión de la inseguridad (y el éxito) en el amor basándose en la improvisación a pesar de las apariencias, en las que Matt aprovecha, oportunamente, para azotar la homofobia. Por otro lado, en “I Think There’s Something You Should Know” trata de convencerse de que todo está bien, apoyándose en un interesante cariz electrónico. Y aquí comienza una pequeña cadena, comenzando por “Nothing Revealed/Everything Denied”, donde se cambia nuevamente de tercio, pasando a la apatía con un coro góspel que introduce un R&B que encuentra continuidad en “Tonight (I Wish I Was Your Boy)”, y esta a su vez deja traslucir un reggae que se materializará del todo en “Shiny Collarbone”, contando para ello con la participación de Cutty Ranks. 

If You’re Too Shy (Let Me Know)” tiene esa no tan frecuente cualidad de parecer que la llevas escuchando toda la vida. Igual es porque fue otro de los singles y le di infinitas vueltas antes de que formase parte del disco, o simplemente porque tiene adscrita la clave del éxito. Aquí se inicia el desenlace millennial del purgatorio romántico. Todo hijo de vecino se identifica con el chico tímido con poca iniciativa y salero en este tipo de asuntos, pantalla de smartphone mediante, así que únicamente hace falta un solo de saxo para que todos nos tiremos por la ventana gritando: “¡Yo también, joder! ¡Bieeeeeen!”.

Poca gente escucharía entonces “Playing on My Mind”, o quizá sí, escayolados de cuerpo entero; pero llega en el momento exacto. Otra balada típica del grupo, que quizá se puede resumir en la frase “me preocupa mucho que la ropa se me ajuste, pero nunca apliqué eso a las relaciones”. En fin, mucho ojo con “Having No Head”. Seis minutazos de sesión electrónica, partida en dos como los Maxibon (nunca tuve claro cuál es la porción buena, pero la mitad final en este caso es la crujiente, fijo). 

No somos nadie sin nuestra gente

¿Qué es, si no, la vida? Un drama donde buscamos constantemente sentirnos especiales, queridos; pero donde, mientras tanto, nos sostienen las pasiones (importante conservarlas) y aquellas personas que no elegimos desesperadamente, sino que llegan a nosotros porque tenían que llegar.

What Should I Say” hay que analizarla dentro de su posición en el disco. Podría ser una segunda parte de la sesión de Pachá que se monta en el anterior corte, solo que aquí hay chicha que debería ser interpretada, aunque creo que lo que se busca es que cada oyente le dé un sentido a esto: “¿Qué debería decir?: Diles las cosas que me dijiste”. Es entonces cuando “Bagsy Not In Yet”, a modo de ultimátum, nos saca de las diatribas sentimentales y nos lleva al refugio eterno: los amigos y las verdaderas pasiones. A eso contribuye “Don’t Worry”, una balada cantada desde la más profunda amistad. Todos nos hemos visto envueltos en alguna situación inabarcable, presa del más puro e irracional sentido del amor; sobrepasados y dubitativos al respecto. Creemos que nadie nos comprende, que aquello no hay por dónde cogerlo y que nos va a terminar destrozando, pero ahí están los nuestros (siempre que los tengamos) para ayudarnos a sobrellevar y aupar esa batalla personal.

El disco cierra con “Guys”, una oda de Matthew a sus compañeros de banda y al sueño de su vida: el propio grupo, The 1975. Otro de los singles, elegido al dedillo, que refleja, en esencia, la moraleja final del disco: No soy nadie sin mi gente. Llegados a este punto, y habiendo pasado por todas las fases que destapa este álbum, no queda otra que reflexionar sobre el sentido de absolutamente TODO. Y, en mi caso al menos, tico la V en prácticamente el 100% del discurso articulado. ¿Qué es, si no, la vida? Un drama donde buscamos constantemente sentirnos especiales, queridos; pero donde, mientras tanto, nos sostienen las pasiones (importante conservarlas) y aquellas personas que no elegimos desesperadamente, sino que llegan a nosotros porque tenían que llegar. Hacerse caso, muchachos.

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