Dellafuente

Dellafuente –
Descanso En Poder (D.E.P.)

Si se pudiera tallar en piedra, el nuevo disco de Dellafuente, Descanso En Poder, se guardaría como epitafio del artista granadino. En veintisiete minutos se condensa lo que, hasta hoy, ha sido su carrera: canciones compactas pero bailables, orgullo por cómo ha dirigido su trayectoria y una gran influencia andalusí.

En el mini-documental sobre el encuentro de Dellafuente con Raimundo Amador, se evidencia una profunda preocupación en el artista granadino: que en unos años se le vea como un jugador más de una escena con la que nunca se sintió identificado. Como a los héroes griegos, le obsesiona pensar en cómo se hablará de él en el futuro.

Para tranquilidad de Pablo (el nombre real detrás del alter ego), después de dos trabajos de larga duración (Azulejos de Corales (2015) y Ansia Viva (2016)) e infinitos sencillos y colaboraciones, si en unos años alguien se pregunta qué fue Dellafuente, en menos de media hora tendrá la respuesta con las diez canciones de Descanso en Poder (D.E.P.).

Un disco conceptual, ¿de qué?

Descanso En Poder trata de personificar una propuesta artística para matarla; y el resumen de una vida que dicen que se ve justo antes de morir, transformarlo en veintisiete minutos de buena música.

Hay que tenerlo muy claro para atreverse a lanzar un disco “conceptual” en pleno 2020. Lo lógico, con lo que cuesta que alguien se pare a escuchar un álbum de arriba abajo, es hacerlo lo más explícito posible. Y, como Biznaga, hablar de los males de la pantalla, llamar a tu disco Gran Pantalla y decir la palabra “pantalla” en todos los temas menos en uno; o como C. Tangana con Ídolo, poniendo un busto y mucho ego en todas las canciones. Pero la trayectoria de Dellafuente nunca se caracterizó por ser accesible y evidente.

El primer tema de Descanso en Poder (“Intro”), donde se supone que se explica de qué va a ir el disco para orientar su escucha, funciona como metaintro: una intro en la que simplemente se reflexiona sobre la necesidad de hacer una intro. Y, en teoría, esa es la leyenda con la que descifrar el contenido del álbum (de las explicaciones ya se encarga su sello con las notas de prensa). Entonces ¿de qué va D.E.P.? Debajo de las metáforas y encima del bombo a negras, se trata de personificar una propuesta artística para matarla; y el resumen de una vida que dicen que se ve justo antes de morir, transformarlo en veintisiete minutos de buena música.

Fotografía: Promo

Un currículum en forma de disco

Aquí está todo lo que ha configurado el estilo de Dellafuente: gran influencia y orgullo de la cultura andaluza, referencias lorquianas, beats potentísimos a los que se monta con la intensidad de un rapero y el quejío de un flamenco, y satisfacción por haber dirigido su carrera cerca de los suyos.

En el nuevo álbum está todo lo que ha configurado el estilo de Dellafuente hasta el día de hoy: gran influencia y orgullo de la cultura andaluza (“Recomellía” o “Yalo Yale”, con un beat producido por El Guincho al que perfectamente se podría haber subido Rosalía), referencias lorquianas (“Saturación”; no es casualidad que el disco se haya publicado un 5 de junio, coincidiendo con el aniversario del nacimiento del poeta), beats potentísimos a los que Dellafuente se monta con la intensidad de un rapero y el quejío de un flamenco (“Toco el Cielo”, “Palante y Patrás”), y satisfacción por haber dirigido su carrera lejos de los focos y cerca de los suyos (algo que se escucha en “Libertad y Salud” y se ve, con alegorías, en todos los videoclips del disco que ha sacado por ahora).

Para producir un trabajo que pretende reflejar una carrera, el artista granadino ha contado con amigos como Antonio Narváez, Maka, Ñejo, Rels B o Pepe:Vizio. Además de los grandes nombres (no solo los musicales, también en la parte visual con Ricardo Cavolo, Tomás Peña y BLISS), en la última canción interviene el coro de la universidad de Granada, aunque es una pena que solo se aproveche por la fuerza de un grupo de personas cantando prácticamente al unísono, en vez de exprimir la riqueza de matices y armonías que se le podrían haber sacado a cualquier coro amateur.

Además, con “Pa’ que no te duermas” se recuerda que las canciones que no tienen mayor pretensión que lucir virilidad también forman parte de Dellafuente (“Tengo respeto sin pistola / yo pa la calle ya saqué cuarenta himnos). Y es que el rap virtuoso de los 2000 influyó tanto en los artistas “urbanos” actuales como ellos lo hacen hoy en los que empiezan en la música.

¿Qué se ve desde la última canción?

Ya sea como Dellafuente, como Taifa Yallah o con una guitarra y un cajón, seguro que al Chino todavía le queda mucha música

Solo desde el final de una vida se tiene la suficiente perspectiva para juzgarla, sopesar lo que ha valido la pena y lo que no. Por eso, en la última canción (“Nubes”), Dellafuente habla y reflexiona desde arriba, como si cantara en un capítulo de “El cielo puede esperar”. Desde ahí, desde el cierre del álbum, mirando hacia las canciones anteriores, se ve lo mismo que verá el Chino cuando gire la cabeza y contemple lo que fue Dellafuente.

Y si este es su final, no hay que olvidar que Dellafuente no deja de ser un proyecto artístico de Pablo, el Chino, de Granada. Durante años, lideró una escena de la nunca quiso formar parte y que, sin él, ocupaba las portadas de las revistas. Crítica e industria le ponían demasiadas etiquetas, y en las pocas entrevistas que concedía, se notaba que le pesaban mucho. Pero por mucho que se haya quemado, ya sea como Dellafuente, como Taifa Yallah o con una guitarra y un cajón, seguro que al Chino todavía le queda mucha música.

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