Hinds

Hinds –
The Prettiest Curse

Polarizadoras es un término que se queda corto para hablar de las Hinds, uno de los grupos patrios con mayor proyección internacional y que más ampollas han levantado dentro de nuestras fronteras. En España hasta hace poco en general se las veía con escepticismo, y es que Hinds son la representación perfecta de “o las amas o las odias”. El cuarteto sorprende positivamente con un disco en el que se reconcilian con el español y se deshacen de la etiqueta lo-fi.

Desde el comienzo de la historia de la música hay ciertas cosas que (algunos) han creído que las señoritas no deberían hacer. No podían tocar el chelo por la obscena postura con la que hay que sentarse, con las piernas abiertas, pero para un hombre no suponía ningún problema (¿los inicios del manspreading?). Las muchachas aprendían a tocar un instrumento (que mantuviese su virtud intacta) pero solo para entretener a las visitas, como monos de feria, no para convertirse en músicos de verdad, de los que daban conciertos. La osada que pretendiese componer ya podía esconderse tras el nombre de un hermano o un marido, permaneciendo en la sombra hasta mucho tiempo después de haber muerto. 

Ya en la actualidad, sigue habiendo gente que frunce el ceño al ver a una mujer decir palabrotas, beber cerveza a morro de una lata o hacer rock sucio. Las Hinds han roto todas y cada una de estas normas. Menos mal que ellas no quieren ser señoritas.

Las hijas pródigas (en contra de su voluntad)

Las madrileñas regresan más poperas que nunca, tomando prestadas del género sonoridades y melodías pegadizas.

Cuando fueron recibidas con entusiasmo por la prensa internacional, en España se escrutaba cada movimiento que hacían para criticarlas hasta la saciedad (no siempre justificadamente). Es cierto: eran unas novatas que estaban aprendiendo a tocar sus instrumentos sobre el propio escenario, pero eso es parte del espíritu punk de la escena garajera, y actitud no les faltaba. Es posible que no mereciesen toda la atención que recibieron, ¿pero acaso la merece alguien alguna vez, cuando triunfar en la industria musical es mayormente cuestión de suerte y ser descubierto por la persona adecuada?

Si su primer disco fue una carta de presentación y el segundo era en el que intentaban demostrar a los críticos que podían tocar sus instrumentos “correctamente”, este The Prettiest Curse ha sido claramente hecho para ellas mismas y su disfrute, desembarazándose de las expectativas del público y cómo se suponía que debían sonar. Las madrileñas regresan más poperas que nunca, tomando prestadas del género sonoridades y melodías pegadizas. Su anterior trabajo estaba compuesto íntegramente para un cuarteto clásico de rock (guitarras, bajo, batería y punto), pero en este aparecen teclados y guitarra española, sin renunciar por ello a la esencia de Hinds.

Fotografía: Andrea Savall

Ampliando horizontes

Aunque la producción del disco es más cuidada y las composiciones llevan claramente mucho más trabajo detrás, dos adjetivos que siguen viniéndoles al pelo son los de frescas y casuales.

The Prettiest Curse abre con la destacada “Good Bad Times”, que fue uno de los singles de presentación y que sorprendió al ver que las Hinds se animaban con el español. Anteriormente, habían tanteado su lengua materna en “Ma Nuit,” corte que cerraba su anterior trabajo I Don’t Run (2018), poniéndonos los dientes largos sin saber si la cosa iba a pasar de ahí. Afortunadamente para los que disfrutasen de oír a Carlotta y Ana cantar en español, este nuevo disco contiene multitud de versos sueltos y expresiones intercaladas en nuestro idioma.

Just Like Kids (Miau)”, por su parte, es la respuesta a todas esas críticas de las que hablábamos más arriba y la letra de la que dicen sentirse más orgullosas. Que si solo han triunfado por tener unas piernas bonitas, que si cómo van a cantar en inglés teniendo acento, que si tienen una actitud que repele a los hombres. Todo eso bañado por consejos que no habían pedido de gente a la que no conocían. Debe ser verdaderamente agotador ser una mujer en la industria musical, pero con una buena dosis de humor y una melodía acelerada, consiguen tener la última palabra de la discusión. 

En general, los temas tratados en las letras son más variados, ya no se hace referencia exclusiva a salir de fiesta o beber con amigos. De esta forma, las Hinds hablan sobre diferentes dinámicas en relaciones románticas o hacen un análisis más introspectivo de sí mismas. “Boy”, “Come Back and Love Me” o “Waiting for You” son ejemplos de lo primero, sin caer en cursiladas pero con letras íntimas y sinceras. Parece adecuado que recurran al español para abordar ciertos sentimientos cuando quizá el inglés se quedaría corto o demasiado frío para tratar los asuntos del corazón.

 “The Play”, que habla de tener una crisis de identidad e intentar encontrar tu sitio, cae dentro del segundo grupo. Al final se las oye conversar de forma casual, dándole un aire fresco a la canción y proporcionándonos una ventanita por la que mirar dentro de la experiencia de grabación. Porque, aunque la producción del disco es más cuidada y las composiciones llevan claramente mucho más trabajo detrás, dos adjetivos que siguen viniéndoles al pelo a las madrileñas son los de frescas y casuales.

El principio de algo nuevo

Aunque menos cohesivo que sus predecesores, The Prettiest Curse sale bien parado. Este álbum no es puro rock garajero, y menos mal, porque de haber repetido fórmula las Hinds se habrían arriesgado a caer en la irrelevancia.

No hay que preocuparse porque no solo de sintetizadores vive la mujer y las Hinds siguen dando caña a sus instrumentos, como bien nos demuestran en el solo de guitarra final de “Burn”. El último corte es “This Moment Forever”, con un acompañamiento de teclado delicado y un ritmo pausado, bajando la intensidad en la despedida para dejarnos reposar un poco el álbum antes del final, como un postre para acabar.

Aunque menos cohesivo que sus predecesores, The Prettiest Curse sale bien parado. Este álbum no es puro rock garajero, y menos mal, porque de haber repetido fórmula las Hinds se habrían arriesgado a caer en la irrelevancia. Con el viraje de timón es probable que pierdan algún fan por el camino, pero lo que han ganado en originalidad y ejecución sin duda compensa. 

Estoy prácticamente segura de que este disco será criticado por un puñado de detractores por no hacer “rock de verdad”, y serán los mismos que en su día no quisieron permitir que las chicas hicieran garage. Parece que sigue incomodando ver cómo las mujeres desafían los roles y las expectativas que se tiene de ellas. Las Hinds te podrán gustar más o menos, y es perfectamente lícito si personalmente su música no te gusta, pero lo que es innegable que ha sucedido y tiene que parar inmediatamente es que se las critique por ser mujeres que han hecho lo que han querido, exactamente igual que han hecho siempre los hombres.

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