Perfume Genius: «En este disco he querido liberar mi cuerpo hasta abandonarlo por completo»

Más libre que nunca, en equilibrio absoluto de sus emociones, de sus conocimientos, de sus movimientos, Perfume Genius regresa con su mejor trabajo, una obra de arte que sienta uno de los cánones más personales y a la vez universales de la nueva masculinidad. De la no-masculinidad, mejor. El clímax de una carrera en la que la hiperestesia ha terminando cristalizando en aristotélica moderación.

Mike Hadreas es un personaje extrañamente atormentado. Así se ha venido presentando disfrazado de Perfume Genius a lo largo de cuatro trabajos que siguen una impecable trayectoria ascendente. Así, entre represiones y deseos puramente pasionales, entre fiebres románticas y decepciones, entre intensidad y depresión. Consumido por todo tipo de adicciones pero salvado siempre por su fuerza de voluntad. Viviendo en casas que ha tardado mucho tiempo en considerar hogares, si es que lo ha conseguido hacer algún día antes de facturar el excelente No Shape, en el que por primera vez le veíamos recaer en el hogar y, cómo no, en las dudas que suscita su comodidad. Los miedos han estado siempre ahí, presentes, acechando detrás de la oreja, pero Perfume Genius ha sido capaz de ir superándolos uno a uno mientras nos dejaba a nosotros todos los dilemas posibles. Masculinidad, preconcepciones, homosexualidad y derechos, prejuicios, reapropiación, identidad, reconocimiento de uno… Su conflicto moral y personal ha sido nuestro debate, y sin querer ser el activista que algunos esperan de él, ha hecho más que la mayoría por las causas contra la discriminación sexual, la preasunción de roles o la celebración de la propia identidad y de sus imperfecciones. Ahora, en Set My Heart On Fire Immediately, sienta la cabeza y el corazón y nos ofrece su versión más equilibrada, en balance y comunión consigo mismo y con el mundo. Con un mundo cada vez más negro pero en el que cada vez es capaz de ver más esperanza. Nos sentamos al teléfono con Perfume Genius al principio de la pandemia ya que lo que iba a ser una charla presencial al final nunca pudo ser.

¿Qué tal Mike? Te llamo desde la zona zero [Risas]. “Estamos bien”, como dice Bad Bunny. ¿Tú qué tal estás? ¿Cómo lo estáis viviendo por allí?

Pues bueno, bien. Quiero decir, mucha gente está entrando en pánico, preparándose para lo peor, intentando protegerse a sí mismo y a los suyos. Otros miran para otro lado… Son tiempos raros, desde luego.

La estética que has escogido para este lanzamiento parece atacar a los estándares de masculinidad del mundo rural (así, en general). ¿Cuál era la idea?

Creo que es parte de una combinación. En parte es simplemente que me sentía con mayor libertad en todos los niveles, pero centrándome especialmente en lo personal y en lo profesional. Me sentía fuerte para sentir por mí mismo y para proyectar adecuadamente todo aquello que sentía. Y, por otro lado, la estética que ha terminado resultando tiene mucho que ver con cómo ha cambiado la forma en que escribo canciones. En las influencias que más he notado haciendo este disco siempre había esa pátina como de “clásico”, y eso ha hecho que incluso proyecte mi voz de una forma diferente, quizá con mayor confianza. Toda la especie de tristeza que rodea a estas canciones se ve reforzada por esos sentimientos, por mi capacidad para expresarlos de forma más certera. Al final estoy contando la historia que quiero contar y exactamente como la quiero contar.

«Estoy contando la historia que quiero contar y exactamente como la quiero contar»

Set My Heart On Fire Immediately es un disco pasional. ¿En qué medida habla de eso, del arrastre de las pasiones, de dejarte llevar por tus instintos?

Siempre he estado a la búsqueda de grandes emociones, grandes sentimientos, el drama… Siempre me dejo arrastrar por todo ello, pero por lo general es algo íntimo, personal. Es algo que está en mi cabeza, en mi forma de pensar, en mi forma de vivir la espiritualidad, en mi forma de escuchar música y en mi forma de hacerla. Siempre tiendo a encontrar la trascendencia en el drama. Pero ahora he llegado a la conclusión de que puedo conectar con el mundo, puedo conectar con mi cuerpo y con otros cuerpos sin sentirme culpable, sin tener que expresar todo ese drama. De una manera más salvaje, creativa, extraña y misteriosa. En este disco he querido liberar mi cuerpo hasta el punto incluso de abandonarlo por completo, trascender a través de esas cosas que son mucho más radicales que la pasión en sí misma.

¿Cómo se puede interpretar esa especie de “necesidad del otro”, la que podemos intuir de canciones como “On the Floor” o “Your Body Changes Everything” (que parece hablar de entregarse sexualmente a otra persona), de una forma no tóxica?

Al final cada relación es un mundo. No puedes tratar a todo el mundo igual, no puedes tener las mismas reglas para cada relación. Tienes que intentar tratar a cada persona según unas necesidades que han de encajar con las que tienes tú… No sé, supongo que todo se resume en ser amable y cariñoso con la otra persona, pero no con el egoísmo de lo que tú puedes valorar como ser amable o cariñoso, sino teniendo en cuenta las necesidades del otro. Lo tóxico es proyectar nuestras propias necesidades en nuestras relaciones. Lo ideal, ya te digo, en mi opinión, es ser bueno contigo mismo y con esa persona, y da igual que la relación pueda parecer demasiado romántica, o cursi, o incluso un poco dependiente. Hay mucha energía ahí, en los equilibrios de las relaciones. También es importante aprender a escuchar.

Imagino que el proyecto-performance The Sun Still Burning Here ha sido importantísimo para este disco. ¿Has podido, por ejemplo, encontrar una relación entre la confianza que has de tener en tu compañero para ejecutar algunos pasos de baile y la que se puede tener en una relación sentimental?

Por supuesto. Porque tienes que confiar en algo que no puede ser más real. Sensiblemente real. Y sientes la reciprocidad. No sólo has de preocuparte por otra persona, sostenerla, cuidarla y ayudarla, también tienes que confiar en ella, dejarte caer en sus brazos. Todo el mundo implicado se deja caer y tiene que sentirse seguro. En la danza, incluso tienes que preocuparte por los demás durante el proceso creativo, porque son cuerpos humanos los que ejecutan los movimientos, no máquinas, y eso obliga a crear de una manera absolutamente colaborativa, conjunta. Todos estamos creando a la vez, al mismo tiempo, generando un ente vivo…

Cuando escribo música, normalmente lo hago completamente solo. Por eso puede cambiar tanto mi ánimo entre la música y la danza. Cuando hago música puedo recrearme en mi forma de ver el mundo, en mi forma de verme a mí mismo, en mi forma de proyectarme… he cambiado muchas veces, cambio constantemente, pero sigo siendo yo. Construyendo un mundo en el que yo siento todas las reglas, un mundo enteramente mío. Pero en la danza la creación es colectiva, tienes que ceder en tus ideas, en tus convicciones y en la forma en la que cada detalle configura tu manera de ver el mundo, sin dejarte de preocupar por los cuerpos que te rodean. No se puede crear si no es desde la absoluta armonía.

Esa pasión se puede intuir en las canciones, en los arreglos, llenos de intensidad. Coge “Nothing At All”, por ejemplo. Pero es algo a lo que ya estábamos acostumbrados en tu carrera. Sin embargo, también veo que este disco es el más comedido, el más meditado. Es mucho más una “explosión controlada”. ¿Cómo lo ves tú?

Sí, totalmente así. Creo que mi música, al principio, era muy minimalista, porque estaba muy preocupado de no darle demasiadas vueltas a las letras, a la historia. No complicarla y retorcerla demasiado. Pero la música sonaba demasiado rabiosa, demasiado ruidosa, demasiado loca, tanto que eclipsó a esa historia, mi historia. Con el tiempo empecé a sentirme muy atraído, excitado por todo lo que tiene que ver la música con la capacidad de comunicar. Que el drama o la intensidad pueden ser sonoros, conceptuales… No sé, al final tenía esa opinión sobre mis primeros álbumes de unas letras muy pequeñitas, minimalistas, y una música demasiado grandilocuente. Y lo que empezó a obsesionarme fue armonizar esas dos facetas. Conseguir que toda esa intensidad y todo ese drama pudieran palparse en el sonido, en la forma en que suena mi música, sin tener que explicitarlo. Y no sé, creo que lo he conseguido. Siento que he podido armonizar y equilibrar toda mi carrera en un único disco.

Fotografía: Camille Vivier

Tu carrera puede parecer un viaje lento y meditado de aceptación personal, de tus propios instintos, de tus deseos, de tu naturaleza, de tus sentimientos… ¿Es difícil aceptarse a uno mismo?

Claro. Quiero decir, creo que está claro además [risas]. Por todo lo que he compartido con cualquiera que quiera escuchar a lo largo de estos años. Siempre estoy intentando cambiar, alcanzar una mejor versión de mí mismo. Puede que en el plano moral algunas canciones molesten a algunos, porque me planteo aspectos de la sexualidad, de mi propia sexualidad, y de cómo la experimento. Puede que sea incómodo, pero es cómodo para mí. Es mi forma de explorarme, de conocerme y de entenderme. Seguramente esa sea la razón última por la que hago música, como una especie de examen de conciencia. 

En “Some Dream” pareces preguntarte si has dejado pasar tu vida “por una canción”. ¿Qué quieres decir con esto? ¿Es una pequeña ironía? Porque en otras ocasiones has reconocido que “la música te ha cambiado la vida incluso aunque te asuste reconocerlo, que ha mantenido tu mente ocupada en cosas bellas”.

Sí es verdad que hay veces que reflexiono sobre los costes que tiene una vida como la mía, sobre los costes que implica consagrarse a la música en términos de amistad, familia… Porque por lo general vivo híperenfocado en mis emociones, en todas esas cosas que luego vuelco en mi trabajo, y me pregunto si no estoy poniendo demasiado esfuerzo ahí y me olvido de lo que está más cerca, de mis amigos y de mi familia. Muchas veces me hace sentir solo, y aunque en general no es algo que me afecte demasiado (encuentro mucha paz y mucha felicidad en hacer música), sí noto que he ido construyendo una coraza contra los sentimientos de los demás para que no afecten a mi manera de hacer música. He avanzado mucho en eso, en perderle el miedo a dejarme llevar por los sentimientos de los demás, en darles todo el valor que realmente tienen para mí. Al final esta canción va de esa sensación de dejar que sea demasiado tarde. Está un poco relacionado con el balance del que hablábamos antes: Quiero ser capaz de hacer lo que hago y poner todo lo que tengo en ello, pero al mismo tiempo ser capaz de dar todo lo que tengo con la gente que me rodea. 

¿En qué ha cambiado tu vida al mudarte con Alan a Los Ángeles? ¿Ha sido importante para enfocar este disco?

Pues al final terminas adquiriendo muchas rutinas angelinas, ese “LA way of life”. Comer comida sana, hacer ejercicio, reuniones sociales [risas]. Es un poco frívolo, pero la verdad es que siempre había querido mudarme a Los Ángeles. Me resulta divertido, a veces parece casi un videojuego. Puede parecer muy vacío y artificial, falso, pero por lo general es bastante divertido. Y es muy divertido porque al final te rodeas de mucha gente que se dedica a cosas parecidas a las tuyas, a cosas que no son aceptadas como “normales”. Es divertido ver a toda esa gente excéntrica con la que realmente conectas mucho con el tiempo, hablar con otras personas que se pasan media vida de gira, compartir experiencias y darte cuenta de lo insostenible y desastroso para cualquier salud que es [risas]. De algún modo es donde esos desarraigados podemos sentirnos parte de algo, de una comunidad.

«Gran parte del disco es yo tratando de entender cómo manejar todas estas conexiones y estas emociones, y lo difícil que es por haber tantas y tantas energías compitiendo: egoísmo, tristeza, locura, belleza… Y todas al mismo tiempo»

Volviendo al disco, también es un trabajo que habla sobre desear, incluso sobre ansiar a una persona. ¿Es así?

Sí, claro.

¿Es ese “I got what you need, son: nothing at all”? ¿Significa de algún modo reconocer que nos necesitamos los unos a los otros pero no necesitamos nada particular de cada uno, que no debemos ir buscando satisfacer nuestras necesidades concretas en otra persona?

Sí, pero es algo bastante confuso porque no significa que no necesitemos atención, ¿sabes? O cariño, o cuidados, o simplemente que nos calmen en todos los sentidos. Hay gente que busca ser eso para otra persona, una calma, una cura, y que por tanto necesita que la otra persona tenga esas necesidades, de algo que le calme, lo que genera desequilibrios en las relaciones. Estando en paz con nosotros mismos podemos compartir las cargas y necesitarnos en pareja de una forma mucho más pura, más real y desinteresada. Si eres tú el que cuida de ti mismo aprendes a dejarte cuidar. Puede ser una barrera, pero si no lo haces, si sólo proyectas en la otra persona tus miedos, tus alegrías, tus necesidades, tus deseos o lo que sea, terminas convirtiéndola en invisible. Esa idea del amor, en términos de qué hace la otra persona por ti, cómo o cuánto se preocupa por ti… lo único que demuestra es que entiende poco lo que es cuidar: es muy egoísta porque le succiona a esa persona todos sus ideales, sus propios deseos, sus propias necesidades. La anula por completo. La convierte en un reflejo rarito.

“Jason” o “Borrowed Light” (en la que apelas a un tal Jamie) parecen recuerdos de viejos amores, pero también parece que los evocas para dar una lección sobre cómo no se debe enfocar una relación, como asumiendo errores del pasado.

“Jason” es la única canción que escribí a partir de un recuerdo nítidamente real. Fue una historia que ocurrió de verdad y me permitía explicarla en una canción porque se corresponde a una relación muy breve y veía mucho potencial a nivel de imágenes, pequeños detalles para componer la escena…  había bondad pero también maldad, delicadeza y algo de cariño, ¿sabes? Preocupación. Soledad y vacío… Muchas cosas sí han sucedido, pero lo que queda de ellas es lo que me han hecho sentir, la huella emocional. En aquel momento me provocaban una profunda tristeza y me hacían sentirme cada vez más solo, pero ahora simplemente las veo como un aprendizaje, como una forma de enseñarme a mí mismo cómo tengo que tratarme, todo el trabajo que tengo que hacer por mi cuenta, enseñarme que no necesito a nadie aunque quiera gente a mi lado a la que quiera, enseñarme cómo pueda estar verdaderamente para alguien que me necesite… ya sea para dos horas o para diez años o lo que sea. Mucho de este disco es yo tratando de entender cómo manejar todas estas conexiones y estas emociones, y lo difícil que es por haber tantas y tantas energías compitiendo: egoísmo, tristeza, locura, belleza… Y todas suceden al mismo tiempo. Es dificilísimo navegarlo, más en pareja, pero también en la familia, por ejemplo.

Fotografía: Camille Vivier

¿Qué quieres decir con el “now I’m learning Spanish” de “Moonbend”? ¿Habla de un amor latino, al estilo de “La Isla Bonita” de Madonna, pero de una manera mucho más ominosa?

[Risas] No, no, no… Con esta… Muchas veces entiendo las canciones como conjuros, hechizos, ¿sabes? En este caso era como un hechizo contra una especie de enemigo, como una tristeza viviente, y es como si me poseyera y solo pudiera estar viviendo una pesadilla romántica [risas] La verdad es que le había dado vueltas a cómo iba a explicar las canciones y con esta no sé si parece que estoy muy cuerdo o pirado directamente. [Risas]

Se acerca de hecho a experimentos de música más experimental, me recuerda a FKA twigs e incluso a Arca, aun sin esa pátina de vanguardia electrónica. ¿De dónde dirías que salen composiciones como estas?

Lo entiendo como un equilibrio raro. Yo creo que todas esas partes salen de no tener filtro a la hora de crear. Dejo que sucedan cosas que a veces incluso a mí me sorprenden. Y supongo que cada vez voy encontrando más el balance entre esa faceta, esas composiciones, y lo que al final me gusta escuchar a mí, que es música que podrías considerar mucho más poppy, o más comercial. Después de todo mis melodías son más bien pop, y me gustan las “canciones”.

¿Hay alguna conexión entre las canciones que escribiste específicamente para The Sun Still Burning Here y las que han acabado formando parte de Set My Heart On Fire Immediately?

De alguna manera sí, pero en esencia las planteé de dos modos totalmente diferentes. Cuando compuse la música para el proyecto de danza no pensaba en un disco, por lo que no reparaba en las duraciones de las canciones, por ejemplo, ni en un orden o un sentido. No pensaba ni siquiera en si iban a ser escuchadas o no, me daba igual. Quería que fueran como una banda sonora pero sin película, que pudieran entenderse y disfrutarse sin ver necesariamente el espectáculo. Además, al final es eso, una banda sonora, y cada momento de la música se corresponde con un momento específico de la enorme coreografía, y tenía en la cabeza cada movimiento en cada compás concreto, y obviamente eso es un condicionante, creas en función de lo que en ese momento tienes en la cabeza que va a ser el espectáculo. Las letras de mi disco son diferentes, porque soy yo solo cantando para todo el mundo, para quien quiera escuchar. Los discos son hiperpersonales pero a la vez tienen una manera increíble de conectar con el mundo, son paradójicamente hípercomunitarios. En la danza he tenido que aprender a ser el frontman pero también he tenido que aprender a ser parte del grupo.

¿Ha sido duro?

Sí, pero de una forma divertida. Es diferente porque eres más libre, no tienes que hacer “pop songs”, puedes llevarlo todo hacia tu propia locura. Me ha permitido entender que quizá mi aproximación a la armonía es caótica.

Cuando lanzaste No Shape, en el que veíamos un relato de la estabilidad, de la tranquilidad y de un renovado equilibrio en torno a rutinas, veías la situación política de EE.UU con “cero optimismo”. ¿Ha empeorado ahora?

Sí, dalo por seguro. Sí. Ha sido así, pero también está pasando una cosa rara, que es que todo esto está creando toda una nueva energía. Está provocando que muchísima gente en América que antes no se preocupaba por nada ahora se sienta directamente afectada por algo, involucrada, relacionada. Que entienda que ellos no se preocupan por nada, ahora que más gente se siente tocada por algún tipo de desigualdad. Ha habido años y años de no pasar nada en EEUU, de no darnos cuenta de nada, de mirar hacia otro lado, y es esperanzador ver que ahora, por raro que sea, cuando quizá estamos peor que nunca, pueden cambiar las cosas. Más gente puede emitir opiniones en contra, estas pueden resonar más y hay más activismo que llega a acciones concretas, que demuestra poder desde lo más pequeño. Que pueda haber más personas conectadas compartiendo su descontento o su ira con el poder me hace sentir bien, o por lo menos me hace tener esperanzas, si no para el país, al menos sí para las personas.

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