Harry Styles

Harry Styles –
Fine Line

En su segundo álbum de estudio en solitario, el ex-líder de One Direction se aleja del territorio rock que conquistó en su debut y se abre camino entre el glam-pop, el indie-folk y el soul. Fine Line tiene varios momentos luminosos y convence con una síntesis actualizada de múltiples géneros, pero se estanca en la inestable cohesión instrumental.

En 2016, One Direction se disolvieron tras una trayectoria de cinco álbumes (uno por año), estadios llenos en cualquier lugar del mundo y una evolución lenta hacia un electro-pop con bases acústicas que no acababa de librarse de la sintonía teen que habían abanderado en sus inicios. Desde entonces, Harry Styles ha llevado con equilibrio y cabeza fría su transición de ídolo adolescente a músico respetado, sin perder del todo (para bien o para mal) su espíritu de líder de una de las boybands más importantes de la última década. Sólo un año después de la separación del quinteto, Styles demostró su autonomía como compositor en su debut homónimo, un álbum que recorría las múltiples aristas del pop-rock.

A pesar de los altibajos propios de esa emancipación en busca del sonido, este primer trabajo era sólido en lo instrumental y en general elaborado en las letras. La energía rock-and-roll gangsta de “Kiwi”, un tema lleno de riffs setenteros y exclamaciones grabadas en multipista, derrochaba una mezcla de insurrección y elegancia a la altura de una trama de comedia negra (“It’s New York, baby, always jacked up / Holland Tunnel for a nose, it’s always backed up / When she’s alone, she goes home to a cactus / In a black dress, she’s such an actress”). Pero sin duda fue “Sign of the Times” el tema que dejó una huella más profunda, una balada rock donde la voz llevaba el control total de la melodía y alcanzaba la cima a medio camino entre la cercanía de un artista de estadio y la solemnidad del Bowie de “Life on Mars”.

Fotografía: Promo

Ambición e instinto

Fine Line traduce el trance entre las fases de negación y aceptación posteriores a una ruptura en un sonido esencialmente pop, pero lleno de subidas y bajadas a través de atmósferas soul, equilibrados ajustes de psicodelia y espontáneos arranques de americana con guiños a Taylor Swift.

Dos años después, Styles sigue conservando una nostalgia incurable y una relación complicada con su dualidad como cantautor y superestrella, como demostró a finales de 2019 con Fine Line. Compuesto en un corto periodo posterior a una ruptura, este segundo álbum traduce el trance entre las fases de negación y aceptación en un sonido esencialmente pop, pero lleno de subidas y bajadas a través de atmósferas soul, equilibrados ajustes de psicodelia y espontáneos arranques de americana con guiños a Taylor Swift. Por todo esto, hay que reconocer que Fine Line es un trabajo ambicioso, donde Styles demuestra su instinto para visualizar la energía de cada tema y mantener siempre una distancia crítica a fin de conseguir un sonido más accesible que no resulte demasiado intenso. 

En una primera escucha, Fine Line convence por su inmediatez, con ese ritmo fluido y esa tónica ácida y fosforescente que se mantienen sobre todo en el primer tercio. El álbum arranca con la desesperada pero optimista “Golden”, donde las armonías funk y las guitarras agudas iluminan el monólogo insistente de un Styles incapaz de verse de nuevo solo. “Watermelon Sugar” es el escape erótico de esta trama, donde Styles se vale de metáforas bastante explícitas a través de una melodía soul que gana con su la introducción del bajo y los metales.

La tensión dramática se concentra en la sucesión de dos de los hits del álbum: “Adore You”, que arrastra todavía esa onda soul hacía un terreno pop más actual, donde destacan los destellos de percusión y los sintetizadores, y “Lights Up”, que completa este ciclo nostálgico en una armonía más moderna, siguiendo la bola de luz de artistas como Sia, para acabar en ese estribillo vocal dramático que suena tanto a número musical de los setenta:

“All the lights couldn’t put out the dark
Runnin’ through my heart
Lights up and they know who you are
Know who you are
Do you know who you are?”

Conexión inestable

Fine Line es un trabajo ambicioso, donde Styles demuestra su instinto para visualizar la energía de cada tema y mantener siempre una distancia crítica a fin de conseguir un sonido más accesible y que no resulte demasiado intenso.

A partir de “Cherry”, una balada folk melodramática mezclada con fragmentos de los audios en francés que todavía guardaba de su ex-novia, el álbum empieza a divagar hacia sonidos más predecibles. Es el caso de “Falling”, un tema emotivo de voz y piano que quizá pretendía seguir en la línea melódica de “Sign of the Times”, pero se queda más cerca de la intensidad escueta de One Direction. En general, el álbum empieza a desinflarse a medida que va perdiendo cohesión entre la voz y el resto de los instrumentos, más allá del piano y la acústica. Quizá el mayor error que comete Styles es el de no estar del todo en sintonía con la banda. Pese a la impresionante orquestación y a la notable presencia de productores como Kid Harpoon y Jeff Bhasker, también a cargo de las guitarras y el piano respectivamente, se acaba notando ese espacio entre la pista vocal y el resto del grupo, que acaba quedando muy al fondo de la composición.

El álbum remonta un poco hacia el final con tres temas consecutivos donde Styles recupera el diálogo con la banda y vuelve a mirar al pasado, quizá más hacia Woodstock y hacia una escena setentera liderada por Fleetwood Mac. “She”, el segundo tema más extenso del álbum, revuelve la tensión dramática a través de un dúo de guitarra y bajo que se adueñan de la melodía en los últimos dos minutos, dejando a Styles imaginándose a sí mismo en un futuro como padre de familia, todavía obsesionado con aquella novia de los veinticuatro

En “Sunflower, Vol. 6”, quizá uno de los momentos más puros del álbum, Styles parte de una base indie-pop básica hacia esa psicodelia amable y sin pretensiones de bandas pequeñas como Discovery o Ra Ra Riot. Le sigue “Canyon Moon”, una salida al folk agridulce que cierra el álbum, donde conjuga una melodía típica de Paul Simon con coros góspel en el estribillo, y retoma el mito del artista de éxito que sueña con escapar de esa rueda de paisajes sucesivos y relaciones precarias.

Treat People with Kindness”, que nació gracias al impulso de Jeff Bhasker a partir un título que Styles tenía pensado para alguna canción futura, retoma esa fuerza de número musical, esta vez con una orquesta de violines y un coro que guían a Styles hacia varios loopings que llenan la atmósfera de soul y rock. El álbum acaba con esa aceptación final y resignada el tema homónimo, “Fine Line”, con un aire acústico más fresco que si no fuera por esa crecida final de teclados y trompetas, sonaría más a una cover de Bon Iver.

La nostalgia como refugio

Fine Line tiene buenos momentos, pero el exceso de nostalgia hace que suene como un remake aligerado de varios hits de otras décadas, lo que dificulta el camino de Styles hacia sonido más propio, que podría haber explorado desde el rock.

Fine Line es un disco absorbente pero efímero, que se disfruta rápido pero se olvida enseguida. En el mejor de los casos, quedan en la memoria esas armonías luminosas, las entradas de bajo y trompetas, la presencia camuflada de los teclados que resurgen como sin avisar y, por supuesto, la voz de Styles, que aunque se mueve en una variedad de matices algo más limitada que en su primer álbum, sigue impresionando por su autonomía y su capacidad para canalizar las energías que se mueven detrás del desamor.

La nostalgia es más que nunca el motor creativo de Styles, pero quizá hasta tal punto que el disco puede sonar a un ejercicio de imitación o remake con una voz y una sintonía más joven y ligera. Me habría gustado que Styles se hubiera tomado por lo menos un año más para reconducir este impulso de evasión al pasado hacia un sonido más propio, quizá volviendo más a la corriente rock del debut, que podría haber ayudado a unir los cables del pop con los del folk, quizá trabajando en unas letras con más personalidad y en una integración mayor con la sección eléctrica. Al final, Styles no es capaz de evitar la detonación y, sin embargo, apostamos que sobrevive.

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