Canciones de nuestra vida (XL): Auan ba buluba balam bam bum

“Tutti Frutti” fue una de las canciones capitales del rock and roll, pero significó mucho más. Bastó poner en palabras un escueto patrón rítmico para capturar la esencia de la revolución que se estaba gestando.

Probablemente, muchos coincidirán conmigo en que el imaginario musical del rock and roll se sustenta sobre tres líneas canónicas que cumplen, cada una de ellas, una labor singular que les confieren tal reconocimiento. La primera es aquella que clama: “You ain’t nothin’ but a hound dog / Cryin’ all the time…”, cumpliendo su labor en la estrofa. La segunda, “Go go / Go Johnny go, go”, en su papel de estribillo fácilmente coreable; y la tercera, la correspondiente al break o breve interludio instrumental que da respiro a una canción y la hace tomar impulso de nuevo, el archiconocido “Auan ba buluba balam bam bum”. Elementos diferentes pero complementarios que constituyen el paradigma musical del género. Es una hipótesis que se me ocurre y sopeso sobre la marcha, mientras escribo estás líneas, por lo que puede sonar loca, pero no por ello inverosímil.

Estas piezas se corresponden, asimismo, con los tres pilares fundamentales que representan el arquetipo de aquella gran revolución. Elvis Presley fue el blanco que cantaba como un negro. El ídolo que necesitaba el género para comercializarse de forma masiva. El gran y carismático intérprete. Chuck Berry se encargó de canalizar mejor que nadie el sentir juvenil del momento a través de sus letras y de mostrar cómo la guitarra eléctrica debía servir al nuevo ritmo, creando todo un manual de estilo que no ha dejado de ser imitado. Por su parte, sería Little Richard quien mostraría cómo el piano también era un instrumento legítimo para el rock and roll, a la vez que encarnaba la histeria que el propio género desataba. Tres vertientes del mismo fenómeno.

Cuentan las crónicas que el último era el más salvaje de los tres. Un artista agresivo y extravagante sobre el escenario al que las grabaciones no le han hecho justicia. Con frecuencia, su enérgica ejecución al piano se encuentra ahogada entre el resto de los instrumentos. No obstante, sí nos dejan ver el ímpetu del músico a la hora de encarar sus composiciones. “Tutti Frutti” fue el primer single de rock and roll lanzado por el artista y su gran espaldarazo, pero el camino a la gloria no fue fácil. Sus primeros lanzamientos datan de 1951, cuando grabó una serie de singles para RCA. Se trataban de blues que pasaron sin pena ni gloria. El mercado era amplio y su propuesta sólo una más en el competitivo mundo de la música.

Fotografía: Michael Ochs Archives (Getty Images)

No fue hasta 1954 cuando Little Richard encontró un nuevo estilo fuertemente influenciado por Esquerita, otro pianista abrasivo y excéntrico, al que incorporó la efusividad del góspel con el que se había criado, canalizándolo adecuadamente hacia el rock and roll. De hecho, es fácilmente rastreable su famoso “uuuuuh” en grabaciones religiosas de 1953. No debe de extrañarnos, pues era un ferviente admirador de cantantes como Marion Williams, de las The Famous Ward Singers, en cuyo “I Know It Was the Lord (Parts 1 & 2)ya podemos escuchar la fuerza interpretativa y el grito que patentaría con “Tutti Frutti” en 1955, y que seguiría explotando a lo largo de su carrera. Una rúbrica que más tarde incorporarían con éxito otros grupos como los Beatles. 

En el descanso de unas nuevas sesiones poco prometedoras, el artista sacaba a la luz una canción en la que había estado trabajando. Una pieza brillante, ágil, de gran potencial comercial, pero un tanto obscena. La letra comenzaba: “Tutti Frutti, good booty / If it don’t fit, don’t force it / You can grease it, make it easy” (Tutti Frutti, buen trasero / Si no cabe, no lo fuerces / Puedes engrasarlo, hacerlo fácil). En argot, “tutti frutti” significaba homosexual. Resumiendo, era un negro gay hablando sobre tener relaciones sexuales con otro hombre en 1955, haciendo la canción inviable para el mercado. Incluso hoy muchos se echarían las manos a la cabeza. El productor Bumps Blackwell hizo cambiar la letra por la repetición de la más inocente “Tutti Frutti au rutti” (Todas las frutas están rotas). El tema se convirtió en un éxito de enorme calado popular. Principalmente por el atractivo que encierra la expresión “Auan ba buluba balam bam bum”, inspirada, seguramente, por las formas del doo-wop, tan popular en aquellos días.

“Auan ba buluba balam bam bum” es la expresión que muchos han visto como la mejor definición del rock and roll. Una llamada tribal que apela directamente al instinto, a la naturaleza rítmica del ser humano. No significa nada y, sin embargo, lo dice todo. Es el frenesí que a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo buscaban los intérpretes y demandaban los más  jóvenes, cansados de los crooners, las big bands, la omnipresente música clásica y el viejo country.

Tal consigna pronto se erigió como el grito primario del rock and roll. La expresión que muchos han visto como la mejor definición del género. Una llamada tribal que apela directamente al instinto, a la naturaleza rítmica del ser humano. No significa nada y, sin embargo, lo dice todo. Es el frenesí que a mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo buscaban los intérpretes y demandaban los más  jóvenes, cansados de los crooners, las big bands, la omnipresente música clásica y el viejo country. No había tiempo para buscar el patrón en la batería, había que vociferarlo, y es esa onomatopéyica inmediatez, esa espontaneidad no idiomática, que a la vez la convierte en un divertido trabalenguas, la que la hace tan efectiva. 

Little Richard dio continuidad al éxito con otros de igual calado como “Long Tall Sally”, “Good Golly Miss Molly”, “Lucille” y “Rit It Up”, convertidos en estándares del género y versionados por multitud de artistas. Incluso por coetáneos como Elvis. Su música, imagen y actitud fueron puntos de partida importantes para muchos de los que vinieron después, con independencia del género al que se adscriban. Así, podemos encontrar desde las más obvias como Jerry Lee Lewis, Otis Redding, James Brown y Prince, a otras como Bob Dylan antes de que el folk se cruzara en su camino, o los Sex Pistols. No por nada fue, como él mismo se autodenominaba, la “reina” del rock and roll.

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