Siloé

Siloé –
Metrópolis

Metrópolis constata la deconstrucción de Siloé en un cóctel de pop electrónico convencional, pero que busca romper moldes en la escena independiente española. Y digo convencional porque no se aprecia el más mínimo mensaje en una producción y unas letras basadas en mantras simplones manoseados hasta la saciedad en las décadas precedentes. Echando la vista atrás y viendo de lo que son capaces, sólo queda desearles que disfruten de esta nueva etapa, pero que no se olviden de cuando hacían magia.

Puntuales como un reloj, Siloé estrenan nuevo disco, estableciendo una pauta temporal de dos años con sus anteriores trabajos, La Luz (2018) y La Verdad (2016). Ahora bien, hay otros patrones que esta vez se rompen categóricamente. Durante la última gira el binomio formado por Fito Robles y Xavi Road terminó fundiéndose del todo hasta convertirse, según sus propias palabras, en una nueva banda, junto con el productor Óscar Herrador en la sombra.

Borrón y cuenta nueva

Metrópolis (2020) supone la unión definitiva de Fito Y Xavi como dúo, juntando como ingredientes del plato la canción de autor del primero con la faceta DJ del segundo aunque, como veremos, el primer elemento queda relegado a un papel prácticamente anecdótico.

Esta nueva etapa resulta de un proceso cocinado durante la gira del pasado año, donde la música principalmente orgánica de los dos álbumes anteriores fue sometida a varios experimentos en directo, reduciendo piezas hasta dejarlo en un concepto de dos personas sobre el escenario, dos guitarras y bases electrónicas para rellenar el sonido. El resultado fue satisfactorio, al menos esa es mi opinión tras verles varias veces en directo con ambos discos, la esencia de las canciones se mantenía inalterable; seguían sonando solemnes, trascendentales, y la energía incluso se acentuaba. Tienen razón cuando dicen que son una banda de directo, su tremenda calidad vocal e instrumental apenas se ve afectada en los conciertos y la comunión con el público es total. Se antoja lógico entonces que potenciar esa faceta sea uno de los principales argumentos esgrimidos para explicar el giro de 180 grados que ha dado el proyecto, aunque tampoco ha sido el único, y desde luego no todos despejan el desconcierto que ha creado en una parte de su público habitual, en la que me incluyo. 

Metrópolis (2020) supone la unión definitiva de Fito Y Xavi como dúo, juntando como ingredientes del plato la canción de autor del primero con la faceta DJ del segundo aunque, como veremos, el primer elemento queda relegado a un papel prácticamente anecdótico. El álbum es un viaje de la banda por derroteros inciertos, jugándoselo todo a esta nueva carta. La música acústica, preciosista y celestial, adornada con arreglos sutiles que hacían levitar las canciones, ha sido sustituida en su grueso por una electrónica convencional en la estela de artistas como The Chainsmokers, Imagine Dragons o Calvin Harris. El resultado final es técnicamente impecable y digno de alabar tratándose de un trabajo autoproducido, pero las vibraciones generales dejan la sensación de no aportar mucho más que unos cuantos bailes intrascendentes en concierto. Más aún recordando, y ahora además extrañando como nunca, el contenido lírico de los dos álbumes precedentes.

Fotografía: Promo

Un viraje hacia la electrónica que borra de un plumazo la identidad fraguada

La música acústica, preciosista y celestial, adornada con arreglos sutiles que hacían levitar las canciones, ha sido sustituida en su grueso por una electrónica convencional en la estela de artistas como The Chainsmokers, Imagine Dragons o Calvin Harris.

Levita y Ven” nos recibe en la puerta como si volviésemos a ser chavales de quince años entrando nerviosos a la sesión junior de la discoteca. Se escucha la guitarra acústica de fondo, como en las canciones de Avicii, pero no deja de repetir el canon electrónico que tanto ha gustado en Los 40 Principales durante las dos décadas pasadas. El inicio de “Súbeme al Cielo” hace pensar que hemos pulsado el botón de repetición y estamos otra vez en el principio. Misma fórmula, misma letra olvidable y misma retrospectiva al viaje de fin de curso de bachillerato a Gandía.

En “Julieta”, sin embargo, la cosa cambia. Se vuelve a ver un atisbo de los viejos Siloé, la acústica espiritual vuelve a coparlo todo, con unos arreglos maravillosos (esos sintetizadores) y un toque minimalista a los que la letra no hace justicia.

Con “Única” nos enteramos de la que se venía cuando la estrenaron como primer single en 2019. Con un ritmo más marcado y una batería mucho más presente, el discurso no abandona los convencionalismos y opta esta vez por el ya rallado hasta la saciedad “eres especial”. Nuevo despiste en los primeros compases de “Como Me Quieres Tú”, un tema que va creciendo poco a poco, sin prisas, y rompe con un sonido algo más divergente a lo escuchado hasta ahora.

En lugar de complementarse, una de las partes se come a la otra

El resultado final es técnicamente impecable y digno de alabar tratándose de un trabajo autoproducido, pero las vibraciones generales dejan la sensación de no aportar mucho más que unos cuantos bailes intrascendentes en concierto.

Y recién pasado el ecuador, nos encontramos con lo mejor del álbum. Es posible, me temo, que de haberse incluido en alguno de sus discos anteriores, “Luna Menguante” no fuera de los cortes más escuchados, pero tampoco habría estorbado. Aquí se presenta como salvadora en medio de este mar de monotonía, aportando la pausa perfecta para apreciar las virtudes vocales de Fito y la enésima melodía embriagadora de su aún incipiente carrera. También constituye la única letra que da pie a alguna lectura y aporta cierto espacio para dejarse llevar, fluyendo por esa cadencia al estilo del “Give Me Love” de Ed Sheeran. Hablando de nuestro querido pelirrojo, poneros “Remedios para la Tristeza”. Sí, ¿verdad? Confieso que el cabalgueo del estribillo me ha ganado, tiene su punto a la hora de realizar actividades motrices.

Joder, POR QUÉ. ¿Qué necesidad había de escribir “Sigo Pensando en Ti”?. Al menos el costumbrismo millennial tiene cierta gracia sarcástica en el punk de Carolina Durante o en el bedroom-pop de Confeti de Odio o Cariño, pero aquí el escozor provocado es para guardar cama momificado durante semanas. Y, lamentablemente, lo que viene no es “Mucho Mejor”. La enésima canción cuadriculada por estándares de música para hilos comerciales de tiendas de ropa. Es que no se me ocurre qué más decir para ilustrar lo que hay.

El disco cierra con “Cómo Olvidarme de Ti”, otra pieza que crece y rompe, con una de las mezclas más sorprendentes del disco. Se trata de otro rollo completamente, más pausado, casi una balada, y sólo rota por detalles como el crescendo antes del estribillo. Aprovecha Fito la ocasión para recordarnos que no se olvida de su persona especial, por si todavía no lo habíamos pillado, pero al menos aquí reconoce que “no recuerda quién es”. Esperemos que algún día lo haga, por el bien del tesoro que tenía entre manos y que, por lo pronto, parece que hemos perdido. De momento, aquí va mi honesta y espero que no demasiado osada contribución a ese menester.

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