Car Seat Headrest

Car Seat Headrest –
Making A Door Less Open

Tras varios trabajos juntos, la banda liderada por Will Toledo está preparada para dar el siguiente paso. Making A Door Less Open es el disco más atrevido de Car Seat Headrest, en el que las influencias y el deseo de llevar un paso más allá sus canciones se unen para crear un puñado de temas bailables, modernos y de carácter pop a través de unas letras que, como siempre, vuelven a servir de nexo gracias a su carácter universal y su intrincada honestidad.

Lo que más me gustó de Vámonos [para poder volver], la autobiografía de Jeff Tweedy, cantante y líder de Wilco, no fueron todas las batallitas sobre su vida como artista, sus anécdotas con Bob Dylan y Johnny Cash, sus vivencias de adolescente obsesionado con la música en una época en la que aún no había Internet o sus experiencias con las drogas. Fue un momento en el que se paraba a reflexionar sobre la relación entre una obra, el sufrimiento que su creador plasma en ella y cómo este dolor conecta con el público de una forma que un trabajo alegre y positivo no puede, logrando que, en muchas ocasiones, el valor de una obra se mida en torno al sufrimiento que su artista ha depositado y reflejado en ella. Es decir, público y crítica tienden a romantizar los traumas y malas experiencias del artista, más aún en una era en la que incluso el pop se ha vuelto sombrío y decadente. Cito textualmente una frase del libro de Jeff que resume muy bien lo que para mí es el punto exacto de este tema: “Creo que los artistas crean a pesar del sufrimiento, no a causa de este”.

Gente como él, que ha tenido que pasar por cosas realmente complicadas, ha expresado en varias ocasiones su desacuerdo con esta visión romántica del dolor e incluso han llegado a declarar que si hacer álbumes complejos conlleva pasar por experiencias así, prefieren quedarse en algo sencillo. En ese sentido, se podría discutir si los momentos más duros en la vida de un artista lo mueven en cierta manera a dar lo máximo de sí mismo en su obra.

Pero si estoy metiendo este rollazo en la introducción es precisamente porque en contrapartida a la manera de trabajar de Tweedy, hay artistas como Will Toledo que parecen empeñados en dar el máximo de sí mismos y ponerse a prueba en cada uno de sus discos. Por eso y porque sé que los fans del héroe de Bandcamp esperan un trabajo tan desgarrador como Twin Fantasy (2018), algo que no van a encontrar aquí. Yo mismo me quedé algo frío después de la primera escucha y no ha sido hasta que le he dado varias vueltas y he leído algunas entrevistas cuando he conectado de verdad con el álbum. La parte buena es que, a pesar de que Making A Door Less Open (2020) parece de primeras un álbum más accesible, menos visceral y más luminoso que sus obras anteriores, es un trabajo desafiante y lleno de entresijos. El propio Will ha trabajado en él hasta el último momento, suponiendo un reto tan grande como sus anteriores referencias.

Polos opuestos unen fuerzas

A pesar de que Making A Door Less Open parece de primeras un álbum más accesible, menos visceral y más luminoso que sus obras anteriores, es un trabajo desafiante y lleno de entresijos.

Will Toledo es un artista ambicioso en todos los sentidos. Por un lado, a nivel personal, hemos podido observar cómo ha evolucionado desde sus comienzos en Bandcamp hasta la actualidad, exprimiendo sus canciones al máximo, reutilizando fragmentos, cambiando estructuras, construyéndolas poco a poco e incluso reimaginando trabajos completos como Twin Fantasy (2018), siempre intentando lograr el mejor resultado posible de algo. Esto va ligado directamente a su ambición como artista y a su deseo de ocupar un lugar en la historia de la música. Y aunque para muchos sigue siendo un referente del lo-fi y su música nunca ha abandonado del todo esta estética (no os preocupéis, en Making A Door Less Open sigue presente), hay que tener claro que Will no grababa de manera tan rudimentaria por amor puro al sonido lo-fi, sino porque no tenía acceso a otros medios. Es por ello que su evolución ha sido progresiva no sólo en lo musical, sino también en el aspecto estético y en la producción. Por eso regrabó varios temas antiguos para publicar Teens of Style (2015) y por eso reimaginó Twin Fantasy (2018), porque la tecnología no tiene por qué ser una herramienta para hacer música comercial o sobreproducida, puede ser un medio para llevar más allá tus capacidades y enriquecer tu trabajo.

El mismo Chris Lombardi, dueño de Matador Records y la persona que fichó a Will Toledo, comentaba hace poco en una entrevista con The New York Times que Making A Door Less Open es la obra con la que Will pretende competir contra los grandes nombres de los festivales de música, con la intención de conseguir que su show no se vea opacado por el de otros artistas de mayor renombre. Y para ello ha tomado dos decisiones que funcionan como el eje principal del disco: la primera, trabajar codo con codo con Andrew Katz, batería de Car Seat Headrest y líder principal de 1 Trait Danger, su proyecto personal, indispensable aquí para entender mejor este álbum; y la segunda, tratar este disco como un conjunto de canciones individuales más que como una obra conceptual o con una narrativa hilada como eran Twin Fantasy o Teens of Denial (2016).

Las canciones de Making A Door Less Open comenzaron a gestarse en 2015, durante la misma época en la que Will consiguió el contrato con Matador. Por su parte, Andrew Katz empezó a hacer música como 1 Trait Danger para entretenerse y matar el tiempo mientras estaban de gira, pero como estaba con el resto de la banda, al final todos acabaron involucrados en sus canciones, especialmente Will, quien con el tiempo ha conectado con Andrew hasta el punto de querer realizar este disco en colaboración con él. Si le habéis echado un ojo a los discos de 1 Trait Danger sabréis que son trabajos completamente opuestos a lo que suelen ser las canciones de Car Seat Headrest, mucho más metidos en la cultura del shitposting y el humor millennial, por lo que, a priori, juntar la visión de Andrew con la de Will podría parecer impensable.

Fotografía: Carlos Cruz

Más de lo que aparenta

Making A Door Less Open amplía los horizontes sonoros de un artista cuya intención ha sido conseguir un puñado de canciones que traten distintos temas y tengan cada una de ellas su propia energía y atmósfera, siendo, en esencia, canciones de folk.

Pero lejos de ser un trabajo en la línea de los de 1 Trait Danger, Making A Door Less Open contiene toda la esencia de un disco de Car Seat Headrest, sólo que amplía los horizontes sonoros de un artista cuya intención ha sido conseguir un puñado de canciones que traten distintos temas y tengan cada una de ellas su propia energía y atmósfera, siendo, en esencia, canciones de folk.

Y aunque es difícil imaginar algunas de ellas como una canción folk acústica, creo que la cosa iba más por eso de que pueden ser tocadas de muchas maneras, hasta el punto de haber lanzado versiones distintas de cada single (“Hollywood” y “There Must Be More Than Blood” cuentan con versiones acústicas) y haber hecho dos versiones distintas del disco, una para el vinilo y otra para la versión digital (la versión digital cuenta con dos versiones de “Deadlines” diferentes a la original y un remix de “Hymn” en lugar del tema original), llevando directamente a un álbum de estudio esta costumbre que Will había tenido hasta ahora de cambiar o rediseñar algunas de sus canciones en directo.

De hecho, la cosa llegó a tal punto que el álbum fue grabado dos veces, una con la banda en conjunto, como un trabajo de rock tradicional, y otra entre Will y Andrew, mediante una aproximación más electrónica y utilizando sólo pistas MIDI. El resultado final es una combinación de ambas grabaciones, intentando reflejar la personalidad de cada uno de los integrantes de la banda aunque sus influencias pudieran ser contradictorias.

Y es que Making A Door Less Open es un álbum bastante extraño: por un lado, para quien aún no sea fan del grupo o nunca lo haya escuchado, probablemente sea la mejor puerta de entrada al universo de Car Seat Headrest, puesto que este es sin duda su trabajo más pop y aparentemente ligero. Por otro lado, debo reiterar que es ligero tan sólo en apariencia, porque para el fan más veterano que espera encontrar un álbum profundo y épico, como suele ser costumbre, quizá sea mucho más exigente. Porque no es que no haya profundidad aquí, es que se va desgranando poco a poco.

Fotografía: Carlos Cruz

El new wave según Will Toledo

En este álbum persiste su empeño por darle una vuelta de tuerca a las canciones, por escapar de las estructuras obvias, por sorprender y seguir ofreciendo piezas con un desarrollo impredecible y momentos que, sencillamente, te vuelan la cabeza.

No es que estemos hablando de un disco de new wave, pero sí que se nota la influencia de grupos como Talking Heads o Devo en varias canciones, así como en la manera de funcionar y estructurar las mismas, bastante diferente a cómo Will ha trabajado las canciones hasta ahora. En este álbum no vamos a encontrar epopeyas de doce minutos como “Beach Life-In-Death” o canciones que nos obliguen a esperar de manera explícita al estribillo como “Bodys”, aunque sí persiste ese empeño por darle una vuelta de tuerca a las canciones, por escapar de las estructuras obvias, por sorprender y seguir ofreciendo piezas con un desarrollo impredecible y múltiples momentos de esos que, sencillamente, te vuelan la cabeza.

Aquellos que estén familiarizados con la etapa de Bandcamp encontrarán bastantes similitudes aquí con algunos álbumes de esa época, especialmente con How to Leave Town (2014). Canciones como “Weightlifters” o “There Must Be More Than Blood” vuelven a circular alrededor de esa idea de desarrollar las canciones a fuego lento, sin prisa, dejándolas fluir de forma natural hasta alcanzar su pico máximo. “Weightlifters” es una apertura muy potente, conducida por un sintetizador al que se van sumando baterías y guitarras que van y vuelven, estribillos que parecen cortar el tema y drum machines que recuerdan vagamente a los Radiohead de Amnesiac al intentar unificar la parte musical más tecnológica con la humana.

There Must Be More Than Blood”, por su parte, recuerda a aquella “The Ending of Dramamine” en la que un ritmo de batería hipnótico llevaba la canción a través de juegos con sintetizadores y subidas y bajadas que aquí, en cambio, no ocurren tanto, siendo una de las piezas pop más amables que hemos escuchado hasta la fecha.

Aún es posible otra vuelta de tuerca

Car Seat Headrest han optado por hacer algo que les represente como banda y que a la vez se sienta valiente y sincero, además de, claro está, más pop que nunca.

Pero si hablamos de pop y de romper con los clichés tenemos que irnos obligatoriamente a “Martin”, el momento más radio-friendly del disco y sin duda uno de los más brillantes, combinando guitarra acústica y eléctrica para conducirnos a un falso estribillo que no se vuelve a repetir, entregándonos en su lugar un outro con trompeta incluida para no romper la narrativa de la propia canción. Y ahí es donde reside la magia de este disco. Porque sería sencillo volver a otro “estribillo”, pero entonces tendríamos otra canción pop más, una de tantas. Aquí, en cambio, nuestras ideas preconcebidas se ven rotas en beneficio de la propia canción, puesto que probablemente sea de esas que uno desea escuchar otra vez nada más terminar. Y a pesar de ello, sigue sonando a clásico instantáneo.

Siguiendo la senda pop, hay otros dos temas que recuerdan al sonido del rock de los 2000, siendo polos opuestos la una de la otra. “Hollywood” es una de esas canciones con un riff sencillo y molón, casi como de punk-rock adolescente y de grupos como Smash Mouth. Es la canción que más arrastra el sonido de Car Seat Headrest hacia el de 1 Trait Danger y aunque su letra hace parecer que es una de esas canciones carentes de cualquier atisbo de seriedad por parte de Andrew (“Hollywood makes me wanna puke”), enseguida se nota la mano de Will y una temática más oscura e intrincada de lo que aparenta.

Por su parte, “Life Worth Missing” tiene cierto aire de himno de rock de estadio, combinando sintetizadores y guitarras sin llegar a irse de madre con la grandilocuencia, manteniendo el intimismo de canciones como “Sober to Death”.

Explícitamente contradictorio y caótico

Making A Door Less Open es un álbum imperfecto, caótico, confuso y puede que incluso errático en algunas ocasiones.

No quiero decir que este sea un trabajo redondo, pero sí es desafiante en varios aspectos. “Hymn”, por ejemplo, es un tema muy chocante en cualquiera de sus versiones, la original de la versión en vinilo, o el remix de la digital. Ambas aparecen en mitad de la nada rompiendo por completo el disco, la original mediante una plegaria religiosa descarnada y la segunda como un remix EDM rozando el histrionismo de algunas de las canciones de 1 Trait Danger, como si se hubieran dedicado a experimentar libremente con ella y ver hasta dónde llegaban. Las dos tienen cierto tono de interludio, de canción que se queda en tierra de nadie fuera del contexto del disco, pero tampoco parecen encontrar su terreno dentro de él. Simplemente están ahí, para que cada uno las interprete como quiera. Porque ninguna versión es la verdadera, la definitiva o la mejor, simplemente es una posibilidad, una forma de ver una canción que a su forma desafía el propio concepto de una canción como un producto susceptible de cambio en lugar de como uno acabado o inamovible. Lo cual choca en cierto modo con la propia concepción del disco de ser una colección de canciones que puedan escucharse de manera independiente, intentando asemejar la manera en la que la mayoría de la gente escucha música hoy en día. 

Así ocurre también con “Deadlines”, de la que se pueden encontrar hasta tres versiones tan diferentes que prácticamente las convierten en canciones independientes. Tenemos una “Deadlines” más cercana al sonido de Andrew en el vinilo, y dos distintas para el streaming, “Deadlines (Hostile)”, mucho más guitarrera y cercana al rock noventero de Teens of Denial, y “Deadlines (Thoughtful)”, electrónica y bailable pero a la vez oscura, con ese estribillo que repite “oh, compassion / is transforming me into” como una frase inacabada. El concepto de estas recuerda a todas aquellas canciones tituladas “Beach” con alguna otra palabra del disco 3 (2010), sólo que, esta vez, en lugar de estar relacionadas por un hilo narrativo común, lo están por partir del mismo punto de origen.

No hemos hablado de cómo “Can’t Cool Me Down” se deshace de los elementos principales de una canción de rock para transformarla en un anti-single con un estribillo que lejos de explotar mantiene una tensión que nunca se resuelve, haciéndola extrañamente atractiva. Ni de “What’s With You Lately”, un pequeño interludio acústico cantado por Ethan Ives, guitarrista principal de la banda, enfatizando ese deseo de hacer de este un álbum colaborativo más que uno tan personal.

El conflicto entre la identidad individual y colectiva

Como siempre con Car Seat Headrest, todo tiene múltiples lecturas y también se tratan muchos temas que tocan de cerca a cualquiera, como el amor y el rastro que deja cualquier relación acabada o las relaciones familiares complicadas.

Las letras tampoco escapan de las contradicciones del resto del álbum. El deseo de formar parte de la historia de la música (“He said “i’d like to do this for a living but I don’t know how”, en “Deadlines (Thoughtful)”) choca con muchos aspectos como la ansiedad de ser una figura pública, el miedo a no ser capaz de mostrar al verdadero yo y de tener una identidad propia (“He looks like you but he’s not” en “What’s With You Lately”), el síndrome del impostor en “Can’t Cool Me Down” (“Hey, we’re not supposed to be here”), el hecho de desear otra vida (“I’m coming up short in a life worth nothing” en “Life Worth Missing”), o seguir siendo honesto e intentar ser mejor (“I believe that thoughts can change my body” en “Weightlifters”).

Hay muchos temas aquí que lidian con la fama y con la relación del artista, su vida privada y su vida pública, como en “Deadlines (Hostile)” (“But there’s a new taste of dread that I cannot explain / in the thoughts that make up my life / it reflected in others from time to time”), pero, como es habitual con las canciones de Will Toledo, es fácil llevarlas a la experiencia personal de cada uno y conectar con ellas. Porque, como siempre, todo tiene múltiples lecturas y también se tratan muchos temas que tocan de cerca a cualquiera, como el amor y el rastro que deja cualquier relación acabada en “Martin” o las relaciones familiares complicadas en “There Must Be More Than Blood”.

Si no podemos cerrar la puerta, dejémosla entreabierta

Making A Door Less Open está compuesto por muchas ideas dispares que intentan encontrar un lugar común: el deseo de competir con las grandes estrellas choca con la rareza que siempre ha caracterizado la música del Will Toledo.

Hay dos cosas por las que Car Seat Headrest me gusta por encima de casi cualquier banda actual: por un lado, las letras, siempre jugando con las múltiples interpretaciones, con la narrativa, y, aun así, manteniendo siempre una facilidad pasmosa para conectar y sentirse identificado con ellas gracias a una sensibilidad y una honestidad poética pero consciente de sí misma. Por otro lado, por esa ambición de Will de dar siempre el máximo de sí mismo, de llevar sus capacidades un paso más allá y de desafiar sus propias ideas así como las de sus fans. Porque el grupo podría haber optado por sacar la versión del disco grabada en directo y así seguramente contentar a los fans que esperaban un trabajo más clásico y a los que seguramente este no convencerá, pero en lugar de eso han optado por hacer algo que les represente como banda y que a la vez se sienta valiente y sincero, además de, claro está, más pop que nunca.

Making A Door Less Open es un álbum imperfecto, caótico, confuso y puede que incluso errático en algunas ocasiones, compuesto por muchas ideas dispares que intentan encontrar un lugar común: el deseo de competir con las grandes estrellas choca con la rareza que siempre ha caracterizado la música del Will Toledo, el intento de hacer canciones independientes con su propia energía choca con el hecho de que haya versiones diferentes de estas con una energía totalmente distinta, y las letras tampoco ayudan, sino que más bien hacen aún más explícitas todas estas contradicciones.

Famous” lleva esto al extremo con loops de voces ininteligibles entre los que Will, consciente del riesgo que ha decidido correr, ruega que alguien dé importancia a su trabajo (“Please let somebody care about this”). El propio título juega con todo esto: la puerta ya ha sido abierta, es decir, el salto a ser una figura pública ya ha tenido lugar, por lo que ya no se puede volver a cerrar, pero quizá se pueda alcanzar un equilibrio. Quizá se pueda quedar simplemente entreabierta.

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