Four Tet

Four Tet –
Sixteen Oceans

Todo suena en su sitio en Sixteen Oceans. Dieciséis canciones fabricadas desde una pequeña habitación en las que, revistiendo melodías radiantes con los detalles apropiados, Four Tet se muestra como lo que siempre fue: un artesano minucioso.

La última Boiler Room de Four Tet (link) comienza sin música en medio de un bosque. Kieran Hebden, músico inglés detrás del proyecto, regresa tranquilamente a casa acompañado únicamente por el pisar de las hojas y su respiración nerviosa. Entra por el garaje, atraviesa un desorden de trastos y juguetes de su hija y llega a una habitación de invitados desde la que, además de hacer la sesión de turno, grabó su último álbum al completo: su taller.

A Four Tet hay que imaginárselo ahí, fabricando canciones como si fuese un trabajo manual. Confeccionado desde ese obrador minimalista, en Sixteen Oceans la veteranía lleva al DJ británico a utilizar más aquellas herramientas que maneja mejor: sonidos orgánicos, ligeros, encajados meticulosamente.

Fotografía: Jason Evans

Ejercicio de estilo que se diluye en la segunda mitad

En Sixteen Oceans, la veteranía lleva al DJ británico a utilizar más aquellas herramientas que maneja mejor: sonidos orgánicos, ligeros, encajados meticulosamente.

Su música se percibe ligera porque el peso de sus temas no se sustenta sobre los graves; al contrario, lo que mueve las canciones son capas de melodías brillantes, envolventes y protagonizadas en su mayoría por sonidos agudos. “School”, “Love Salad” o “Something in the Sadness” son buen ejemplo de ello.

Otra de las señas identitarias del método de Fourt Tet es mantener el beat principal fijo en primer plano, mientras lo interesante de la canción ocurre por debajo. La primera mitad del disco se sostiene con estructuras así (“Baby” o “Teenage Birdsong”), siguiendo la línea de canciones antiguas como “Sing” o “Lush”.

En la segunda mitad ganan peso los sonidos ambientales y se consiguen estructuras más abstractas que en el último trabajo de su colega Caribou (“4T recordings” encajaría perfectamente en un disco de Jon Hopkins). Es aquí, en la última parte, donde se encuentran los cuatro interludios del disco. Igual que en medio de una ruta de senderismo, es hacia el final cuando el cuerpo te pide escuchar al bosque (“ISTM”), tomar aire (“1993 Band Practice”) y beber del río (“Bubbles At Overlook 25th March 2019”, que parece una grabación de ASMR).

Nada suena fuera de lugar

Sixteen Oceans es un álbum elaborado con la rutina de un relojero: colocando piezas infinitas, pequeñas, encajadas con precisión y buen gusto. Bailando desde la estabilidad.

El tempo en las grabaciones de electrónica es siempre, por principio, exacto. Los sonidos se colocan en el lugar que se quiere que ocupen, sin ocasión para que el músico corra o se quede detrás. Pero dentro de la rigidez del compás, jugando con los matices y el estéreo, también se pueden transmitir sensaciones apabullantes, mareantes y caóticas, como consigue la bilbaína RRUCCULLA o el último disco de A.A.L..

El estilo de Four Tet, disco a disco, se ha ido dirigiendo hacia la pulcritud y la minuciosidad. Su obra como músico y productor es inabarcable (en la última playlist que él mismo ha creado en Spotify, “Everything”, ha intentado agruparla íntegramente); y en todas sus canciones se aprecia la misma impronta: aunque en cada pulso sucedan muchas cosas a la vez, todas ellas se perciben en su sitio.

Los mismos cánones estéticos se mantienen Sixteen Oceans, un álbum elaborado con la rutina de un relojero: colocando piezas infinitas, pequeñas, encajadas con precisión y buen gusto. Bailando desde la estabilidad.

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