Trepàt

Trepàt –
Canción Divina

Trepàt no nos entregan su álbum más expansivo ni el más experimental, pero sí el mejor y más concreto hasta la fecha. A lo largo de las ocho canciones de Canción Divina y en apenas media hora, los granadinos muestran todas sus cualidades, su abanico estilístico y su habilidad compositiva.

Tócame el culo de nuevo” es uno de los primeros mensajes que Trepàt entonan en su tercer trabajo de estudio, un Canción Divina que ha tardado cinco años en gestarse. Un lustro en el cual el grupo granadino ha reforzado su fórmula musical y lírica, definiendo por completo un sonido que bebe a partes iguales del post-punk y la electrónica. Se podría decir que Trepàt han encontrado, por fin, la calidez y la sensualidad en un estilo que antaño resultaba frío. Frases como la mencionada y canciones como “Power” dan fe del cambio, pero no es la única vez que el grupo evoca el amor, la comunión y el sexo: “Viva el amor, viva estrella y pasión”, “No hay que dejar de moverse y de quererse y de abrazarse hasta romperse”. La elección es vuestra.

Potentes imágenes líricas

Trepàt ponen música y letras a esas noches de desenfreno carnal que desembocan en mañanas de arrepentimiento cuando nos damos cuenta de que todo fue un espejismo.

Este nuevo álbum aparece en unos momentos difíciles, cuando nos enfrentamos a una soledad que no podemos (¿queremos?) abandonar (solitude is bliss que decían Tame Impala). A pesar de esta necesidad constante de aislamiento, no podemos rechazar los encuentros carnales, la pasión y la caricia cálida, ya sea la de una pareja en la intimidad de nuestro salón (“Fuerza Descomunal”) o la de ese completo desconocido que se ha convertido en nuestro mejor amigo (MDMA y demás sustancias mediante (“Explosión”)).

En última instancia, la noche, el alcohol y las drogas son lo que nos hace pedir que nos toquen el culo de nuevo. Y Trepàt, a lo largo de Canción Divina, ponen música y letras a esas noches de desenfreno carnal que desembocan en mañanas de arrepentimiento cuando nos damos cuenta de que todo fue un espejismo. Nada cambia, todo permanece, pero aun así necesitamos repetirlo cada semana.

Fotografía: Promo

Canto nocturno al amor químico, sexual y fraternal

Canción Divina da un golpe sobre la mesa aglutinando toda la esencia del grupo bajo conceptos como “poderío” y “concreción”. Esto se traduce en unos Trepàt más potentes y certeros que nunca.

Para conducirnos al éxtasis, Trepàt concentran todas sus virtudes en ocho canciones y menos de media hora de duración, alejándose, en parte, de los sonidos de sus anteriores trabajos. La Fiesta Oscura (2014) mezclaba el post-rock, el shoegaze y el post-punk naïve mostrando a un grupo que, en ocasiones, quería convertirse en los Lagartija Nick del Omega. Por su parte, El Amor Está en la Tierra (2015) sacaba a relucir el carácter más electrónico del grupo, apostando por el minimalismo, los ambientes y la niebla. Canción Divina, sin embargo, da un golpe sobre la mesa aglutinando toda la esencia del grupo bajo conceptos como “poderío” y “concreción”. Esto se traduce en unos Trepàt más potentes y certeros que nunca; celebremos.

Moverse” y “Peligro”, adelantos del álbum, son una prueba manifiesta de todo lo que expongo. La primera recoge algo del carácter ambiental de sus anteriores trabajos para mutar en estribillos épicos, gracias a unas guitarras afiladas y a una batería contundente que te golpea en el pecho con cada kick y te eleva con su juego de charles. Importante reseñar este instrumento, ya que el álbum orbita alrededor de su sonido, ora reflexivo otrora agresivo, pero siempre contundente; basta escuchar cómo suena en “Peligro”, highlight de la placa gracias a su carácter post-punk acelerado, a su estribillo inflamable y a su lírica minimalista que se graba a fuego e invita a arrasar la estancia donde te encuentras mientras suena.

Bailando y amando entre el caos

No les hace falta irse por las ramas. No les hace falta invocar a Suicide ni a Morrissey en las voces. Sólo les hacía falta una potente colección de canciones como Canción Divina.

Estas dos canciones son las más destacables del trabajo, pero eso no significa que el resto de Canción Divina no tenga su mismo carácter mágico. “Power” (con sus guitarras shoegaze y ligeras disonancias à la Daughters entre ritmos concisos de batería) y la homónima “Canción Divina” (una canción de carácter más pop que se va desarrollando ante nuestros ojos entre referencias a la religión, la violencia y el fuego purificador) no tienen nada que envidiar en cuanto a capacidad para encantar y hacernos bailar.

El resto del plástico relaja intensidades, pero el leitmotiv del amor mantiene la coherencia y termina de justificar la inclusión de esa jonhopkiana “Intro a Canción Divina”, donde pasa a cantar la guitarrista del grupo entre pads oníricos y jugueteos vocales, o la delicada “Fuerza Descomunal”, cuyo piano y ambientes embriagadores nos conducen a territorios más cercanos a Sigur Rós mientras Trepàt cantan al anhelo, a la melancolía, a la soledad (¿y a la bajona del MDMA?) en el día después.

Entre la violencia y el placer onírico

Trepàt han tardado cinco años en entregarnos su nuevo álbum de estudio, sí, pero ha sido un lustro en el que han ido madurando una obra que muestra a la perfección sus cualidades artísticas.

Para terminar de hablar de Canción Divina me detendré en las dos canciones más llamativas dentro de su repertorio. Por un lado, esa smithiana “Explosión”, con guitarras acústicas, punteos sutiles de guitarra eléctrica y un estribillo brillante que nos hace cantar con facilidad ese “Viva el amor” que da de lleno en el corazón. Por otro lado, hablemos del cierre del elepé. Quizá no sea la mejor elección para el final (más acertado habría sido, tal vez, culminar con el piano de “Fuerza Descomunal”), pero, siguiendo su costumbre de dejarnos joyas como colofón, Trepàt nos entregan una reinterpretación del “From Darkness With Love” de Cecilio G: “Desde la Oscuridad con Amor”. Su tensión te atrapa, su batería (lenta y algo kraut) te arrolla, la voz te hipnotiza y la admiración hacia el grupo por versionar al trapero nos lleva a caer rendidos ante ellos.

Trepàt han tardado cinco años en entregarnos su nuevo álbum de estudio, sí, pero ha sido un lustro en el que han ido madurando una obra que muestra a la perfección sus cualidades artísticas. No les hace falta irse por las ramas. No les hace falta invocar a Suicide ni a Morrissey en las voces. Sólo les hacía falta una potente colección de canciones que se sostenga por sí misma, y eso lo consiguen con creces en este Canción Divina que nos acompañará durante estos tiempos de incertidumbre.

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