Pablo Und Destruktion: «No quiero llevarme el dinero de la peña ni follarme a mi público»

El artista asturiano vuelve a sacar disco y es la excusa perfecta para volver a hablar con uno de los cantautores de nuestros días que más tienen que decir. Tanto en lo musical como en su mensaje

Pablo García habla claro, se ríe fuerte y bebe despacio. Todo ello mientras no deja charco sin pisar ni enemigo sin apuntar. Aprovecha las entrevistas para completar el mensaje de sus canciones, siempre más críptico en tanto en cuanto poético, si bien la moraleja queda generalmente clara. En su último disco, Futuros Valores, le declara la guerra al mito del progreso y a aquellos que lo siguen sin planteárselo. Lo cual en sí mismo no es nada nuevo, por otro lado, pero sí lo es el aire optimista con el que lo hace, tras haber pasado por un complejo proceso de purgación que desembocó en su anterior y maravilloso Predación (2017).

Con Futuros Valores regresas a Humo (heredero de Discos Humeantes). El caso es que no has sacado dos discos seguidos con el mismo sello.

El primero lo saqué con Pauken, que era el sello que yo tenía. El siguiente  [Sangrín] con Discos Humeantes. Vigorexia Emocional lo saqué con Marxophone, Predación con Sonido Muchacho, y en éste volví a Humo. Entre otras cosas porque  ya no es Discos Humeantes, cambió un poquito, y por cambiar. Con Luis (Sonido Muchacho) estaba muy bien pero sí que es verdad que no me interesa demasiado (ni yo le intereso a) la parte de festivales y la parte más pop, que está muy bien, pero no estoy en esa línea. 

Pablo el de Humo es colega, y en Sonido Muchacho estaba un poco aislado porque no tenía relación con el resto de grupos, y en Humo les conozco a todos desde hace diez años. Aunque estilísticamente Humo es muy ecléctico y cada grupo es de su padre y de su madre, por lo menos hemos coincidido desde hace años. Igor es colega desde hace muchos años, me ha diseñado portadas, Wences, de la Reserva Espiritual de Occidente, tuvo un grupo conmigo hace un montón de años, los de Cuchillo de Fuego también por vía de Liceo Mutante… Entonces había un ambiente más familiar y me apetecía.

Con los grupos de Discos Humeantes, ahora Humo, me pasa que si bien no tienen un género, sí que veo un sonido y una filosofía un poco en común.

Sí, lo oscuro y lo kamikaze es lo que más caracteriza a Humo.

«No hay futuros valores de la misma manera que no hay antiguos valores; los valores son eternos»

Yendo al disco en sí: se llama Futuros Valores, pero no dices cuáles son.

Esa es un poco la coña, también con la elección de la foto así un poco viejita… Pues una reconfiguración de los que creíamos que son del pasado. No hay futuros valores de la misma manera que no hay antiguos valores; los valores son eternos. Y en algunos momentos históricos unos tienen más poder que otros.

O están más de moda.

O están de moda. Pero yo creo que sí que han pillado mucho poder mitos del progreso, mitos de la libertad, etcétera, que se tratan de triturar en el disco. Cuando caigan, por necesidad, va a quedar ese hueco vacío. Y van a caer solos, por las propias trampas y mentiras que se ponen ellos mismos. Entonces es probable que haya un pequeño renacimiento en breve. Que es un poco de lo que van todos los renacimientos, que son cíclicos y van de recuperar esos valores eternos. 

En la reseña de tu disco para El Diario, Luis J. Menéndez decía que Predación te expuso a una atención mediática inédita anteriormente. ¿Lo ves así?

No, lo que pasa es que esa reseña la hizo Luis y en Mondo Sonoro salí en la portada. [Risas]. Pero cuando más expuesto estuve fue en Vigorexia Emocional. Predación estuvo bien en general, pero sí que entre que ya me había metido en el circuito (en el que ya había entrado con Vigorexia Emocional) menos underground y menos rural, y que tenía banda, había perdido lo que a mí más me gusta que son los conciertos pequeños en pueblos y ese tipo de militancia. Hacer unos conciertos antieconómicos, en los que se generan otro tipo de beneficios que no son económicos ni personales pero que están muy bien, y lo echaba de menos porque para mí ese es el motor para tocar, y de donde salen las canciones, y lo que me gusta. Ahora quería volver un poco a eso, con la elección del sello, con la producción del propio disco que he hecho yo y manteniendo todo a una escala más humana y más pequeña, y menos “de masa”.

Fotografía: Samuel Fonseca

Cuando te entrevisté tras hacer Predación me contaste que su proceso compositivo fue largo y complejo, con cinco actos, y que te habías guardado parte para ti o gente cercana. ¿En Futuros Valores también?

En este también me guardé y descarté muchas cosas. Hubo canciones que decidí no sacar. Eran buenas canciones y funcionaban, pero como funcionan, uno tiene que hacerse cargo de lo que va a hacer con ellas. Tenía unas que eran más “Und Destruktion clásico” y más violento, más turbio, más oscuro y más despechado. Esas las quité porque ya he hecho canciones así y no me han traído nada bueno. Así que preferí tirar por otros derroteros. Pero fue un proceso distinto, psicológicamente, y bastante saneador, la verdad. Yo creo que ahora lo tengo todo ordenado y bastante en su sitio. Me va a resultar más fácil ahora seguir componiendo y seguir tocando que antes. Con Predación, es que me había quedado ahí un poco medio “ARGH”, por el tipo de disco que fue, como que me había quedado nervioso hasta que he hecho esto.

De hecho habías dejado caer que lo mismo lo dejabas, o al menos como Pablo Und Destruktion.

Sí, que lo mandaba a la mierda. Estaba muy mal a gusto, tanto en mi mundo interior como exterior, porque estos años han sido muy convulsos sociológicamente. Que coincide también con que tengo una edad y un bagaje en lo personal, pero a la vez el clima político está muy viciado, hay un ambiente extraño. Estuve muchas veces hasta los huevos y con ganas de dejarlo y tal, lo que pasa es que no puedo. Ahora ya lo sé, y ya está. Pero me vino bien hacer el disco un poco desde fuera y poner en otro lugar al cantante, y que la canción esté por encima del cantante, que es lo que he tratado de hacer ahora.

O sea que no vas a hacer como Jacques Brel, que se retiró en la cumbre.

Lo que pasa es que si yo lo dejo en la cima… Ahora que estoy de profe ya tengo que pringar bastante, pero Jacques Brel se fue a un archipiélago francés y se dedicó a llevar a los isleños de isla en isla en avión, y yo creo que no tenemos la misma clase social. [Risas]

Probablemente mucha gente no sepa que la canción de “Ser Profesor” tiene una base muy literal. Has pasado de querer ayudar a ancianos a educar a nuevas generaciones.

Estaba un poco harto, y no me notaba muy cómodo… Yo nunca he tenido una música excesivamente comercial pero sí tuve un momento en el que le caí en gracia a los políticos y creían que me iban a tener ahí amaestradillo, como a mucha gente. Pero luego no, me enfadé con ellos y ellos conmigo. Entonces me tenía que buscar la vida. Dentro de las opciones que tenía más a mano estaba la de ser profesor, me molaba la idea y lo veía compatible. Ahora soy profesor de sonido, entonces me viene bien porque voy estudiando lo que enseño, y me parecía la cuadratura del círculo para estar más desconectado. Mi objetivo es currar la mitad del año de profe, y la otra mitad girar. Y venir aquí un ratín [a Madrid] y para Asturias otro, y así estar un poco en los dos.

¿Te enseñan música tus alumnos?

Sí que me enseñan. Primero me enseñaron el dembow y lo acabé prohibiendo. Y una vez censuré, empezó a aflorar música un poco más elaborada. Descubrí a JPEGMAFIA, que no lo conocía, a través de ellos. Están los del dembow y luego estos que son más de Tyler, the Creator, Kendrick Lamar, JPEGMAFIA y ese rollo. Los modernillos de mis alumnos van por ahí.

Al estar en FP, son mayores para que les afecte lo del pin parental, ¿no? [Risas]

Bueno, los hay desde dieciséis. En realidad me parece que lo del pin son disidencias controladas: tanto la introducción de discursos de género en las escuelas, como su ataque. Y creo que eso pasa en otros casos, y que la izquierda y la derecha están conchabadas, como pasó en el caso de la Manada o en el caso de la inmigración. El pin parental es una excusa perfecta para quitarle poder al Estado en torno a la instrucción pública, que es lo que pasa permanentemente. Primero introducimos instituciones que no forman parte de la instrucción pública a dar clases de géneros y demás, de esa forma degradamos y devaluamos la educación (porque yo creo que eso devalúa la educación y no debería darse). Pero luego se va uno a prohibirlo como hace Vox reivindicando la libertad de los padres sobre los hijos. No: el Estado tiene que dar una educación pública de calidad, y los hijos tienen que estudiarla toda y punto.

«Me vino bien hacer el disco un poco desde fuera y que la canción esté por encima del cantante»

Volviendo al disco: es un álbum que apunta menos al amor romántico e interpela a la gente, a los alumnos, al público…

A la gente, sí. Aquí voy girando un poquitín y hablo mucho menos de mí en este disco. Creo que conceptualmente es más beligerante que los anteriores pero formalmente es más amable, más agradable a la escucha.

También noté un tono más luminoso, aunque sea beligerante.

Sí, sí. Es luminoso porque pasa como el disco de IDLES, de la alegría como acto de resistencia. En este caso es la esperanza y demás. Doy por supuesta la victoria en el conflicto ideológico que hay ahora, que es una forma de degradar a mi adversario. Es beligerante porque degrado al adversario, que es el que se cree el mito del progreso, que es un poco lo que ataco. Hay cierta fanfarronería soterrada en esta esperanza y en el tipo de canción de amor que hago. Queda muy claro en la de “Gijón”, que es la más explícita en ese sentido. Por eso es la que puede recordar más a discos previos.

Una cosa que no me ha quedado clara es si Susanna Griso es la diosa de la destrucción o la de la belleza, o la que extingue a las especies, o todas a la vez.

[Risas] Es muy guapa, pero es la de la destrucción sin duda. Y Ana Rosa Quintana igual, son máscaras del mismo carnaval. [Risas]

«Tuve un momento en el que le caí en gracia a los políticos y creían que me iban a tener ahí amaestradillo. Pero luego no, me enfadé con ellos y ellos conmigo»

¿Cuándo te diste cuenta de que el punk estaba equivocado?

Cuando me di cuenta de que toda esta especie de anarquismo pop al final es una forma de vender la ideología. Dentro del punk y de muchos movimientos de este tipo, es una forma de comercializar la política de la misma manera que se han ido comercializando cosas que antes no se comercializaban. Al introducir la rebeldía en el mercado pues queda neutralizada y ya está. Y este ultraindividualismo… El punk ha sido precursor de muchas cosas que ahora forman parte del discurso hegemónico y que en realidad son la expansión del mercado. Eso ya estaba previo en Psychic TV, por ejemplo, dentro del punk industrial, que jugó esas bazas a veces y fue vocero de un tipo de discurso que con los años y el desarrollo político se ha visto que lo único que han hecho ha sido ampliar el campo de batalla del liberalismo y llevarlo al terreno de lo personal y el terreno privado. Parecía rebelde pero no lo es, lo mismo que muchos partidos parecen de izquierda pero no lo son, porque todo es mercado y al final lo que importa es si genera dinero o no. Por eso para mí el mundo se divide más entre económico y antieconómico. Hay una parte que está sometida que está sometida a la ley del oro y otra que no; a mí me interesa la que no, pero lógicamente vivo en las dos.

¿Te crees entonces a alguna banda de punk actual, como mencionabas a IDLES antes? ¿Te gustan?

Sí, alguna banda sí me gusta. Fue un género con el que crecí y me gusta, igual que me gusta la Coca-Cola. Lo que creo es que no tiene ningún poder de transformación de nada. La Coca-Cola y el punk tienen el mismo poder de transformación ahora: ninguno. Es más, acaban de asentar el poder; van a favor de obra, no en contra. No hay nada más en contra del poder ahora mismo que el domingo, en vez de ir a comprar o a trabajar, ir a misa. Eso sí es antisistema. Y muchas otras cosas de discursos tradicionales. Por eso lo quiero meter en Futuros Valores, porque yo busco en el pasado por dónde va a ir el futuro, porque en el pasado existía un mundo antieconómico. Si se quiere imaginar alguna parcela de la vida que sea antieconómica hay que inspirarse en lo que había en el pasado.

Me gustaría tener aquí delante a Futuro Terror, por poner otra banda de Humo, para plantear un debate.

Bueno, yo he hablado con el cantante unas cuantas veces y no estamos nada lejos en el argumentario, eh.

Tampoco es que lo suyo sea punk-punk, pero el mensaje sí lo es bastante. Un poco como pasa contigo.

Sí, es el enfoque de lo que se dice y tal. Pero bueno lo formal también importa: yo quiero hacer música tranquila y para minorías. No quiero llevarme el dinero de la peña ni follarme a la gente que viene, a mi público. Ya está, ya me he llevado su dinero y ya me los he follado, y es pan para hoy y hambre para mañana en lo espiritual. Me interesan otras cosas. 

«La Coca-Cola y el punk tienen el mismo poder de transformación ahora: ninguno. Es más, acaban de asentar el poder; van a favor de obra, no en contra»

No sé si es cosa mía o hay un resurgimiento del folk de ciertas regiones, reciclado y modernizado. Pienso en gente como Baiuca, Rodrigo Cuevas, Lorena Álvarez, El Grajo…

Bueno, son muy distintos. Yo metería a Baiuca y Rodrigo Cuevas en un grupo, y Lorena Álvarez y El Grajo en otro. Porque unos hacen una lectura identitaria del regionalismo, que los vuelve más cercanos al nacionalismo (que son los primeros), y son en cierta manera indigenistas y piensan que hay un espíritu de su pueblo. Pero Lorena Álvarez y El Grajo no, porque son más autorales. Yo me siento más cercano a ellos, artísticamente, que a Rodrigo Cuevas y a Baiuca. Soy amigo de Rodrigo y me cae muy bien, pero artísticamente estoy más distante. Puede haber algo unificador… Pero es difícil.

A mí sí que me interesa ahora, creo que puede haber una escena antihegemónica, un underground real, pero para eso nos tenemos que dar cuenta de qué es lo hegemónico. Y enseñar el culo, por ejemplo, no es antihegemónico: es hegemónico. Algo tan sencillo como eso es lo que tenemos que tener en cuenta, desde el underground o desde música que no busca simplemente medrar dentro del mercado, para poder hacer alternativas. El rock alternativo desaparece cuando desaparece el rock hegemónico, y ahora como no tenemos claro que es lo hegemónico, tenemos mucho menos claro aún que puede ser lo alternativo. Se puede apuntar algo porque el folk, y remitir a lo rural, puede ser una forma de conectar con esta parte antieconómica, con la sencillez, con lo puro, con el amor. Puede ser una vía de entrada a otros discursos. 

Para poder ser trovador tengo que poder criticar el poder, y para eso tengo que saber quién tiene el poder. Y como ahora el poder está tan deslocalizado y nunca sabes dónde está o quién es el dueño de la multinacional, es mucho más difícil hacer bien el trabajo del trovador. Y sobre todo porque el pueblo está muy condicionado y muy engañado por las diosas de la destrucción, entonces cuando tú criticas al poder, la gente se piensa que tiene el poder y se siente atacada. Pero no lo tiene.

Esto me ha recordado a una frase de Titus Andronicus: el enemigo está en todas partes.

Bueno, yo dije “el enemigo está dentro”, y va por ahí. Que eso es de la Guerra Civil: “disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro”, de Simancas, pero aplicado a dentro del individuo, de su propio deseo. Porque son enemigos ideológicos, no personales, y son enemigos arquetípicos, entonces esta lucha es eterna, no tiene final. El final para mucha gente es la nómina, o Galapagar, o el Parlamento. Pero no tiene final, así que, para el que tenga paciencia. [Risas]

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