Tennis

Tennis –
Swimmer

El matrimonio de Denver volvía con su quinto largo y quizá mejor disco hasta la fecha el día de San Valentín de este mismo año. Un álbum conciso y aptamente romántico que juega con el efecto retro sin llegar a resultar empalagoso (aunque está muy cerca de serlo y para gustos, colores). Media hora para bailar en tu cuarto con una leve sonrisa en la cara y los ojos cerrados.

Con pinta de extras en un videoclip de ABBA y con una historia tan cursi como haberse conocido en clase de filosofía en la universidad, el matrimonio conformado por Alaina Moore y Patrick Riley se escudan tras el nombre de Tennis para hacer su música. El título de este último álbum viene directamente de su experiencia de composición, que tuvo lugar durante un viaje de un año en barco por las aguas del golfo de California durante el que Moore aprendió a nadar.

Regreso al futuro

Un álbum de canciones pop a mucha honra; pop sin pedir perdón, pop que te hace sentir bien y que no tiene mayores ínfulas.

Después de Yours Conditionally (2017), un disco con buenas canciones como “My Emotions Are Blinding” o “Ladies Don’t Play Guitar” pero que pasó bastante desapercibido, Tennis llegaron a un punto de inflexión. Parecía difícil que nos volviesen a sorprender con una fórmula que ya no sonaba tan fresca o que sacasen un disco tan bueno que compensara esa falta de originalidad. Si la secuela no era ninguna de esas dos opciones, el grupo estaba destinado al olvido. 

Para sorpresa de muchos, Tennis han vuelto sin hacer mucho ruido, sacando su disco como quien dice “dejo esto por aquí”, y nos han traído un álbum de canciones pop a mucha honra; pop sin pedir perdón, pop que te hace sentir bien y que no tiene mayores ínfulas. Es lo mejor que podían haber hecho.

El disco es auto (y además muy bien) producido, con una eficacia que sólo proporciona el ensayo y error. La producción del grupo ha mejorado indiscutiblemente desde sus inicios, y no hay sino que dar una escucha rápida a Cape Dory (2011) para comprobarlo. También ayuda que el disco haya sido mezclado impecablemente por Claudius Mittendorfer, responsable del destacado Wide Awake! de Parquet Courts.

Fotografía: Luca Venter

Hacer de tripas corazón

La gran virtud de Tennis es que son capaces de encontrar el equilibrio entre la nostalgia de mirar al pasado y un toque personal de modernidad.

Aunque no es fácil sospecharlo escuchando las canciones que conforman Swimmer, este disco nace de una mala racha que pasó la pareja al poco de publicar su anterior trabajo (hospitalización de Moore, la muerte del padre de Riley…). En vez de hacer un álbum que se regodease en la miseria de 2018, Tennis decidieron hacer lo que mejor saben: darse al optimismo y hablar de amor. Hay en el álbum un cierto espíritu escapista, con melodías que te transportan al todavía lejano verano y te hacen querer tener una piña colada entre manos.

Swimmer es, llanamente, un disco para bailar y ponerse contento, y el segundo tema es un claro ejemplo de ello. Con unos cambios de ritmo sorprendentes, “Need Your Love” es pegadiza a rabiar. La escenas bucólicas de matrimonio descritas por el dúo hacen que resulte un pelín cansina, pero supongo que es lo que tiene la estabilidad emocional.

Runner”, primer adelanto del LP, es un ejemplo del falsete azucarado de Alaina, que en grandes dosis podría cansar pero que en la mejor de sus versiones recuerda a Kate Bush o a Stevie Nicks (pero con una relación sentimental en apariencia bastante más sana que la de la susodicha con Lindsey Buckingham).

Euforia tropical

Tennis no son nada rompedores, pero nos traen un disco ameno que entra con más facilidad que un vaso de limonada fresca en un día caluroso.

Echoes”, por su parte, es una de las pocas canciones del disco que hacen referencia directa a esa serie de catastróficas desdichas acaecidas en 2018. Alaina canta cómo se la llevaban en camilla mientras entona una melodía que no se puede llamar otra cosa que tropical. “Tender as a Tomb”, con un título digno de The Smiths, es otro de los momentos destacados del disco, con un riff sinuoso y cajas de ritmos de lo más groovy.

El disco acaba con “Matrimony II”, secuela de una canción del disco anterior. Las palabras que se dedican el uno al otro son tan tiernas que da un poco de rabia, porque Tennis son una de esas parejas demasiado perfectas para ser ciertas pero a la vez agradables como individuos, de forma que no puedes odiarles abiertamente. 

Cuando en otros discos han pecado de pastiche, en Swimmer los de Colorado encuentran el equilibrio entre la nostalgia de mirar al pasado y un toque personal de modernidad. Tennis no son nada rompedores (difícilmente podrían serlo cuando su juego se basa en tomar mucho prestado de décadas pasadas), pero nos traen un disco ameno que entra con más facilidad que un vaso de limonada fresca en un día caluroso. Breve y dulce como un caramelo.

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