Mura Masa

Mura Masa –
R.Y.C

Alex Crossan incorpora al R&B y la electrónica de su primer álbum influencias del indie-rock y el post-punk en R.Y.C, un disco que vuelve a brillar por sus colaboraciones con otros artistas, pero que cojea cuando el británico se queda solo. Afortunadamente, todavía tiene mucho margen de mejora.

Decir que somos la generación perdida probablemente ya no sorprenda a nadie. En una época de crisis económica, una situación laboral cada vez más complicada a pesar de contar con una ristra de títulos incansable y ahora además con una pandemia global, parece que sólo nos queda refugiarnos en la ironía fatalista, los memes y la nostalgia; una nostalgia por cosas que, en muchas ocasiones, ni siquiera vivimos o no con plena conciencia. Mura Masa, el artista británico galardonado con un Grammy por su disco debut, explora esta atmósfera y estos sentimientos en R.Y.C, su segundo trabajo de estudio.

Quiero volver a esos días que nunca viví

R.Y.C se siente menos atado a los sonidos actuales y recoge también influencias del indie-rock y el post-punk, más acordes con la temática que intenta abordar.

Lo primero que llama la atención de este álbum respecto a su antecesor es el cambio de tercio en el sonido. Mientras que su debut tiraba de R&B moderno, wonky y electro-pop, este álbum se siente menos atado a los sonidos actuales y recoge también influencias del indie-rock y el post-punk, más acordes también con la temática que intenta abordar.

Así, temas como “Raw Youth Collage”, “Vicarious Living” o “No Hope Generation”, con esa apelación tan explícita a nuestra generación, se mueven a medio camino entre el indie y la electrónica de su debut, manteniendo la atmósfera juvenil pero extendiendo un poco el registro sonoro de la obra de un Mura Masa al que, por desgracia, parece que todavía le cuesta encontrar un sonido propio y consistente. Y es que momentos como “(nocturne for strings and a conversation)” o “In My Mind” suenan un poco a la famosa radio lofi hip-hop de YouTube, conformándose como dos piezas resultonas pero demasiado genéricas y carentes de algo que las haga sobresalir por sí mismas.

Fotografía: Promo

Rodeado de buenas compañías

Resulta complicado valorar discos llenos de colaboraciones donde, además, estas acaban estando bastante por encima de lo que ofrece el resto del álbum. Sin embargo, las canciones junto a slowthai, Clairo y Ellie Rowsell de Wolf Alice brillan con luz propia.

Lo bueno es que Mura Masa no se aventura solo en esta exploración de la miseria millennial, sino que cuenta con colaboraciones de artistas como slowthai, Clairo o Ellie Rowsell de Wolf Alice, momentos donde las canciones de Mura Masa brillan con más intensidad. De hecho, son justo esas tres colaboraciones los puntos álgidos del álbum. 

I Don’t Think I Can Do This Again” tira hacia un pop acústico en sus estrofas que pronto se contagia de un bajo muy saturado y se acerca al electro en su estribillo, mientras que “Deal Wiv It” tiene una base muy en la tónica de Slowthai mezclando ese sonido urbano británico con un estribillo muy pegadizo y un toque funky similar a lo que hicieron hace poco con Gorillaz. Teenage Headache Dreams” por su parte, trae guitarras más atmosféricas en la línea de las canciones de Wolf Alice, con una Ellie sobresaliente en la voz.

En busca de un sonido propio

Mura Masa es un artista joven, con ideas y con ambición, y las canciones de R.Y.C están trabajadas y cuidadas, pero se nota que todavía pueden dar bastante más de sí, tanto en su sonido como en las letras.

Resulta complicado valorar discos llenos de colaboraciones done, además, estas acaban estando bastante por encima de lo que ofrece el resto del álbum. Mura Masa es un artista joven, con ideas y con ambición, y las canciones de R.Y.C están trabajadas y cuidadas, pero se nota que todavía pueden dar bastante más de sí, tanto en su sonido como en las letras, muy lejos todavía de otros artistas contemporáneos como Car Seat Headrest dados a reflexionar sobre la frustración y la apatía que nos dominan, pero con mucho mayor acierto. Afortunadamente, si hay algo que también caracteriza a la generación perdida es que, aun sin el mínimo atisbo de esperanza, nunca se cansa de intentarlo.

error: ¡Contenido protegido!