Ciudad Jara

Ciudad Jara –
Donde Nace el Infarto

Pablo Sánchez regresa a los escenarios año y medio después de cerrar una etapa con La Raíz bajo el nombre de Ciudad Jara, un nuevo proyecto mucho más intimista y forjado desde la canción de autor, pero que inevitablemente nos recuerda a la banda de la que fue alma máter durante doce años. Luce mucho más esta vez su potencial lírico, recortando en riqueza musical y homogeneizando el sonido aunque, como siempre ha defendido, lo importante de su obra es el arte en sí, por encima del discurso.

Como todo en este país, el desarrollo cultural de la música en España siempre ha sido un poco anárquico, siguiendo sus propias consignas aun bebiendo siempre de lo que venía de fuera. Cada escena musical tiene sus propios circuitos, fácilmente identificables por sonido, y en menor medida por ciertos rasgos culturales que van desde la vestimenta hasta el estilo de vida, y es complicado encontrar una banda que las trasvase sin consecuencias. A este respecto, han sido pocas las ocasiones en que se habría una grieta y emergía un fenómeno único, impredecible.

La revolución no olvida

Pese a que se ha incidido mucho en que este es un trabajo personal e íntimo, más próximo a la canción de autor, lo cierto es que los seguidores de La Raíz no podemos obviar las evidentes semejanzas entre este trabajo y los anteriores como conjunto.

Posiblemente no sea el caso más sonado, pero algo así sucedió con La Raíz hacia 2014. Así en el Cielo Como en la Selva (2013) inició una revolución que culminaría unos años más tarde con Entre Poetas Y Presos (2016), un binomio que traspasó las barreras del mestizaje y el rock callejero para hacerse universal, aupados por la indignación de una ciudadanía que clamaba por dignidad ante los continuos vapuleos económicos y de memoria histórica.

Al gran poderío en directo, un derroche de energía en clave de ska, reggae, rap y grandes riffs de rock, se le añadía un factor diferencial: el talento lírico de Pablo Sánchez, compositor y cantante principal. La Raíz se convirtió en una máquina perfecta, donde todos los engranajes fluían como recién engrasados. Todo fue un sueño increíble hasta septiembre de 2018, cuando el grupo anunció su separación temporal indeterminada, y una gira de despedida abanderada por su canción “Nos Volveremos a Ver”. Aún recuerdo el momento en que, durante el concierto de aquella gira en Valladolid, la banda se presentó sin Pablo y anunció que su ausencia se debía a que acababa de ser padre. Más tarde explicaría que esa no fue la única razón de la tregua, pero desde luego sí ha sido la piedra angular sobre la que se ha construido este nuevo proyecto que hoy tenemos entre manos.

Ciudad Jara toma el nombre de la hija de Pablo, inspirado por uno de los acontecimientos más grandes que puede experimentar un ser humano como es la paternidad, en conjunción con la idea de ciudad, de colectividad, de sociedad. El resultado de esta nueva deriva se materializa en Donde Nace El Infarto (2020), un primer disco cuya portada nos muestra una estatua de mujer (la figura se encuentra en una escuela de arte de Gandía, ciudad matriz de La Raíz) a la que le nace una urbe en la cabeza. El proyecto comenzó siendo cosa de Pablo y su hermano musical de toda la vida, Tato James, pero ha terminado acogiendo también a Miquel Ramos a la batería, Jordi Martí al bajo, Joan Marc a las teclas y Juan Belda como segunda guitarra acompañando a Tato.

Pese a que se ha incidido mucho en que este es un trabajo personal e íntimo, más próximo a la canción de autor, lo cierto es que los seguidores de La Raíz no podemos obviar las evidentes semejanzas entre este trabajo y los anteriores como conjunto. Han desaparecido los vientos, las otras tres voces, las auras de rap, reggae y ska, pero el grueso se mantiene, lo cual no es, ni mucho menos un hándicap. Habrá que esperar a verlos en directo para poder juzgar mejor la propuesta, ya que seguro que es en ese terreno donde la diferencia es mayor; pero a la hora de juzgar las canciones, la riqueza lírica y compositiva no afloja lo más mínimo.

Fotografía: Alba García (Bikus)

El recorte instrumental pone el foco en las letras

Han desaparecido los vientos, las otras tres voces, las auras de rap, reggae y ska, pero el grueso se mantiene, lo cual no es, ni mucho menos un hándicap.

El disco abre con una introducción homónima, “Donde Nace el Infarto”, una puerta hacia el trabajo donde la música va apareciendo de la nada hasta que rompe en una miscelánea instrumental, tribal y solemne. Entramos, y en el principio nos encontramos con “El Último Pasillo”, una pieza enérgica, sostenida por guitarras que recuerdan a la facción más rock de La Raíz, que versa sobre la muerte como el factor universal a la hora de igualar a todas las personas, independientemente de su condición. El fraseo de “Bostezo Mundial”, sin embargo, adquiere un tono más rítmico, acercándose a géneros urbanos, para abordar el tema de la apatía y la resignación social ante la división y las injusticias.

Bailé”, el que fue el tercer single promocional, se ha convertido, seguramente, en la canción bandera de Ciudad Jara. Basado en el 1984 de Orwell, el tema sigue reivindicando esa lucha humana por la dignidad utilizando como telón de fondo la mítica distopía que, cada año que pasa se antoja más verosímil. Al margen del imaginario utilizado, este es un buen ejemplo para ilustrar la sensibilidad que ha hecho que Pablo conecte con miles de personas, que no está tanto en “el gobierno está a los mandos de la puerta que te encierra” como en focalizar que somos aquellos que “pasan su vida muertos por vivirla”.

Un poco más críptica se antoja “Bastardos de la Gravedad”, otro tema que se apoya en el rock más puro para hablar del camino que cada uno elige en la vida, y cuánto de auténtico hay en ello y cuánto de inercia social y modas cultivadas gracias a la abundancia actual de conciencias dormidas.

Un alma puede ser frágil, pero nunca dócil

Donde Nace el Infarto nos ofrece una colección de canciones insumisas y que crepitan en llamas, pero que también abrigan, seducen y sanan.

Un arpegio marca de la casa nos lleva de la mano hacia “La Canción del Pensador”, el primer y precioso single con el que conocíamos Ciudad Jara. Se podría decir que la canción resume el giro creativo y vital de su autor, el cambio en aras de nuevas inquietudes artísticas, la búsqueda de paz y reflexión como método de adquirir sabiduría. Es curioso, dentro de un disco formado por temas con estructuras muy interesantes, ver, por ejemplo, como aquí el estribillo tarda más de dos minutos en llegar, más o menos hacia la mitad de la canción; y como muere en caída, creando un efecto bello a la par que inquietante.

Líderes” nos obliga a entender a quién va dirigida y por qué Pablo pide perdón. Se trata de una declaración de intenciones, no exenta de sarcasmo, ante la lucha contra los bulos, la censura y, en general, la manipulación a la que nos tratan de someter continuamente desde arriba los diversos poderes.

Uno de los momentos más emocionantes del disco llega con “Si Perdemos Te Pierdo”. La canción narra una historia de amor ficticia entre dos chicos homosexuales en un campo de exterminio. Uno de los protagonistas muere allí, y las estrofas van contando la sucesión de hechos hasta llegar al alegato final, escrito por su compañero de camino al paredón. Y tras otro puñetazo sobre la mesa gracias a la energía del último single, “Siglos de Golpes”, llega un tríptico final de lo más cautivador.

La colectividad como fuerza motriz del mundo

El camino recorrido es como un abrazo para todo el que se sienta solo y desamparado ante tanto sinsentido, y el bramido de un cuerno de guerra para los que nos toman al pueblo por dóciles. Qué hubiera sido de nosotros sin contiendas ajenas por medio.

Las Manos” surge como un trabajo colaborativo, un proyecto dentro de otro proyecto. La Vela Puerca, ZOO (donde canta el hermano de Pablo), Colectivo Panamera, TéCanela, Nativa, Road Ramos, y miembros de La Raíz colaboran para aportar sus voces y sonidos a este homenaje al público que durante tantos años han impulsado a Pablo y sus formaciones. La parte final de la canción es una murga uruguaya, donde además del elenco antes mencionado toma los mandos de la batería Facu Díaz, popular presentador y humorista que se destapa también como solvente instrumentista, aportando raíces uruguayas a este caldo junto con La Vela Puerca.

En “Ultramar” la inspiración nace de una obra de la poetisa argentina Alfonsina Storni, que se suicidó adentrándose en el mar, para construir una metáfora de suicidio colectivo de todos aquellos marginados hastiados por el peso de la sociedad.

El álbum confluye en “Las Nanas de Jara”, la particular “nana de la cebolla” que Pablo le dedica a su hija Jara, al igual que hizo Miguel Hernández con su vástago. Un poema cantado realmente mágico, y que cuenta con la participación de Rozalén en la disertación, engrandeciendo la pieza con su aura. El epílogo retoma los ritmos tribales y evocadores, remitiéndonos al calor de una reunión de amigos en torno al fuego, como ya logró en su día “La Hoguera de los Continentes”. Un cierre a la altura del camino recorrido, un abrazo para todo el que se sienta solo y desamparado ante tanto sinsentido, y el bramido de un cuerno de guerra para los que nos toman al pueblo por dóciles. Qué hubiera sido de nosotros sin contiendas ajenas por medio.

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