Pearl Jam

Pearl Jam –
Gigaton

La mítica banda de Seattle se niega a decir adiós y, tras el sabor amargo que nos dejó Lightning Bolt (2013), vuelven a la carga con un trabajo que, sin ser nada revolucionario, nos recuerda que los de Eddie Vedder todavía saben entregar buenas canciones y darnos alguna que otra sorpresa.

Cada vez que un grupo con una carrera extensa saca nuevo disco, muchos se hacen (o nos hacemos) la misma pregunta: ¿es necesario? Quizás este sea el error. Quizás lo que deberíamos preguntarnos es: ¿y por qué no? Quiero decir, todos tenemos cariño a ciertos grupos longevos y manía a otros tantos, pero si a una banda de viejas glorias le apetece rememorar viejos tiempos, entretenerse un rato o tener una excusa para salir de gira y llenarse otra vez los bolsillos, en el fondo, ¿qué más da? Si no eres fan existe la opción de, simplemente, ignorarlo (excepto si se trata de U2 y obligas a todo el mundo a escuchar tu puñetero disco, claro).

El caso es que Pearl Jam vuelven al ruedo cuando creo que ya nadie esperaba nada de ellos. Y no, yo tampoco es que esperase nada, pero siempre me da cierta alegría ver que aún le queda energía a una de las bandas a las que más cariño tengo y que más simpatía me han despertado siempre. Gigaton (2020) es ya el undécimo disco de una formación a punto de cumplir treinta años en activo y, por suerte, todavía conservan la magia suficiente para, al menos, sacarnos una sonrisa.

Fotografía: Danny Clinch

Un regreso mejor de lo esperado

A pesar de lo sorprendente de “Dance of Clairvoyants”, al final estamos, para bien y para mal, ante otro disco más de Pearl Jam.

Es justo decir que Lightning Bolt (2013) fue el punto más bajo de su carrera y que, a pesar de tener algún que otro tema salvable y alguna canción que mostraba una madurez bastante bien aceptada y entendida, había otros cortes que ponían un pie dentro del dad-rock más insípido y menos inspirado que se les recuerda. Con Gigaton la banda parecía querer volver a arriesgar un poco y probar algo diferente, tal y como indicaba ese primer adelanto que fue “Dance of Clairvoyants”, con el que sorprendían acercándose al estilo de los Talking Heads sin perder el sonido que les ha caracterizado siempre, con más detalles de producción y un tímido coqueteo con los sintetizadores.

Es una pena que el resto del álbum no explote ese sonido, pues es lo más fresco que han sonado Pearl Jam en muchos años. Porque, al final, como habríamos imaginado desde el principio a no ser por ese single, estamos ante otro disco más de Pearl Jam, para bien y para mal. Pero la parte buena tiene dos puntos bastante positivos: uno, que este disco está un par de peldaños por encima de Lightning Bolt, y otro, que aunque no es la tónica general, hay alguna que otra sorpresa.

Los Pearl Jam de siempre, entrados en la madurez

Básicamente, Gigaton se divide en las canciones resultonas de siempre, las que sorprenden por salirse un poco de lo habitual, las dad-rock aceptables y las dad-rock aburridas.

Básicamente, este disco se divide en las canciones resultonas de siempre, las que sorprenden por salirse un poco de lo habitual, las dad-rock aceptables y las dad-rock aburridas. En el primer grupo podríamos situar “Superblood Wolfmoon”, el clásico single guitarrero que nunca falta, y podríamos añadir también “Never Destination” y “Take The Long Way”, más cercanas a los Pearl Jam adultos de la década de los 2000 cuando ya se centraban en entregar canciones de rock apañadas pero con garra (aunque esta última seguramente es la más floja de todas). “Who Ever Said”, por su parte, recuerda bastante a los Pearl Jam de los noventa, a la época de Vitalogy (1994) y canciones como “Corduroy”. Y es que, aun siendo un más de lo mismo, cuando sacan a relucir los riffs y los solos de Mike McCready a mí me cuesta decirles que no. 

En el grupo de las que sorprenden tenemos la ya mencionada “Dance of the Clairvoyants” y “Quick Escape”, single que aúna lo mejor de los Pearl Jam clásicos y los modernos, bajando las revoluciones un escalón sin perder su esencia para entregarnos un tema divertido y electrizante, con un muy destacable bajo de Jeff Ament.

Alright” y “Seven O’Clock” están un poco entre la sorpresa y el dad-rock bien, pues se van a los Pearl Jam más calmados y solemnes. Un par de piezas de ambientes interesantes y un Eddie Vedder que, a pesar de no tener ya el mismo rango vocal que tenía hace veinte años, sigue teniendo una personalidad muy característica.

Un trabajo que cumple y que se guarda algún pequeño as bajo la manga

Sin proponer ninguna novedad realmente sustancial, es agradable ver a la banda de Seattle intentar refrescar un poco su sonido a estas alturas que ya no tienen nada que demostrar.

Con todo esto, la banda consigue mantener dos tercios del disco en un nivel bastante aceptable. Es en el último trecho donde adolece más, tal y como le pasaba a Lightning Bolt, cuando enganchan esos últimos cuatro temas que sin ser malos en sí, se hacen demasiado inofensivos y algo anodinos, especialmente “Buckle Up” y una “Comes Then Goes” que no empieza mal, pero se alarga innecesariamente. Una lástima que a “River Cross” le pase lo mismo porque “Retrograde” sí consigue remontar un poco el vuelo y habría sido un mejor cierre para el disco.

Creo que a estas alturas nadie se acerca a un trabajo de Pearl Jam esperando encontrar otro Ten (1991) y, si eres fan de la banda y vas sin esas expectativas, probablemente salgas contento con este álbum. Sin proponer tampoco ninguna novedad realmente sustancial, es agradable ver a la banda de Seattle intentar refrescar un poco su sonido a estas alturas que ya no tienen nada que demostrar. Gigaton es otro disco más en su amplia carrera, otro que no pasará a la historia, eclipsado una vez más por su quinteto de los noventa, pero como dice la canción que abre este álbum: “Who ever said it’s all been said gave up on satisfaction”.

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