Wasted Shirt

Wasted Shirt –
Fungus II

Ty Segall y Brian Chippendale, batería de Lightning Bolt, deciden dinamitar el rock en un ejercicio esquizofrénico y demencial de velocidad y ruido. Una explosión más cercana al noise experimental de estos últimos que a cualquier otro proyecto anterior del californiano.

La potencia sin control no sirve de nada”, reza el eslogan de una famosa marca de neumáticos. Pero es mentira: claro que sirve. Sirve para derrapar en una curva, comerte el quitamiedos, caer colina abajo y seguir acelerando mientras se te dispara la frecuencia cardíaca y tu campo de visión se concentra en un túnel. Otra cosa, claro está, es que eso no sea plato de gusto para la mayoría.

Pero evidentemente Ty Segall (a.k.a. el tío más citado en esta web) y Brian Chippendale (a.ka. Black Pus) no son la mayoría. Son más bien una minoría del rock contraindicada por los médicos, los dad-rockers y los cómodos de oído. Segall, por no ser capaz de contener en unos cauces siquiera medio normales su inagotable caudal compositivo, y Chippendale (Lightning Bolt) por llevar dos décadas largas experimentando al borde del noise-rock a través de un dúo tan improbable (bajo y batería, con voces mecánicas) como apabullante en directo.

“Brian y Ty, dos simples partículas en el Gran Esquema…

…colisionan a alta velocidad; los técnicos corren a cubrirse; la reacción es grabada. Se consigue la mutación. Esto es Rock de Libertad. Sube el volumen. Acelera tu emancipación. La alegría sónica te espera”. Eso decía el mismísimo Henry Rollins de Black Flag en la nota de prensa del proyecto. Rollins, con mucho más acierto que el que escribe estas líneas, describe así cómo en una calurosa semana de julio de 2018 Segall y Chippendale se habían juntado en el estudio casero del primero, y cómo lo que había salido de ahí era un escupitajo en la cara de todo lo predecible en el arte.

Por ello es que hay que dar un aviso al fan despistado de Ty que llegue a este disco sin demasiadas referencias: si GØGGS te parecía su vertiente garage-punk más furiosa y lacerante, y Fuzz hacía lo propio con sus gustos más heavy y psicodélico, agárrate que vienen curvas. Porque Wasted Shirt, que es como se llama este engendro, se acerca más al cacao mental sónico que al que acostumbra Chippendale, tanto como Black Pus en solitario como en los momentos más locos de Lightning Bolt, que a cualquier cosa que haya hecho Segall hasta ahora.

Como un pulpo con ocho machetes

Ty y Brian firman un debut conjunto digno de unos Butthole Surfers a tope de distorsión. Un monumento y una nueva vuelta de tuerca al noise rock.

Las labores instrumentales se reparten con Ty a las cuerdas y Chippendale a la batería, mientras las voces se alternan y mezclan en una vorágine de ruido. Así, con un alarido y a cara de perro, arranca esa “All is Lost” que ya conocíamos por ser uno de los adelantos. De ahí en adelante, la locura solo se incrementa y se suceden los mejores temas del disco. “Zeppelin 5” es buenísima, porque se le notan las costuras poco finas como de banda amateur que usase un par de pedales viejos y un micro medio cascado, y que compensase su falta de recursos dando el doble de candela de la recomendada. 

O “Fist is my Ward”, que se vuelve pesada, rocosa y amenazadora como su propio nombre. Para cerrar la cara A, “Harsho” comienza con un sonido clásicamente Oh Sees pero al rato se muestra grumosa, pegajosa y reptante como un monstruo lovecraftiano. La velocidad baja por primera vez pero sin dejar de transmitir el horror cósmico en forma de anti-melodías psicodélicas retorcidas hasta lo irreconocible.

Feísmo, supremacía de la percusión y giros psicodélicos

Fungus II suena como si el bebé de Emotional Mugger (2016) hubiera acabado enganchado al caballo por sus malas compañías.

Pese a parecer dura y extraña como el otro single de adelanto, “Double the Dream” resulta ser, pasado el efecto sorpresa, una de las pistas menos bizarras (pero también más lucidas) en este circo de los horrores. En “The Purple One” Segall añade una guitarra española por encima de su omnipresente bajo, si bien no es uno de sus momentos más inspirados.

Eagle Slaughters Graduation” aumenta aún más el nivel de disonancia y prepara el terreno para el movimiento final. “Four Strangers Enter the Cement at Dusk” baja el ritmo y se sumerge en una ciénaga, perdiendo todo el momentum que llevaba y rozando el doom, para terminar el disco con un acople como si se tratase de un concierto, en lo que podemos tomar como un guiño amargo. Parece difícil pensar que estos dos tendrán tiempo de dejar sus proyectos principales y embarcarse en una gira defendiendo su vástago conjunto en directo, aunque siempre podemos soñar.

En definitiva, Ty y Brian firman un debut conjunto digno de unos Butthole Surfers a tope de distorsión. Un monumento y una nueva vuelta de tuerca al noise rock, que suena como si el bebé de Emotional Mugger (2016) hubiera acabado enganchado al caballo por sus malas compañías. El punto garajero y a ratos psicodélico que aporta Ty, sin embargo, es finalmente el factor diferencial que convierte esta imparable bola de ruido en algo más que una frikada solo digerible por los más sordos del lugar.

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