Triangulo de Amor Bizarro

Triangulo de Amor Bizarro –
Triangulo de Amor Bizarro

Como en cualquiera de sus obras, los gallegos no dan puntada sin hilo. Otra muestra de fuerza musical desbocada que les sitúa en los primeros puestos de la música alternativa autóctona más salvaje, íntima y personal. En este álbum condensan lo mejor de sus creaciones anteriores: baladas más profundas y honestas a golpe de shoegaze, space-rock anfetamínico y letras que siempre entienden segundas lecturas. Lo único que podemos esperar es que nunca dejen de hacer canciones. Las suyas, sí que son auténticas curas para el corazón.

Si tuviésemos que quedarnos con un solo álbum de la banda gallega Triángulo de Amor Bizarro, la decisión sería más que difícil. Desde que en 2007 lanzaran su primera referencia homónima, refrescando el indie nacional con el mejor space-rock y shoegaze, han sacado títulos a cada cual mejor, sorprendiendo por su inmediatez y rotundidad a la hora de fabricar hits destinados a destrozar la pista de baile tanto como para acompañar las noches más solitarias con ahogados lamentos en los que el corazón se sumerge en un mar turbio y espeso de guitarras. Al fin y al cabo, nos han acompañado desde el inicio de la crisis económica y sus estragos en la difícil década pasada. Su música ha convivido con nosotros en los momentos más difíciles a nivel privado y colectivo, y también nos ha hecho enamorarnos y forjar lazos de amistad en festivales y salas de conciertos a base de ‘pogos’ y sudor.

Sin duda alguna, son quizás el grupo que mejor ha sobrevivido a toda la oleada del indie, sin perder un ápice de personalidad ni mucho menos fuelle. Cuando pasen los años y superemos toda la resaca de la escena alternativa española, su nombre perdurará, intocable frente al resto que, aunque guarda ciertas similitudes con los demás, ocupa un espacio propio debido a su inclasificable forma de hacer canciones y levantar a la peña en los directos. A título personal, lo que les hace grandes es su irrefrenable actitud vitalista. Ya sea en dos o seis minutos, sus canciones desparraman todo ese conjunto de emociones inexplicable que saltan al vuelo cada vez que das al play, que te hablan directamente a ti sin saber cómo ni por qué, pues sus crípticas letras no podrían descifrarse sin los chorros de adrenalina musical que emerge tras las pistas.

Pop radical y frenesíes de ruido

Después de la crudeza de Año Santo y Victoria Mística o de ensayos conceptuales como Salve Discordia, su nuevo disco homónimo recoge en esencia lo mejor de todos sus trabajos.

Y, ahora, en pleno estado de alarma por la expansión del coronavirus, publican un álbum homónimo, ya que, como ellos dicen, condensa a la perfección el espíritu de la banda a lo largo de todos estos años. Y así es; después de la crudeza de Año Santo (2010) y Victoria Mística (2013) o de ensayos conceptuales como Salve Discordia (2016), Triángulo de Amor Bizarro recoge en esencia lo mejor de todos estos largos, apostando por una producción impecable a cargo de Carlos Hernández (Los Planetas, Sr. Chinarro…) con melodías infecciosas de pop radical junto con el más desbocado frenesí post-punk que en este caso se adentra hacia terrenos más experimentales propios del sludge y del post-hardcore.

Fotografía: Promo

Himnos a la resaca y ecos de los ochenta

Los gallegos combinan una producción impecable a cargo de Carlos Hernández con melodías infecciosas de pop radical.

Estas dos vertientes las podemos ver en los singles encargados de hacer los honores: “Ruptura”, con ecos manifiestos de Big Black, y “Fukushima”, uno de los temas más elaborados de todo su cancionero, que arranca con un bajo de italo-disco y avanza hasta convertirse en una canción canónica de indie-rock repleta de detalles por la que no dejan de colarse referencias sonoras a sus amados Beach Boys o Metronomy. De fondo, la temática de la soledad y la tecnología, como una historia de desamor enclavada en una narración distópica.

Su hermana mayor, “Asmr para Ti”, es una de las canciones más perfectas que han grabado: un bajo sostenido abre el camino hacia un océano de shoegaze al más puro estilo Slowdive. De estética preciosista, la guitarra turbina –como le gusta definir su técnica a Rodrigo Caamaño–, acompaña a una melodía perfecta que transmite sentimientos de nostalgia y recuerdos barnizados por el agua marina de La Coruña. Imprescindible disfrutar a muy alto volumen y con la máxima calidad acústica posible. 

Pero volvamos al principio y detengámonos en No Eres Tú”, donde un ritmo con cierto aire ¿afrocubano? confeccionado a partir de una caja de ritmos acompaña la voz de Isa Cea que recita versos a camino entre lo político y lo personal. El tema se parte a la mitad y Rafael Mallo ejecuta un energizante ritmo de batería que en cierto modo recuerda al epiléptico final de “Seguidores”, demostrando su virtuosismo a la hora de aporrear la caja y los timbales. De telón de fondo, un atrayente muro de sonido barniza el espacio sonoro hasta el final.

“¡¡¡A LA PUTA CARA!!!”

TAB demuestran, una vez más, que son los mejores a la hora de capturar el grito de una generación entera de jóvenes.

Justo después amanece “Vigilantes del Espejo”, el himno generacional de esta nueva entrega, como antaño lo fueron “El fantasma de la Transición”, “De la Monarquía a la Criptocracia” o “Barca Quemada”. Como ellos mismos adelantaron, se trata de una canción que sigue muy de cerca a la escena alternativa británica de los ochenta, con reminiscencias a The Cure y The Smiths. Una vez más, TAB demuestran que son los mejores a la hora de capturar el grito de una generación entera de jóvenes, en este particular himno a la resaca y a los amigos, que emociona e ilusiona, ahora más aún, sabiendo que debemos pasar recluidos más de un mes en casa. 

Mucho más guerrera se presenta “Canción de la Fama”, en la que Rodrigo se desgañita mostrando el lado más vanidoso de la profesión con una sucesión de acordes de infarto y un sintetizador que expulsa fuego a cargo de Zippo. Recuerda en cierto sentido a la contundencia de “Cómo encontró a la diosa”, del pasado Salve Discordia. La intensidad alcanza cotas altísimas con una batería desbocada y momentos noise que embadurnan el tema con una locura furiosa.

Pero, por si supiera a poco, más adelante nos encontramos con “Calígula 2025”, precedida de la intro Syf, Paga”, la cual es aún más esquizofrénica e iracunda con ese estribillo que grita “¡¡¡A LA PUTA CARA!!!”. De algún modo, el grupo ha tenido a bien dividir las intervenciones de Rodrigo e Isa. El primero, como posible representante de esa masculinidad tóxica (si se acepta la intención metafórica), se encarga de ejecutar los cortes más agresivos y combativos del disco; mientras, la segunda resuelve las partes más suaves e íntimas del álbum. 

 

En busca de un amor correspondido, que no posesivo

En esta ocasión, el más desbocado frenesí post-punk se adentra hacia terrenos más experimentales propios del sludge y del post-hardcore.

Folía de las Apariciones” es el tema más Triángulo de Amor Bizarro, emparentándola con la temática y la forma de clásicos de la banda como “Isa vs. el Partido Humanista” o “Nuestro Siglo Fnord”. El tema recuerda a las canciones de autor españolas ya que, si no tuviera ese ritmo de punk frenético y fuera interpretada en modo acústico, encajaría a la perfección dentro del cancionero de artistas como Lorena Álvarez o Vainica Doble.

Acosadores”, por su parte, es sin duda la más pegadiza del conjunto: una píldora pop de menos de tres minutos que trata temas como el ghosting, la soledad, la amistad y, como su título indica, el acoso cibernético en las apps para ligar. Sin duda, un retrato sociológico formidable con una melodía exquisita y pegadiza. 

Llegamos al final con “Cura Mi Corazón”, una balada que regresa a ese shoegaze de grupos como Slowdive, My Bloody Valentine o Cocteau Twins. Y que, de alguna forma, por lo que se puede intuir, celebra el amor correspondido, que no posesivo. Las guitarras rugen, extasiadas de delay, hacia un final apoteósico que apuesta por la deslocalización vocal y el caos sonoro. Y es que ninguna última canción de cualquier álbum de los gallegos pasa desapercibida. Así cierra esta colección “Los Golpes Olvidados”, como epílogo breve de la anterior basada en un fondo de feedback que arrasa con todo y el eco de una respiración, agotada.

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