Biznaga

Biznaga –
Gran Pantalla

El regreso de Biznaga con su tercer elepé lleva un paso más allá su visión musical del punk, pero líricamente parecen haber dado un paso atrás. La luminosidad musical y la energía contestataria de Gran Pantalla quedan en cierta medida diluidas en un discurso superficial y un tanto cínico de crítica tecnológica, que recupera su pureza y potencia justamente cuanto más se aleja de esa línea de pensamiento. Un resultado agridulce.

Después de la incómoda crudeza y las imágenes de corrupción y desencanto de Centro Dramático Nacional (2014), Biznaga volvieron revigorizados a asaltar la escena (sin duda aún viva, pero quizás fuera de muchos radares) del punk español con el soberbio Sentido del Espectáculo (2017). El despliegue de ira y crítica política anti-todo del cuarteto madrileño no sólo continuaba afinándose, sino que ahora se conjugaba con un tono más luminoso y, por momentos, épico; lejos de enfriar un ápice el fuego de su rabia, parecía totalmente lógico que este sentimiento desembocase, si no en optimismo, al menos sí en una esperanza hacia la que dirigir toda esa energía.

Por este motivo, resulta extraño y un tanto decepcionante que Gran Pantalla (2020), en lugar de una nueva progresión natural de los mismos sentimientos y motivaciones de Biznaga, parezca más bien un paso atrás. No en el terreno musical, que ya demostraba una paleta más variada en Sentido del Espectáculo con estructuras y técnicas más propias del rock alternativo y otros géneros y que ahora se ha visto enormemente enriquecido con nuevas texturas, sino en un apartado lírico que, en ciertos ámbitos, supone una cierta regresión al sórdido nihilismo del debut. ¿El posible culpable? Un tema central de doble filo: las nuevas tecnologías.

“La Pantalla es dios, y yo su apóstol”

Gran Pantalla, en lugar de una nueva progresión natural de los mismos sentimientos y motivaciones de Biznaga, parezca más bien un paso atrás. No en el terreno musical, que se ha visto enormemente enriquecido, sino en un apartado lírico que supone una cierta regresión al sórdido nihilismo del debut.

Las letras de Biznaga siempre han estado plagadas de sutiles pero evidentes referencias culturales y filosóficas (desde oficios religiosos casi extintos hasta textos de Michel Foucault) que apuntalaban su imaginario y su crítica. Podría asegurarse sin mucho miedo al equívoco que, para escribir los temas de Gran Pantalla, los chicos de Biznaga se empaparon de las ideas de la Escuela de Frankfurt (reconocible especialmente gracias a la obra de Theodor Adorno), la cual defendía que la expansión de la industria cultural estaba provocando que los seres humanos se convirtieran en una masa uniforme, que aceptaba de forma acrítica los rituales sociales impuestos por el capitalismo a través de una industria cultural que también filtraba la creación de una “cultura popular”. Añadamos a la mezcla un par de temporadas de Black Mirror y se entenderá perfectamente qué metáforas emplea la banda al hablar de la tecnología de uso común, las redes sociales y la cultura digital.

Fotografía: Promo

Luminosidad sonora, oscuridad temática

El nuevo arsenal de riffs de guitarra más cristalinos, cargados de reverb y chorus, enmarca las líneas maestras del discurso lírico y sonoro de Gran Pantalla, uno de dinámicas cambiantes y rabiosa luminosidad.

Todas estas nuevas tecnologías y relaciones sociales, cuya supuesta falsedad y alienación son objeto de ataque en casi todas las doce canciones que componen Gran Pantalla, el elepé con más cortes que Biznaga ha publicado, están comprimidas en “la pantalla”, símbolo omnipresente hasta la saciedad no sólo en este trabajo (no es una idea nada recomendable jugar a beber cada vez que Álvaro García pronuncie estas dos palabras) sino en toda una línea de pensamiento que se deja ver desde la primera canción, “Ventanas Emergentes”.

El nuevo arsenal de riffs de guitarra más cristalinos, cargados de reverb y chorus, enmarca una canción marcada por un ansia vaga y poco concreta que se traslada con mayor nitidez a “2K20”. Aparecen aquí las primeras frases certeras, marca de la casa del cuarteto capitalino (“La democracia es vigilancia y yo soy sólo información”), y las líneas maestras del discurso de Gran Pantalla empiezan a mostrarse más claras en un corte energético, de dinámicas cambiantes y rabiosa luminosidad. No obstante, todo este optimismo sonoro comienza a flaquear en “Producción de Sentido 24/7”, reminiscente del desencanto relativista de Centro Dramático Nacional a través de sus críticas a “la masa” que le reza al Dios Pantalla.

Con “Motores de Búsqueda Avanzada” la cosa vuelve a ponerse un poco más interesante en el terreno musical: Biznaga demuestran ser capaces de defenderse y ser persistentes en temas más largos sin saturar ni aburrir, pero líricamente es redundante, y sólo llevamos un tercio el disco. En el breve interludio “La Pantalla: Usos” se dejan llevar por el terreno del post-rock sencillito y el uso de voces en off asépticas para que la atmósfera de experimento social (que recuerda de forma un poco hilarante a aquella científica de “Efectos Vocales” de Nach) no decaiga.

El tono sombrío de Sentido del Espectáculo vuelve a resonar en “Error 404” con un riff sencillo pero eficaz que demuestra la maduración musical de una banda que no necesita gritos y aporreos (sin desmerecer en absoluto el espacio que estos ocupan en su discografía) para ser potente. Ese sentimiento de pérdida de identidad, ese “Soy sólo un error”, es puro Biznaga y la metáfora tecnológica no parece tan forzada.

Sorprende el buen rollo que trae “Libertad Obligada” a pesar de lo política y socialmente crítico de una letra que sigue tirando dardos al centro de la diana (“Pensaba que se realizaba, pero solo se explotaba”). La sociedad digital y el capitalismo se dan la mano, por lo que la banda amplía la mira de sus denuncias con buen ojo y contundencia; una senda sonora y temática que también camina la más breve “No-lugar”, menos compleja que sus compañeras pero, a cambio, aún más coreable.

¿Crítica social o pesimismo tecnológico?

Hay que destacar en este álbum lo política y socialmente crítico de unas letras que, en sus mejores momentos, siguen tirando dardos al centro de la diana. La sociedad digital y el capitalismo se dan la mano, por lo que la banda amplía la mira de sus denuncias con buen ojo y contundencia.

Llegamos entonces al tercer acto del álbum, abierto por “Adorno”, el tema más largo que Biznaga han compuesto jamás. Regresan esas ideas de alienación alrededor de los productos del capital, aún más acentuadas en un estribillo cadencioso cuya melodía evoca la legendaria “Paranoid Android” de Radiohead. Líricamente no es ninguna maravilla, pero a nivel estructural y musical es otra nueva muestra de la maestría que el grupo ha ido adquiriendo con los años. Tras otro nuevo interludio, “La Pantalla: Abusos”, más inquietante que su contraparte anterior, viene el trallazo más puro de todo el álbum.

Atentado” es pura energía punk en un formato sencillo, luminoso y contundente: intenta no desaprovechar ni un solo momento para que su discurso contra la violencia y el abuso policial cale con máxima efectividad, coreable hasta el extremo (“Decir la verdad no es un atentado, soltarles a la cara todo lo que son”, “No es atentado decir el asco que dan”). Es tan cojonuda, de hecho, que cuando vuelve a mencionarse la dichosa pantalla resulta innecesario y forzado, una pequeña mácula en un temazo, por lo demás, redondo. Una energía muy similar se traslada a “Último Episodio”, un cierre musicalmente cumplidor pero, lo estábamos esperando, “la pantalla” no nos deja en paz; de hecho, es quizás la canción donde más se repite el mantra y donde más superficial resulta.

El único problema que sufre de verdad Gran Pantalla, igual que las teorías de la Escuela de Frankfurt, es que sigue considerando que las masas están aborregadas por la tecnología y los productos de la industria cultural pero a cambio no aporta alternativas, sino cinismo. Un álbum que musicalmente plantea un interesante abanico de nuevas texturas y herramientas, bien empleadas por unos músicos muy experimentados, se ve debilitado por una blackmirrorización innecesaria en sus letras y su mensaje político. Si precisamente los mejores temas del álbum son los que menos se centran en “la pantalla” que le da título y puebla casi todas las letras, quizás haya sido un error plantar los cimientos en ese terreno movedizo. Biznaga siguen siendo una banda interesante, potente y con las ideas bien claras, así que tampoco es muy preocupante si este disco no ha salido tan bien. Seguro que, más pronto de lo que pensamos, la pantalla les brinda nuevas ideas para el futuro.

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